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El clima podría incidir en brotes de dengue y leishmaniasis

 
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BOGOTÁ D. C., 26 de julio de 2016 — Agencia de Noticias UN-

De hecho, el fenómeno El Niño, oscilación del sur (ENSO) y sus dos fases extremas (cálida) y La Niña (fase fría) están relacionados con la intensificación de enfermedades transmitidas por insectos Continue reading El clima podría incidir en brotes de dengue y leishmaniasis

Diagnóstico confiable para Leishmaniasis.

 
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4 de Diciembre del 2012
“En México aumenta el registro de casos de leishmaniasis. Esta enfermedad se ha detectado en zonas fronterizas y en las costas, tanto del Pacífico como del Atlántico, donde se incrementa el riesgo de transmisión”, alertó Ingeborg Becker, investigadora de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.
Por los cuadros clínicos diversos, se considera la posibilidad de que entren al país nuevas especies de leishmania, causante de la afección, por lo que es importante hacer diagnósticos precisos, pues los procedimientos son diferentes. “Si el parásito fuera L. braziliensis, el tratamiento sería más largo que si fuera L. mexicana”
El actual método para detectar el padecimiento originado por L. mexicana por serología, es insuficiente, pues no distingue entre una leishmaniasis y una tripanosomiasis, por reacciones cruzadas entre ambos parásitos, aclaró. Además, a la fecha, los diagnósticos se hacen a partir de una impronta, la forma más rudimentaria, pero que sirve para ver si hay o no evidencia del organismo.
Para llevar a cabo esta última, se raspa el borde de la úlcera causada por el piquete de la mosca con un portaobjetos –una laminita de vidrio-, para hacer que brote un poco de suero; se coloca para que queden impregnadas las células.
Como el parásito es muy pequeño, se hace una tinción de Giemsa, para demostrar su presencia en la célula. La impronta sólo indica su existencia, pero no a qué especie pertenece, y las actuales pruebas serológicas tampoco son muy confiables, pues cruzan con tripanosoma, acotó Ingeborg Becker.
“Para resolver ese problema, implementamos una prueba de ELISA, con una proteína recombinante única en leishmania, que permita distinguir la enfermedades de otras que cruzan fácilmente, como la de Chagas o tripanosomiasis americana. Con ello, podemos distinguir si es o no, y con la reacción en cadena de la polimerasa, o PCR, determinar con exactitud a qué especie pertenece”.
Esta nueva herramienta establece si un paciente que llegó a México con la afección la obtuvo en Suramérica o en el Medio Oriente. “En estos casos, mediante la prueba de PCR podemos identificar la especie, aunque el método es un poco más invasivo.
Según las características de la lesión, tomamos un punch de dos milímetros, o con una aguja aspiramos. Es un pequeño sacabocados cilíndrico, estéril, se coloca sobre la piel en el borde de la herida, se gira un poco para obtener un corte; es una herida mínima, que se puede cubrir con un curita”.
Con ese material, por biología molecular se sabe con exactitud la especie. “Tenemos oligonucleótidos para diferenciar todas las de América y Medio Oriente”, aseguró.
Ello es importante, porque la enfermedad migra con los cambios climáticos. Especies que antes sólo se encontraban en América del sur, ahora van hacia el norte. “Por ejemplo, en Altamirano, Guerrero, una región totalmente árida, tenemos identificado un nuevo foco; ahí hallamos perros infectados con la misma especie que detectamos en los Altos de Chiapas”, comentó.
Se debe identificar al vector y al parásito para estudiar la transmisión en Chiapas, donde ataca a niños y a canes; en Altamirano hay perros infectados, pero pocos casos de menores. En estas regiones el parásito es Leishmania donovani infantum o chagas, que no se aloja en piel, sino en médula ósea, bazo e hígado, y afecta principalmente a infantes.
La universitaria explicó que sus métodos permiten diferenciar las especies existentes en el continente americano (L. mexicana, L. braziliensis y sus subespecies), las del Medio Oriente, como L. major, o las que causan leishmaniasis visceral, entre ellas L. donovani infantum.
Enfermedad emergente
La distribución aumenta y se debe emitir una alerta. El norte de Europa nunca había tenido esta enfermedad, sin embargo, turistas que estuvieron en el Mediterráneo regresan con sus mascotas infectadas.
Debido al cambio climático, el vector, la mosca Lutzomyia –cuyo nombre en esos países es flebótomo- se ha adaptado a esas regiones y ha iniciado el ciclo infeccioso en territorios en los que no se conocía. Aunque son naciones de climas fríos, se adaptó y representa una enfermedad emergente.
“Los territorios del Mediterráneo ya tienen problemas. En España la manejan incluso en los perros, a los que colocan collares impregnados con repelentes para la mosca. El parásito que infecta a la mosca y al can, también lo hace con el humano”.
Pero el perro no es el único reservorio, hay muchos animales silvestres, como roedores, y domésticos, como gatos, vacas, caballos y cerdos; en general, gran variedad de mamíferos pueden ser infectados.
El contagio ocurre sólo a través de la picadura de la mosca Lutzomyia, que tendría que picar a un hospedero infectado y luego al humano. La transmisión puede ocurrir por un accidente de laboratorio, si quien maneja una guja infectada se da un pinchazo; por contacto con la úlcera, sólo puede darse si se tiene alguna herida que entre en contacto con la lesión del animal o de otra persona.
El tratamiento en México es el mismo desde hace más de 50 años. Consiste en la aplicación diaria, durante 28 días, de una ampolleta de cinco mililitros de glucantime o antimoniales pentavalentes de manera intramuscular. Es el que recomienda la OMS. “Nuestro siguiente paso será el desarrollo de una inoculación”, finalizó la académica.
Boletín UNAM-DGCS-749
Ciudad Universitaria.
En México aumenta el registro de casos de leishmaniasis, causada por parásitos como L. mexicana, L. braziliensis y sus subespecies, entre otros.

En México aumenta el registro de casos de leishmaniasis, causada por parásitos como L. mexicana, L. braziliensis y sus subespecies, entre otros.

4 de Diciembre del 2012

“En México aumenta el registro de casos de leishmaniasis. Esta enfermedad se ha detectado en zonas fronterizas y en las costas, tanto del Pacífico como del Atlántico, donde se incrementa el riesgo de transmisión”, alertó Ingeborg Becker, investigadora de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.

Por los cuadros clínicos diversos, se considera la posibilidad de que entren al país nuevas especies de leishmania, causante de la afección, por lo que es importante hacer diagnósticos precisos, pues los procedimientos son diferentes. “Si el parásito fuera L. braziliensis, el tratamiento sería más largo que si fuera L. mexicana”

El actual método para detectar el padecimiento originado por L. mexicana por serología, es insuficiente, pues no distingue entre una leishmaniasis y una tripanosomiasis, por reacciones cruzadas entre ambos parásitos, aclaró. Además, a la fecha, los diagnósticos se hacen a partir de una impronta, la forma más rudimentaria, pero que sirve para ver si hay o no evidencia del organismo.

Para llevar a cabo esta última, se raspa el borde de la úlcera causada por el piquete de la mosca con un portaobjetos –una laminita de vidrio-, para hacer que brote un poco de suero; se coloca para que queden impregnadas las células.

Como el parásito es muy pequeño, se hace una tinción de Giemsa, para demostrar su presencia en la célula. La impronta sólo indica su existencia, pero no a qué especie pertenece, y las actuales pruebas serológicas tampoco son muy confiables, pues cruzan con tripanosoma, acotó Ingeborg Becker.

“Para resolver ese problema, implementamos una prueba de ELISA, con una proteína recombinante única en leishmania, que permita distinguir la enfermedades de otras que cruzan fácilmente, como la de Chagas o tripanosomiasis americana. Con ello, podemos distinguir si es o no, y con la reacción en cadena de la polimerasa, o PCR, determinar con exactitud a qué especie pertenece”.

Esta nueva herramienta establece si un paciente que llegó a México con la afección la obtuvo en Suramérica o en el Medio Oriente. “En estos casos, mediante la prueba de PCR podemos identificar la especie, aunque el método es un poco más invasivo.

Según las características de la lesión, tomamos un punch de dos milímetros, o con una aguja aspiramos. Es un pequeño sacabocados cilíndrico, estéril, se coloca sobre la piel en el borde de la herida, se gira un poco para obtener un corte; es una herida mínima, que se puede cubrir con un curita”.

Con ese material, por biología molecular se sabe con exactitud la especie. “Tenemos oligonucleótidos para diferenciar todas las de América y Medio Oriente”, aseguró.

Ello es importante, porque la enfermedad migra con los cambios climáticos. Especies que antes sólo se encontraban en América del sur, ahora van hacia el norte. “Por ejemplo, en Altamirano, Guerrero, una región totalmente árida, tenemos identificado un nuevo foco; ahí hallamos perros infectados con la misma especie que detectamos en los Altos de Chiapas”, comentó.

Se debe identificar al vector y al parásito para estudiar la transmisión en Chiapas, donde ataca a niños y a canes; en Altamirano hay perros infectados, pero pocos casos de menores. En estas regiones el parásito es Leishmania donovani infantum o chagas, que no se aloja en piel, sino en médula ósea, bazo e hígado, y afecta principalmente a infantes.

La universitaria explicó que sus métodos permiten diferenciar las especies existentes en el continente americano (L. mexicana, L. braziliensis y sus subespecies), las del Medio Oriente, como L. major, o las que causan leishmaniasis visceral, entre ellas L. donovani infantum.


Enfermedad emergente

La distribución aumenta y se debe emitir una alerta. El norte de Europa nunca había tenido esta enfermedad, sin embargo, turistas que estuvieron en el Mediterráneo regresan con sus mascotas infectadas.

Debido al cambio climático, el vector, la mosca Lutzomyia –cuyo nombre en esos países es flebótomo- se ha adaptado a esas regiones y ha iniciado el ciclo infeccioso en territorios en los que no se conocía. Aunque son naciones de climas fríos, se adaptó y representa una enfermedad emergente.

“Los territorios del Mediterráneo ya tienen problemas. En España la manejan incluso en los perros, a los que colocan collares impregnados con repelentes para la mosca. El parásito que infecta a la mosca y al can, también lo hace con el humano”.

Pero el perro no es el único reservorio, hay muchos animales silvestres, como roedores, y domésticos, como gatos, vacas, caballos y cerdos; en general, gran variedad de mamíferos pueden ser infectados.

El contagio ocurre sólo a través de la picadura de la mosca Lutzomyia, que tendría que picar a un hospedero infectado y luego al humano. La transmisión puede ocurrir por un accidente de laboratorio, si quien maneja una guja infectada se da un pinchazo; por contacto con la úlcera, sólo puede darse si se tiene alguna herida que entre en contacto con la lesión del animal o de otra persona.

El tratamiento en México es el mismo desde hace más de 50 años. Consiste en la aplicación diaria, durante 28 días, de una ampolleta de cinco mililitros de glucantime o antimoniales pentavalentes de manera intramuscular. Es el que recomienda la OMS. “Nuestro siguiente paso será el desarrollo de una inoculación”, finalizó la académica.

Boletín UNAM-DGCS-749

Ciudad Universitaria.

Los mecanismos de defensa al servicio de un parásito

 
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Ingeborg Becker, del Departamento de Medicina Experimental de la Facultad de Medicina.
Ingeborg Becker, del Departamento de Medicina Experimental de la Facultad de Medicina.

2 de octubre de 2011

• En un hallazgo inédito, investigadores de la UNAM demuestran que la inflamación, en lugar de ser un mecanismo protector, actúa en favor del protozoario

La leishmaniasis (o úlcera del chiclero, como se le conoce en México) es una enfermedad causada por la Leishmania, parásito protozoario que se transmite por la picadura de un insecto hembra del género Lutzomyia, mejor conocida como mosquita de la arena.

“La enfermedad no se cura. Desde el momento que la contraemos podemos tratarla y controlarla, pero quedará latente de por vida. En el momento en que baje un poco nuestro sistema inmune, presentaremos el cuadro clínico”, explicó Ingeborg Becker, del Departamento de Medicina Experimental de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.

El sistema inmune como caballo de Troya

Los investigadores trabajaron en descubrir cómo el parásito emplea nuestro propio sistema inmune para sobrevivir. Para alimentarse, la mosquita utiliza una probóscide, con la que corta el tejido de la piel. De los capilares rotos empieza a brotar sangre que ésta aspira.

El fluido hemático de la persona de la que se alimentó trae macrófagos, células del sistema inmune. Si éstas se encuentran infectadas, entonces el insecto adquirirá el mal. Dentro de la mosquita, el parásito se reproduce, y si el animal vuelve a picar lo regurgita e introduce en el sitio de la picadura.

En el insecto infectado, la Leishmania secreta un gel que obstruye parcialmente la probóscide, de manera que si la mosca necesita sangre, en lugar de una sola toma tendrá que hacer varias para alimentarse, y en cada una infectará a su víctima. Al final, esta obliteración mata a la criatura, pero el parásito afecta a muchos hospederos.

Activación del sistema inmune

Las glándulas salivales de la mosca están en ambos lados de la probóscide para que, al momento de alimentarse, secrete parte del contenido, con moléculas que modulan diferentes fenómenos inflamatorios.

Algunas especies de Lutzomyia tienen anticoagulantes, algo importante al momento de nutrirse. Disponen también de un vasodilatador que ensancha el diámetro de nuestros vasos sanguíneos y hace que se separen las células endoteliales, lo que permite la salida de células inflamatorias que incorporan al parásito. Éstas se convertirán en su refugio dentro de nuestro cuerpo.

La vasodilatación también permite la salida de la linfa de nuestros vasos sanguíneos para entrar en el sistema linfático. En este proceso arrastra moléculas que se encuentran en la zona, entre otros, al parásito.

Ciertas formas de leishmaniasis, como la cutánea localizada (causada por L. mexicana), tienen cuadros clínicos interesantes. Se forma una úlcera en cuyos bordes generalmente se encuentran los parásitos. Si el sistema inmune los localiza, trata de hacer un anillo concéntrico de linfocitos para que no puedan escapar, pero la inflamación causada por el contenido de las glándulas salivales de la Lutzomyia ayuda al parásito a salir muy rápido del sitio donde fue inoculado, antes de que puedan llegar los linfocitos.

“Que eso actúe contra nosotros en la leishmaniasis es un concepto novedoso, porque si hablamos de inflamación nos referimos a un mecanismo protector, pero aquí es uno de propagación”, refirió la investigadora.

En Tabasco tenemos el cuadro más grave en el mundo, que es la forma de leishmaniasis cutánea difusa, en la que el parásito se disemina por toda la piel del paciente, y condiciones similares sólo se han hallado en algunos países como Brasil, Colombia y Etiopía (con la L. etiopica).

“Dos de mis estudiantes, Silvia Pasos Pinto y Laura Sánchez García, analizan las glándulas salivales de las mosquitas transmisoras de L. mexicana en nuestro país, para lo cual capturaron algunos ejemplares de Lutzomyia olmeca y disecaron sus glándulas salivales para estudiar su efecto sobre la respuesta inmune en ratones”.

Para ello, se inyectó a los roedores en las orejas un extracto de las glándulas y parásitos, y en minutos se generó un edema inflamatorio. Al cortar, encontraron un vaso linfático dentro del cual ya había un macrófago en circulación, con cuatro leishmanias en su interior. La célula rápidamente entró en la vía linfática y estaba por transportarse fuera del lugar.

También hay leishmanias extracelulares que están a punto de entrar en la vía linfática y necesitan encontrar una célula hospedera, porque si no, nuestro sistema inmune puede atacarla.

Lo más probable es que esa célula sea un neutrófilo, que circula continuamente en la sangre y cuya función es servir como caballito de batalla contra agentes infecciosos.

Pero éste, para atravesar la pared de los vasos sanguíneos y llegar al sitio donde se encuentra el agente infeccioso, necesita un cuadro inflamatorio, generado por las llamadas células cebadas, que están debajo de todos los sitios en contacto con el exterior, como la piel o las mucosas intestinal o respiratoria, donde sirven como centinelas.

Éstas tienen unos gránulos gigantescos repletos de mediadores de la inflamación, que producen vasodilatación y edema, todo lo que el parásito necesita.

“Se les conoce más en alergias, pero muy poco en respuestas a parásitos. Son muy importantes porque tienen muchas funciones y activan el sistema inmune”. En ciertas circunstancias, explotan y liberan histamina, uno de los mejores mediadores inflamatorios. Además, secretan citocinas y quimiocinas que atraen a los neutrófilos.

Liberación de histamina por las células cebadas

Los investigadores quisieron demostrar que las cebadas también sueltan histamina en infecciones con Leishmania, y las probaron en modelos de ratones para ver qué tanto se genera la liberación de gránulos in vitro con diferentes estímulos, como las salivales.

Al entrar en contacto con éstas, la glándula salival de la mosca y el mismo parásito ocasionaron que se arrojara de manera masiva la histamina.

“Nada de esto ha sido reportado y es muy emocionante tener evidencia de cómo extractos de glándulas salivales de Lutzomyia olmeca tienen un efecto de liberación de histamina que potencializa la inflamación. Ahora continuaremos con la caracterización de las moléculas de la saliva que generan esta liberación masiva de mediadores de la inflamación”, finalizó la investigadora.
Créditos: unam.mx/boletin/581/2011

Buscan tratar leishmaniasis con plantas medicinales

 
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2 de septiembre del 2011

La picadura de un mosquito hembra transmite la enfermedad. Fotos: Unimedios
La picadura de un mosquito hembra transmite la enfermedad. Fotos: Unimedios

Bogotá D.C. – Agencia de Noticias UN Un grupo de investigación de la Universidad Nacional de Colombia busca una cura para esta enfermedad tropical, que además sirva para inmunizar a las personas.

Hasta el momento, el tratamiento que existe para combatirla es muy tóxico y puede causar efectos adversos a nivel del hígado, el páncreas y otros órganos como el riñón. Adicionalmente, debe ser inyectado durante cerca de tres semanas causando que muchas personas suspendan el proceso de manera voluntaria.

“Buscamos un nuevo principio activo que resulte más efectivo, menos tóxico y de menor precio. No todas las personas que se infectan se enferman, lo cual indica que hay una población resistente a la infección”, advirtió Gabriela Delgado Murcia, profesora asociada del Departamento de Farmacia de la Universidad Nacional de Colombia.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud (INS), las cifras a 2010 reportan 13.000 casos nuevos cada año de esta enfermedad. Eso sin contar el elevado subregistro de aquellos que recurren a tratamientos empíricos.

“Muchas personas utilizan plantas medicinales con propiedades antileishmaniales. En esto nos basamos para producir una sustancia natural; tomamos ese conocimiento de la medicina popular tanto en las áreas rurales como en las indígenas, para seleccionar las plantas que empleamos en nuestro proyecto”, agregó la especialista.

Se revisaron cinco familias de plantas de las cuales seleccionaron dos: las Rutáceas y las Lauráceas. De estos vegetales ya se identificaron los compuestos y se cuenta con la caracterización físico-química de las moléculas.

Se busca que el tratamiento cumpla simultáneamente con dos funciones: eliminar el parásito que produce la enfermedad y que pueda activar el sistema inmune para que reconozca apropiadamente los antígenos del parásito y confiera una memoria de resistencia duradera en el organismo.

“En etapas posteriores pretendemos avanzar en formulaciones para uso tópico porque las lesiones ulcerativas o cutáneas son las más comunes en los pacientes colombianos. Pero existen formas de leishmaniasis como la mucosa y la visceral, que deberían ser formuladas por otras vías de administración como la oral”, explica Delgado.

De acuerdo con la docente, actualmente los estudios presentan resultados promisorios en hámsters, a los que se les inducen úlceras para probar la fórmula. El proyecto, que ya cumple seis años y que busca tener los primeros resultados piloto con humanos en el 2013, es financiado por la UN y Colciencias. También participan investigadores de la Universidad de Antioquia.

De acuerdo con el INS, los departamentos más afectados en Colombia con esta enfermedad son Meta y Guaviare (con incidencias acumuladas mayores a 708 casos por cada 100 mil habitantes), seguidos por Caquetá, Santander, Nariño y Putumayo.

Créditos: unal.edu.co