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Crean mapa de peligro del volcán de Colima

 
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Diversos grupos de trabajo trabajan en la historia eruptiva del Volcán de Colima y ya cuentan con un mapa de peligro de la zona.
Diversos grupos de trabajo trabajan en la historia eruptiva del Volcán de Colima y ya cuentan con un mapa de peligro de la zona.

14 de octubre de 2011
• Grupos de trabajo del CGeo de la UNAM, del Observatorio Vulcanológico de la Universidad de Colima, y de la Universidad de San Luis Potosí, estudian los posibles riesgos de erupción
• En su historia, se observa que aproximadamente cada 100 años tiene una de tipo pliniana, y que la más reciente fue la de 1913

“Para tener la oportunidad de evaluar el peligro que representa el Volcán de Colima (o Volcán de Fuego), el más activo de México, se debe conocer su comportamiento en el pasado. Si no tenemos información al respecto, no sabremos qué tipo de erupción debemos esperar, hasta dónde pueden llegar sus emanaciones y qué daños pueden causar”, dijo Lucía Capra, investigadora del Centro de Geociencias (CGeo), campus Juriquilla, de la UNAM.

Diversos grupos de trabajo, como el del CGeo, el del Observatorio Vulcanológico de la Universidad de Colima, y el de la Universidad de San Luis Potosí, trabajan en su historia eruptiva, y ya cuentan con un mapa de peligro de la zona.

Se conocen los estilos y patrones eruptivos, los volúmenes de material arrojado, las alturas de sus columnas, y el alcance de sus depósitos.

“El Volcán de Colima ha tenido distintas actividades, desde las más moderadas, como coladas de lava, cuyos alcances son muy reducidos y no representan un peligro para las poblaciones aledañas, hasta erupciones muy grandes, principalmente plinianas, que generan columnas de 20 ó más kilómetros de altura.

Erupciones plinianas

La caída de ceniza relacionada con una renovada actividad del coloso representa una seria amenaza para las comunidades asentadas en sus faldas y para las zonas urbanas cercanas.

En su historia, se observa que aproximadamente cada 100 años tiene una erupción pliniana y que la más reciente, en 1913, ha sido la más grande en tiempos históricos; comenzó el 17 de enero y tuvo su pico más alto el día 20 de ese mes.

Al respecto, Rossana Bonasia, investigadora que realiza una estancia posdoctoral en el CGeo, comentó que ese evento se toma como referencia para analizar los posibles escenarios de riesgo y de peligro relacionados con los flujos piroclásticos, los lahares (flujos de escombros y agua) y la caída de ceniza volcánica.

Sin embargo, a pesar de los registros y de la documentada erupción de 1913, no se ha hecho una evaluación completa del riesgo por caída de ceniza durante una potencial erupción pliniana. Uno de los peligros principales es el colapso de techos; se ha calculado que si se acumula una capa de 10 centímetros, es suficiente para que empiece a sufrir daños estructurales, y hasta se colapse.

Al reconstruir ese evento, los depósitos de material alcanzaron un espesor de 45 centímetros a ocho kilómetros de la cima del volcán, y de 15 en Ciudad Guzmán, ubicada a 26 kilómetros. Por ello, añadió, se recomienda limpiar constantemente todos los techos durante una erupción pliniana.

Durante este tipo de de explosiones casi siempre hay perturbaciones meteorológicas, como lluvia, y la ceniza mojada es más pesada. Además, por ser un material abrasivo (partículas muy finas de vidrio y cristales), al mezclarse con agua puede tapar las alcantarillas. Por otro lado, aunque no se acumule en los techos, puede entrar en las vías respiratorias y ocasionar problemas de salud.

Mapas de caída de ceniza

Para evaluar el riesgo de una pliniana se debe valorar, al mismo tiempo, la dirección y la velocidad del viento, pues ello permite hacer simulaciones que indiquen el espesor de la ceniza a cada cierta distancia.

Bonasia trabaja con modelos numéricos de dispersión, y a partir de estudios estadísticos del comportamiento del aire en la región, reconstruye mapas de caída de ceniza y calcula la probabilidad, para diferentes estaciones, de que el depósito en el suelo supere los umbrales de carga críticos que determinan daños a los edificios.

Los resultados obtenidos muestran que una erupción pliniana de ese coloso podría causar perjuicios serios en más de 10 pequeñas poblaciones y rancherías y, potencialmente, alcanzar ciudades grandes ubicadas a 10 kilómetros.

Aunque este tipo de sucesos tiene efectos muy locales, una persona que viva a 300 kilómetros del volcán puede experimentar sus consecuencias. Por ejemplo, la ceniza arrojada en 1913 llegó hasta Guadalajara y Saltillo, porque los vientos de la región casi siempre soplan desde el Oeste a Este.

“También podrían ser un problema importante para el tráfico aéreo. Hay que recordar que la erupción en Islandia, el año pasado, detuvo todos los vuelos en Europa”, recordó Bonasia.

Flujos piroclásticos

Si se considera la actividad actual del Volcán de Colima, lo más probable es que su domo continúe en crecimiento y origine flujos piroclásticos, es decir, corrientes turbulentas de gas y material sólido que se mueven al ras de la superficie, se encañonan, siguen las barrancas principales y pueden superar barreras y llegar a mayores distancias.

“En efecto, estos flujos pueden alcanzar poblaciones ubicadas en un radio de unos ocho kilómetros. En estos días fluyen, pero por magnitud no representan un riesgo para los asentamientos humanos ni para los excursionistas”, finalizó Capra.

Créditos: unam.mx/boletin/603/2011

El volcán de Colima, en extrema vigilancia

 
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De los volcanes todavía activos en México, el de Colima está en extrema vigilancia, pues ha tenido, desde los años 70, mucha actividad, con períodos de reposo.
De los volcanes todavía activos en México, el de Colima está en extrema vigilancia, pues ha tenido, desde los años 70, mucha actividad, con períodos de reposo.

21 de enero de 2011

• Los colosos están ligados a procesos geológicos, como la tectónica de placas, pero no están conectados y no se activan uno tras otro, explicó Gerardo Carrasco Núñez, director del CGeo de la UNAM, campus Juriquilla
• El monitoreo es fundamental para la prevención; se pueden elaborar mapas de peligro para evitar daños a la población, consideró

Los registros de actividad del Pacaya, en Guatemala; del Monte Merapi, en Indonesia; de los volcanes activos en Ecuador, en la isla de Montserrat, en la península de Kamchatka, en Rusia, y algunos más “son coincidencias; los colosos están ligados a procesos geológicos, como la tectónica de placas, pero no están conectados y no se activan uno tras otro”, explicó Gerardo Carrasco Núñez, director del Centro de Geociencias (CGeo) de la UNAM, campus Juriquilla.

Lo anterior, aclara las cadenas de correos electrónicos conocidas como hoax (del inglés, engaño), que circulan en Internet con cierta regularidad, donde se muestran fotografías de colosos en erupción y ciudades devastadas, con información descontextualizada acerca del “despertar de los volcanes” y alerta sobre “las erupciones en cadena”, como signo inminente “de una gran catástrofe en el Distrito Federal”.

México cuenta con la faja volcánica, una provincia con orientación este-oeste que se extiende más de mil 200 kilómetros, y cuyo ancho varía de 20 a 150 kilómetros, y se extiende desde Tepic hasta Veracruz, con aproximadamente 12 volcanes, todavía activos, dijo.

De éstos, el de Colima, ubicado entre los estados de Jalisco y Colima, está en extrema vigilancia, “ha tenido, desde los años 70, mucha actividad, con períodos de reposo: se construye un domo en el cráter, que se vuelve inestable conforme asciende y se colapsa”, detalló el experto.

Hasta el momento, prosiguió, los colapsos han sido “relativamente pequeños” y los materiales no han llegado a las poblaciones cercanas. Actualmente, su actividad está monitoreada “muy de cerca”, porque hay un domo en la cima, y es muy posible que se vuelva inestable.

El monitoreo del también denominado “Gigante de Fuego” es constante, pues “una alta explosividad podría generar una erupción de dimensiones mayores, y representaría un gran peligro, pues alcanzaría áreas más distantes”, explicó.

En tal escenario, parte del edificio se colapsaría y el volumen de material volcánico sería tan grande, que afectaría áreas extensas. Se espera que esto ocurra en el lado sur del volcán, pues al norte está reforzado por estructuras geológicas más antiguas, añadió Carrasco Núñez.

En otra proyección de peligro, se registraría actividad volcánica muy explosiva. “El problema sería la formación de nubes de ceniza, que descenderían a gran velocidad y no darían tiempo suficiente para alertar a la población”, advirtió.

Por último, el domo “podría sufrir un colapso pequeño que, por gravedad, se canalizaría en las barrancas cercanas; sólo las poblaciones colindantes sufrirían daños y, en tal caso, se les movilizaría para evitar su afectación”.

El gigante de Sicilia

El Etna es el volcán más activo de Europa, es un complejo edificio que mide tres mil 342 metros, localizado en Italia, al este de Sicilia, y formado por la sucesión de diferentes erupciones. Es uno de los más documentados en el mundo, con registros de su actividad que datan del año 1500 antes de Cristo.

“Es muy particular, no sigue los modelos tradicionales. Tiene un comportamiento que a veces es muy tranquilo, con emisión de lava y, a veces, erupciones explosivas, con duraciones breves, pero peligrosas”, abundó Carrasco.

Es un estratovolcán que cuenta con varias bocas eruptivas, por las cuales expulsa enormes masas de gas, humo, cenizas y rocas incandescentes, que se pueden proyectar por diversas zonas de su estructura. Por esta característica, se debe “monitorear muy bien su actividad, porque no siempre estará concentrada en su cráter central”, añadió.

El pasado 3 de enero incrementó su actividad, con emisión de material incandescente. Es algo “relativamente común, no sale del patrón que lo caracteriza. Lo más apropiado es continuar con el monitoreo, para detectar alguna manifestación que salga de los parámetros conocidos y sugiera algún cambio en su comportamiento eruptivo”.

Los mapas de peligro

No es posible realizar predicciones certeras respecto a la actividad volcánica; sin embargo, con el monitoreo se pueden elaborar mapas de peligro para evitar daños a la población, consideró.

Con escenarios construidos a partir de esos datos, se indican las zonas de peligro en diferentes niveles y los daños que pueden sufrir; con ese conocimiento, es posible la coordinación efectiva y eficiente de los recursos humanos y técnicos y, en consecuencia, la reducción del riesgo.

La elaboración de los planes de prevención, se toman en cuenta las características de cada estructura geológica. “Se ha tratado de conceptualizarlos con modelos generales de funcionamiento, y al estudiarlos con detalle, encontramos particularidades de un volcán a otro”, detalló.

Los mapas de peligro se sustentan en la historia eruptiva de cada coloso y en la frecuencia e intensidad de la misma. Es fundamental conocer con precisión cada estructura geológica para determinar los parámetros de magnitud y periodicidad de su actividad.

Los productos volcánicos

Son varios los productos que lanza un volcán en cada erupción; las cenizas y la lava constituyen lo más común. Es posible proyectar, de acuerdo a la topografía de cada estructura, la trayectoria que seguirá el material incandescente, uno de los productos volcánicos “menos peligrosos”, porque se puede predecir con mayor certeza las áreas que podría afectar en su camino.

La ceniza se genera por la fragmentación producida por actividad volcánica explosiva. Puede causar molestias a niños, ancianos y personas con enfermedades respiratorias; desgasta y atasca la maquinaria; contamina y obstruye la ventilación, suministros de agua y drenajes; causa cortos circuitos eléctricos en las líneas de la transmisión, en computadoras, y componentes electrónicos. A largo plazo, la exposición de la ceniza húmeda puede corroer los metales.

Las nubes de ceniza, que bajan por las laderas de los volcanes representan mayor peligrosidad. Viajan a temperaturas y velocidades muy altas, carbonizan todo a su paso y son letales para el ser humano, pues “roban” el oxígeno en su trayectoria.

Los flujos de lodo, en particular, son altamente destructivos. Se forman al mezclarse el agua ubicada en las laderas de los volcanes con cenizas y otros materiales volcánicos; forma torrentes de gran volumen que pueden destruir todo lo que encuentran a su paso.

Un ejemplo actual es la erupción del Nevado de Ruiz, en Colombia, en 1985. La cumbre del volcán estaba recubierta por un casquete de hielo y al ascender el magma se fundió el glaciar, lo que formó avalanchas de lodo que invadieron el valle del río Lagunilla y sepultaron la ciudad de Armero.

“Las nubes de ceniza y las avalanchas de lodo son las que más muertes causaron el siglo pasado”, concluyó el experto.
Créditos: UNAM-DGCS-043-2011/unam.mx