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Más de 120 especies de plantas carnívoras en vivo.

 
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19 de Octubre del 2012
La colección más importante, prolífica y amplia de plantas carnívoras de la que se tenga conocimiento en el país, fue expuesta en la UN, en el marco del “Día del Biólogo”, organizado por el Departamento.
Se trata de una compilación privada de más de 120 especies, que contó con un millar de individuos, la cual funciona bajo el nombre de “Colina carnívora”, la cual se dedica a la conservación, propagación, educación y comercialización de plantas carnívoras.
De acuerdo con Julián Gamboa, técnico aeronáutico, biólogo naturalista y coleccionista, las plantas carnívoras son vegetales muy especiales que se adaptaron esencialmente para atrapar presas vivas y alimentarse de ellas. Cuenta que a diferencia de las plantas comunes, estas no absorben nutrientes por sus raíces, por lo tanto crecen en suelos muy pobres.
“Pueden crecer en turberas y arenales, sitios donde hay mucha humedad, pero muy pocos nutrientes. Se encuentran en todas partes del mundo. En Colombia existen más de 50 especies ubicadas en todo el territorio nacional, en todos los climas y en todos los pisos térmicos”, asegura.
La variedad es “de largo aliento”, además vienen en tamaños, formas y colores diferentes. De hecho, existen más de 600 especies diferentes en todo el mundo y más de 600 híbridos.
Carlos Moreno, diseñador gráfico, coleccionista y naturalista autodidacta, cuenta que en Colombia se destacan las especies Drosera colombiana, D. esmeraldae y D. comunis; Pinguicula caliptrata y P. elongata; Utricularia subulata y U. tricolor, entre otras.
De Estados Unidos se destaca la Venus atrapamoscas y las Sarracenias; las pinguiculas de México, las Genliseas de Suramérica y los Nephentes del sudeste asiático. Estas últimas plantas, con jarrones colgantes, pueden vivir hasta unos 70 años; en tanto que otras plantas carnívoras viven solo un año.
Según él, la dieta de las plantas carnívoras es variada, se puede contar desde bacterias y microorganismos, pasando por insectos o animalitos, hasta pequeños roedores o ranas. Sus trampas varían dependiendo del tamaño de la planta y de las estrategias de captura; pueden ser trampas pasivas en forma de jarros o trampas pegajosas; o trampas activas que se cierran para atrapar moscas, a través de los movimientos más rápidos del reino vegetal.
Para Xavier Marquínez, profesor del Departamento de Biología de la UN, estas plantas son muy interesantes, dado que son buenas indicadoras de hábitats limpios, pues cuando hay contaminación, rápidamente desaparecen las poblaciones. Adicionalmente, por su ecología presentan distribuciones restringidas, lo cual determina que muchas especies puedan estar en peligro de extinción.
“Algunas tienen potenciales para control de patógenos, porque generan sustancias para el control de hongos y bacterias que podrían afectar a la planta durante el proceso de digestión”, asevera.
Charles Darwin se obsesionó tanto con las plantas carnívoras, que llegó a afirmar que le preocupaban más que el origen de todas las especies del mundo y que las defendería hasta el día de su muerte; las estudió desde 1960, un año después de publicar El origen de las especies, hasta la edición de Plantas insectívoras en 1875. Desde entonces, han generado diversas líneas de investigación, desde el punto de vista sistemático, de conservación, electrofisiología, ecología, biogeografía y evolución. “Son muy buenos modelos para esto, así como en nutrición mineral, bioquímica y  fisiología vegetal”, señala.
El profesor Marquínez resalta el trabajo de “Colina carnívora”, especialmente si se tiene en cuenta que dentro de los coleccionistas hay muchos que sacan las plantas de sus medios naturales. En ese sentido, depredan las poblaciones naturales, pero este no es el caso de Moreno y Gamboa.
“Ellos hacen propagación, incluso sus colecciones son como reservorios genéticos y de biodiversidad. Además son grandes divulgadores de un tema que es muy llamativo para todo el mundo, y particularmente para los niños, a quienes sensibilizan acerca del respeto a la naturaleza y del uso responsable de la biodiversidad, de manera pedagógica”, indica.
Finalmente, la invitación de este par de coleccionistas obedece a que muy pocos biólogos están involucrados en trabajar colecciones de plantas, incluso, con propósito económico. Generalmente, quienes lo hacen son personas por fuera del ámbito de la biología.
“No podemos proteger adecuadamente lo que no conocemos. Estas actividades de divulgación son importantes también por eso; conocer la biodiversidad para protegerla. Con ellos se pueden hacer alianzas estratégicas, para desarrollar protocolos de propagación que les puedan servir a ellos, generen reservas de biodiversidad como estrategia de conservación de algunas especies y, al mismo tiempo, permitan desarrollar investigación que nos beneficie académicamente”, puntualiza.
Créditos: http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html
La dieta de las plantas carnívoras es variada, se puede contar desde bacterias y microorganismos, pasando por insectos o animalitos, hasta pequeños roedores o ranas.

La dieta de las plantas carnívoras es variada, se puede contar desde bacterias y microorganismos, pasando por insectos o animalitos, hasta pequeños roedores o ranas.

19 de Octubre del 2012

La colección más importante, prolífica y amplia de plantas carnívoras de la que se tenga conocimiento en el país, fue expuesta en la UN, en el marco del “Día del Biólogo”, organizado por el Departamento.

Se trata de una compilación privada de más de 120 especies, que contó con un millar de individuos, la cual funciona bajo el nombre de “Colina carnívora”, la cual se dedica a la conservación, propagación, educación y comercialización de plantas carnívoras.

De acuerdo con Julián Gamboa, técnico aeronáutico, biólogo naturalista y coleccionista, las plantas carnívoras son vegetales muy especiales que se adaptaron esencialmente para atrapar presas vivas y alimentarse de ellas. Cuenta que a diferencia de las plantas comunes, estas no absorben nutrientes por sus raíces, por lo tanto crecen en suelos muy pobres.

“Pueden crecer en turberas y arenales, sitios donde hay mucha humedad, pero muy pocos nutrientes. Se encuentran en todas partes del mundo. En Colombia existen más de 50 especies ubicadas en todo el territorio nacional, en todos los climas y en todos los pisos térmicos”, asegura.

La variedad es “de largo aliento”, además vienen en tamaños, formas y colores diferentes. De hecho, existen más de 600 especies diferentes en todo el mundo y más de 600 híbridos.

Carlos Moreno, diseñador gráfico, coleccionista y naturalista autodidacta, cuenta que en Colombia se destacan las especies Drosera colombiana, D. esmeraldae y D. comunis; Pinguicula caliptrata y P. elongata; Utricularia subulata y U. tricolor, entre otras.

De Estados Unidos se destaca la Venus atrapamoscas y las Sarracenias; las pinguiculas de México, las Genliseas de Suramérica y los Nephentes del sudeste asiático. Estas últimas plantas, con jarrones colgantes, pueden vivir hasta unos 70 años; en tanto que otras plantas carnívoras viven solo un año.

Según él, la dieta de las plantas carnívoras es variada, se puede contar desde bacterias y microorganismos, pasando por insectos o animalitos, hasta pequeños roedores o ranas. Sus trampas varían dependiendo del tamaño de la planta y de las estrategias de captura; pueden ser trampas pasivas en forma de jarros o trampas pegajosas; o trampas activas que se cierran para atrapar moscas, a través de los movimientos más rápidos del reino vegetal.

Para Xavier Marquínez, profesor del Departamento de Biología de la UN, estas plantas son muy interesantes, dado que son buenas indicadoras de hábitats limpios, pues cuando hay contaminación, rápidamente desaparecen las poblaciones. Adicionalmente, por su ecología presentan distribuciones restringidas, lo cual determina que muchas especies puedan estar en peligro de extinción.

“Algunas tienen potenciales para control de patógenos, porque generan sustancias para el control de hongos y bacterias que podrían afectar a la planta durante el proceso de digestión”, asevera.

Charles Darwin se obsesionó tanto con las plantas carnívoras, que llegó a afirmar que le preocupaban más que el origen de todas las especies del mundo y que las defendería hasta el día de su muerte; las estudió desde 1960, un año después de publicar El origen de las especies, hasta la edición de Plantas insectívoras en 1875. Desde entonces, han generado diversas líneas de investigación, desde el punto de vista sistemático, de conservación, electrofisiología, ecología, biogeografía y evolución. “Son muy buenos modelos para esto, así como en nutrición mineral, bioquímica y  fisiología vegetal”, señala.

El profesor Marquínez resalta el trabajo de “Colina carnívora”, especialmente si se tiene en cuenta que dentro de los coleccionistas hay muchos que sacan las plantas de sus medios naturales. En ese sentido, depredan las poblaciones naturales, pero este no es el caso de Moreno y Gamboa.

“Ellos hacen propagación, incluso sus colecciones son como reservorios genéticos y de biodiversidad. Además son grandes divulgadores de un tema que es muy llamativo para todo el mundo, y particularmente para los niños, a quienes sensibilizan acerca del respeto a la naturaleza y del uso responsable de la biodiversidad, de manera pedagógica”, indica.

Finalmente, la invitación de este par de coleccionistas obedece a que muy pocos biólogos están involucrados en trabajar colecciones de plantas, incluso, con propósito económico. Generalmente, quienes lo hacen son personas por fuera del ámbito de la biología.

“No podemos proteger adecuadamente lo que no conocemos. Estas actividades de divulgación son importantes también por eso; conocer la biodiversidad para protegerla. Con ellos se pueden hacer alianzas estratégicas, para desarrollar protocolos de propagación que les puedan servir a ellos, generen reservas de biodiversidad como estrategia de conservación de algunas especies y, al mismo tiempo, permitan desarrollar investigación que nos beneficie académicamente”, puntualiza.

Créditos: http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html

Tras el concierto de las ranas

 
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9 de septiembre del 2011

 

Las ranas se encuentran en la lista roja de las especies en peligro de extinción a nivel mundial, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Las ranas se encuentran en la lista roja de las especies en peligro de extinción a nivel mundial, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

 

Palmira,  – Agencia de Noticias UN – Investigadores de la UN en Palmira monitorean las ranas de la Reserva de Yotoco en el Valle del Cauca, con el objetivo de evitar su extinción.

En medio de la espesa vegetación de la Reserva Nacional Forestal Bosque de Yotoco (propiedad de la Sede Palmira), mora un anfibio que ha vivido por millones de años, incluso antes de que los humanos existiéramos y que ha sido inspiración para cuentos y canciones infantiles: las ranas. Estos animales, también conocidos como anuros, son considerados una fuente importante de alimento para algunos depredadores del bosque. 

Pequeños en tamaño pero grandes controladores de insectos, actualmente se encuentran en la lista roja de las especies en peligro de extinción a nivel mundial, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), debido a la destrucción de su hábitat, el cambio climático y un potente hongo que las está matando en gran parte del planeta. 

El Grupo de Investigación en Recursos Zoogenéticos de la UN se ha preocupado por preservar esta especie en peligro y realiza desde hace dos años un programa de monitoreo de anfibios en esta reserva nacional, con el objetivo de evaluar su cambio poblacional. 

Árboles de más de diez metros de longitud, abundantes enredaderas de monte, serpientes, arañas y mosquitos son algunos de los obstáculos que este grupo de investigadores debe sortear para seguir el canto de las ranas y conocer qué esta pasando con sus poblaciones en este importante relicto de bosque del Valle del Cauca. 

El recorrido en busca de los coloridos anuros puede comenzar en las primeras horas de la mañana o en las primeras de la noche, pues es cuando más se escucha su croar. 

Los exploradores prefieren la noche porque en medio del silencio es más fácil diferenciar el canto de las ranas. “Recorremos el bosque entre las cinco de la tarde y las doce de la madrugada, una jornada que resulta en ocasiones aterradora, sobre todo por los extraños ruidos de la selva y los ojos de algunos animales que sobresalen en la oscuridad”, comenta Elizabeth Mora, estudiante de Zootecnia. 

A pesar del miedo y las dificultades que trae la noche, su atención debe permanecer en los sonidos que solo las ranas macho tienen el privilegio de emitir desde la profundidad de sus cobijos. Sin embargo, su canto podría llevarlos al paradero exacto de su objetivo, o al extravío en medio de la tenebrosa vegetación. 

“En uno de los recorridos, por seguir el croar que parecía estar cerca, tres que encabezaban la fila siguieron adelante dejándonos a cuatro compañeros atrás sin iluminación. Cuando caímos en cuenta, estábamos perdidos en la oscuridad de la selva, sintiendo la presencia de los animales que nos miraban como si fuéramos su presa”, recuerda Eva Ramírez, una de las investigadoras. 

Ese día, luego de permanecer cerca de dos horas sumergidos en el bosque tratando de encontrar con la luz de la luna el camino de regreso, los estudiantes llegaron sanos y salvos a las dos de la madrugada a la casa de la reserva. ¡Un gran susto! 

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co