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El riesgo climático es silencioso y se está incubando

 
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La ciudadela El Recreo, en la Localidad de Bosa volvió a inundarse por la emergencia invernal.
La ciudadela El Recreo, en la Localidad de Bosa volvió a inundarse por la emergencia invernal.

20 de diciembre de 2011

Las inundaciones en Chía y Bosa, los derrumbes en Manizales y las víctimas por avalanchas, como la de Nariño, son consecuencia de problemas profundos de desarrollo económico y social y de mala planificación.

Una realidad de a puño, que los expertos no dudan en indicar, es que las causas van más allá de la calentura mediática, e incluso de los mismos fenómenos de la variabilidad y el cambio climático, como “El Niño” o “La Niña”. Sus consecuencias, no solo tienen que ver con la respuesta del Estado.

Por eso, la Agencia de Noticias UN entrevistó al ex director de la anterior Dirección Nacional de Prevención y Atención de Desastres (hoy Unidad Presidencial de Gestión del Riesgo), Omar Darío Cardona Arboleda, quien ratificó que, pese a las buenas intenciones de los gobiernos que han trabajado para mitigar los daños causados por el invierno, agravado por el fenómeno de “La Niña”, la velocidad en el aumento del riesgo ha superado en mucho los esfuerzos para reducirlo y están ocurriendo cambios que nadie se esperaba.

Cardona, profesor de la UN en Manizales, estuvo en Bangkok con motivo de las inundaciones en esa ciudad. Acaba de terminar, como miembro del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), el informe especial sobre extremos climáticos y riesgos, lanzado en Kampala, Uganda.

Carlos Fernando Álvarez: Con este fenómeno, que se pronosticó en mayo pasado por parte del Ideam, ¿cree usted que las autoridades han actuado con asertividad y prevención para afrontar otra vez, inundaciones como las de hace menos de un año?


Omar Darío Cardona:
El problema no es el pronóstico ni el fenómeno mismo, como uno podría pensar a primera vista. El riesgo (las posibles consecuencias) y, por lo tanto, cada desastre (cuando el riesgo se materializa), son el resultado no solo de que se presente el fenómeno, sino también de que existan unas condiciones de exposición –es decir, de ubicación de asentamientos humanos e infraestructura que nunca debieron haber sido localizados en esos sitios–, pero también de vulnerabilidad –es decir, de una serie de factores de susceptibilidad o predisposición a sufrir los efectos adversos cuando se presentan los eventos.

Claramente, factores como la marginalidad, la pobreza, la falta de educación y de gobernabilidad, las condiciones sociales de desigualdad, la fragilidad física de las viviendas y, en general, las condiciones de inseguridad social y económica, son los principales determinantes de los desastres y no solamente los fenómenos climáticos.

Dichos factores se han incubado y gestado durante décadas por falta de planificación y por problemas de desarrollo desigual. Es decir, que el riesgo y los desastres son problemas de desarrollo y no hechos de la mala suerte. Por lo tanto, no se necesita solo de un fenómeno de “La Niña” para que haya desastres. Las solas lluvias estacionales ya son suficientes para afectar los medios de subsistencia de miles de personas cada seis meses. Es obvio que en un año no se pueden resolver 500 años de imprevisión y de una casi total ausencia de la gestión del riesgo o de adaptación al cambio climático.

CFA: El Gobierno Nacional señala a los gobiernos locales y departamentales,  y estos, a su vez, responsabilizan al Nacional de las demoras en las ayudas y de no haber adelantado las obras de mitigación de inundaciones, como jarillones y demás. ¿De quién es la culpa, entonces, de que no se haya trabajado en la primera reconstrucción con los billones de pesos recolectados?

ODC: Una manera de socializar la responsabilidad es echarse la culpa entre todos. En este tema no está funcionando bien la descentralización –por la debilidad de los municipios–, pero la solución tampoco es crear desde cero una Colombia Humanitaria –pensemos lo que se demora algo así para funcionar eficientemente–. No trabajar decididamente con la institucionalidad existente como Planeación Nacional, Findeter, los ministerios, para mencionar algunos que ya tienen experiencia y capacidad, es un desperdicio y un desacierto que se hace cada día más evidente.

CFA: En últimas, ¿de quién es la responsabilidad?

ODC: Es de todos los niveles, pero no basta con tener recursos si no hay capacidad, eficiencia y eficacia. El problema es que el “teatro público” facilita que se ponga la lupa en los debates y opiniones superficiales y no en los asuntos que son realmente de fondo. La verdadera rendición de cuentas, o accountability de los gobiernos frente a sus ciudadanos, como opera en los países más democráticos, debe hacerse con base en el enforcement, es decir, haciendo cumplir la reducción del riesgo en forma anticipada mediante leyes coherentes y recursos apropiados.

Después de un desastre no es extraño que se expidan leyes bonitas sin herramientas técnicas, legales y financieras, así como propuestas de hacer nuevas instituciones coyunturales y paraestatales, sin los medios y las herramientas expeditas, flexibles y prácticas para realizar, ejecutar, implementar la gestión del riesgo y la adaptación al cambio climático.

CFA: En una entrevista con el diario La República, el director del IDEAM, Ricardo Lozano, afirmó que los gobiernos deben hacerles caso a sus meteorólogos. En el Congreso, en un debate sobre la crisis invernal pasada, Lozano volvió a encender las alarmas y anunció el nuevo fenómeno de “La Niña”, pero parece que nadie le hizo caso. ¿Lo cree usted así?

ODC: El problema no es de pronóstico siquiera, sino de gobernabilidad y desarrollo que permita anticiparse al problema. El solo pronóstico no es suficiente para impedir los daños y pérdidas. Por esa razón, sugerí al actual Gobierno que realice un proceso de reconstrucción con “transformación” –es decir, que la reconstrucción es una oportunidad histórica para el país, que se está desaprovechando, y que no se puede rehacer la vulnerabilidad que existía antes del desastre. La gestión del riesgo no es una opción sino una obligación. Hay que reducir la vulnerabilidad y la exposición en áreas propensas. Incluso, creo que la sexta “locomotora” del plan de desarrollo del Presidente Santos debería ser la reconstrucción, si lo que se quiere es prosperidad.

CFA: ¿Hacia dónde apuntaría la solución?

ODC: La solución es reconocer que el riesgo (que es un proceso) y el desastre (que es su producto derivado), son problemas de desarrollo que hay que afrontar seriamente, y no ver los desastres como un simple problema de respuesta de emergencias. La degradación ambiental en las cuencas, la falta de planificación territorial y de incluir el riesgo como determinante de los usos del suelo, la falta de sismorresistencia, el poco esfuerzo de la educación e información pública sobre el tema, la marginalidad, la pobreza y la desigualdad, son las condiciones de vulnerabilidad que favorecen o facilitan que cuando hay un evento se convierta en un desastre.

No puede haber prosperidad ni desarrollo sostenible si no hay, explícitamente, una estrategia que se llama GESTIÓN DEL RIESGO, que hay que entender e incluir en todas las actividades cotidianas e institucionales. Hay que reducir el riesgo interviniendo la vulnerabilidad, contando con instrumentos financieros apropiados y respondiendo en forma asertiva, preparada, expedita, cuando el riesgo se convierta en desastre. La respuesta debe ser apropiada y planificada como lo deben ser también la rehabilitación y la recuperación.

También es la adaptación frente al cambio climático, pero el país está sometido a muchas otras amenazas –que no son sólo de origen hidrometeorológico– y que usualmente no avisan. Posibles eventos que son un peligro latente y silencioso, que está ahí y que se pueden convertir en desastres debido a que el riesgo esta incubándose por causa del aumento de la vulnerabilidad económica y social. Mire el Galeras y los desastres sísmicos que han ocurrido en el pasado.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co

Se realizarán predicciones sobre el comportamiento de El Niño

 
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El fenómeno de El Niño está directamente relacionado con cambios climáticos y sus secuelas pueden alterar la economía de toda una región, expuso Elsa Arellano-Torres, del IMTA
El fenómeno de El Niño está directamente relacionado con cambios climáticos y sus secuelas pueden alterar la economía de toda una región, expuso Elsa Arellano-Torres, del IMTA

19 de agosto de 2010

• Se estudiarán, a escala decenal y secular, registros antiguos del fenómeno para identificar su periodicidad y frecuencia, destacó Elsa Arellano-Torres, del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, en visita al Centro de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Nacional

Es importante estudiar las escalas decenales y seculares de los registros antiguos de El Niño, porque a través de las reconstrucciones de la periodicidad del fenómeno, es posible realizar predicciones sobre su comportamiento futuro, expuso Elsa Arellano-Torres, posdoctorante del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA), organismo público descentralizado.

Con este propósito, se realiza el proyecto Variabilidad Multidecenal de El Niño Oscilación del Sur (ENOS), financiado por UC-MEXUS (institución responsable del convenio de intercambio académico entre el Conacyt y la Universidad de California), en el que colabora la joven especialista junto con su asesor, el investigador del IMTA, Jorge Sánchez-Sesma.

El objetivo será analizar registros históricos para identificar la periodicidad del fenómeno y determinar los factores que controlan su frecuencia en los océanos, dijo Arellano-Torres en el auditorio del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.

Se analizarán bases de datos de diversas instituciones para saber cuál ha sido la cantidad de precipitaciones o sequías registradas en México, porque este fenómeno repercute directamente en sectores productivos y económicos del país, como el agrícola, el pesquero y el hidroeléctrico, destacó.

Elsa Arellano indicó que El Niño está directamente relacionado con cambios climáticos que pueden afectar regiones sensibles del país; por ejemplo, si éste ocasiona una anomalía de precipitación en el sureste mexicano, puede perturbar la agricultura de temporal, impactar en la producción y, por tanto, la economía de la región.

En este estudio, explicó, se tomará en cuenta la variabilidad natural, como los forzamientos solares y volcánicos, pero sin incluir los efectos antropogénicos.

El Niño o ENOS (por sus siglas en inglés) forma parte de los cambios climáticos naturales de la Tierra; por lo tanto, es un patrón recurrente que involucra modificaciones en las temperaturas de las aguas del Pacífico tropical y ecuatorial.

El fenómeno se identifica con una serie de anomalías que en la temperatura del océano varían entre uno o tres grados centígrados por arriba y por debajo de una media normal, y se caracteriza porque se repite cada tres o siete años, manifestándose principalmente en los meses de invierno, pero generalmente, con una duración de entre 12 y 18 meses.

Cuando se presenta, rompe el balance del flujo de energía y afecta los componentes de viento, el clima atmosférico y oceánico, así como las corrientes marítimas.

De esta manera, genera una anomalía positiva; las aguas del mar se vuelven más calientes durante los “años Niño”, lo que perturba los patrones de circulación del ambiente.

En el caso contrario, cuando ocurre una Niña, el mar presenta una anomalía negativa y ocasiona que las aguas se enfríen.

La presencia de ENOS afecta no sólo al océano Pacífico, sino crea teleconexiones que involucran diversas zonas del planeta, lo que se manifiesta en cambios en la cantidad de nevadas, lluvias o huracanes, a través de inundaciones o sequías. De igual modo, al repercutir en la circulación atmosférica, puede generar mayor o menor intensidad de vientos.

“El estudio de este fenómeno a diferentes escalas es importante, porque la alteración de estos factores repercutirá en cuestiones económicas, pues la producción agrícola, pesquera e incluso de generación hidroeléctrica, pueden verse afectadas”, recordó.

Como parte de la metodología del proyecto, se realizará un análisis y síntesis de series históricas del fenómeno natural, así como los valores que registran los sectores productivos de México.

Se pretende crear una base de datos y hacer un análisis de series de tiempo que definan las periodicidades del fenómeno para después correlacionar esta información y así caracterizar las oscilaciones estadísticamente significativas que permitirán generar predicciones desde un siglo hasta los próximos seis meses.

Se utilizará el Índice Oceánico de El Niño (ONI), que muestra la diferencia de temperaturas superficiales del océano, así como el Índice de Oscilación del Sur (SOI), que presenta las diferencias de presión atmosférica.

Al analizar estas mediciones, dijo, se pretende saber qué tipo de periodicidades existe en esos registros, para así proyectarlos a futuro, concluyó Arellano-Torres.

Créditos: UNAM. DGCS -490/unam.mx