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Matemáticas aplicadas a la contaduría, aportación de Nadima Simón

 
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Nadima Simón Domínguez, de la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM.
Nadima Simón Domínguez, de la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM.

20 de mayo de 2012

• Los matemáticos e ingenieros que venían a dar clases a la facultad no sabían contaduría, contabilidad, auditoría ni costos, y los contadores no sabían matemáticas. Con lo que aprendí, asumí un liderazgo en el área, dijo la integrante de la FCA, investida como profesora emérita de esta casa de estudios

“Quiero estudiar una carrera nueva que se llama contador público, pero no la hay en Mérida”, respondió con seguridad Nadima Simón Domínguez en el momento que le preguntaron qué opción tomaría, pues había terminado, con honores, la preparatoria en el Colegio América de las madres teresianas en la capital yucateca, su ciudad natal.

Entonces no imaginó que esa decisión marcaría su vida en la Ciudad de México y la vincularía definitivamente con la UNAM y con esa profesión apenas conocida, a la que aportaría la poderosa herramienta de las matemáticas, su pasión inicial.

Testigos de su interés por el estudio, las religiosas le ofrecieron una beca para cursar contaduría en la Universidad Iberoamericana de la capital del país, pero tampoco ahí existía la carrera. “Llegué en 1961 a la UNAM, donde ingresé como alumna a la Facultad de Contaduría y Administración. Y aquí sigo”, dijo sonriente la integrante de la Facultad de Contaduría y Administración (FCA), investida como profesora emérita luego de 40 años de labor docente en esta casa de estudios, donde ha enseñado a más de 10 mil alumnos.

Ya con el título de contador público, cursó la maestría y el doctorado en Administración, que logró con mención honorífica en la misma facultad. “En la UNAM encontré una institución generosa, altruista, gratuita y maravillosa”, destacó.

Su idea inicial de la contaduría era que aplicaba matemáticas a las empresas. “Como estudiante me di cuenta que el contador prepara información financiera para la toma de decisiones, hace análisis financieros y presupuestales, y le sirven las matemáticas como herramienta, pero no es su eje fundamental”, precisó

Entre matemáticas y contaduría

En el momento que empezó a estudiar Contaduría, Nadima vivía con las religiosas en el colegio La Florida. “Como en las tardes me aburría, les pedí permiso para cursar otra carrera. Aprobé el examen para ingresar a Matemáticas en Facultad de Ciencias donde, el primer día de clases, conocí a quien 10 años después sería mi esposo, Eduardo Godoy Escoto, uno de los fundadores de la FES Acatlán”, recordó.

Por dos años, estudió simultáneamente ambas licenciaturas, pero como necesitaba trabajar, tuvo que decidirse por una. “Cursé dos años de Matemáticas, todas las asignaturas básicas que me dieron fueron muy buena base para aplicarlas a la contaduría”, consideró.

Ese vínculo signó su principal aportación a la carrera, pues desde sus primeras clases como profesora introdujo a los alumnos en el universo de los números.

“Los matemáticos e ingenieros que venían a dar clases a la facultad no sabían contaduría, contabilidad, auditoría ni costos, y los contadores no sabían matemáticas. Con lo que aprendí, asumí un liderazgo en el área porque los estudiantes sentían que hablábamos el mismo lenguaje, pues además del conocimiento de matemáticas, trabajé desde la mitad de la carrera en empresas y había hecho auditorías”, recordó.

Desde entonces ha empleado esa ciencia para resolver problemas en el salón de clases. “Me interesa que los administradores y los contadores asimilen mejor las matemáticas, hacerlos comprender que, aunque aparentemente sean difíciles, no tienen que saber toda la teoría, sino entender para qué sirven y aplicarlas a su trabajo”.

Estadística para auditar

Con esa idea, escribió el libro Diseño de muestreo: un enfoque administrativo, un compendio de lo que durante años ha enseñado en clases. El texto profundiza en el muestreo estadístico, aplicado a la auditoría de estados financieros, a la mercadotecnia y a estudios de tipo social.

“El trabajo de auditoría pretende emitir una opinión razonablemente correcta sobre la veracidad de los estados financieros o de la información financiera, pero ningún auditor puede tener plena seguridad del trabajo que se hizo durante un año en una empresa, así que debe aplicar pruebas selectivas, y aplica muestreo”, explicó.

La selección aleatoria de expedientes por parte del auditor evita sesgos de quien le facilita la información en las empresas. “Por eso en la Facultad propuse que se diera importancia al muestreo estadístico en auditoría. No lo inventé, pero me dediqué a aplicar el mejor tipo para cierto tipo de esta última”, precisó.

Otra área de interés de Simón es el cómputo como herramienta, a la que dedicó el libro Programación Lineal; teoría y práctica, escrito con sus colegas Judith Zubieta, Jorge Cerecedo y Armando Rojas, y dirigido a la Investigación de Operaciones, en la que la programación lineal es fundamental.

En la década de 1980, este grupo de profesores propuso introducir a los alumnos en ese uso. “Nos interesó que en los cursos entendieran la importancia de las computadoras para resolver los modelos matemáticos y estadísticos aplicados a la administración”, recordó.

El cómputo ayudó a resolver algoritmos y modelos, mientras los administradores y contadores se centran en plantear correctamente los problemas e interpretar las soluciones. “Empezamos con cinta de papel y tarjetas perforadas, pero lo importante era entender la problemática de las empresas, de la profesión y del país, así como utilizar la nueva herramienta”.

Con esta experiencia, comenzó su labor como investigadora, que ha realizado en colaboración con Isabel Rueda, académica del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc). “Ella me abrió al campo de la indagación en el momento que realizaba un estudio sobre la privatización de Altos Hornos de México. Quería realizar encuestas, tomó un curso que impartí y luego me invitó a trabajar con ella”.

En 20 años, ambas han realizado trabajos sobre micro, pequeñas y medianas empresas, así como de la inserción de las mismas en las cadenas productivas de las industrias de la confección, siderúrgica y automotriz.

Créditos: unam.mx/boletin/319/2012

La basura tecnológica

 
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Es importante que el acopio de e-basura no sea un acto voluntario, sino obligatorio para las empresas.
Es importante que el acopio de e-basura no sea un acto voluntario, sino obligatorio para las empresas.

29 de junio de 2010
• Su volumen representa entre uno y cinco por ciento del total de desechos producidos en el mundo
• En poco tiempo, podría derivar en un desastre ecológico
• Lucía Andrade Barrenechea, de la Facultad de Contaduría y Administración, exhortó a promulgar leyes que regulen su destino final

Millones de toneladas de desechos tecnológicos, conocidos también como e-basura, se generan cada año en el mundo, sin que los gobiernos, fabricantes o usuarios tengan idea de qué hacer con ellos.

“El futuro ya nos alcanzó en el 2010, sin que estemos preparados para subirnos al tren de la tecnología, y sin saber qué hacer con sus desperdicios, que crecen a un ritmo acelerado”, señaló Lucía Andrade Barrenechea, académica de la Facultad de Contaduría y Administración (FCA) de la UNAM, y especialista en informática administrativa.

Debido a la corta vida de los bienes electrónicos, el volumen de esta chatarra, que representa entre uno y cinco por ciento del total de la basura producida en el mundo, sigue acumulándose.

Según un reporte de la Convención de Basilea, tratado internacional que se encarga del comercio mundial de los residuos tóxicos, entre 50 y 80 por ciento de los desechos electrónicos recolectados en Estados Unidos para el reciclaje, termina en alguna nación asiática, donde algunos de sus componentes se venden y otros, que son contaminantes, van a parar a ríos y campos.

Solución inmediata y urgente

En países como México, constituyen un grave problema; la solución debe ser inmediata y urgente porque, como advirtió Ted Smith, director de Silicon Valley Toxics Coalition, en poco tiempo podría derivar en un desastre ecológico.

Sin duda, la cultura de los productos no retornables acentúa este inconveniente, porque componentes de los innumerables aparatos electrónicos que se venden en el mercado no se pueden reciclar.

A diferencia de otras industrias, donde la contaminación ocurre durante el proceso de fabricación, en la de las tecnologías de la información, el principal producto nocivo es el artículo final en desuso.

Una sola batería de cadmio, ejemplificó, basta para alterar 600 litros de agua.

Con potencial económico

Sin embargo, como toda basura, la tecnológica (línea blanca: refrigeradores, hornos y lavadoras; línea marrón: televisores, videos, grabadoras y equipos de música, y línea gris: computadoras y celulares, entre otros) tiene un potencial económico, porque es comercializable.

Para eso, Andrade Barrenechea propuso aplicar a estos desechos el tratamiento de las “Tres R”, que consiste en reducir al máximo la producción; reutilizarlos, darles otro uso o encontrar a quien pueda dárselo, y reciclarlos o depositarlos en un punto limpio.

“De un teléfono celular, por ejemplo, cuya esperanza de vida útil es de dos años, en promedio, puede aprovecharse 90 por ciento de sus componentes, como la carcaza, la pantalla LCD, las piezas eléctricas, el cargador y la antena”, explicó

Responsabilidad social

Si bien el consumidor tiene la responsabilidad de deshacerse de manera apropiada de la chatarra tecnológica, las empresas fabricantes deben facilitarle el proceso y garantizar que los residuos tengan un final adecuado.

Andrade Barrenechea exhortó a promulgar leyes y regulaciones ecológicas, para que esas empresas y las personas sepan qué hacer con los desechos tecnológicos.

“Es importante, además, que el acopio de e-basura no sea un acto voluntario, sino obligatorio para las empresas, como sucede en Argentina, España y otros países”, concluyó.

Créditos: UNAM. DGCS -389/unam.mx

Gana FCA-UNAM tres primeros lugares de Maratón de Finanzas

 
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• Jóvenes universitarios hicieron el uno, dos, tres en el concurso organizado por el Colegio de Contadores Públicos de México.
• Vencieron a 30 equipos provenientes de 15 instituciones de educación superior de todo el país.

Alumnos de la Facultad de Contaduría y Administración (FCA) de la UNAM ganaron los tres primeros lugares del Maratón de Finanzas, organizado por el Colegio de Contadores Públicos de México (CCPM).

Tras una reñida competencia, los universitarios lograron adjudicarse el primero, segundo y tercer sitios del maratón, en el cual participaron 30 equipos de más de 15 universidades del país.

Los grupos de la FCA lograron pasar la primera eliminatoria, en la que quedaron fuera 23 equipos, por lo que sólo siete (los de puntajes más altos) llegaron a la segunda ronda.

En esa etapa de la contienda se tuvo que efectuar un desempate entre tres finalistas, dos de ellos de la UNAM y otro, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. El ajuste tenía la finalidad de determinar al segundo y tercer lugar, pues el primero ya lo había ganado la FCA; el resultado fue la eliminación del ITESM.

Los universitarios que obtuvieron el primer sitio fueron Alejandra Sujiú Chi Cerrito, Manuel Gallegos Sánchez, Pascual Hernández Carmona, Daniel Alejandro Hernández Jiménez, Andrik Lara Cabañas, Jorge Armando Sánchez Pasaye y Miguel Ángel Solano García.

Los del segundo puesto fueron: Asgard Macías Balmori, José Antonio Carmona Arroyo, Jéssica Valencia Olivares, Óscar Morales Pluma, Gustavo Carrera Mendoza y Francisco Javier Benítez Dávila.

Y los del tercer lugar, Adolfo Casanova Torres, Bruno Daniel Castillo Muñoz, Ulises Daniel Ramírez Plata, Víctor Alfonso Cuevas Cortés y Diego Jorge Ginez Serrano.

Créditos: UNAM. DGCS -226/ unam.mx