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Avanza investigación multidisciplinaria en Palenque

 
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Templo de las inscripciones (cortesía Francisco Riquelme)
Templo de las inscripciones (cortesía Francisco Riquelme)

1 de abril de 2011
• Los adelantos, en áreas como paleontología, arqueometría, geología y arqueología
• Los mayas utilizaron en sus construcciones rocas con fósiles provenientes de la Formación Tenejapa, del Paleoceno, con una antigüedad aproximada de 60 millones de años
• Están enriquecidas con magnesio y se extraen en forma de lajas; además, tienen propiedades refractarias e hidráulicas particulares, informó Francisco Riquelme, del IGL de la UNAM
• La meta, detectar el uso de fósiles como elemento agregado o materia prima en el estuco del Templo de las Inscripciones

Un equipo multidisciplinario de los institutos de Geología (IGL) y Física (IF) de la Universidad Nacional, e integrantes del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), registran avances relevantes en las investigaciones en la zona arqueológica de Palenque, Chiapas, en las áreas de paleontología, arqueología, arqueometría y geología.

A partir de los resultados recientes, el grupo ha encontrado que los mayas de ese sitio utilizaron en la edificación de su ciudad rocas provenientes de la Formación Tenejapa, unidad geológica con una edad aproximada de 61 a 65 millones de años, del periodo del Paleoceno.

Consisten en dolomitas y calcitas microcristalinas, enriquecidas con magnesio, que fueron depositadas en una plataforma carbonatada marina. Las características físicas y químicas, así como su extracción en forma de lajas o bloques planos, y su naturaleza refractaria, resistente a ataques de soluciones ácidas, posibilitan su empleo como materia prima en la construcción de edificios y producción de estuco.

José Luis Ruvalcaba Sil, del IF, señaló que, por ello, los materiales se conservan mejor en esa área que en otros sitios mayas, como Calakmul, donde las estelas hechas de elementos calcáreos, que no son ricos en magnesio, se deterioran con el tiempo; su dureza y propiedades mecánicas son muy distintas.

 Martha Cuevas García, Francisco Riquelme y José Luis Ruvalcaba, integrantes del equipo multidisciplinario de los institutos de Geología y Física de la UNAM, y del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Martha Cuevas García, Francisco Riquelme y José Luis Ruvalcaba, integrantes del equipo multidisciplinario de los institutos de Geología y Física de la UNAM, y del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

En la Formación Tenejapa también se han hallado organismos marinos fosilizados, integrados en el estuco. Además, a partir de las labores de prospección paleontológica en distintos afloramientos, dentro y fuera de la zona arqueológica, se ha identificado el posible origen de los fósiles en el entorno geológico que ese grupo humano explotaba para recuperar estos materiales.

Este proyecto, recordó Martha Cuevas García, investigadora del INAH, inició en 2007 en conjunto con el paleontólogo Jesús Alvarado Ortega, del Instituto de Geología, con el objetivo de estudiar los fósiles marinos encontrados en Palenque. “Hay ofrendas que contienen dientes de tiburón, espinas de raya, lajas con peces fosilizados; se han localizado como parte de tumbas, pero también de material constructivo”.

Conocer su procedencia, “porque no sabíamos si eran locales o si venían de otras regiones”, llevó a las instituciones a establecer la colaboración, abundó.

De ese modo, se encontraron y reconocieron los afloramientos fosilíferos, se recuperaron muestras y se compararon. “Así, los paleontólogos universitarios determinaron que los fósiles empleados por los mayas proceden de las mismas formaciones geológicas donde se asienta la ciudad”.

También, era relevante saber si tuvieron otros usos, y la importancia o significado de los mismos para esa cultura, porque fueron depositados en contextos rituales. “Lo primero fue hacer una revisión de los edificios para detectar su empleo como elemento agregado o materia prima en el estuco de los muros de las escaleras que conducen a la tumba de Pakal, en el Templo de las Inscripciones”.

Uno de los objetivos del proyecto es reconocer si los mayas sabían que el sitio donde habitaban, alguna vez fue ocupado por el mar. “Estaban en contacto con un ambiente donde había muchos recursos paleontológicos, que utilizaban en cuestiones prácticas, como la manufactura de estuco, y como componente importante en las ofrendas a sus dioses y muertos”.

A partir de esa evidencia, y de otras como textos epigráficos y escenas iconográficas, se pretende determinar si pueblos mesoamericanos consideraron que el mundo había cambiado, que antes no era como lo conocían, que en el pasado existieron otras eras, creaciones y destrucciones, indicó.

“Aún no podemos confirmar si las características del ambiente y de eventos geológicos tuvieron peso en el desarrollo de sus ideas míticas, en su cosmogonía, y si al encontrar fósiles marinos con tal abundancia pensaron que hubo un mar”, acotó.

Francisco Riquelme, estudiante del posgrado en Ciencias Biológicas de la UNAM, apuntó que los fósiles son evidencia de vida antigua; si se encuentran en un ambiente ajeno al que corresponde su naturaleza (un organismo marino en un entorno continental, por ejemplo) un acto inmediato es cuestionar qué son y por qué están aquí. Aún en grupos tan ancestrales como Neandertal, se puede observar la colecta de fósiles.

Las exploraciones geológicas en Palenque se han efectuado previamente de manera regional, pero sin un trabajo paleontológico detallado como el que se realiza con este proyecto de investigación que, entre uno de sus resultados, muestra que son tres las principales formaciones que cruzan el sitio: La Formación Tenejapa, la Formación Lomut (del Eoceno, con unos 40 millones de años) y la Formación Tulijá (del Mioceno, con aproximadamente unos 25 millones de años).

Cada una de ellas, con una composición litológica característica, que abarca rocas carbonatadas, arcillosas y areniscas con diversos horizontes fosilíferos de ambientes marinos. Al contrastar la roca fuente (o materia prima) con el estuco, se pudo determinar la procedencia de los materiales empleados en el Templo de las Inscripciones.

Para ello, refirió Ruvalcaba, se empleó el acelerador de partículas Pelletron del IF, así como análisis de alta resolución mediante el uso de microscopía electrónica de barrido y microsondas de espectrometrías de rayos X, con equipos de los institutos de Geofísica, de Ciencias del Mar y Limnología, y de Geología.

El objetivo era buscar restos y señales químicas asociadas a la roca fuente y a fósiles de organismos calcáreos, como conchas de bivalvos y gasterópodos, para identificar la materia prima en la producción de los elementos de construcción.

Los resultados muestran fósiles marinos calcáreos incorporados al estuco, y aunque están fragmentados pueden ser identificados. Además, existen huellas químicas que permite asociar la roca fuente a los estratos de la Formación Tenejapa.

“Para esos casos es importante hacer un análisis químico de los elementos marcadores que permitan saber si se utilizaron realmente como material precursor en la preparación de los estucos, o la fabricación de ciertos objetos”.

El Pelletron, abundó el físico, se emplea para hacer estudios más detallados si las cantidades por detectar son muy pequeñas; técnicas como PIXE, son entre 100 y mil veces más sensibles que el análisis con el microscopio electrónico.

En cuanto al trabajo detallado de prospección paleontológica, recordó Riquelme, se ha establecido cada formación y sus edades, los taxones o grupos de animales presentes.

“Se ha realizado una importante labor de peces e invertebrados, que aún continúa. El paleoambiente donde se depositaron estos fósiles representa un ambiente marino restringido, donde ocurren organismos asociados a sistemas arrecifales, una notable presencia de organismos de cuerpos calcáreos como ostras, caracoles, esponjas, corales, además de peces, tiburones, cangrejos, galerías de gusanos, galletas de mar, erizos, incluso restos de manatí”.

Por eso, las conchas de los bivalvos y gasterópodos que se componen básicamente de carbonato de calcio pudieron servir como materia prima en la elaboración de materiales de construcción, abundó el biólogo.

Ruvalcaba resaltó que la empleada en Palenque es una metodología en desarrollo, para una problemática especial de estudio de los fósiles y su presencia en monumentos arqueológicos. Por ello, a partir de su optimización se aplicará a otras partes de la zona y a otros sitios mayas, como Toniná.

Finalmente, Cuevas García señaló que se pretende “comparar con un edificio más temprano que el Templo de las Inscripciones, a fin de ver si se utilizó una ‘receta’ diferente para hacer el estuco. Vamos a muestrear el Templo 20 y el Templo Olvidado”.

Créditos: UNAM-DGCS-193/2011/unam.mx