Tag Archives: popocatéptl

Los volcanes activos en México, bajo vigilancia

 
Facebooktwittergoogle_plusmail

VOLCAN SIERRA NEGRA26 de febrero de 2012
• Unos 15 han presentado una actividad importante en tiempos históricos, como el de Colima, el Popocatépetl, el Paricutín y el Ceboruco

A diferencia de los huracanes que pueden registrarse de 10 a 15 cada temporada, o los sismos, que por lo menos ocurre uno importante cada año y uno muy fuerte cada dos o tres décadas, las erupciones volcánicas tienen periodos de recurrencia más prolongados, en especial, las destructivas.

“En el caso de México, el promedio es de seis por siglo en distintos volcanes. Esto hace que el periodo de recurrencia sea más extenso”, explicó Servando de la Cruz Reyna, investigador del Departamento de Vulcanología del Instituto de Geofísica (IGf), de la UNAM.

Si bien la actividad puede representar, a largo plazo, un riesgo para diversas poblaciones, es posible prevenirla si los habitantes y las autoridades tienen la conciencia y la percepción, basadas en conocimientos científicos.

Por ello, es fundamental realizar investigaciones no sólo sobre el fenómeno en sí, sino también sobre el impacto que puede ocasionar y la forma de prevención.

“Apenas en 1970 el estudio sistemático del riesgo y el impacto se incorporó a la ciencia. La intención es analizar el evento, sus componentes destructivos, el impacto en la sociedad y qué puede hacer ésta para reducirlo, o incluso, eliminarlo”, precisó De la Cruz Reyna.

El peor desastre volcánico del siglo XX en el país fue el Chichón, en Chiapas, en 1982; se estima que ocasionó entre mil 700 y dos mil víctimas, y un daño económico de alrededor de cuatro mil millones de dólares.

En aquella época no era considerado de alto peligro, porque sus erupciones tenían un periodo medio de recurrencia de unos 600 años o más (la anterior había ocurrido 750 años atrás, y la previa a ésta, más o menos en el mismo lapso).

“En ese tiempo tan largo se perdió la conciencia y la percepción de que era peligroso. Así, a pesar de que tiene periodos de recurrencia muy prolongados, causó el peor desastre del siglo XX en México”, indicó el investigador universitario.

En nuestro país, unos 15 volcanes han presentado una actividad importante en tiempos históricos, como el de Colima, el Popocatépetl, el Paricutín (en Michoacán) y el Ceboruco (en Nayarit).

La última gran actividad del de Colima fue en 1913, y las anteriores a ésta, en 1890 y 1818. Sin embargo, en el tiempo transcurrido se presentaron innumerables episodios menores; desde 1960 se mantienen relativamente persistentes hasta el momento.

“De ahí que sea un problema complejo hablar de un volcán de alto riesgo, porque una cosa es que tenga una actividad frecuente, y otra, que exista o no población vulnerable en sus alrededores. El riesgo es una combinación de ambos parámetros”, comentó.

En el caso del Popocatépetl tiene erupciones grandes con periodos de recurrencia largos. La última fue hace mil 200 años, y probablemente causó un daño severo en poblaciones localizadas en sus cercanías.

“Pero esta memoria se pierde, por lo que la percepción que tiene la gente actualmente es que se trata de un volcán con una actividad menor, reducida, como la que hemos visto desde 1994. De 1500 a la fecha, ha presentado unos 13 eventos similares al actual. Lo que no se puede perder de vista es que tanto el Popocatépetl, como el Volcán de Colima, y otros, poseen el potencial de producir erupciones mucho más grandes”, señaló el investigador.

El análisis y la cuantificación del peligro y el riesgo, involucra diferentes factores: el alto rango de magnitudes e intensidades de una erupción, que puede ser desde muy pequeña hasta muy destructiva; el grado de vulnerabilidad de la población localizada cerca del mismo, y el periodo de recurrencia.

“Todos estos factores combinados son uno de los temas de investigación más importantes en el campo de la vulcanología”.

En el caso de los sismos, se pueden medir con bastante precisión y para ello se utilizan dos parámetros: la magnitud, que es la energía que libera el fenómeno en su fuente, y la intensidad, la energía que llega a un sitio determinado.

En cambio, en el caso de los volcanes hay una gran dificultad para medir o cuantificar sus erupciones porque, a diferencia de los sismos, que sólo liberan energía elástica (energía de movimiento del suelo), aquéllos liberan varios tipos: térmica, cinética, explosiva y convectiva.

“Cada una de éstas es distinta en cada evento, por ello es muy difícil determinar cuál de ellas es la más destructiva, y por eso no contamos con una escala uniforme para las magnitudes. Esto dificulta la definición del peligro y el riesgo en términos del parámetro de la energía”, apuntó.

En forma más general se habla de la dimensión de una erupción como el volumen total de magma emitido. Sin embargo, si este último es lanzado en una forma súbita y explosiva, representará más peligro que si sale lentamente como lava del cráter.

“Aquí entra en juego otro factor: la velocidad a la que se desarrolla; es el más importante y varía mucho de un estilo a otro. Ahora bien, puede darse una magnitud muy grande con una intensidad muy pequeña, o una intensidad muy grande con una magnitud relativamente pequeña, como fueron los casos del Chichón y Santa Elena, en Estados Unidos.

“En los dos, las explosiones fueron muy intensas, muy destructivas, pero la cantidad total de magma no fue demasiado grande, si se le compara con la de otras importantes”, aseguró.

Por otro lado, hay erupciones que pueden generar una gran cantidad de magma, pero cuyo efecto destructivo no resulta tan intenso porque se desarrollan con lentitud, como sucedió con el Paricutín en 1943.

“La lava cubrió varias decenas de kilómetros cuadrados, pero a lo largo de nueve años; entonces, hubo suficiente tiempo para evacuar a la población y tomar todas las medidas precautorias”, finalizó.

Créditos: unam.mx/boletin/112/2012

Normal, actividad del volcán Popocatépetl

 
Facebooktwittergoogle_plusmail

Desde el 2001, el Popocatépetl registra actividad baja pero persistente, con episodios de reactivación leve en 2003. La tendencia, en promedio, ha sido a la baja.
Desde el 2001, el Popocatépetl registra actividad baja pero persistente, con episodios de reactivación leve en 2003. La tendencia, en promedio, ha sido a la baja.

18 de enero de 2011

• El semáforo de alerta volcánica permanece en amarillo, porque ha mantenido un nivel estable desde hace cuatro años, informó Servando de la Cruz, del Instituto de Geofísica de la UNAM
• Los niveles máximos se presentaron en los años 2000 y 2001, refirió

En los últimos días, el volcán Popocatépetl presentó un nivel de actividad normal; las exhalaciones de baja intensidad, acompañadas de vapor de agua y gas, visibles en la primera quincena del año por las condiciones atmosféricas favorables en algunas zonas de la Ciudad de México, constituyen una muestra de ello, aseguró Servando de la Cruz Reyna, del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.

De acuerdo con el sistema de monitoreo, destacó, los parámetros se mantienen sin cambios significativos. El semáforo de alerta volcánica continúa en amarillo, fase dos.

Según el reporte realizado por el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), en coordinación con la UNAM, “se mantiene la probabilidad de los siguientes escenarios: exhalaciones moderadas, algunas con emisiones de ceniza; explosiones esporádicas de nivel bajo a moderado, con probabilidad de emisión de fragmentos incandescentes a corta distancia del cráter y leve incandescencia en el cráter del volcán, observable durante la noche”.

En su informe, que se actualiza cada 24 horas y está disponible en la página http://www.cenapred.unam.mx/cgi-bin/popo/reportes/ultrep.cgi, la entidad recomienda continuar con el radio de seguridad de 12 kilómetros en torno al volcán, y seguir con tránsito controlado entre Santiago Xalitzintla y San Pedro Nexapa, vía Paso de Cortés.

Si el Popocatépetl presentara un aumento de actividad, recalcó De la Cruz, se tomarían las medidas precautorias necesarias, incluso, si fuera el caso, la evacuación de poblaciones cercanas. “Sin embargo, dada la actividad previa de los últimos dos o tres años, ese escenario es poco probable; en días recientes no hay evidencias que marquen en tal dirección”, reconoció.

Actividad volcánica

Entre los años 1997 y 2001, recordó el vulcanólogo, el coloso emanó hasta 200 exhalaciones por día, y las columnas de ceniza midieron hasta ocho kilómetros de altura sobre la cima.

A partir del 2001, registra actividad baja pero persistente, con episodios de reactivación leve en 2003. La tendencia, en promedio, ha sido a la baja, de acuerdo con el universitario.

Si en el futuro se mantiene el mismo nivel y no se detectan evidencias de que los remanentes de lava viscosa acumulados en el fondo del cráter, conocidos como domo, pudieran explotar, “se consideraría la posibilidad de bajar el semáforo de alerta a color verde”, adelantó el integrante del Departamento de Vulcanología del IGf.

La decisión dependería del Sistema Nacional de Protección Civil, con sustento en las recomendaciones del Comité Técnico Científico Asesor, establecido en 1994 para evaluar la actividad del volcán. Lo integran investigadores de la UNAM, del Cenapred y de otras instituciones.

Cuidar a Don Goyo

El nombre Popocatépetl proviene del náhuatl, compuesto por los vocablos Popoca, “que humea”, y tepetl, “montaña o monte”, significa “montaña que humea”.

Es un volcán de forma cónica simétrica, unido por la parte norte con el Iztaccíhuatl, mediante un puerto montañoso a tres mil 600 metros de altura sobre el nivel del mar, conocido como Paso de Cortés. Tiene glaciares perennes en la punta de la montaña, y es el segundo más alto de México, con una altura máxima de cinco mil 452 metros sobre el nivel del mar. Cubre un área de 500 kilómetros cuadrados, y abarca los estados de Puebla, México y Morelos.

El monitoreo de su actividad comenzó en 1989, cuando la UNAM instaló la primera estación para ese fin en la zona de Tlamacas. En 1994, recordó De la Cruz, el Cenapred, en colaboración con la Universidad Nacional y otras instituciones, estableció la red de monitoreo y alerta para determinar en qué momento la población y las autoridades de Protección Civil deberían activar las acciones correspondientes de prevención y auxilio.

La red de monitoreo del Popocatépetl consta de 25 estaciones remotas y una central de adquisición y procesamiento de datos, localizada en las instalaciones del Cenapred. Las estaciones de campo están ubicadas en las faldas del volcán, en altitudes entre los dos mil 500 y cuatro mil 450 metros.

Puesto en marcha en 1995, el semáforo de alerta volcánica es el mecanismo para informar sobre “los diferentes niveles de peligro que presenta la actividad del Popocatépetl”, de acuerdo a la página web del Centro.

Utiliza tres colores (verde, amarillo y rojo) para determinar el nivel de peligro para las poblaciones aledañas, y las indicaciones preventivas para evitar daños graves.

“Desde 1995, ha permanecido en color amarillo, con excepción del año 2000, cuando localmente se mantuvo en rojo por unos momentos para decidir la evacuación preventiva de las localidades cercanas más vulnerables”, recordó.

Las últimas erupciones importantes del volcán ocurrieron entre el 18 de diciembre del año 2000 y el 22 de enero de 2001, lo que obligó a más de 41 mil personas a abandonar sus hogares como medida precautoria.
Créditos: UNAM-DGCS-035-2011/unam.mx