Tag Archives: hipertensión arterial

Hipertensión arterial, el factor número uno de muerte en el mundo: UNAM

 
Facebooktwittergoogle_plusmail

24 de octubre de 2015

La hipertensión arterial es la enfermedad más importante que existe; se trata del factor número uno de muerte en el mundo, advirtió Gerardo Gamba, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIBm) de la UNAM y director de investigación del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ). Continue reading Hipertensión arterial, el factor número uno de muerte en el mundo: UNAM

Tratamiento de males cardiacos con cáscara de papa

 
Facebooktwittergoogle_plusmail

Reducir la hipertensión arterial y la agregación de plaquetas, a través de la corteza del tubérculo, es un hecho comprobado gracias a un estudio de la ciencia farmacéutica.
Reducir la hipertensión arterial y la agregación de plaquetas, a través de la corteza del tubérculo, es un hecho comprobado gracias a un estudio de la ciencia farmacéutica.

2 de mayo de 2012

Reducir la hipertensión arterial y la agregación de plaquetas, a través de la corteza del tubérculo, es un hecho comprobado gracias a un estudio de la ciencia farmacéutica.

Así fue confirmado por Diana Marcela Buitrago, estudiante del doctorado en Ciencias Farmacéuticas de la UN, quien luego de una investigación de más de cuatro años, pudo hallar tales efectos farmacológicos en la corteza de la papa de las variedades pastusa y sabanera.

“Este estudio surge de la necesidad de encontrar un sustento –ajustado al rigor del método científico–, del uso etnobotánico (infusiones de usanza popular) que la comunidad hace con fines de tratamiento para combatir la hipertensión arterial”, asegura Buitrago.

La investigadora realizó una evaluación de los efectos y posibles mecanismos de acción vasodilatadora en anillos de aorta de rata y antiagregantes en plaquetas humanas de los compuestos aislados de la corteza del tubérculo.

El profesor Mario Francisco Guerrero, PhD en Farmacia con énfasis en Farmacología y director de la tesis, explica que “cuando ocurre la agregación de las plaquetas (unas células presentes en la sangre), se forman los trombos, y si eso se produce en las arterias del corazón se producen los infartos. Una estrategia farmacológica es utilizar antiagregantes plaquetarios. Ya hay un agente, el más famoso es la aspirina”.

Gracias al trabajo de tesis denominado “Estudio de los mecanismos antihipertensivos y antiagregantes plaquetarios de los metabolitos activos obtenidos de Solanum tuberosum”, Buitrago destaca que el perfil encontrado en la especie analizada permite demostrar que posee efectos cardiovasculares vinculados con actividad vasodilatadora y antihipertensiva como un anti-angiotensinógeno y antiagregante plaquetario con más de un principio activo. Los metabolitos responsables de estos efectos son los compuestos polifenólicos denominados ácido cafeico y ácido clorogénico. “En otras palabras, se trata de una contribución importante en la búsqueda de alternativas novedosas para el tratamiento de los trastornos cardiovasculares”, dice.

Para el doctor Guerrero, el aporte de este trabajo le apunta, en primer lugar, a la validación del uso popular de esta especie, pues a la luz de los hallazgos sí hay una base científica para considerar que esa costumbre tiene fundamento.

En segundo lugar, considera en el mediano plazo, la utilización de un fitoterapéutico derivado de la Solanum tuberosum con una doble acción farmacológica que contribuya a combatir dichos síntomas, los cuales se traducen en un problema para pacientes con enfermedad coronaria. “Es lo más parecido a lo que hace la aspirina”, comenta.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co

Importante descubrimiento da luz en torno al síndrome metabólico

 
Facebooktwittergoogle_plusmail

Antonio Velázquez Arellano
Antonio Velázquez Arellano

15 de mayo de 2011

• Científicos de la UNAM encontraron una conexión insospechada entre una molécula llamada ATP, que funciona como “moneda energética” de las células y la resistencia a la insulina
• El síndrome se constituye por un conjunto de trastornos que incluyen obesidad abdominal, resistencia a la insulina o diabetes tipo 2, hipertensión arterial y colesterol alto

Un grupo de universitarios descubrió una conexión insospechada entre la “moneda energética” de las células (una molécula llamada ATP), y la resistencia a la insulina, base del síndrome metabólico, uno de los problemas de salud pública más importantes.

Este último es un conjunto de trastornos como obesidad abdominal, resistencia a la insulina o diabetes tipo 2, hipertensión arterial y alteración de lípidos sanguíneos o “colesterol alto”, como se dice coloquialmente, dijo Antonio Velázquez Arellano, de la Unidad de Genética de la Nutrición del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIBm) de la UNAM, con sede en el Instituto Nacional de Pediatría, y quien coordina el grupo de investigación.

Esos problemas de salud son cada vez más frecuentes entre la población, “de tal manera que no es improbable que una persona padezca varios de ellos, o todos al mismo tiempo”, explicó el científico.

Dentro de las hormonas que existen, todas importantes, la insulina es de las más destacadas; es básica porque su función es propiciar que se aprovechen los alimentos ingeridos.

Aunque se asocia con el azúcar, también tiene que ver con el uso de las grasas y proteínas. “Actúa fuera de las células, se une a un ‘receptor’ que está en la superficie de la membrana celular, como la llave en una cerradura, y con ello, desencadena una serie de procesos que permiten la correcta utilización de los alimentos”, indicó.

En la diabetes llamada tipo 1 no se produce insulina debido a la destrucción de las células beta de los islotes del páncreas, por una combinación de virus y factores inmunológicos.

En cambio, en la diabetes tipo 2, que prevalece entre la población mexicana, sí existe la hormona; no obstante, en cantidades normales no provoca los efectos apropiados, y el páncreas la tiene que producir en mayor cantidad. Por ello, en estas condiciones las células son “resistentes a la insulina”.

El problema es muy serio, porque tarde o temprano, los mecanismos de adaptación terminan por ser insuficientes y la persona se vuelve diabética. También, empieza a fallar el metabolismo de los lípidos; los diferentes tipos de grasas sufren un desequilibrio y, eventualmente, aparece la ateroesclerosis, así como los demás componentes del síndrome metabólico.

El hallazgo

Velázquez Arellano se ha interesado, desde hace años, en una vitamina llamada biotina, presente en alimentos como los cereales. “Comenzamos con estudios genéticos, luego analizamos cómo se encontraba en niños desnutridos y, después, tratamos de definir qué pasa si hace falta”.

En 2001, sin proponérselo, descubrió que la biotina controla proteínas llamadas carboxilasas, con las que participa en el buen funcionamiento celular. Pero, además, tiene una función “completamente enigmática”: controlar el funcionamiento de un cierto número de genes, que en apariencia no tienen nada que ver con la propia biotina.

Para entender este misterio, el ganador del Premio Reina Sofía eliminó ese componente a tres organismos completamente distintos, separados en la evolución: la levadura Saccharomyces cerevisiae, organismo unicelular usado para la producción de pan, cerveza y vinos; el gusano Caenorhabditis elegans, y la rata.

“En todos observábamos lo mismo: si quitábamos la biotina, el metabolismo cambiaba como si no hubiera glucosa, aunque les dábamos abundantes cantidades de este azúcar. En otras palabras, sin aquélla las células dejan de percibir que tienen suficiente ‘combustible’ metabólico y hacen uso de las ‘reservas’ de energía almacenadas como ácidos grasos. Es como si en lugar de emplear el sueldo para comprar comida y medicinas, echáramos mano de nuestros ahorros para esos gastos”.

Pero no sólo eso. Las proteínas, que realmente constituyen la estructura de nuestro cuerpo y son muy valiosas son destruidas para hacer nueva glucosa. “Esto sería como si, además de no usar un buen salario, nos dedicamos a malgastar nuestros ahorros para solventar las necesidades diarias”.

Antonio Velázquez y su equipo realizaron otras mediciones y llegaron a un resultado que comenzó a dar luz para resolver esta aparente paradoja.

La manera en que la célula utiliza la energía que requiere es mediante una molécula llamada adenosintrifosfato (ATP). Al usar la glucosa, la energía que contiene se transfiere a la ATP y entonces sí puede ser aprovechada por la célula. Es como cambiar pesos por dólares para viajar fuera del país.

“Encontramos que había un déficit de ATP si quitamos la biotina. Este hallazgo nos indicó que si ésta falta, la célula no puede cambiar la energía de la glucosa en ATP; por ello, aunque proporcionamos suficiente glucosa, las células no tenían energía útil; es decir, no se pueden cambiar los pesos por dólares”, explicó.

En las células existe un detector de ATP, una enzima cuyas siglas son AMPK y que se activa si falta energía. “Aunque había glucosa, encontramos la AMPK sumamente activa”, porque una de las funciones conocidas de la biotina es ayudar a que se utilice correctamente la glucosa; con su ausencia, este azúcar no se aprovecha.

Entonces, la AMPK alerta sobre la carencia de energía y esa información, “ahora lo sabemos”, se transmite al genoma de la célula y hace que cambie el funcionamiento de genes, de forma que el organismo se adapte a las nuevas circunstancias, señaló el universitario.

El mensaje que recibe el genoma (por medio de las llamadas vías de transducción o transmisión de señales) es que no hay energía suficiente, pero esta información se interpreta también como una aparente falta de glucosa (aunque haya suficiente). Entonces, se altera el funcionamiento celular y se comienzan a emplear los “ahorros”.

Velázquez pensó que eso se parece mucho a la resistencia a la insulina. Quienes la padecen o, incluso, ya son diabéticos, tienen mucha glucosa en la sangre; sin embargo, sus células actúan como si no la tuvieran y no la aprovechan.

El concepto que proponemos es que si hay un déficit de energía, de ATP (por distintas razones, en este caso por falta de biotina), esta información se transmite a los genes; el genoma interpreta, de manera equívoca, la falta de energía como carencia de glucosa y se produce la resistencia a la insulina, base del síndrome metabólico, abundó el también ganador del Premio Nacional de Salud Pública.

Antes, prosiguió, a nadie se le había ocurrido que la energía celular tiene que ver con esos problemas de salud. Esta investigación surgió al intentar resolver el enigma de por qué la biotina, además de sus funciones conocidas, controla algunos genes que en apariencia no tienen nada que ver con ella.

De ahí surgieron resultados de los que probablemente saldrán aplicaciones útiles a problemas nacionales, como diabetes y síndrome metabólico.

En esta aventura, Velázquez Arellano está acompañado por un grupo de científicos del propio IIBm y del Instituto de Fisiología Celular; del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN; de los institutos nacionales de Pediatría, y de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, así como de los hospitales de Niños, en Filadelfia, y Henry Ford, de Detroit.

Créditos: UNAM-DGCS-286-2011/unam.mx

La gota, una enfermedad prevalente en México

 
Facebooktwittergoogle_plusmail

La hiperuricemia también es conocida como la “enfermedad de los reyes”, porque se relaciona con un “buen nivel de vida”, toda vez que el paciente ingiere alimentos ricos en purinas, comentó Carlos Lavalle.
La hiperuricemia también es conocida como la “enfermedad de los reyes”, porque se relaciona con un “buen nivel de vida”, toda vez que el paciente ingiere alimentos ricos en purinas, comentó Carlos Lavalle.

14 de julio de 2010

• Es originada por altos niveles de ácido úrico, y se asocia a cálculos renales, hipertensión arterial, aumento de colesterol, triglicéridos y diabetes, aseguró Carlos Lavalle Montalvo, de la FM de la UNAM
• Conforme pasa el tiempo, los ataques agudos de ese padecimiento en pacientes son cada vez más frecuentes, lo que implica la destrucción de articulaciones, hasta llegar a la invalidez, explicó
• Desde el punto de vista epidemiológico, tiene una prevalencia que oscila entre el 2.4 y el 4.7 por ciento de la población, principalmente masculina

AEn la actualidad, México ocupa el segundo lugar a nivel mundial en sobrepeso y obesidad, y por tanto, es posible que también aumente la prevalencia de pacientes con hiperuricemia (altos niveles de ácido úrico), que origina la enfermedad denominada “gota”.

Este padecimiento se asocia a cálculos renales, hipertensión arterial, aumento de colesterol, triglicéridos y diabetes, destacó Carlos Lavalle Montalvo, jefe de la Subdivisión de Especializaciones Médicas de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.

La hiperuricemia también es conocida como la “reina de las enfermedades” o la “enfermedad de los reyes”, porque se relaciona con un “buen nivel de vida”, toda vez que el paciente ingiere alimentos ricos en purinas, es decir, grasas y proteínas como carnes rojas, leguminosas, vino o cerveza, que favorecen un ataque de gota.

Desde el punto de vista epidemiológico, tiene una prevalencia que oscila entre el 2.4 y 4.7 por ciento en la población, principalmente masculina, entre los 20 y 50 años de edad. Las mujeres la presentan, pero con menor frecuencia, sobre todo cuando entran a la menopausia.

Es uno de los 180 padecimientos que comprende la reumatología. Inicialmente, se manifiesta con un ataque agudo de gota, que se caracteriza por dolor intenso, frecuentemente sólo en una articulación; usualmente comienza en el primer dedo (gordo) del pie (podagra), se hincha y la piel se enrojece por el calor que provoca la inflamación.

“Los ataques de gota afectan con mayor frecuencia a articulaciones previamente vulneradas; entonces, pueden dañar codos, manos, rodillas o pies, a tal grado que la persona no puede caminar cuando son estropeados los miembros inferiores. El dolor por lo general es de inicio nocturno, y puede ser tan intenso que el paciente no tolera ni el peso de las sábanas”, explicó el especialista.

La duración de la crisis es, por lo general, de tres a seis días, pero si no se trata adecuadamente, puede ser de hasta una o dos semanas, advirtió.

Después del primer ataque, prosiguió, pueden pasar varios años –dos, cinco o más – para que se manifieste de nuevo; sin embargo, en ocasiones el defecto genético es tan importante, que se presenta varias veces a lo largo de 12 meses.

Conforme transcurre el tiempo, estos periodos intercríticos son más frecuentes, lo que conlleva a la destrucción de las articulaciones y, finalmente, a la invalidez.

El prototipo del paciente con gota reúne ciertas características: siente dolor, camina con dificultad, es obeso y tiene antecedentes de cálculos renales, hipertensión y diabetes; por ello, debe hacerse una valoración integral de su estado de salud, acotó.

Tratamiento integral

Este padecimiento debe manejarse integralmente –de preferencia por el reumatólogo y un médico internista–, aunque entre cada periodo intercrítico el enfermo se sienta sano. Este tipo de pacientes no son fáciles de tratar, porque entre los ataques de gota se sienten mejor y abandona el tratamiento con facilidad; “sin embargo, los ataques son cada vez más frecuentes, y sólo así el afectado se percata de la gravedad del asunto”, mencionó.

En el organismo del ser humano, el ácido úrico no tiene ninguna función natural, porque es producto de la degradación de las proteínas. Este compuesto se crea cuando el organismo descompone sustancias llamadas purinas, que se encuentran en algunos alimentos y bebidas.

Generalmente, se disuelve en la sangre y después transita hacia los riñones, donde es desechado por medio de la orina. Sin embargo, el cuerpo no lo puede expulsar cuando contiene altos niveles en la sangre, lo que se denomina hiperuricemia. “El problema es que no poseemos la enzima uricasa, encargada de eliminar esa sustancia”, indicó Lavalle.

El sujeto tiene un grave riesgo de ser un mal paciente si no entiende que entre los periodos intercríticos se sentirá bien, pero ello no significa que esté sano; de ahí, la necesidad de adquirir conciencia sobre esta enfermedad y modificar los hábitos de vida, aconsejó.

Es indispensable cumplir las indicaciones del médico para estabilizar los niveles de ácido úrico, como una dieta balanceada, consistente en la ingesta de carnes blancas como pescado y pollo, así como verduras, con restricción de proteínas y carbohidratos (carnes rojas, mariscos, bebidas alcohólicas).

Los medicamentos utilizados para controlar el proceso agudo de gota son los antiinflamatorios no esteroideos y la colchicina, que deben ser prescritos por un especialista. Asimismo, el alopurinol, que bloquea la producción de ácido úrico, no debe recetarse en los ataques agudos, y su consumo debe ser paulatino, hasta abatir ese compuesto por debajo de siete mg/dL en suero.

También, se requiere una reducción gradual de peso, alrededor de uno o un kilogramo y medio por mes, porque una disminución brusca puede derivar en la liberación de proteínas que eleven el ácido úrico. Asimismo, es preciso mantener la hidratación del cuerpo con líquidos, pero evitar bebidas alcohólicas.

El ejercicio moderado es fundamental para aminorar la resistencia a la insulina, que ocasiona diabetes; esto ayudará a mantener la presión arterial en niveles adecuados y reducir grasa corporal, para una correcta síntesis de proteínas, concluyó.

Créditos: UNAM. DGCS -417/unam.mx