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COMPARAN LABOR CIENTÍFICA DE INVESTIGADORES NATURALES Y SOCIALES

 
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Una parte valiosa del desarrollo de México depende de la labor científica que llevan a cabo los investigadores de las distintas instituciones de educación superior que hay en el territorio nacional.
A partir de esta certeza, Marcelo del Castillo Mussot, del Instituto de Física (IF) de la UNAM, así como Alfredo de la Lama García y Marco A. de la Lama Zubirán, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), decidieron explorar la manera en que los científicos encaran su trabajo cotidiano.
Lo anterior, en un proyecto de investigación titulado “¿Existen diferencias en las creencias que regulan las investigaciones de los científicos naturales y sociales?” (obtuvo el segundo lugar del Premio Internacional de Investigación en Ciencias Sociales Argumentos. Estudios críticos de la sociedad, convocado por la UAM).
Para ello, pidieron a 185 investigadores en activo de la UNAM y la UAM (90 de ciencias naturales y 95 de sociales; 96 por ciento con estudios de posgrado) responder un cuestionario basado en las cuatro reglas o acuerdos (ver recuadro) que norman las conductas de los científicos en sus investigaciones.
“Este proyecto sobre sociología de la ciencia se contrapone a las propuestas formales de cómo deberían trabajar. Siempre he sostenido que lo que tenemos que hacer es investigar cómo laboran, no cómo deberían hacerlo. Luego de habernos planteado el problema, diseñamos un cuestionario (ver recuadro) sustentado en la técnica de recordación auxiliada”, dijo Alfredo de la Lama García, economista con doctorado en Sociología por la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (en la actualidad trabaja en la UAM Iztapalapa).
En tanto, Del Castillo Mussot indicó que su participación “consistió en darme cuenta de que el tema era algo realmente importante y motivar parte de la investigación. Supervisé el trabajo de campo en la UNAM y, asimismo, colaboré en la preparación de los estudiantes que llevaron a cabo las entrevistas”.
En esta casa de estudios el cuestionario fue aplicado a científicos sociales del Instituto de Investigaciones Económicas y de las facultades de Contaduría y Administración, de Economía, de Psicología y de Ciencias Políticas y Sociales.
También, a científicos naturales de los institutos de Ciencias Nucleares, de Física, de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas y de Ciencias del Mar y Limnología; de las facultades de Ciencias y de Medicina Veterinaria y Zootecnia. En la UAM Iztapalapa, a investigadores o profesores-investigadores de las divisiones académicas de Ciencias Básicas e Ingeniería, Biológicas y de la Salud, y Sociales y Humanidades.
La mayoría de los entrevistados (entre febrero y mayo de 2012) son egresados de la UNAM (35 por ciento de ciencias naturales y 44 por ciento de ciencias sociales); les siguen los de la UAM (nueve por ciento ciencias naturales y 11 por ciento de ciencias sociales); también hay egresados de universidades de la Unión Europea (28 por ciento de ciencias naturales y 14 por ciento de ciencias sociales).
De universidades de Estados Unidos (11 por ciento de ciencias naturales y ocho por ciento de ciencias sociales); de otras instituciones nacionales (nueve por ciento de ciencias naturales y 21 por ciento de ciencias sociales) y de universidades del resto de América (el restante del porcentaje en cada categoría).
Por lo que se refiere a la primera pregunta, 84 por ciento de los científicos naturales y 81 por ciento de los sociales dijeron que sí creen que existan reglas dentro de la investigación, pero sólo cinco por ciento comentó que eran implícitas.
“Al preguntarles cuáles eran, casi nadie mencionó la primera, que es básica, es decir, que somos capaces de estudiar la realidad a través de la observación. Si uno no cree en esta regla, no puede pensar en la investigación científica ni en la ciencia y, a pesar de ello, muchos no la mencionaron”, señaló Del Castillo Mussot.
La técnica de recordación auxiliada permitió a los investigadores demostrar que los entrevistados no se acordaban explícitamente de esas reglas, pero cuando las incluyeron en las posteriores preguntas, decían que eran obvias.
“Incluso llegó a haber cierta incomodidad entre los entrevistados. Les molestó un poco no mencionarlas en su momento. Por ejemplo, nadie refirió la regla de la aptitud metodológica, pero al incluirla en la pregunta cinco, les pareció lo más natural del mundo. Lo que se muestra es que esas reglas se aprenden implícita, no explícitamente; que la ciencia y su método se aprenden como oficio, no como algo formal, y que si los científicos supieran esto explícitamente, podrían enseñarles con más claridad a los estudiantes qué deben buscar”, indicó el investigador del IF.
En relación con la investigación científica, De la Lama García planteó que se produce a lo largo de tres procesos, que son el de descubrir, el de verificar y el de comunicar.
“Estos procesos no son semejantes entre sí y requieren habilidades diferentes, aunque están enmarcados dentro de las reglas o acuerdos citados. Cuando los científicos lo tienen claro, pueden hacer investigación científica, si no, estarán perdidos, dispersos. Si lo tienen claro, van a los congresos, a las clases, a las discusiones; piensan en cómo resolverá su problema de investigación y no nada más a conocer porque sí. Ésta es la diferencia entre un científico y un profesional o un diletante. Pero muchos científicos no se dan cuenta de ella y eso es lo que nuestra investigación trata de sacar a flote y demostrar”, añadió.
En términos generales, la mayor parte de los entrevistados siguen el método científico, pero la proporción es diferente entre los científicos naturales y los sociales: mientras 95 por ciento de los primeros está de acuerdo con las reglas que norman las conductas en sus investigaciones, sólo 80 por ciento de los sociales las acepta.
“Y con nuestro análisis estadístico, realizado por De la Lama Zubirán, demostramos que esa minoría, ese 20 por ciento que no está de acuerdo, es significativo. En particular, esa minoría no cree que la ciencia estudie la realidad tal como es y que los fenómenos sociales se pueden analizar de manera objetiva. No debemos olvidar que hay corrientes mundiales que no creen que las ciencias sociales sean eso, ciencias”, comentó Del Castillo Mussot.
Así pues, el proyecto de investigación arroja luz sobre cuáles son los valores que rigen para cada científico entrevistado.
“Ahora bien, el objetivo que perseguimos fue enriquecer la comprensión del trabajo científico y, de este modo, impulsar y mejorar las formas de enseñanza-aprendizaje y la práctica de esta actividad. La realidad es siempre compleja, pero el trabajo del investigador es abstraer lo que es importante”, finalizó.
Créditos: UNAM-DGCS-002-2014

laborcientificaUna parte valiosa del desarrollo de México depende de la labor científica que llevan a cabo los investigadores de las distintas instituciones de educación superior que hay en el territorio nacional.

A partir de esta certeza, Marcelo del Castillo Mussot, del Instituto de Física (IF) de la UNAM, así como Alfredo de la Lama García y Marco A. de la Lama Zubirán, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), decidieron explorar la manera en que los científicos encaran su trabajo cotidiano.

Lo anterior, en un proyecto de investigación titulado “¿Existen diferencias en las creencias que regulan las investigaciones de los científicos naturales y sociales?” (obtuvo el segundo lugar del Premio Internacional de Investigación en Ciencias Sociales Argumentos. Estudios críticos de la sociedad, convocado por la UAM).

Para ello, pidieron a 185 investigadores en activo de la UNAM y la UAM (90 de ciencias naturales y 95 de sociales; 96 por ciento con estudios de posgrado) responder un cuestionario basado en las cuatro reglas o acuerdos (ver recuadro) que norman las conductas de los científicos en sus investigaciones.

“Este proyecto sobre sociología de la ciencia se contrapone a las propuestas formales de cómo deberían trabajar. Siempre he sostenido que lo que tenemos que hacer es investigar cómo laboran, no cómo deberían hacerlo. Luego de habernos planteado el problema, diseñamos un cuestionario (ver recuadro) sustentado en la técnica de recordación auxiliada”, dijo Alfredo de la Lama García, economista con doctorado en Sociología por la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (en la actualidad trabaja en la UAM Iztapalapa).

En tanto, Del Castillo Mussot indicó que su participación “consistió en darme cuenta de que el tema era algo realmente importante y motivar parte de la investigación. Supervisé el trabajo de campo en la UNAM y, asimismo, colaboré en la preparación de los estudiantes que llevaron a cabo las entrevistas”.

En esta casa de estudios el cuestionario fue aplicado a científicos sociales del Instituto de Investigaciones Económicas y de las facultades de Contaduría y Administración, de Economía, de Psicología y de Ciencias Políticas y Sociales.

También, a científicos naturales de los institutos de Ciencias Nucleares, de Física, de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas y de Ciencias del Mar y Limnología; de las facultades de Ciencias y de Medicina Veterinaria y Zootecnia. En la UAM Iztapalapa, a investigadores o profesores-investigadores de las divisiones académicas de Ciencias Básicas e Ingeniería, Biológicas y de la Salud, y Sociales y Humanidades.

La mayoría de los entrevistados (entre febrero y mayo de 2012) son egresados de la UNAM (35 por ciento de ciencias naturales y 44 por ciento de ciencias sociales); les siguen los de la UAM (nueve por ciento ciencias naturales y 11 por ciento de ciencias sociales); también hay egresados de universidades de la Unión Europea (28 por ciento de ciencias naturales y 14 por ciento de ciencias sociales).

De universidades de Estados Unidos (11 por ciento de ciencias naturales y ocho por ciento de ciencias sociales); de otras instituciones nacionales (nueve por ciento de ciencias naturales y 21 por ciento de ciencias sociales) y de universidades del resto de América (el restante del porcentaje en cada categoría).

Por lo que se refiere a la primera pregunta, 84 por ciento de los científicos naturales y 81 por ciento de los sociales dijeron que sí creen que existan reglas dentro de la investigación, pero sólo cinco por ciento comentó que eran implícitas.

“Al preguntarles cuáles eran, casi nadie mencionó la primera, que es básica, es decir, que somos capaces de estudiar la realidad a través de la observación. Si uno no cree en esta regla, no puede pensar en la investigación científica ni en la ciencia y, a pesar de ello, muchos no la mencionaron”, señaló Del Castillo Mussot.

La técnica de recordación auxiliada permitió a los investigadores demostrar que los entrevistados no se acordaban explícitamente de esas reglas, pero cuando las incluyeron en las posteriores preguntas, decían que eran obvias.

“Incluso llegó a haber cierta incomodidad entre los entrevistados. Les molestó un poco no mencionarlas en su momento. Por ejemplo, nadie refirió la regla de la aptitud metodológica, pero al incluirla en la pregunta cinco, les pareció lo más natural del mundo. Lo que se muestra es que esas reglas se aprenden implícita, no explícitamente; que la ciencia y su método se aprenden como oficio, no como algo formal, y que si los científicos supieran esto explícitamente, podrían enseñarles con más claridad a los estudiantes qué deben buscar”, indicó el investigador del IF.

En relación con la investigación científica, De la Lama García planteó que se produce a lo largo de tres procesos, que son el de descubrir, el de verificar y el de comunicar.

“Estos procesos no son semejantes entre sí y requieren habilidades diferentes, aunque están enmarcados dentro de las reglas o acuerdos citados. Cuando los científicos lo tienen claro, pueden hacer investigación científica, si no, estarán perdidos, dispersos. Si lo tienen claro, van a los congresos, a las clases, a las discusiones; piensan en cómo resolverá su problema de investigación y no nada más a conocer porque sí. Ésta es la diferencia entre un científico y un profesional o un diletante. Pero muchos científicos no se dan cuenta de ella y eso es lo que nuestra investigación trata de sacar a flote y demostrar”, añadió.

En términos generales, la mayor parte de los entrevistados siguen el método científico, pero la proporción es diferente entre los científicos naturales y los sociales: mientras 95 por ciento de los primeros está de acuerdo con las reglas que norman las conductas en sus investigaciones, sólo 80 por ciento de los sociales las acepta.

“Y con nuestro análisis estadístico, realizado por De la Lama Zubirán, demostramos que esa minoría, ese 20 por ciento que no está de acuerdo, es significativo. En particular, esa minoría no cree que la ciencia estudie la realidad tal como es y que los fenómenos sociales se pueden analizar de manera objetiva. No debemos olvidar que hay corrientes mundiales que no creen que las ciencias sociales sean eso, ciencias”, comentó Del Castillo Mussot.

Así pues, el proyecto de investigación arroja luz sobre cuáles son los valores que rigen para cada científico entrevistado.

“Ahora bien, el objetivo que perseguimos fue enriquecer la comprensión del trabajo científico y, de este modo, impulsar y mejorar las formas de enseñanza-aprendizaje y la práctica de esta actividad. La realidad es siempre compleja, pero el trabajo del investigador es abstraer lo que es importante”, finalizó.

Créditos: UNAM-DGCS-002-2014