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De las enfermedades reumáticas, el lupus ocupa el tercer lugar en la demanda de consulta.

 
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Su incidencia en México es de aproximadamente el 0.1 por ciento de la población, pero “de ninguna manera podemos decir que es un padecimiento raro; en todos los hospitales hay pacientes internados”, afirmó Carlos Lavalle Montalvo, de la Facultad de Medicina de la UNAM.
Su incidencia en México es de aproximadamente el 0.1 por ciento de la población, pero “de ninguna manera podemos decir que es un padecimiento raro; en todos los hospitales hay pacientes internados”, afirmó Carlos Lavalle Montalvo, de la Facultad de Medicina de la UNAM.

7 de Septiembre del 2012

En el contexto de las enfermedades reumáticas, después de la osteoartritis y la artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico ocupa el tercer lugar en la demanda de consulta. Su incidencia en México es de aproximadamente 0.1 por ciento de la población, pero “de ninguna manera podemos decir que es un padecimiento raro; en todos los hospitales hay internados”, afirmó Carlos Lavalle Montalvo.

El jefe de la Subdivisión de Especializaciones Médicas de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Medicina (FM) de esta casa de estudios, explicó que se trata de una afección crónica, sin cura, y autoinmune.

Es un padecimiento donde los mecanismos de defensa, en lugar de luchar contra virus, bacterias y células cancerosas, lo hacen contra el propio organismo, destruyen los tejidos y pueden afectar al sistema nervioso, el corazón, los riñones, los pulmones, las mucosas o la piel. “A ello debe su denominación de enfermedad sistémica”, explicó el especialista.

Es compleja, existen más de 115 cuadros clínicos diferentes que se incluyen en ella, por lo que, si el médico no es especialista, difícilmente hará el diagnóstico acertado, indicó. Por ejemplo, algunas de sus manifestaciones no se pueden distinguir de las que ocurren en la artritis reumatoide.

El lupus es multifactorial, y para que se exprese clínicamente deben presentarse varios factores; “no es como la tuberculosis, donde el bacilo es el agente causal, y si se elimina, hay cura”. Aquí influyen aspectos genéticos, inmunológicos, ambientales y hormonales. Lavalle Montalvo hizo la analogía con una caja fuerte, que para abrirse requiere necesariamente los cuatro números de la combinación.

De manera semejante, la expresión clínica del lupus necesita todos esos elementos. Por ejemplo, si falta el agente desencadenante que puede ser ambiental, como luz ultravioleta o una infección, podría permanecer “silenciosa” por siempre y la persona será sana en apariencia.

Afecta, sobre todo, al sexo femenino en una relación que va de 10 a uno, y hasta 15 a uno, por lo que se postula que las hormonas tienen un papel crucial. De hecho, abundó el experto, en animales experimentales se ha demostrado que hormonas femeninas como los estrógenos favorecen su expresión, y que en el momento que se inyecta testosterona, se retrasa. El lupus predomina en personas de entre 20 y 40 años, etapa reproductiva de la vida.

Los síntomas más frecuentes son el llamado eritema en alas de mariposa, es decir, un enrojecimiento de la piel de las mejillas y la nariz, así como fiebre, caída del cabello, úlceras bucales que pueden ser dolorosas y dificultar la ingestión de alimentos, lesiones en la piel que pueden variar en su forma, y cambio de color en los dedos de las manos (de pálido, a cianótico o azulado, y finalmente rojo). Aunque en 90 por ciento de los casos el paciente presenta como primera manifestación dolor articular y muscular, aclaró.

Las expresiones más severas en el sistema nervioso central, pueden ir desde dolor de cabeza y depresión (una de las señales neurológicas más frecuentes), hasta infartos cerebrales, o bien, llegar a presentar en el riñón la lesión más grave, la glomerulonefritis proliferativa difusa, que produce daño severo, y de no tratarse puede requerir diálisis y trasplante.

Carlos Lavalle explicó que el lupus eritematoso sistémico afecta estructuras y órganos en diferentes proporciones. El 50 ó 60 por ciento de los pacientes tiene daño renal. Otras complicaciones son en el sistema nervioso central, o las afecciones cardiovasculares.

Es una enfermedad que requiere un equipo multidisciplinario de especialistas, como reumatólogos, neurólogos, cardiólogos y nefrólogos; un tratamiento con base en quimioterapia y, de forma más reciente, de medicamentos biológicos, según la severidad de las manifestaciones.

Existe lupus leve, moderado, severo y muy severo. Además, cursa por periodos de gran actividad, en los que el paciente se siente menos enfermo. En ocasiones, los fármacos son tan efectivos que se controla, y a veces no vuelve a presentarse. Eso puede suceder si el médico atiende con oportunidad y eficacia.

Lavalle Montalvo acotó que el tratamiento está en un proceso de cambio significativo; de manera tradicional, desde 1943, año en que se descubrió, se ha usado cortisona, y otra sustancia que controla la alteración de los mecanismos de defensa. En aquel entonces, la esperanza de vida de un paciente con lupus era de cinco años, hoy es de entre 20 y 25, si está bien controlado.

“Estamos en etapa de evaluar cuál es el papel de los medicamentos biológicos, que usan anticuerpos específicos para bloquear moléculas inflamatorias. En los próximos años, seremos testigos de grandes avances en biología molecular e inmunogenética para tratar de manera más eficiente a personas con enfermedades autoinmunes”. El beneficio podría ser desplazar a la cortisona, lo que constituye una ventaja impresionante, finalizó el experto.

Boletín UNAM-DGCS-551
Ciudad Universitaria.