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CORDIOX, UNA OBRA DE ARTE QUE AMPLIFICA LA “VOZ DEL UNIVERSO”

 
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cordioxPara los antiguos existía una eufonía producida por el movimiento del cosmos que, de tan perfecta, era indistinguible del silencio: le llamaron “música de las esferas”. Para el artista Ariel Guzik existe algo muy parecido, “la voz del Universo”, un sonido mudo pero susceptible de ser escuchado mediante los procesos correctos: para ello creó la máquina Cordiox.

El artefacto —que representó a México en la 55 Bienal de Venecia— se exhibirá del 10 de junio al 31 de agosto en un pequeño salón del Palacio de la Antigua Escuela de Medicina de la UNAM, a pocos metros de donde se encontraban las celdas del Santo Oficio de la Inquisición y junto a un aula en la que, con regularidad, especialistas en la salud imparten clases magistrales.

¿Qué podemos oír a través de Cordiox? “Esta pieza hace audible si hay sol o amenaza lluvia, la proximidad de una persona o si algo a la distancia produjo ruido —como el repicar de las campanas de la iglesia de Santo Domingo—, es decir, registra e interpreta cualquier perturbación en el ambiente”, explicó la responsable de Servicios Educativos de ese recinto, Nuria Galland.

Sobre la elección del lugar, la historiadora del arte señaló que fue Guzik en quien recayó la decisión, pues desde siempre ha manifestado su admiración por el edificio virreinal novohispano diseñado por Pedro de Arrieta. “Además, él propuso instalarlo en una habitación nada céntrica, sino ubicada en el primer piso del inmueble, justo al fondo, lo que abona a hacer aún más íntima la experiencia de presenciar a esta máquina en funcionamiento”.

Un corazón de cuarzo

Cor, cordis es la expresión latina para decir corazón; de ahí, la elección del nombre Cordiox para este artefacto que funciona con base en un gran tubo de cuarzo fundido (de 1.80 metros de alto, 45 centímetros de diámetro y cinco milímetros de espesor) que, de alguna manera, sirve como músculo cardiaco al momento de animar esta experiencia sonora.

Asentado sobre una base de 400 kilogramos con la forma de una estrella de seis picos conectada a tres arpas de cuatro metros de altura, este tímpano de cristal, al vibrar, hace sonar 172 cuerdas entorchadas en diferentes materiales.

“No importa qué hagamos, siempre escucharemos algo diferente porque esto es reflejo de cómo opera la naturaleza, que jamás exhibe el mismo acomodo de eventos, sino una sucesión caótica. Para ejemplificar el concepto, Guzik pidió imaginar una neblina de polvo: con el primer golpe de vista sólo percibimos grisalla, pero al ir a detalle observamos que cada mota es irrepetible. Si seguimos esta metáfora, resulta fácil entender que justo eso es lo que hace Cordiox, traducir acústicamente el sonido de cada partícula flotante”, expuso Galland.

Para funcionar, este instrumento está conectado a un panel de control labrado en caoba que trabaja con base en 10 bulbos (como los que usaban las radios en los años 40) y 76 perillas que, antes de cada sesión, deben ser cuidadosamente calibradas y ajustadas.

“Para reforzar esta sensación de reliquia o de estar ante una antigüedad, la caja tiene grabados pictogramas originales que refieren los tres aspectos que detecta la máquina: eco-sonido, luz y sol. Hoy, que los creadores exploran con ordenadores y realidades virtuales, la estética propuesta por Guzik es un guiño a la nostalgia”, acotó la especialista.

La voz del Universo

Cordiox fue instalado por primera vez en la iglesia de San Lorenzo, Venecia, edificio de acústica tan excepcional que Antonio Vivaldi lo utilizaba como lugar de ensayo. A su regreso a México fue montado en el Laboratorio Arte Alameda y ahora podrá ser apreciado, del 10 de junio al 6 de julio y del 28 de julio al 31 de agosto, en el Palacio de la Antigua Escuela de Medicina, ubicado frente a la Plaza de Santo Domingo.

La gran cantidad de personas que han tenido oportunidad de escucharlo (tan sólo en Italia fueron 43 mil) coinciden en que el sonido generado no parece emanar del instrumento, sino surgir del aire suspendido en el recinto con la única finalidad de envolver al oyente.

Sobre este fenómeno, Guzik explicaría en su momento que se debe a que lo que entra a nuestros oídos es producto de una “brisa magnética que excita a las cuerdas de las tres arpas a partir de señales caóticas; se trata de un repertorio infinito que desemboca en un auto-ordenamiento orgánico al que he denominado campo armónico”.

Galland señala que este artefacto es uno de los más peculiares que jamás ha visto, aunque, dice, estas singularidades se explican una vez que entendemos quién es Ariel Guzik. “Hablamos de un personaje que puede ser descrito como artista, pero también como inventor, herbolario, iridólogo o simplemente como un hombre del Renacimiento, pues sus intereses son tan amplios que van desde la creación hasta campos específicos de la ciencia”, añadió.

“Lo mejor que pueden hacer quienes vengan a escuchar a Cordiox es asumir una actitud contemplativa y descubrir qué tiene deparado para cada quien. Los que hemos estado en contacto continuo con el aparato sabemos que es una entidad voluble que puede estacionarse en una tranquilidad aparente para de pronto estallar en arrebatos sónicos. Ya tocará a los visitantes adivinar de qué humor está ese día”.

Sobre la negativa de Guzik de hablar de la llamada “máquina de los sueños”, como la bautizaron diversas publicaciones europeas, Galland señala que esto se debe a que el creador considera que ya dio suficientes entrevistas en ocasión de la Bienal de Venecia y que ahora prefiere que el artefacto hable por sí mismo, “algo que hasta cierto punto es entendible porque, en lo que respecta a generar sonido, Cordiox se basta solo”.

Créditos: UNAM-DGCS-322-2014