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Nueva frontera limita pesca de langosta espinosa en San Andrés.

 
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20 de Noviembre del 2012
La actual situación entre Colombia y Nicaragua restringe el acceso de los pescadores sanandresanos a la langosta espinosa, que genera exportaciones por 6 millones de dólares al año.
Adriana Santos Martínez, bióloga y docente de la UN en el Caribe, asegura que esta langosta es una de las especies más importantes en la región. Y precisa que se captura en el extremo noroeste de la Isla, en la zona llamada Luna Verde o la Esquina, un punto comercialmente estratégico al que ya no se tiene acceso debido a la nueva delimitación hecha por la Corte Internacional de Justicia de la Haya.
“El tema es bastante crítico y grave en el sentido de que la zona de más abundancia, particularmente de langosta espinosa, de caracol pala y de peces, es el norte del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Esto afecta no solamente a la producción industrial, sino también a parte de los pescadores artesanales, que están sistemáticamente yendo a estas áreas por el agotamiento que hay en otras zonas”, precisa la profesora Santos.
Se verá afectada la pesca artesanal e industrial de pargos, meros, barracudas y atunes, que se encuentran también en esa área. “Esa es una pérdida indiscutible de un porcentaje enorme de la pesca de esa especie”, indica.
Los pescadores también perderán el acceso a los bancos de peces de relevancia comercial y a los que tradicionalmente se explotan para reproducción o para el consumo en la Isla.
“Otro motivo de preocupación y que no se puede dejar de lado es el hecho de que toda el área es la Reserva de Biósfera Seaflower, que incluye la conectividad ecosistémica y de las comunidades culturales. Es absurdo tener esos enclaves en los cayos, porque ¿cómo vamos a conservar las poblaciones que no conocen los límites: las larvas, los huevos, el fitoplancton?”, cuestiona la profesora.
Para ella, con la nueva delimitación, se pierde la conectividad ecosistémica que tienen naturalmente las poblaciones marinas y se complican las labores de conservación y las investigaciones que desarrolla la UN.
La Universidad adelantaba proyectos conjuntos con la Secretaría de Agricultura y Pesca del departamento, la Corporación Ambiental Coralina y la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap), en temas de ecología y evaluación de poblaciones pesqueras, pues son más de 130 las especies potenciales que se atrapaban en el área perdida.
Con la nueva delimitación también se pierde espacio de fondo marino, se dificulta el transporte marino y aéreo y el comercio.
Así, afirma: “Es un impacto muy grande porque no solamente se afectan los recursos, sino también la comunidad raizal e isleña. Se perturba el ambiente —a nivel natural, social, económico y político— y, en últimas, la sustentabilidad”.
“Este es un ambiente que hemos venido estudiando, cuidando y defendiendo, incluso, de la explotación petrolera que el Gobierno colombiano quería hacer. Y veíamos que conservar también pagaba. Estábamos trabajando en modelos holísticos de manejo de reserva de biósfera, modelos de conservación y aprovechamiento. Pero esta fragmentación rompe no solo espacios vitales, sino los corazones”, concluye la profesora Santos.
Créditos:http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html
Langosta espinosa. Foto: UN en el Caribe (Simaspe).

Langosta espinosa. Foto: UN en el Caribe (Simaspe).

20 de Noviembre del 2012

La actual situación entre Colombia y Nicaragua restringe el acceso de los pescadores sanandresanos a la langosta espinosa, que genera exportaciones por 6 millones de dólares al año.

Adriana Santos Martínez, bióloga y docente de la UN en el Caribe, asegura que esta langosta es una de las especies más importantes en la región. Y precisa que se captura en el extremo noroeste de la Isla, en la zona llamada Luna Verde o la Esquina, un punto comercialmente estratégico al que ya no se tiene acceso debido a la nueva delimitación hecha por la Corte Internacional de Justicia de la Haya.

“El tema es bastante crítico y grave en el sentido de que la zona de más abundancia, particularmente de langosta espinosa, de caracol pala y de peces, es el norte del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Esto afecta no solamente a la producción industrial, sino también a parte de los pescadores artesanales, que están sistemáticamente yendo a estas áreas por el agotamiento que hay en otras zonas”, precisa la profesora Santos.

Se verá afectada la pesca artesanal e industrial de pargos, meros, barracudas y atunes, que se encuentran también en esa área. “Esa es una pérdida indiscutible de un porcentaje enorme de la pesca de esa especie”, indica.

Los pescadores también perderán el acceso a los bancos de peces de relevancia comercial y a los que tradicionalmente se explotan para reproducción o para el consumo en la Isla.

“Otro motivo de preocupación y que no se puede dejar de lado es el hecho de que toda el área es la Reserva de Biósfera Seaflower, que incluye la conectividad ecosistémica y de las comunidades culturales. Es absurdo tener esos enclaves en los cayos, porque ¿cómo vamos a conservar las poblaciones que no conocen los límites: las larvas, los huevos, el fitoplancton?”, cuestiona la profesora.

Para ella, con la nueva delimitación, se pierde la conectividad ecosistémica que tienen naturalmente las poblaciones marinas y se complican las labores de conservación y las investigaciones que desarrolla la UN.

La Universidad adelantaba proyectos conjuntos con la Secretaría de Agricultura y Pesca del departamento, la Corporación Ambiental Coralina y la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap), en temas de ecología y evaluación de poblaciones pesqueras, pues son más de 130 las especies potenciales que se atrapaban en el área perdida.

Con la nueva delimitación también se pierde espacio de fondo marino, se dificulta el transporte marino y aéreo y el comercio.

Así, afirma: “Es un impacto muy grande porque no solamente se afectan los recursos, sino también la comunidad raizal e isleña. Se perturba el ambiente —a nivel natural, social, económico y político— y, en últimas, la sustentabilidad”.

“Este es un ambiente que hemos venido estudiando, cuidando y defendiendo, incluso, de la explotación petrolera que el Gobierno colombiano quería hacer. Y veíamos que conservar también pagaba. Estábamos trabajando en modelos holísticos de manejo de reserva de biósfera, modelos de conservación y aprovechamiento. Pero esta fragmentación rompe no solo espacios vitales, sino los corazones”, concluye la profesora Santos.

Créditos:http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html