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Investigadores politécnicos obtienen de hongos pigmentos con actividad bactericida

 
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hongos24 de marzo de 2011

• En México, más del 60 por ciento de las pudriciones de productos vegetales en poscosecha son causadas por hongos y sus exportaciones, en muchos de los casos, se ven limitadas por la presencia de bacterias de interés clínico, algunas de las cuales puede inhibir este pigmento

Investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) desarrollaron un proyecto de investigación para obtener pigmentos de hongos que puedan evitar la pudrición en vegetales en poscosecha e incluso inhibir el crecimiento de bacterias patógenas que afecten al ser humano como Salmonella typhi, Staphylococcus aureus, Shigella y Escherichia coli.

El doctor Ramón Villanueva Arce, titular del proyecto de investigación que se lleva a cabo en la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Biotecnología (UPIBI) del IPN, explicó que originalmente se enfocó la investigación hacia la elaboración de un pesticida biológico con actividad fungicida a partir de organismos vivos (hongos microscópicos), pero observaron que el uso de éstos conlleva riesgos, de modo que optaron por buscar pigmentos u otros metabolitos provenientes de hongos fitopatógenos o saprófitos para evaluar sus efectos.

El especialista de la UPIBI habló de su interés por contar en el mediano plazo con un pigmento natural que contribuya a reducir el índice de estos desperdicios que afectan directamente a los productores mexicanos, debido a que el 60 por ciento de la pudrición en vegetales poscosecha es ocasionada por microorganismos.

“En la mayoría de los casos, las aduanas del extranjero, principalmente de Estados Unidos, cierran sus puertas a los productos mexicanos porque detectan problemas de contaminación por bacterias patógenas al ser humano, por ello, contar con un producto natural que ayude a mantener saludables los vegetales sería altamente benéfico para los agricultores mexicanos”, sostuvo.

Villanueva Arce precisó que a partir del hongo Fusarium graminearum (presente en las gramíneas) se obtuvo un pigmento color púrpura, que inhibió el crecimiento de las bacterias Salmonella typhi y Staphylococcus aureus, en el momento de ponerse en contacto con el medio de cultivo en el que se encontraban.

Además, el investigador de la UPIBI comentó que a partir de otro hongo llamado Pycnoporus sanguineus, recientemente obtuvieron otro pigmento que presumen tiene propiedades similares a las del hongo Fusarium graminearum, por lo que evaluarán sus efectos en productos vegetales en postcosecha y en bacterias de interés clínico para el ser humano.

Explicó que para obtener estos pigmentos, se lleva a cabo un meticuloso proceso de extracción química en el que se utilizan algunos solventes orgánicos y el producto final sería un concentrado en polvo.

Villanueva Arce precisó que luego de probar los efectos de ambos pigmentos se deberán realizar diversas pruebas (toxicidad, residualidad, etcétera), para estar en posibilidades de contar con un producto que ayude a la conservación de vegetales en postcosecha.

Refirió que este trabajo se ha desarrollado con el apoyo de los alumnos de licenciatura Carlos Arturo Aguilar Pompa, y de maestría, Rocío Cruz Muñoz, quienes han desarrollado sus trabajos de tesis a partir de esta investigación científica.

Asimismo refirió que en breve se publicará en una revista científica internacional un artículo que dará cuenta de los avances en torno al pigmento obtenido del hongo Fusarium graminearum y, más adelante, otro que reporte los avances en torno al hongo Pycnoporus sanguineus.

Créditos: Comunicación Social/IPN/ Comunicado: 080

LOS LUNARES: VANIDAD PARA UNOS, PREOCUPACIÓN PARA OTROS

 
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Los lunares, cuyo nombre real es nevos, son formaciones de diferentes células de la piel, normalmente de los melanocitos que son células que producen el pigmento, le dan el color a la piel y sirven para protegerla de los rayos ultravioleta.

Existen diferentes tipos de nevos: “los que aparecen desde que se nace o que se adquieren a partir de los tres primeros años de vida, conocidos como nevos congénitos, o los melanocíticos a los que se relaciona con algún tipo de cáncer pues se producen por exposiciones prolongadas al sol, explicó la doctora Catalina Martínez y Martínez, dermatóloga del Hospital Universitario de Puebla.

“Normalmente en personas de entre 20 ó 25 años, es común que puedan desarrollarse hasta 30 lunares en todo el cuerpo, en esto varía de acuerdo a la raza, el color de la piel y la influencia del medio ambiente sobre ésta; las personas de piel clara son las más propensas a este tipo de manchas y a veces en la adolescencia es cuando se presentan en mayor número.

Los nevos de unión son los que normalmente conocemos, lunares cafés que parecen manchitas uniformes y que a veces pueden tener un tono claro o hasta más oscuro o negro; éstos son los que salen con más frecuencia por exposición al sol, a veces son elevados y hasta peludos en su superficie”, detalló la dermatóloga.

En los niños, los nevos se clasifican en vasculares o melanocíticos, los últimos son los que se asocian con cáncer de piel en la edad adulta dependiendo de qué tan extensos sean y en qué zona se encuentren, pero los que son de vasos sanguíneos no tienden tanto a desarrollar cáncer, aunque en algunos casos especiales se presentan las llamada fresas, nevos rosados y un poco elevados que en su minoría llegan a afectar huesos o articulaciones.

Martínez y Martínez dijo que “para diferenciar los nevos benignos de los malignos, por lo general hay que considerar el sitio en el que salen, por ejemplo, en zonas de mucha presión como los pies o las manos que tienen mucha actividad y están en constante contacto con el suelo”.

Además, “el número de lunares tiene que ser valorado por un dermatólogo, pues si de repente aparecen muchos en una sola parte del cuerpo, empiezan a crecer rápidamente, digamos el doble en un mes, y toman dos o tres tonos, son signos de que se tiene que hacer una revisión para determinar el porqué de estos cambios”.

Cuando se detecta que un nevo puede ser maligno “lo primero que se hace es valorarlo con un dermatoscopio para determinar si está produciendo daños en la superficie o en el interior de la piel, en ese caso se debe tomar una biopsia, es decir, extraer el lunar para mandarlo a estudiar en el microscopio patológicamente y con ello saber si hay células en él que tienden a malignizarse o no”, enfatizó.

Para prevenir, en lo general, daños en la piel que puedan ser perjudiciales en un futuro, es conveniente utilizar un protector solar y evitar las exposiciones prolongadas al sol, sobre todo de las diez u 11 de la mañana a las tres o cuatro de la tarde, cuando los rayos del sol caen más directamente a la Tierra. “También que visiten a un dermatólogo para estudiar esos nevos y determinar si es necesario llevar un control para detectar oportunamente cambios en la piel”, finalizó la doctora Martínez.

Créditos: Comunicación Institucional BUAP (buap.mx)

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