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Isla de plástico en el Pacífico Norte, del tamaño de Coahuila o Chihuahua-UNAM

 
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07 de junio de 2017

Ubicarla en un mapa es difícil, incluso con fotografías satelitales o radares, pero ahí se encuentra, en algún punto del giro oceánico del Pacífico Norte, punto donde convergen las corrientes marinas y en donde el agua entra en calma. Se trata de una isla de plástico, con más de 100 millones de toneladas de desechos flotando a la deriva y contaminando la cuna de la existencia. Continue reading Isla de plástico en el Pacífico Norte, del tamaño de Coahuila o Chihuahua-UNAM

La influencia de un legado milenario

 
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Conferencia "La influencia de India y China en la cultura Japonesa".
Conferencia "La influencia de India y China en la cultura Japonesa".

15 de abril de 2012

Los avances científicos y tecnológicos de los países asiáticos deben verse a través de su herencia cultural, moral, religiosa y social, así como del modo como han dejado su huella en Occidente.

De esta manera, al analizar la influencia de India y China en la cultura japonesa, la literata y docente universitaria Gabriela Santa describe la importancia de conocer y acercarse a esta historia ancestral, a sus implicaciones filosóficas. Y eso hizo en esta sesión de la Cátedra Jorge Eliécer Gaitán: Asia Pacífico, a la que fue invitada para hablar sobre multiculturalismo.

“Lo interesante es ver que estas culturas, diferentes en algunos aspectos, tienen cosas muy parecidas a Colombia: un país que también está en desarrollo, que se debate entre guerras civiles y avances tecnológicos, científicos e investigaciones; pero que también tiene pobreza, desempleo, corrupción, como en la India, por ejemplo”, señaló Santa.

En su introducción, la conferencista hizo referencia a los diversos elementos culturales que le pertenecen solo a Japón, como el shinto o sintoísmo (religión nativa de este país), del cual se ha podido comprobar, con bastante contundencia, que es una religión puramente japonesa, aunque algunos estudiosos insisten en darle un origen chino.

Posteriormente, abordó el tema de las influencias indias que recibió Japón. Señaló, por ejemplo, que el budismo se esparció por varios países de Asia y Europa: “Muestras claras de este fenómeno son el rey Ashoka, de Grecia, y el rey Milinda o Menandro, del imperio Kushán, que adoptaron esta religión y cambiaron completamente la idiosincrasia de su pueblo”.

Cabe anotar, resaltó la docente, que hay estudiosos que afirman que en la época de Jesús había, en los terrenos que él pisó, inscripciones budistas en arameo. Y se sabe que hubo monjes budistas que, en peregrinaje, llegaron hasta Inglaterra e Irlanda e influyeron en las creencias druídicas de estos países.

De otro lado, habló de las contribuciones de China y Corea a la cultura y a la vida cotidiana japonesa. De China llegó el cultivo de arroz, la escritura y todo el esquema de organización política y social. De allí arribaron también diferentes técnicas artísticas, como la pintura paisajista con tinta, así como toda la simbología que los chinos habían dado al movimiento de las estrellas: la astronomía y la astrología.

Con respecto a Corea, dijo: “de ahí les llegó la arquitectura, la forma de las edificaciones y las técnicas de construcción. Solo que en este país se empleaba la piedra, mientras que en Japón se usaba la madera”.

Finalmente, repasó la historia de las religiones: hinduismo, taoísmo y budismo chang. Y terminó con la influencia de los samuráis en la cultura japonesa, la ceremonia del té y del ukiyo-e y el sumi-e, los dos géneros pictóricos tradicionales más importantes del Japón.

El ikebana

La segunda parte de la sesión estuvo a cargo de María Lucía Leyva de Barbosa, maestra en ikebana de la Ichiyo School of Ikebana, de Tokio, que gracias a una estadía de más de ocho años en Japón se especializó en dicho arte.

Según Leyva, se trata del estudio de las flores japonesas: de cómo tratarlas, de cómo arreglarlas. Su nombre chino es K-Do, que significa ‘el camino de las flores’. “Es el sendero que lleva al ser humano a realizarse, a la perfección. A través de las flores y de lo que nos muestra la naturaleza podemos llegar a ser mejores seres humanos”, asegura.

El ikebana, continúa la especialista, nació por el amor infinito que tienen los japoneses por la naturaleza y sus elementos, a los que consideran moradas sagradas. De allí que su trato sea de sumo respeto.

Reconoció, finalmente, la importancia de acercarse a esta cultura, y en general a la de los países asiáticos. Pues son dignos de imitar.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co

Los disparos sísmicos, fenómeno en investigación

 
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¿Puede un terremoto como el ocurrido el año pasado en Chile producir un movimiento telúrico en Japón?
¿Puede un terremoto como el ocurrido el año pasado en Chile producir un movimiento telúrico en Japón?

23 de septiembre de 2011

Agencia de Noticias UN – ¿Puede un terremoto como el ocurrido el año pasado en Chile producir un movimiento telúrico en Japón? Sí. Este fenómeno se llama disparo sísmico.

De acuerdo con las investigaciones de varios institutos en el mundo que estudian estos movimientos de la Tierra, lo que sucedió en el 2010 ocurrió también en el 2002 cuando un terremoto en Alaska, de magnitud 7.9 en la escala de Richter, afectó toda la costa occidental e incluso el centro de Estados Unidos, donde se incrementaron los registros sísmicos durante días y semanas.

Otro caso ocurrió en el año 2005, cuando las ondas sísmicas se desplazaron desde Sumatra (Indonesia) hasta Alaska, donde un volcán se activó por culpa de un sismo ocurrido a más de 11.000 kilómetros de distancia.

“Los terremotos ocurren en las fallas geológicas en un sitio al que llamamos foco o epicentro. A partir de allí, las ondas símicas son radiadas esféricamente y tienen la capacidad de meterse por todo el planeta, por el manto, por el núcleo hasta la corteza. Las que lo hacen por el interior del planeta se llaman ondas de cuerpo y las que van por fuera, ondas superficiales. Estas últimas, debido a su larga trayectoria, pueden afectar algunas zonas críticas”, agregó John Jairo Sánchez, profesor del Departamento de Geociencias de la UN.

“Este es un tema que se está investigando con mucho interés porque puede tener implicaciones en amenazas sísmicas. Si una región solo necesita un pequeño cambio para producir un terremoto, estas ondas lo pueden producir”, explicó el experto.

Aún se está estudiando si el terremoto en Japón ocurrido en marzo de este año produjo esta clase de fenómeno en otros lugares distantes.

A pesar de los casos documentados, aún es arriesgado decir que un sismo grande dispare otros sismos grandes en el planeta, solo el tiempo lo dirá.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co

EN MÉXICO DEBE CONSIDERARSE LA POSIBILIDAD DE TEMBLORES CON TSUNAMIS

 
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Carlos Valdés González, jefe del Servicio Sismológico Nacional, adscrito al Instituto de Geofísica de la UNAM.
Carlos Valdés González, jefe del Servicio Sismológico Nacional, adscrito al Instituto de Geofísica de la UNAM.

1 de mayo de 2011

• En la historia sísmica del país hay registros de maremotos en las costas del Pacífico, refirió Carlos Valdés González, jefe del SSN, adscrito al IGf de la UNAM
• El evento del 7 de abril fue muy profundo y ocurrió a 167 kilómetros, lo que aminoró el movimiento en la superficie; debemos estar preparados, pues no es factible detenerlos ni predecirlos, dijo

En México, un país sísmico, debe considerarse que varios de estos fenómenos vienen acompañados de olas muy grandes, especialmente en la costa del Pacífico, advirtió Carlos Valdés González, jefe del Servicio Sismológico Nacional, adscrito al Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.

“Después de ver la tragedia de Japón, observamos que el tsunami fue devastador; en una nación altamente preparada no consideraron que podía ser tan grande. Aquí, también los temblores en la costa, por su mecanismo y tipo de subducción, producen grandes olas”, señaló Valdés en entrevista.

Eventualmente, podemos tener un temblor fuerte en México. Enfrentamos movimientos un poco mayores y debemos estar preparados, pues no es factible detenerlos ni predecirlos, consideró.

El terremoto de 1985, en la Ciudad de México, produjo un tsunami en la costa del Pacífico; mientras que uno ocurrido en 1932, frente a las costas de Colima y Jalisco, también originó que el agua entrara por la playa para arrasar con lo que encontró a su paso. “Además, Colima tuvo otro en 1995, en la zona conocida como La Manzanilla. En el Pacífico han ocurrido varios de este tipo”, añadió.

En los litorales mexicanos se han creado desarrollos turísticos en los que deben revisarse las estructuras y contar con planes de protección civil. Una de las acciones efectivas es que los residentes, si sienten un sismo fuerte, busquen resguardo en sitios altos o alejados de la ribera, recomendó.

Actualmente, en las playas mexicanas se comienza a trabajar para marcar los límites en las costas y evitar tragedias. “El efecto del agua es brutal. Si algo aprendimos es el concepto de tsunami, que no es una ola, sino una lámina de agua, que entra con un paso no muy rápido, pero nada la detiene”, explicó Valdés.

El sismo del 7 de abril

El pasado 7 de abril ocurrió en México un sismo que no causó mayores daños, pero se sintió en varias regiones del país. “Fue importante, de magnitud 6.7, y profundo para las características del territorio. Típicamente, en el Pacífico hablamos de sismos de 40 kilómetros de profundidad, y el del 7 de abril tuvo una profundidad de 167 kilómetros. Su potencial disminuyó por eso, y sus movimientos fueron fuertes, pero de poca duración”, indicó.

El epicentro, ubicado en Las Choapas, Veracruz, se sitúa a sólo 12 kilómetros de Oaxaca, cerca de la frontera con Chiapas. “Hay un punto donde se tocan los tres estados, pues Tabasco también está cerca. A ese sitio se le conoce como Zona del Istmo, y ahí son comunes los temblores de este tipo”, acotó.

Aunque provocó sorpresa que el epicentro fuera en Veracruz, el experto recordó que apenas el 25 de febrero hubo otro sismo en esa entidad, aunque de menor magnitud, y se sintió en Villahermosa y Tuxtla Gutiérrez; en el DF, apenas se percibió.

En general, los que vienen de la costa del Pacífico son más someros y su duración es mayor, con magnitud de alrededor de 7.5. El evento telúrico de abril es un recordatorio que el nuestro es un país sísmico, y que eventualmente, puede tener un movimiento fuerte, como el de 1957, que provocó la caída del Ángel de la Independencia; como el de 1979, que derribó tres edificios de la Universidad Iberoamericana, o como el de 1985, denominado de “la Ciudad de México” por los daños causados en la urbe.

Finalmente, el universitario recordó que aunque el 7 de abril hubo microsismos en varios estados del país y uno fuerte en Japón, no hay indicios científicos de alguna relación entre ellos. “El fenómeno natural no cambia, los temblores no son más grandes ni más frecuentes; el desastre lo causa el ser humano, con zonas más habitadas, industrias, plantas nucleares y sobrepoblación en sitios de riesgo”.
Créditos: UNAM-DGCS-254-2011/unam.mx

Estudia la UNAM cáncer y diabetes en su banco de moscas

 
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Juan Rafael Riesgo Escovar, del INb de la UNAM.
Juan Rafael Riesgo Escovar, del INb de la UNAM.

10 de abril de 2011

• Es el más grande del país, reúne mil cepas mutantes de la especie Drosophila melanogaster, o mosca de la fruta, modelo utilizado desde hace un siglo para observar la comunicación celular
• Con ellas, en el Instituto de Neurobiología investigan transducción de señales y cicatrización, dijo Juan Rafael Riesgo Escovar
• En esa entidad, generan mutaciones en los insectos y los intercambian con otros grupos de investigación en México, Estados Unidos, Japón e India

Para estudiar los mecanismos de comunicación celular, el proceso de cicatrización y el origen y desarrollo de enfermedades como el cáncer y la diabetes, la UNAM cuenta con el banco de moscas más grande del país.

Esta singular colección biológica se conforma de mil cepas mutantes de la especie Drosophila melanogaster, también llamada mosca de la fruta, muy conocida entre los biólogos porque desde hace un siglo se utiliza como modelo de experimentación genética, debido a su pequeño genoma (descifrado en el año 2000), formado por cuatro pares de cromosomas y alrededor de 13 mil 600 genes.

Juan Rafael Riesgo Escovar, del Instituto de Neurobiología (INb) de la UNAM, junto con sus colaboradores, genera mutaciones en los insectos y los intercambian con otros grupos de investigación en México, Estados Unidos, Japón e India.

Miden de uno a 1.5 milímetros, son embriones durante 10 días y se desarrollan como adultos para completar un ciclo de vida de un mes y medio; además, comparten con muchos animales mecanismos básicos como la transducción de señales, formas de comunicación celular que traducen señales del medio externo y hacen posible que no vivamos aislados y desarrollemos procesos como el gusto, el olfato y la vista, explicó, en entrevista, Riesgo Escovar.

Herramientas biológicas

Desde que el genetista estadounidense Thomas H. Morgan (Premio Nobel de Medicina, en 1933) comenzó a trabajar con las moscas de la fruta en 1906, estos insectos se han convertido en una herramienta biológica para saber cómo percibimos el medio exterior y cómo se comunican las células dentro del organismo, comentó Riesgo, biólogo por la UNAM, y doctor en esa disciplina por la Universidad de Yale.

En su laboratorio del INb, ubicado en el campus Juriquilla de esta casa de estudios, el universitario ha reunido por 12 años grupos previamente identificados de mil cepas de moscas en diferentes etapas de desarrollo que viven dentro de tubos de ensayo, alimentadas con levadura de pan, grenetina y piloncillo.

Una habitación de su laboratorio con anaqueles organizados y una temperatura controlada de 18 grados Celsius las alberga; representan singulares herramientas biológicas en las que se incluyen genes humanos, para que luego repliquen funciones determinadas de interés científico.

Ensayo con moscas

Los insectos “son inofensivos, no dañan los cultivos, ni a las personas, así que los podemos enviar y recibir por correo”, explicó respecto a su intercambio con otros expertos mundiales en Drosophila melanogaster.

“Generamos mutaciones para saber cómo funcionan estas señales de transducción, muy parecidas entre diferentes especies animales, pues funcionan bien y están muy conservadas evolutivamente”, abundó.

Para el universitario, el desarrollo de estos mutantes es una forma de conocer mecanismos generalizados de varias especies. “Es como tener un carro y no saber cómo funciona, así que le quito una pieza para ver qué es lo que no puede hacer, le quito una llanta y no puede andar. El tipo de ensayos que hacemos se llama de falta de función; también podemos hacer lo contrario, experimentos de ganancia de función, donde se agregan cosas para ver qué pasa”, señaló.

Entre las modificaciones, se generan cepas de insectos diabéticos, anósmicos (sin olfato), con vista parcial y con defectos de desarrollo embrionario, como todos problemas que desarrollan los seres humanos.

Algo útil de la mosca de la fruta es que sus secuencias de ADN no tienen mucha redundancia, es decir, no hay dos o tres que hagan lo mismo y eso facilita su estudio. “Además, se puede hacer genética, descubrir genes, saber cuáles se necesitan para un proceso, y así podemos aislar y caracterizar”, acotó el experto, que en su posdoctorado aisló en Drosophila, uno de los primeros mutantes en la vía de la insulina, denominado Chico, análogo a un gen de vertebrados.

Finalmente, indicó que constituyen un modelo genético valioso, flexible, versátil, económico y fácil de mantener, pues les permite tener muchos organismos en un sitio pequeño.

Créditos: UNAM-DGCS-212/2011/unam.mx