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Meiofauna detecta toxicidad de metales pesados y pesticidas

 
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meiofaunadetectoraBogotá D. C., ene. 27 de 2014 – Agencia de Noticias UN- La meiofauna está compuesta por invertebrados que miden entre 100 y 1.000 micras. Aunque no ha sido muy estudiada, cumple un papel vital en la detección de tóxicos y remoción de bacterias en los ecosistemas acuáticos.

Pueden encontrarse en el suelo o en el agua (en aguas libres, el fondo o litoral de lagos, ríos, espacios subterráneos y mares) y, además de ser parte de la cadena alimenticia, sirven como indicadores de contaminación y filtros de otros organismos perjudiciales.

“La meiofauna de aguas continentales puede estar compuesta por larvas jóvenes de algunos insectos, pequeños moluscos, ácaros, microcrustáceos como copépodos, pulgas de agua y ostrácodos, además de gusanos nemátodos y formas pequeñas de anélidos: lo importante es que tengan este tamaño para formar parte de ella”, sostiene Santiago Gaviria, profesor de la Universidad de Viena (Austria), consultor en ecología acuática y sistemática animal, y jurado de tesis doctorales en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia.

Para el investigador, el tamaño de estos organismos ha causado dificultad, teniendo en cuenta que ha despertado menor interés de estudio en comparación con la macrofauna invertebrada o los vertebrados como peces y anfibios.

“Se requiere de mucha paciencia y de buen pulso para hacer microdisecciones bajo un estereoscopio, y uno se demora una hora haciendo una placa para identificar una especie”.

Sin embargo, sus usos son comprobados e incluso se aplican para el mejoramiento de ecosistemas acuáticos.

De acuerdo con el profesor Gaviria, en Colombia se reportaron 104 especies y subespecies de meiofauna del grupo de los branquiópodos, en 12 departamentos del país. Estos son mejor conocidos como pulgas de agua.

Su uso

Diversas especies de meiofauna, como las dafnias, se alimentan de algas y bacterias. Esto las convierte en un filtro de gran efectividad en los embalses que aclaran las aguas.

“Hay aplicaciones de meiofauna planctónica en embalses del río Támesis en Londres, donde han llegado a remover hasta un 99% de bacterias y algas utilizando pulgas de agua”, agrega Santiago Gaviria.

Otra utilidad es como detector de toxicidad en las aguas; de hecho, en Colombia se trabaja con especies de microcrustáceos en estudios de la Universidad Nacional, la Universidad de Antioquia y la Empresa de Acueducto de Bogotá, desde hace aproximadamente dos décadas.

“Se han cultivado especies como Daphnia pulex, utilizadas para detectar niveles de toxicidad de metales pesados, pesticidas y elementos tóxicos en general”, añade Gaviria.

A pesar de los avances, el académico considera que la investigación de estos organismos no acaba ahí y su aplicación como indicadores ambientales debe ser consolidada.

“Lo que se debe hacer es buscar las valencias ecológicas para cada especie tanto en temperatura, como en pH, tolerancia de oxígeno o de nutrientes, y que se apliquen estos índices para hacer monitoreos de lagunas, ríos y aguas subterráneas”, concluye.

Créditos: UNAL-996-2014

Cultivos de caña conservan suelos del Valle del Cauca.

 
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Según los investigadores, este tipo de cultivos de cubrimiento denso hace favorables aportes al suelo.
Según los investigadores, este tipo de cultivos de cubrimiento denso hace favorables aportes al suelo.

26 de Septiembre del 2012
Palmira Así lo concluyeron investigadores de la UN en Palmira, que mostraron que, pese a las labores de cosecha en húmedo, sus suelos están libres de compactación y tienen altos niveles de materia orgánica.

De las cerca de 400 mil hectáreas que pertenecen al valle geográfico del río Cauca, la mitad se dedican a la producción de caña de azúcar y otros cultivos. De ahí que el suelo sea un recurso básico que debe ser preservado para sostener la producción de fibras demandadas por una población cada día más creciente.

Según científicos del grupo de investigación en Degradación de Suelos de la UN en Palmira, se presumía que los cultivos de caña estaban deteriorando físicamente los mejores suelos del Valle del Cauca, debido a las labores de cosecha en húmedo. Sin embargo, este tipo de cultivos de cubrimiento denso hace favorables aportes al suelo.

“Estos cultivos aportan toneladas anuales de biomasa que protegen significativamente contra la erosión; demandan labranza únicamente cada ocho años en promedio; reciclan subproductos orgánicos como base fertilizante; rediseñan periódicamente los vagones recolectores; y han sido sostenibles por décadas. De modo que tenderían más a conservar que a degradar los suelos”, dice el profesor Edgar Madero, director del grupo.

El estudio

Con el apoyo económico de la Dirección de Investigación de la sede, se desarrolló, entre 2009 y 2010, un proyecto de investigación que se ejecutó en dos fases.

En la primera, se evaluó detalladamente la compactación in situ de aproximadamente 50.000 hectáreas de las mejores tierras, con más de cien años de uso cañero. Así, se hicieron un total de 144 muestreos detallados de densidad y humedad. La cartografía de los suelos clases I y II se efectuó digitalmente, utilizando la herramienta ArcGis, con base en el mapa de suelos de la parte plana del Valle del Cauca producido por el IGAC en 2004.

En la segunda, según explica el profesor Madero: “se comparó la compactabilidad de muestras de dos suelos del Valle del Cauca, de similar capacidad de uso a la de los suelos de la primera fase, pero con más de 50 años seguidos de uso en cultivos y en bosque secundario”.

Esto se hizo siguiendo una metodología que simula esfuerzos del suelo comparables a los que tiene que hacer en condiciones de intenso tráfico de maquinaria; así como contenidos de alta humedad, para evaluar suelos que no han soportado tráfico de maquinaria en invierno.

La caña favorece los suelos

La primera fase mostró que, durante el tiempo en que se han usado los suelos para cultivos de caña (más de un siglo), se han mantenido los mejores suelos libres de compactación, ricos en materia orgánica (del 4% a 6%) y con características adecuadas de retención de humedad y laborabilidad.

“La segunda halló que otros cultivos y manejos los dejan más susceptibles a la compactación, especialmente en condiciones de alta humedad (0,1 bar), no obstante que presentaban un contenido promedio del 4% de materia orgánica”, dice el profesor Madero.

Para el investigador, como los dos estudios se pueden considerar complementarios e independientes, llama la atención el parecido entre los resultados de compactación en caña de azúcar con los de bosque, lo cual concuerda con lo que se esperaba de los suelos sembrados con este cultivo.

“Igual de relevante fue hallar, en la segunda fase, que el manejo de la caña, y no las características del suelo, fue la responsable de los resultados obtenidos”, concluye.

Créditos:http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html