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El quetzal, ave emblemática de Mesoamérica, al borde de la extinción: UNAM

 
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07 de diciembre de 2015

Quetzal es una palabra de origen náhuatl —asociada con quetzalli, ‘bella pluma brillante’— con la que se nombra, desde épocas prehispánicas, al ave considerada la más bella de América; no obstante, este atractivo le ha resultado perjudicial, pues ha implicado saqueo y tráfico ilegales, actividades que, junto con la fragmentación y destrucción de sus hábitats, la han puesto al borde de la extinción. Continue reading El quetzal, ave emblemática de Mesoamérica, al borde de la extinción: UNAM

Preparan universitarios misiones espaciales del futuro

 
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Crear plataformas integradas con microsatélites que contengan instrumentos de investigación, el objetivo
Crear plataformas integradas con microsatélites que contengan instrumentos de investigación, el objetivo

5 de abril de 2012
• Crear plataformas integradas con microsatélites que contengan instrumentos de investigación, el objetivo
• Se desarrollan dos proyectos conjuntos: QUETZAL, con el Instituto Tecnológico de Massachusetts, y CONDOR, con el Instituto de Aviación de Moscú

Científicos universitarios perfeccionan un proyecto aeroespacial de largo plazo que permitirá estudiar la contaminación atmosférica y obtener imágenes satelitales para diferentes usos, como el estudio de áreas forestales, la distribución urbana y otras aplicaciones.

Saúl Santillán Gutiérrez, coordinador del Centro de Alta Tecnología de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, campus Juriquilla, Querétaro, expuso los avances respectivos.

A la fecha, se realiza un proyecto con el Instituto de Aviación de Moscú, informó el científico. Se trata de desarrollar plataformas satelitales integradas con instrumentos de investigación para la ionósfera y toma de imágenes de la Tierra.

Se ha logrado conformar un núcleo de especialistas, preparados en Rusia, a fin de crear un grupo de desarrollo tecnológico en ingeniería espacial. El proyecto CONDOR ha servido para la formación de expertos que se incorporarán a la planta académica de la UNAM.

Parte fundamental de ese proyecto es la transferencia de tecnología y habilidades en el desarrollo y administración de planes de colaboración internacional. El objetivo es operar sistemas de percepción remota, es decir, obtener fotografías del territorio nacional y verificar una teoría sobre el monitoreo de la ionósfera y sus posibles efectos sobre el clima y las comunicaciones.

Es parte de la Red Universitaria del Espacio, y también se colabora con la Agencia Espacial Mexicana para fomentar la ciencia y tecnología espacial.

La tarea no ha sido sencilla, afirmó Santillán, como responsable de la Red Temática de Conacyt en Ciencia y Tecnología del Espacio, que agrupa a cerca de 140 investigadores de 25 instituciones y a una decena de empresas. Aseguró que México participa en varias misiones espaciales y se espera que se incremente la velocidad de desarrollo de la nación en este sector.

No hay que preguntar si tenemos la capacidad de participar en este tema; de hecho, científicos del Instituto de Investigaciones Nucleares, como Rafael Navarro González, miembro de la misión a Marte en busca de vida, o Gustavo Medina Tanco, integrante del Extreme Universe Space Observatory on the Japanese Experiment Module (JEM-EUSO, por su siglas en inglés), son muestra de ello.

Asimismo, Esaú Vives, del Instituto de Ingeniería, y Jorge Prado, del Instituto de Geografía, que ya transfirió tecnología a Vietnam, entre otras entidades de la UNAM.

Santillán Gutiérrez afirmó que cambia el paradigma para diseñar satélites. Hoy en día hay auténticos laboratorios de cinco o seis toneladas, que orbitan a 600 ó 700 kilómetros de la Tierra, pero demasiado onerosos.

En ese sentido, la alternativa es desarrollar constelaciones satelitales integradas por microsatélites (30 a 100 kilogramos de peso) y desarrollar experimentos puntuales con nanosatelites (de uno a 10 kilogramos de peso, los llamados cube sats), que son más baratos y accesibles.

Un satélite científico de esas características puede financiarse en México, y es un medio para desarrollar tecnología de punta y fomentar alianzas estratégicas internacionales, consideró.

En el concierto mundial de la tecnología espacial, las misiones con proyectos complejos y costosos (que incluyen satélite, misión científica, estaciones terrenas para procesamiento de información, control de órbita, telemetría y comando), así como el procesamiento y distribución de la información, hacen necesaria la colaboración internacional.

De acuerdo con el investigador, diseñar uno representa retos tecnológicos, como compactar instrumentación o controlar su posición, pero los beneficios son enormes, pues se genera conocimiento y tecnología propia. “Los vemos como algo muy lejano de nuestras actividades, pero no es así”.

Las aplicaciones tienen enormes posibilidades: diseñar un sistema de monitoreo GPS especial para el territorio nacional, para seguir el tráfico de vehículos terrestres o aéreos; también, se pueden aplicar a un sistema de alerta temprana para inundaciones, deforestación e incendios forestales, entre otros.

Además, se desarrolla el proyecto QUETZAL MIT UNAM, un satélite para el monitoreo de contaminantes atmosféricos; se inició con capital semilla del MIT (Massachusetts Institute of Technology) a través de su programa MISTI (MIT International Science and Technology Initiatives), y ha servido para que participen especialistas del MIT, y alumnos y profesores de la Facultad de Ingeniería.

Recientemente, se hizo la entrega de la primera etapa de ese proyecto, que consta de la planeación de la misión: el tipo de aparato, el tamaño, su posible órbita donde participaron estudiantes de licenciatura, maestría y doctorado, y con ello, las especificaciones para los diferentes sistemas.

“Actualmente estamos en la etapa de desarrollar modelos y prototipos de los sistemas del satélite con electrónica y sistemas convencionales, para que una vez que se tengan las pruebas se pueda proceder al desarrollo con los sistemas que integren electrónica y componentes con calidad espacial.

“Ahora arrancamos la segunda fase; si el proyecto es exitoso, podemos decir que tendremos el primer microsatélite mexicano en dos o tres años para el monitoreo de contaminantes atmosféricos”.

Participan en el proyecto, por parte de Ingeniería, Carlos Romo, Alberto Ramírez y Saúl de la Rosa; por Ciencias de la Atmósfera, Michel Grutter, y de Geografía, Jorge Prado. Además, “es importante la participación de alumnos de CU y el campus Juriquilla, tanto de licenciatura como de posgrado”, finalizó Santillán Gutiérrez.

Créditos: unam.mx/boletin/184/2012