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LOS LUNARES: VANIDAD PARA UNOS, PREOCUPACIÓN PARA OTROS

 
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Los lunares, cuyo nombre real es nevos, son formaciones de diferentes células de la piel, normalmente de los melanocitos que son células que producen el pigmento, le dan el color a la piel y sirven para protegerla de los rayos ultravioleta.

Existen diferentes tipos de nevos: “los que aparecen desde que se nace o que se adquieren a partir de los tres primeros años de vida, conocidos como nevos congénitos, o los melanocíticos a los que se relaciona con algún tipo de cáncer pues se producen por exposiciones prolongadas al sol, explicó la doctora Catalina Martínez y Martínez, dermatóloga del Hospital Universitario de Puebla.

“Normalmente en personas de entre 20 ó 25 años, es común que puedan desarrollarse hasta 30 lunares en todo el cuerpo, en esto varía de acuerdo a la raza, el color de la piel y la influencia del medio ambiente sobre ésta; las personas de piel clara son las más propensas a este tipo de manchas y a veces en la adolescencia es cuando se presentan en mayor número.

Los nevos de unión son los que normalmente conocemos, lunares cafés que parecen manchitas uniformes y que a veces pueden tener un tono claro o hasta más oscuro o negro; éstos son los que salen con más frecuencia por exposición al sol, a veces son elevados y hasta peludos en su superficie”, detalló la dermatóloga.

En los niños, los nevos se clasifican en vasculares o melanocíticos, los últimos son los que se asocian con cáncer de piel en la edad adulta dependiendo de qué tan extensos sean y en qué zona se encuentren, pero los que son de vasos sanguíneos no tienden tanto a desarrollar cáncer, aunque en algunos casos especiales se presentan las llamada fresas, nevos rosados y un poco elevados que en su minoría llegan a afectar huesos o articulaciones.

Martínez y Martínez dijo que “para diferenciar los nevos benignos de los malignos, por lo general hay que considerar el sitio en el que salen, por ejemplo, en zonas de mucha presión como los pies o las manos que tienen mucha actividad y están en constante contacto con el suelo”.

Además, “el número de lunares tiene que ser valorado por un dermatólogo, pues si de repente aparecen muchos en una sola parte del cuerpo, empiezan a crecer rápidamente, digamos el doble en un mes, y toman dos o tres tonos, son signos de que se tiene que hacer una revisión para determinar el porqué de estos cambios”.

Cuando se detecta que un nevo puede ser maligno “lo primero que se hace es valorarlo con un dermatoscopio para determinar si está produciendo daños en la superficie o en el interior de la piel, en ese caso se debe tomar una biopsia, es decir, extraer el lunar para mandarlo a estudiar en el microscopio patológicamente y con ello saber si hay células en él que tienden a malignizarse o no”, enfatizó.

Para prevenir, en lo general, daños en la piel que puedan ser perjudiciales en un futuro, es conveniente utilizar un protector solar y evitar las exposiciones prolongadas al sol, sobre todo de las diez u 11 de la mañana a las tres o cuatro de la tarde, cuando los rayos del sol caen más directamente a la Tierra. “También que visiten a un dermatólogo para estudiar esos nevos y determinar si es necesario llevar un control para detectar oportunamente cambios en la piel”, finalizó la doctora Martínez.

Créditos: Comunicación Institucional BUAP (buap.mx)

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