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Detectan sintomatología depresiva en niños de primaria

 
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ENTREVISTA9 de enero de 2011

• Según un estudio aplicado a mil 340 infantes de tercer a sexto grado, en 12 escuelas del DF, el 20.22 por ciento de los infantes presentó indicios
• No se trata de un diagnóstico de depresión, son sólo síntomas que podrían derivar en esa enfermedad durante la adolescencia o vida adulta, dijo Verónica Alcalá Herrera, de la FP de la UNAM

Tras un estudio aplicado a mil 340 niños que cursan de tercero a sexto grado de primaria, en escuelas ubicadas al sur del DF, académicos de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM detectaron sintomatología depresiva en 271 de ellos (20.22 por ciento).

No se trata de un diagnóstico de depresión, sino de indicios que pudieran derivar en esa enfermedad durante la adolescencia o en la vida adulta, explicó Verónica Alcalá Herrera, académica del Departamento de Psicofisiología de la FP, y quien participó en el estudio.

Los resultados de la prueba, aplicada en 12 primarias públicas, privadas, de enseñanza tradicional y activa, en los turnos matutino y vespertino, no arrojaron diferencias significativas entre ambos géneros, ni en sus edades, pero sí entre las escuelas tradicionales y activas: del total de la muestra, los infantes de las primeras tenían mayor puntaje en las escalas depresivas que los niños de planteles activos.

“En esos pequeños observamos tendencias hacia una tristeza que, en algunos casos, era profunda, así como pensamientos de muerte, preocupaciones, miedos y aflicciones. “Por ello, podemos hablar de una sintomatología depresiva. Las causas no fueron investigadas, pero es necesario considerar hacerlo”, añadió.

Los académicos universitarios utilizaron una prueba de depresión infantil de origen australiano en su versión española, que fue estandarizada para México: la Children’s Depression Scale (CDS), de M. Lang y M. Tisher, que consiste en un cuestionario de 66 preguntas de escala Likert.

En ella, se miden la parte positiva u optimista, y la parte negativa o depresiva, que es la más grande e importante. “Los resultados nos sorprendieron porque 20.22 por ciento de niños con sintomatología depresiva es un porcentaje muy alto. Ello no significa que haya 20.22 por ciento de infantes deprimidos. De cualquier manera, el porcentaje fue mayor de lo que se había reportado anteriormente”, indicó.

En un estudio realizado en 1995, a una población de 150 niños de una sola escuela del DF, se encontró que alrededor de 10 por ciento presentaba síntomas depresivos.

Poblaciones en riesgo

Las poblaciones de infantes en riesgo de desarrollar depresión son aquellas que viven en cierto abandono, con violencia física y psicológica, sin atención ni cuidados de salud, y cerca de problemas de alcoholismo y drogadicción.

Cualquier tipo de maltrato, por sutil que parezca, es un factor que coloca a un niño en peligro de desarrollar depresión. La alineación parental, común en la actualidad, se caracteriza porque los padres en proceso de divorcio utilizan a sus hijos para un chantaje mutuo.

“Este tipo de maltrato puede generar un estado de depresión en los pequeños”, Asimismo, el estrés cotidiano y el generado por la carga de trabajo escolar también pueden estar asociados a la depresión, apuntó Alcalá Herrera.

Síntomas Cognitivos, emocionales, sociales y físicos

Los niños en riesgo de desarrollar depresión presentan diversos síntomas que se agrupan en cognitivos, emocionales, sociales y físicos.

Los cognitivos tienen que ver con dificultades en el aprendizaje por falta de atención, concentración y memoria, y hacen al menor distraído y tardo en sus actividades escolares; además, se observa una lentitud de pensamiento y lenguaje, por lo que no realiza sus tareas a tiempo o en forma adecuada.

Pueden variar en intensidad, cantidad y duración. Por ello, es necesario consultar a un experto para obtener un diagnóstico certero. La variedad de síntomas puede hacer que una depresión se confunda con otros padecimientos. Si el estado se prolonga demasiado tiempo, incluso puede afectar biológicamente la etapa adulta.

“En adultos se ha observado que ciertas estructuras cerebrales relacionadas con el aprendizaje, como el hipocampo, la amígdala, el cerebelo y los lóbulos frontales, quedan afectadas por estados depresivos crónicos. Entonces, a esas personas les cuesta trabajo aprender, analizar, planear, evaluar situaciones y tomar decisiones”, señaló la académica universitaria.

Lo síntomas emocionales se expresan mediante un abatimiento conductual y un nulo placer por llevar a cabo diferentes tareas. El niño está desanimado, poco motivado, se aburre con facilidad, nada lo hace feliz ni le permite disfrutar la vida; es pesimista, tiene una baja autoestima y se siente insatisfecho con sus actividades; además, pierde el sentido del humor.

Los síntomas sociales se manifiestan por medio de diferentes conductas: se aísla, tiene poco contacto con otros niños y con adultos, no puede hacer amigos. “Se come su almuerzo solo, no le gusta compartir, se queda ensimismado”, añadió la académica.

En cuanto a los síntomas físicos, pueden ser dolores de estómago, de cabeza y trastornos del sueño como pesadillas o insomnio. El infante suele mostrarse cansado, presentar cambios en sus hábitos alimenticios y enuresis (emisión no voluntaria de orina durante el día o la noche).

Un niño puede estar triste, enojado, o padecer un dolor de estómago, pero ello no significa que sufra una depresión. Para un diagnóstico preciso se deben analizar diversos factores, como el contexto en que vive.

“La depresión infantil es una de las enfermedades más difíciles de diagnosticar, porque a los pequeños les cuesta mucho trabajo expresar lo que piensan. Es necesario utilizar estrategias para conocerlos”, concluyó Alcalá Herrera.
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