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Celebra el CEIICH 25 años de vida

 
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Norma Blazquez Graf, directora del CEIICH.
Norma Blazquez Graf, directora del CEIICH.

24 de enero de 2011

• El Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) se ha transformado en un espacio de indagación de calidad y productividad de excelencia
• Para conmemorar el aniversario, se entregaron reconocimientos a académicos y trabajadores fundadores
• La directora de esta entidad, Norma Blazquez Graf, dijo que en el Centro se examinan los grandes problemas del país y del mundo

A 25 años de ver la luz por primera vez, el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) se ha transformado en un espacio académico con una masa crítica de indagación de calidad y con un nivel de productividad de excelencia comparable al de otras entidades de la UNAM, e incluso con otras instituciones en México.

Creado el 20 de enero de 1986, bajo el nombre de Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades, por la fusión del Programa Universitario Justo Sierra, el Centro de Estudios sobre Estados Unidos de Norteamérica y el proyecto Perspectivas de América Latina, contó con la cooperación de la Universidad de las Naciones Unidas, y como director entonces fue nombrado Pablo González Casanova.

Desde su nacimiento, esta entidad universitaria se asentó en el cuarto piso de la Torre II de Humanidades. Sin embargo, a partir del 28 de abril de 1995, por acuerdo del Consejo Universitario, recibió la tarea de ampliar sus funciones, enfocadas originalmente a las ciencias sociales, para incorporar de manera institucional otros campos, en particular, las disciplinas científicas y tecnológicas.

Para celebrar el aniversario, se entregaron reconocimientos a seis académicos y trabajadores fundadores: las administrativas María Victoria Rodríguez Valentín y María Guadalupe Rosas Pérez; los académicos Elke Köppen Prubmann, Jorge Cadena Roa, Sergio García y Alva, y Rolando V. García Boutigue.

En la conmemoración, Norma Blazquez Graf, directora del CEIICH, señaló que el trabajo realizado por la comunidad refleja la experiencia acumulada por sus integrantes, sus aportaciones al conocimiento, logros y compromisos.

En ceremonia presidida por el rector José Narro Robles y Estela Morales Campos, coordinadora de Humanidades, expuso que las actividades muestran la existencia de un ambiente estimulante para la creación científica y humanística, que busca una articulación cada vez mayor entre la comunidad académica y la sociedad.

Sin embargo, indicó, para entender los problemas que vivimos y buscar soluciones, se requiere de la investigación científica y humanística. La cohesión de estos dos elementos no es fácil ni un asunto resuelto, sino uno de los grandes temas de nuestro tiempo. Las universidades más importantes del mundo, como la UNAM, han creado unidades especializadas para comprender y favorecer su vinculación.

Con el secretario General de la UNAM, Sergio M. Alcocer Martínez de Castro, directores de facultades, centros e institutos, e integrante de la comunidad del CEIICH, Blazquez Graf comentó que la relación estrecha entre las ciencias y las humanidades ha dotado a esta entidad de un perfil que hace posible, además de la interacción entre disciplinas que tradicionalmente habían estado separadas, contribuir al examen de los problemas locales y globales.

En el auditorio del CEIICH, la directora mencionó que, desde su fundación, la entidad examina los grandes problemas del país y del mundo mediante la articulación de conceptos, metodologías y tradiciones de las ciencias exactas y naturales con los de las ciencias sociales y las humanidades, con el fin de abordar fenómenos y realidades complejas.

“La naturaleza interdisciplinaria del Centro no es sólo un adjetivo. En él se estudian los fundamentos teóricos de la interdisciplina, para lo cual se mantienen convenios con universidades e instituciones de diferentes partes del mundo, con objetivos análogos para entender, desarrollar e incorporar en nuestra casa de estudios los significados y utilidad de esta perspectiva de estudio”, apuntó.

En estos años, añadió, el CEIICH ha experimentado una gran transformación. En 1986, inició labores con seis investigadores, apoyados por 14 técnicos académicos, que realizaban sus actividades en siete seminarios permanentes. Hoy, cuenta con 47 investigadores y 34 técnicos académicos, que dan vida a los 11 programas de investigación.

Tras felicitar a la comunidad del Centro por los logros obtenidos, Narro Robles subrayó que en él se han construido biografías y perfilado porvenires, pero también se ha investigado, enseñado y difundido.

Ha probado ser exitoso; se trata de una idea que se transformó en proyecto, que termina con un programa, y hoy forma parte de la realidad. Ha tenido que ver con físicos, médicos, humanistas, creadores y artistas; es decir, fue una excelente idea encontrar espacios para las multi e interdisciplinas, y ahora es necesario continuar con el apoyo desde todas las trincheras, para la consolidación de la entidad.

Al término de la ceremonia, recorrieron las instalaciones remodeladas del CEIICH. En el quinto piso de la Torre II de Humanidades se incluyen la secretaría Administrativa, la librería y la Sala de Juntas en el cuarto piso, así como 16 cubículos para el área de investigación, ocho áreas de trabajo para técnicos académicos, una librería y cinco salas (tres de trabajo, una de videoconferencia y una de cómputo para becarios y estudiantes de servicio social).
Créditos: UNAM-DGCS-048-2011/unam.mx

Relaciona estudio, a las científicas con las brujas

 
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En su libro El retorno de las brujas. Incorporación y contribuciones de las mujeres a la ciencia, Norma Blazquez tomó como modelo de estudio a las hechiceras de la Europa medieval.
En su libro El retorno de las brujas. Incorporación y contribuciones de las mujeres a la ciencia, Norma Blazquez tomó como modelo de estudio a las hechiceras de la Europa medieval.

14 de julio de 2010

• Los saberes que dominaban y practicaban las hechiceras y curanderas, llamadas brujas en la Edad Media, fueron considerados sospechosos y amenazantes, porque atentaban contra los nacientes poderes político, religioso y científico, dijo Norma Blazquez Graf
• En su libro “El retorno de las brujas”, la directora del CEIICH de la UNAM documentó que, desde las universidades, las mujeres recuperan espacios en distintas disciplinas y avanzan a la equidad en carreras antes consideradas de dominio masculino
• Analiza cómo la participación e incorporación de ellas a la ciencia produce modificaciones en la estructura de las instituciones, como en el proceso de creación de conocimientos

Así como las brujas de la Edad Media tenían conocimientos propios con los que desarrollaron trabajos de curanderas y parteras dentro de sus comunidades, en la actualidad las mujeres de ciencia hacen aportaciones importantes tanto a la estructura de las instituciones científicas, como al proceso de creación de conocimientos, afirmó Norma Blazquez Graf, directora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM.

“Aunque históricamente se les ha estigmatizado, las brujas de diversas sociedades fueron comadronas y nodrizas con conocimientos sobre sexualidad, anticoncepción, reproducción, embarazo, parto, y crianza de los niños; también curanderas, cocineras y perfumistas, con el saber necesario para recolectar, preparar y conservar alimentos y productos. Hacían curaciones utilizando plantas, animales y minerales”, dijo la también psicóloga, maestra en fisiología y biofísica, y doctora en filosofía.

En conferencia ofrecida en la Facultad de Química, Blazquez comentó su libro El retorno de las brujas. Incorporación y contribuciones de las mujeres a la ciencia, en el que tomó como modelo de estudio a las hechiceras de la Europa medieval, que heredaron habilidades de generación en generación.

La sabiduría de esas mujeres amenazaba a grupos poderosos, y pueden considerarse las antecesoras de quienes hoy se dedican a la investigación científica, afirmó.

“Sus conocimientos eran valorados, respetados y considerados importantes y necesarios, pero se les fue desprestigiando y asociando con la idea de que no poseían sabiduría de mujer, sino que un ser maligno les otorgaba poderes, y todo lo que sabían y practicaban era debido a un pacto con el Diablo. La cognición empírica que dominaban y transmitían de abuelas a madres, y de ellas a hijas, fue considerada sospechosa y amenazante, porque atentaba contra los poderes políticos, religiosos y científicos nacientes”, señaló.

Universidades, un paso a la equidad

Fue hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando tuvieron acceso a la educación superior de manera institucional.

En Suiza, fueron admitidas en las universidades hasta 1890; en Gran Bretaña en 1870; en Francia en 1880, y en Alemania hasta 1900. “En México no estamos tan atrás como pudiera pensarse, pues la primera médica, Matilde Montoya, se recibió en 1887”, acotó.

Desde 1970, se han incorporado a los estudios superiores en muchos países. En nuestra nación, entre 1969 y el año 2000 la matrícula de mujeres aumentó de 17 a 50 por ciento; sin embargo, a medida que se incrementa el nivel de escolaridad, su presencia se reduce, y muy pocas ocupan puestos de mando en instituciones científicas.

Asimismo, las áreas de conocimiento siguen siendo dispares, pues mientras en carreras como Psicología o Educación la población dominante es la de ellas, en Física o Ingeniería, la proporción es inversa.

Los hombres siguen inclinándose por agronomía, ingeniería y física, mientras que el sector femenino elige, en mayor grado, las humanidades y áreas relacionadas con las ciencias sociales o educación, aunque en los últimos años ha aumentado su ingreso a veterinaria, medicina, ingeniería ambiental y tecnología de alimentos, indicó.

“Con estos avances, poco a poco hemos ganado espacios para integrarnos a la ciencia, a la producción formal y académica del conocimiento que, por mucho tiempo, fue una actividad de varones. Se ha reclamado nuestro acceso a la educación, a las universidades, y que tengamos la posibilidad de elegir la investigación científica como una profesión que nos brinde reconocimiento como generadoras del saber.

“Actualmente, en el mundo tres de cada 10 personas dedicadas a la investigación son mujeres, y en el caso de la Academia Mexicana de Ciencias, aún no llegamos a ese 30 por ciento”. Al interior de la UNAM, el 41 por ciento del personal académico son féminas, el 36 por ciento investigadoras, y de ellas, el 27 por ciento tiene el nombramiento más alto, como titulares “C”, abundó.

Como si fuera el retorno de las brujas, entre los temas de interés de las científicas destacan las ciencias médicas, donde se han recuperado espacios, especialmente en ginecología y en nuevas tecnologías asociadas a la reproducción asistida y anticoncepción, así como en ciencias naturales, como biología y ciencias ambientales, comentó.

Cambios en la política científica

La participación femenina se ha reflejado en una forma distinta de hacer ciencia, independientemente de los temas de trabajo, dijo Blazquez, estudiosa de la relación entre ciencia y género.

Desde que intervienen en la política científica, se otorgan más becas y hay nuevos criterios de evaluación; se han extendido los periodos de edad para el trabajo en la materia, considerando el ciclo reproductivo; se han modificado los horarios y espacios laborales, y se difunde cada vez más una conciencia de género, finalizó la titular del CEIICH.
Créditos: UNAM. DGCS -420/unam.mx