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LAS UNIVERSIDADES, CRUCIALES PARA IMPULSAR ENERGÍAS RENOVABLES Y GARANTIZAR EL DESARROLLO SUSTENTABLE

 
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nergiarenobableEn las próximas décadas, abastecer energía es el desafío más relevante de la humanidad y las universidades juegan un papel fundamental en el desarrollo de alternativas sustentables para garantizar un ambiente limpio a generaciones futuras, expuso en la UNAM Recayi Pecen, presidente de la estadounidense North American University.

La investigación realizada y las medidas emprendidas en sus campus para aprovechar las fuentes renovables muestran los beneficios de la reducción del impacto ambiental de las actividades humanas. La educación es crucial para la sustentabilidad, subrayó en el auditorio de la Unidad de Investigación Multidisciplinaria de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán.

Al respecto, recomendó incluir contenidos relacionados en el currículum y crear centros de investigación en tecnologías sustentables, con proyectos en los que colaboren un gran número de estudiantes de distintas disciplinas, desde negocios e ingeniería, hasta ciencias de la salud.

Acompañado por Darío Rivera Vargas, secretario General Académico de la FES Acatlán, el especialista sostuvo que el trabajo conjunto en este rubro es lo mejor para emprender acciones a fin de garantizar fuentes eficientes de energía y de bajo costo a las comunidades y la sociedad. Las universidades son el espacio idóneo para lograrlo, recalcó.

Al impartir la conferencia Energías renovables e iniciativas de campus sustentables en Estados Unidos, aludió a la necesidad de conseguir recursos gubernamentales y de la iniciativa privada para consolidar los proyectos referidos. Las tareas desarrolladas por las universidades son promisorias y los fondos para investigación y desarrollo, prioritarios, puntualizó.

Campus sustentables

Recayi Pecen, colaborador del Departamento de Energía de EU en el desarrollo de alternativas renovables, añadió que, entre otras actividades, los jóvenes demuestran su preocupación por el ambiente al crear desde paneles solares hasta vehículos eléctricos. “Hoy toman la iniciativa de tener un mejor futuro”, refirió.

Al exponer las acciones para transformar a los espacios educativos en lugares sustentables, recomendó reducir el volumen de residuos sólidos; reemplazar equipos, maquinaria y dispositivos electrónicos sin un rendimiento eficiente; aprovechar la energía solar para abatir el consumo de electricidad y captar el agua de lluvia para destinarla al riego. La educación es fundamental para el éxito de estas iniciativas, aseveró.

Hacia el año 2050, el desarrollo de alternativas para reducir las emisiones de dióxido de carbono y el consumo de combustibles fósiles es el reto prioritario de la humanidad, encima de otros como falta de agua y alimentos, deterioro ambiental, pobreza, terrorismo, guerras y enfermedades. En las universidades está la oportunidad de un futuro promisorio, concluyó.

 Créditos: UNAM-DGCS-205-2014

Software facilitará manejo sustentable de la pesca en San Andrés

 
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Bogotá D. C., dic. 30 de 2013 – La pesca en la Reserva de Biósfera Seaflower es una cuestión de vida para miles de habitantes del Archipiélago. Con este sistema podrán obtener información científica y técnica sobre las especies y los rendimientos máximos sostenibles.
Después del fallo de la Corte Internacional de Justicia, que cumplió un año en noviembre pasado, varios barcos extranjeros han sido capturados por parte de la Armada Nacional por realizar faenas ilegales de langosta, caracol, peces e incluso tiburones.
Pero la llegada de navíos extranjeros es solo uno de los problemas que pone en riesgo la conservación de la pesca artesanal en el Departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, que al ser declarado Reserva de Biósfera se convierte en un área geoestratégica en medio de la cuenca central del Caribe.
“Por tradición, los pobladores se han abastecido de la producción pesquera natural de animales como la langosta espinosa, el caracol pala, los cangrejos y varias especies de peces como pargos, meros, atunes, barracudas, entre otras, cuya lista asciende a más de 100 peces, de las casi 300 especies que existen”, explica Adriana Santos Martínez, profesora asociada de la Universidad Nacional de Colombia en la Sede Caribe, miembro del Instituto de Estudios Caribeños y del Jardín Botánico de la U.N. en la Isla.
La pesca en las islas, según la profesora, pasó del autoconsumo y el tipo artesanal –que consistía en extraer solo lo del diario y almacenar el resto de manera natural en el mar– a la demandada por parte de los residentes, visitantes e incluso restaurantes, teniendo en cuenta que después de los años ochenta, algunos residentes y foráneos se organizaron para implementar la pesca industrial.
Tiempo después, las entidades realizaron esfuerzos para hacer un manejo sustentable de sus recursos y de la actividad en su conjunto. Instancias nacionales, locales e incluso apoyos internacionales han contribuido con normatividad, análisis de información y apuestas de ordenación, en medio de una activa participación de los pescadores, lo que constituyó procesos emergentes de gobernanza en busca del equilibrio ambiental, explica la profesora Santos.
Por un mejor manejo
Por eso, ante esta problemática pesquera en la Reserva Seaflower y después de varias investigaciones realizadas y financiadas por la U.N., surge el Sistema de Manejo Sustentable de la Pesquería (SIMASPE), un software diseñado como alternativa para la sustentabilidad pesquera.
La aplicación está lista para ser puesta en línea y su almacenamiento y uso no presentan mayores inconvenientes. Contiene dos módulos, un sistema de información ambiental y un simulador de la tendencia de la sustentabilidad. Estos se alimentan con la información compilada y los resultados y análisis de las investigaciones realizadas (publicaciones, tablas, imágenes y mapas).
En el caso del simulador, se muestra el porcentaje de cada dimensión, en forma de semáforo, en una escala colorimétrica que va desde el verde (más sustentable) hasta el rojo (menos sustentable).
El SIMASPE fue hecho sobre pesquerías marinas como la langosta espinosa (Panulirusargus), el caracol pala (Strombus gigas) y una gran diversidad de peces (principalmente pargos, meros, chernas, sierras, atunes, roncos, jureles, barracudas y dorados, entre otros), del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Sin embargo se puede adaptar y ajustar a otras pesquerías, como las continentales o de otras áreas.
Esta herramienta se logró consolidar con el desarrollo ingenieril de César Augusto Aguirre, estudiante de Ingeniería Electrónica de la U.N. en Manizales, como parte del Programa de Pasantías y Movilidad de la Sede Caribe.
Por su parte, Adriana Santos, encargada del diseño, asegura que el programa contiene los rendimientos máximos sostenibles de las poblaciones de importancia comercial, con lo cual se pueden hacer las simulaciones y conocer las tendencias de este recurso en términos de la sustentabilidad ambiental.
Manejo integral
Al igual que en el resto del Caribe y el mundo, el empobrecimiento en recursos pesqueros es marcado. Como lo documenta la FAO recientemente, una producción marina de 77,4 millones de toneladas presenta disminuciones desde el 2005 del 6,4%. De esta, el área del Caribe solo representa el 1,6%, pero con el agravante de disminuciones cercanas al 35% en los últimos años.
Esto se explica, en parte, por el derrame de petróleo en el 2010 (Pozo Macondo), que mermó en 100.000 toneladas las capturas en Estados Unidos. Algunas proyecciones a nivel mundial describen que cerca del 80% de las especies de importancia comercial están plenamente explotadas o sobreexplotadas, y en el caso del Caribe esta cifra puede ser mayor.
En Colombia existe una gran riqueza de peces marinos que asciende a 2.000 especies, de las cuales 28 figuran en el Libro Rojo por estar amenazadas; algunas son del Caribe y, en su mayoría, están presentes en el Archipiélago y son de importancia comercial, como la Serranidae y la Scaridae.
“Esta lista es conservadora y es muy probable que se integren varias especies, principalmente por amenazas como la sobrepesca. Asimismo, existen otras amenazas de orden natural contra la biodiversidad, aunque son mayores las que son fruto de la actividad del hombre, como la contaminación, las alteraciones en los ecosistemas y el cambio climático”, advierte la profesora Santos.
Por lo tanto, el reto que se plantea para la Reserva de la Biósfera Seaflower es ser un modelo de manejo integrado y sustentable de la pesquería, para el beneficio de las comunidades y los ecosistemas del Gran Caribe.
Créditos UNAL-899-2013

sofwarepescaBogotá D. C., dic. 30 de 2013 – La pesca en la Reserva de Biósfera Seaflower es una cuestión de vida para miles de habitantes del Archipiélago. Con este sistema podrán obtener información científica y técnica sobre las especies y los rendimientos máximos sostenibles.

Después del fallo de la Corte Internacional de Justicia, que cumplió un año en noviembre pasado, varios barcos extranjeros han sido capturados por parte de la Armada Nacional por realizar faenas ilegales de langosta, caracol, peces e incluso tiburones.

Pero la llegada de navíos extranjeros es solo uno de los problemas que pone en riesgo la conservación de la pesca artesanal en el Departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, que al ser declarado Reserva de Biósfera se convierte en un área geoestratégica en medio de la cuenca central del Caribe.

“Por tradición, los pobladores se han abastecido de la producción pesquera natural de animales como la langosta espinosa, el caracol pala, los cangrejos y varias especies de peces como pargos, meros, atunes, barracudas, entre otras, cuya lista asciende a más de 100 peces, de las casi 300 especies que existen”, explica Adriana Santos Martínez, profesora asociada de la Universidad Nacional de Colombia en la Sede Caribe, miembro del Instituto de Estudios Caribeños y del Jardín Botánico de la U.N. en la Isla.

La pesca en las islas, según la profesora, pasó del autoconsumo y el tipo artesanal –que consistía en extraer solo lo del diario y almacenar el resto de manera natural en el mar– a la demandada por parte de los residentes, visitantes e incluso restaurantes, teniendo en cuenta que después de los años ochenta, algunos residentes y foráneos se organizaron para implementar la pesca industrial.

Tiempo después, las entidades realizaron esfuerzos para hacer un manejo sustentable de sus recursos y de la actividad en su conjunto. Instancias nacionales, locales e incluso apoyos internacionales han contribuido con normatividad, análisis de información y apuestas de ordenación, en medio de una activa participación de los pescadores, lo que constituyó procesos emergentes de gobernanza en busca del equilibrio ambiental, explica la profesora Santos.

Por un mejor manejo

Por eso, ante esta problemática pesquera en la Reserva Seaflower y después de varias investigaciones realizadas y financiadas por la U.N., surge el Sistema de Manejo Sustentable de la Pesquería (SIMASPE), un software diseñado como alternativa para la sustentabilidad pesquera.

La aplicación está lista para ser puesta en línea y su almacenamiento y uso no presentan mayores inconvenientes. Contiene dos módulos, un sistema de información ambiental y un simulador de la tendencia de la sustentabilidad. Estos se alimentan con la información compilada y los resultados y análisis de las investigaciones realizadas (publicaciones, tablas, imágenes y mapas).

En el caso del simulador, se muestra el porcentaje de cada dimensión, en forma de semáforo, en una escala colorimétrica que va desde el verde (más sustentable) hasta el rojo (menos sustentable).

El SIMASPE fue hecho sobre pesquerías marinas como la langosta espinosa (Panulirusargus), el caracol pala (Strombus gigas) y una gran diversidad de peces (principalmente pargos, meros, chernas, sierras, atunes, roncos, jureles, barracudas y dorados, entre otros), del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Sin embargo se puede adaptar y ajustar a otras pesquerías, como las continentales o de otras áreas.

Esta herramienta se logró consolidar con el desarrollo ingenieril de César Augusto Aguirre, estudiante de Ingeniería Electrónica de la U.N. en Manizales, como parte del Programa de Pasantías y Movilidad de la Sede Caribe.

Por su parte, Adriana Santos, encargada del diseño, asegura que el programa contiene los rendimientos máximos sostenibles de las poblaciones de importancia comercial, con lo cual se pueden hacer las simulaciones y conocer las tendencias de este recurso en términos de la sustentabilidad ambiental.

Manejo integral

Al igual que en el resto del Caribe y el mundo, el empobrecimiento en recursos pesqueros es marcado. Como lo documenta la FAO recientemente, una producción marina de 77,4 millones de toneladas presenta disminuciones desde el 2005 del 6,4%. De esta, el área del Caribe solo representa el 1,6%, pero con el agravante de disminuciones cercanas al 35% en los últimos años.

Esto se explica, en parte, por el derrame de petróleo en el 2010 (Pozo Macondo), que mermó en 100.000 toneladas las capturas en Estados Unidos. Algunas proyecciones a nivel mundial describen que cerca del 80% de las especies de importancia comercial están plenamente explotadas o sobreexplotadas, y en el caso del Caribe esta cifra puede ser mayor.

En Colombia existe una gran riqueza de peces marinos que asciende a 2.000 especies, de las cuales 28 figuran en el Libro Rojo por estar amenazadas; algunas son del Caribe y, en su mayoría, están presentes en el Archipiélago y son de importancia comercial, como la Serranidae y la Scaridae.

“Esta lista es conservadora y es muy probable que se integren varias especies, principalmente por amenazas como la sobrepesca. Asimismo, existen otras amenazas de orden natural contra la biodiversidad, aunque son mayores las que son fruto de la actividad del hombre, como la contaminación, las alteraciones en los ecosistemas y el cambio climático”, advierte la profesora Santos.

Por lo tanto, el reto que se plantea para la Reserva de la Biósfera Seaflower es ser un modelo de manejo integrado y sustentable de la pesquería, para el beneficio de las comunidades y los ecosistemas del Gran Caribe.

Créditos UNAL-899-2013

Ética ambiental debe primar sobre uso de la tecnología

 
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La tecnología debe ser vista como un medio para potenciar conocimiento.
La tecnología debe ser vista como un medio para potenciar conocimiento.

9 de octubre de 2011
Agencia de Noticias UN- Replantear el uso de las tecnologías, no como fin del conocimiento sino como un medio para potenciarlo, es una medida necesaria para detener la depredación del planeta.

Esta fue una de las conclusiones de la conferencia ‘Ética ambiental y ciudad del conocimiento’, que abordó la paradoja tecnológica sobre el uso irracional que la humanidad les da a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICS), y en respuesta a esta problemática se hizo una propuesta desde la educación para habitar de manera más armoniosa el planeta.

Dicha iniciativa alude a concebir el conocimiento desde otras perspectivas y poner la tecnología en su justa medida, no como lo más importante, sino como una herramienta que permite trabajar procesos.

Según Luz Arabany Ramírez, decana de la Facultad de Administración de la UN en Manizales, “la ciudad del conocimiento no debe ser vista solo como aquel lugar en el cual se usan TICS y donde la mayor premisa es una sólida ética ambiental, sino que también debe asumirse desde una propuesta donde el saber es una condición de todo ser vivo tal como lo plantean los biólogos”.

La clave es ampliar el concepto restringido del término conocimiento cuando este se relaciona con el uso de dispositivos. La decana indica que es importante tener en cuenta que su sola presencia no produce saber, estos más bien potencian las posibilidades para su construcción.

A partir de este concepto más amplio como característica innata del ser vivo, se busca construir y poner en práctica una propuesta de ciudad para introducir en la región y en Manizales los proyectos de biodiversidad, biotecnología y cambio climático sin causar un impacto negativo.

“En ese sentido, la Universidad considera importante que este planteamiento ético sea transversal a la formación en pregrado y posgrado; algunos aspectos ya son trabajados desde el Grupo Pensamiento Ambiental con la profesora Patricia Noguera”, concluyó Ramírez.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co