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Madres con VIH sobreprotegen a los bebés

 
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madresconvihBogotá D. C., feb. 13 de 2014 – Agencia de Noticias UN- Algunos testimonios de madres con este virus hicieron parte de un estudio desarrollado en Montería, con el que se buscaba describir las prácticas de cuidado ofrecidas por ellas a sus recién nacidos.

“Las madres entrevistadas tienen temor a la censura y a la estigmatización social que acompaña a las personas que conviven con la enfermedad; este miedo al rechazo se refleja en el cuidado, lo que produce sobreprotección”, explicó Ivonne Romero, estudiante de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia, quien hizo parte de la investigación.

Ellas expresan su especial interés en la protección y prevención de riesgo de infección en los recién nacidos, situación que afecta el enfoque práctico de los actos de cuidado, pues prioriza los cuidados asépticos extremos. Esto genera seguridad y confianza porque sienten que están ayudando y que hay mucho que pueden hacer por sus hijos. Además, les permite contar con espacios y momentos para expresarles su amor y estrechar su relación.

Por eso consideran la lactancia materna como cuidado fundamental y la supresión de la misma es para ellas una gran pérdida. “Una cosa importante de ser madre es poder alimentar a un hijo con la propia leche; el hecho de no poder alimentar a mi hija mediante la lactancia –como lo hicieron mi mamá y mi abuela– fue una gran frustración, sentía que la enfermedad me había quitado algo muy importante en la maternidad”, afirmó una de las encuestadas.

La preocupación por la posibilidad de transmisión de la infección al hijo señala el comienzo del vínculo afectivo madre-hijo. “La experiencia de culpabilidad en la madre aumenta la dificultad para ajustarse o acomodarse a sus dos nuevas condiciones: mujer seropositiva para VIH y cuidadora de su hijo recién nacido”, agrega Virginia Soto, profesora de la Facultad de Enfermería de la U.N.

Los comportamientos asociados al cuidado son afectados por la preocupación por la salud e integridad del recién nacido y el temor al rechazo social. Esta preocupación parece deberse a que entienden la enfermedad como letal y a las dificultades personales para dar un porvenir apropiado a un hijo infectado. Esto conduce a riesgos para la salud de la madre por la ansiedad que genera.

Algo que destacan las investigadoras es que se apreció de manera coincidente que las madres que han tenido hijos anteriormente, incluyen en sus esquemas de prevención y protección cuidados especiales o específicos para reducir riesgos asociados a creencias culturales. “La verdad es que uno es descuidado, porque uno sabe que si se santigua al niño los siete viernes no le da afección (mal de ojo), o si se le coloca el mate en la pierna o en el brazo, tampoco le da”, dijo una de las madres.

Las prácticas de cuidado de las madres con experiencia de VIH positivo se relacionan con los sentimientos positivos que ellas generan. El cuidado significa proteger a quien aman y representa la oportunidad de mantener un vínculo emotivo en la memoria de sus hijos para cuando ellas no estén.

Según datos del Sivigila (Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública), hasta mayo del 2013, en Montería habían sido atendidas 126 gestantes con diagnóstico de VIH desde el año 2008.

El promedio de edad de las madres participantes fue de 25,8 años y los recién nacidos tenían entre 8 y 30 días de nacidos.

Una madre VIH-positivo que no recibe tratamiento durante su embarazo, trabajo de parto o durante el parto en sí, tiene una probabilidad del 25% de transmitir el virus a su bebé. Sin embargo, hay medicamentos antirretrovirales que pueden proteger a los bebés contra la infección por el VIH.

Cuando una madre VIH positiva recibe fármacos antirretrovirales durante el embarazo y el parto; tiene a su bebé por cesárea; y evita la lactancia materna, la posibilidad de transmitir la infección a su bebé se reduce a menos del 2%.

En los bebés nacidos de mujeres con VIH se debe realizar una primera carga viral al cumplir el primer mes de vida y una segunda carga viral a los seis meses de edad, para conocer si tienen o no el VIH.

Créditos: UNAL-117-2014