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Secuencian ADN de bacteria que asoló a Europa en la Edad Media

 
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De estos individuos anónimos se extrajeron los huesos y dientes para secuenciar el ADN de la bacteria de la Peste Negra
De estos individuos anónimos se extrajeron los huesos y dientes para secuenciar el ADN de la bacteria de la Peste Negra

10 de diciembre de 2011

La misma técnica del genetista colombiano Hernán Burbano que permitió hallar ADN antiguo en fósiles de Neandertal, fue usada para secuenciar cepas centenarias de la bacteria que causó la Peste Negra.

Esta es la nueva crónica de la más reciente edición de Matices. Historias detrás de la investigación, publicación de la Universidad Nacional de Colombia. En ella se describen, además de los avances científicos del descubrimiento, aspectos de la Edad Media, época convulsionada en la que, según cálculos, murieron 25 millones de europeos por la enfermedad.

La técnica de Burbano consistió en extraer ADN de los dientes de víctimas de la Peste Negra, exhumados del cementerio londinense East Smithfield (Inglaterra), para generar bibliotecas genómicas, que son bases de datos donde se colecciona o guarda la información genética. A partir de estas, él puede “pescar” el ADN de cepas antiguas de la bacteria Yersinia pestis, comparándolas con muestras actuales.

Uno de los resultados del cotejo es que el bicho no ha evolucionado mucho desde que provocó la epidemia en el año 1348. La pregunta de los investigadores fue: ¿Qué hizo tan letal a la Peste Negra en el siglo XIV, si el microorganismo que provoca la enfermedad conserva todas sus características en el presente?

Una de las respuestas posibles es que existen diferentes factores que influencian la severidad de la infección. Se pueden mencionar la variación genética presente en las poblaciones humanas afectadas, el clima, la dinámica de los vectores de la enfermedad (la pulga y la rata negra), las condiciones sociales y la interacción sinérgica entre diferentes enfermedades.

“Si existen variantes genéticas en los humanos sobrevivientes a la plaga y los que sucumbieron a la enfermedad, es una pregunta que podría responderse, científicamente, caracterizando genéticamente restos fósiles en diferentes cementerios de Europa”, explicó Burbano. Otros detalles de este importante trabajo científico los encontrará en la edición 35 de Matices o en su versión electrónica en el enlace http://historico.agenciadenoticias.unal.edu.co/matices/.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co

Relaciona estudio, a las científicas con las brujas

 
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En su libro El retorno de las brujas. Incorporación y contribuciones de las mujeres a la ciencia, Norma Blazquez tomó como modelo de estudio a las hechiceras de la Europa medieval.
En su libro El retorno de las brujas. Incorporación y contribuciones de las mujeres a la ciencia, Norma Blazquez tomó como modelo de estudio a las hechiceras de la Europa medieval.

14 de julio de 2010

• Los saberes que dominaban y practicaban las hechiceras y curanderas, llamadas brujas en la Edad Media, fueron considerados sospechosos y amenazantes, porque atentaban contra los nacientes poderes político, religioso y científico, dijo Norma Blazquez Graf
• En su libro “El retorno de las brujas”, la directora del CEIICH de la UNAM documentó que, desde las universidades, las mujeres recuperan espacios en distintas disciplinas y avanzan a la equidad en carreras antes consideradas de dominio masculino
• Analiza cómo la participación e incorporación de ellas a la ciencia produce modificaciones en la estructura de las instituciones, como en el proceso de creación de conocimientos

Así como las brujas de la Edad Media tenían conocimientos propios con los que desarrollaron trabajos de curanderas y parteras dentro de sus comunidades, en la actualidad las mujeres de ciencia hacen aportaciones importantes tanto a la estructura de las instituciones científicas, como al proceso de creación de conocimientos, afirmó Norma Blazquez Graf, directora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM.

“Aunque históricamente se les ha estigmatizado, las brujas de diversas sociedades fueron comadronas y nodrizas con conocimientos sobre sexualidad, anticoncepción, reproducción, embarazo, parto, y crianza de los niños; también curanderas, cocineras y perfumistas, con el saber necesario para recolectar, preparar y conservar alimentos y productos. Hacían curaciones utilizando plantas, animales y minerales”, dijo la también psicóloga, maestra en fisiología y biofísica, y doctora en filosofía.

En conferencia ofrecida en la Facultad de Química, Blazquez comentó su libro El retorno de las brujas. Incorporación y contribuciones de las mujeres a la ciencia, en el que tomó como modelo de estudio a las hechiceras de la Europa medieval, que heredaron habilidades de generación en generación.

La sabiduría de esas mujeres amenazaba a grupos poderosos, y pueden considerarse las antecesoras de quienes hoy se dedican a la investigación científica, afirmó.

“Sus conocimientos eran valorados, respetados y considerados importantes y necesarios, pero se les fue desprestigiando y asociando con la idea de que no poseían sabiduría de mujer, sino que un ser maligno les otorgaba poderes, y todo lo que sabían y practicaban era debido a un pacto con el Diablo. La cognición empírica que dominaban y transmitían de abuelas a madres, y de ellas a hijas, fue considerada sospechosa y amenazante, porque atentaba contra los poderes políticos, religiosos y científicos nacientes”, señaló.

Universidades, un paso a la equidad

Fue hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando tuvieron acceso a la educación superior de manera institucional.

En Suiza, fueron admitidas en las universidades hasta 1890; en Gran Bretaña en 1870; en Francia en 1880, y en Alemania hasta 1900. “En México no estamos tan atrás como pudiera pensarse, pues la primera médica, Matilde Montoya, se recibió en 1887”, acotó.

Desde 1970, se han incorporado a los estudios superiores en muchos países. En nuestra nación, entre 1969 y el año 2000 la matrícula de mujeres aumentó de 17 a 50 por ciento; sin embargo, a medida que se incrementa el nivel de escolaridad, su presencia se reduce, y muy pocas ocupan puestos de mando en instituciones científicas.

Asimismo, las áreas de conocimiento siguen siendo dispares, pues mientras en carreras como Psicología o Educación la población dominante es la de ellas, en Física o Ingeniería, la proporción es inversa.

Los hombres siguen inclinándose por agronomía, ingeniería y física, mientras que el sector femenino elige, en mayor grado, las humanidades y áreas relacionadas con las ciencias sociales o educación, aunque en los últimos años ha aumentado su ingreso a veterinaria, medicina, ingeniería ambiental y tecnología de alimentos, indicó.

“Con estos avances, poco a poco hemos ganado espacios para integrarnos a la ciencia, a la producción formal y académica del conocimiento que, por mucho tiempo, fue una actividad de varones. Se ha reclamado nuestro acceso a la educación, a las universidades, y que tengamos la posibilidad de elegir la investigación científica como una profesión que nos brinde reconocimiento como generadoras del saber.

“Actualmente, en el mundo tres de cada 10 personas dedicadas a la investigación son mujeres, y en el caso de la Academia Mexicana de Ciencias, aún no llegamos a ese 30 por ciento”. Al interior de la UNAM, el 41 por ciento del personal académico son féminas, el 36 por ciento investigadoras, y de ellas, el 27 por ciento tiene el nombramiento más alto, como titulares “C”, abundó.

Como si fuera el retorno de las brujas, entre los temas de interés de las científicas destacan las ciencias médicas, donde se han recuperado espacios, especialmente en ginecología y en nuevas tecnologías asociadas a la reproducción asistida y anticoncepción, así como en ciencias naturales, como biología y ciencias ambientales, comentó.

Cambios en la política científica

La participación femenina se ha reflejado en una forma distinta de hacer ciencia, independientemente de los temas de trabajo, dijo Blazquez, estudiosa de la relación entre ciencia y género.

Desde que intervienen en la política científica, se otorgan más becas y hay nuevos criterios de evaluación; se han extendido los periodos de edad para el trabajo en la materia, considerando el ciclo reproductivo; se han modificado los horarios y espacios laborales, y se difunde cada vez más una conciencia de género, finalizó la titular del CEIICH.
Créditos: UNAM. DGCS -420/unam.mx