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Vuelo modifica morfología de avispas sociales

 
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En las partes más altas del país las avispas tienen presiones de aire menores, entonces sus cuerpos, si bien se hacen más pequeños, las partes dedicadas al vuelo son más grandes.
En las partes más altas del país las avispas tienen presiones de aire menores, entonces sus cuerpos, si bien se hacen más pequeños, las partes dedicadas al vuelo son más grandes.

9 de diciembre de 2011
Un estudio adelantado por el Laboratorio de Sistemática y Biología Comparada de Insectos de la UN halló que la dinámica del vuelo está marcando muchos de los cambios morfológicos en avispas sociales.

“Dentro de los insectos sociales, la formación de castas es una característica  muy importante, la especialización en este tipo de insectos es crucial porque revela el nivel de complejidad de dichas sociedades. En el caso de avispas y abejas, la situación es un poco más complicada debido a que no hay diversidad de castas morfológicas y se propone que el vuelo es el responsable de dicha ausencia”, explicó a la Agencia de Noticias UN Carlos Sarmiento, profesor y líder del laboratorio.

Otro aspecto que se debe tener en cuenta al analizar este tipo de colonias de insectos sociales es el paradigma de la reproducción, que viene implícito desde las discusiones expuestas por Darwin más de un siglo atrás. De acuerdo con Sarmiento, “en avispas se propuso que la variación observada en el tamaño corporal es el resultado de una efectiva tendencia evolutiva a incrementar la velocidad de reproducción. Es decir, mientras más pequeños los individuos, es más fácil su mantenimiento, y por consiguiente más rápida la reproducción de la colonia; para individuos grandes se dará lo contrario”.

“Pero empezamos a hacer estudios para comprobar si este argumento era sólido, si habían suficientes datos para sustentarlo y nos dimos cuenta de que no. Cuando incrementamos en un 50% el tamaño de la muestra, la correlación propuesta se cayó”, agregó el profesor.

Sin embargo, continuó con la investigación para determinar qué ocurría. Siguiendo con sus análisis, el docente y su equipo de estudiantes encontraron que “las características del vuelo están marcando fuertemente la morfología en las avispas. Tamaños grandes y pequeños, los extremos de la variación sufren presiones fuertes que tienen que ver con las demandas biomecánicas del vuelo”.

“Una avispa muy pequeña experimenta una densidad relativa del aire mayor, esto es, como si estuviera nadando realmente más que volando. En las especies más grandes, el peso corporal se convierte en un problema”, dijo el profesor.

Se analizaron alrededor de 300 ejemplares de 56 especies, a lo largo de todo el rango de la variación de la subfamilia Polistinae, que son las avispas sociales del neotrópico. Estas son las que se encuentran en nuestro país y que se conocen como chepas, gurras, conchajonas y piojitos.

Recordando a D’arcy Thompson, el profesor concluyó que “la variación del tamaño de los organismos no puede entenderse como una ampliación o reducción de una fotocopia, sino que hay cambios proporcionales en el cuerpo que tienen que ver con las demandas biomecánicas y las demandas de desarrollo que implican esos tamaños”, y este fenómeno también ocurre en el nivel de poblaciones dentro de una especie. Por ejemplo, al estudiar avispas de una especie en un intervalo altitudinal se encontró que en las partes más altas del país sus cuerpos, “si bien se hacen más pequeños, las partes dedicadas al vuelo son más grandes, porque las demandas de la dinámica del vuelo son más fuertes en estos lugares al tener menor presión de aire”, indicó.

El profesor proyecta la continuación de este estudio en la parte fisiológica, donde entraría a analizar los costos energéticos de volar.

Estos animales tienen un impacto muy importante en el ecosistema porque son depredadores, “un avispero de tamaño medio puede alimentarse con alrededor de unas 16.000 larvas al año, lo que implican que menos larvas se alimenten de cultivos”. Este tipo de estudios son fundamentales en el desarrollo de nuevas tecnologías, pues se comprende cómo funcionan sistemas biológicos que podríamos imitar; es la base para el campo de la biomimética que tantos desarrollos ha tenido. Simplemente traigamos a la mente equipos como los radares y materiales como el papel, este último copiado por los chinos de las avispas sociales hace muchos siglos.

El estudio fue publicado en la revista alemana Zoomorphology Springer-Verlag 2011, bajo el título: “Relationship between body size and Xying-related structures in Neotropical social wasps (Polistinae, Vespidae, Hymenoptera)”.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co

La tristeza, un sentimiento útil, pero desacreditado

 
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Benjamín Domínguez Trejo expuso que con frecuencia los especialistas suelen diagnosticar depresión cuando en realidad se trata de tristeza.
Benjamín Domínguez Trejo expuso que con frecuencia los especialistas suelen diagnosticar depresión cuando en realidad se trata de tristeza.

10 de febrero de 2011

• Se trata de una emoción que nos permite hacer balances y tomar decisiones importantes, algo que difícilmente logran las personas felices, expuso Benjamín Domínguez Trejo, de la Facultad de Psicología de la UNAM

“En una sociedad que nos dice que la felicidad es el máximo bien a alcanzar, no extraña que la tristeza haya sido uno de los sentimientos más desacreditados, pese a que se trata de una de las emociones más útiles que existen”, sostuvo el profesor Benjamín Domínguez Trejo, de la Facultad de Psicología de la UNAM.

“Si estamos tristes nos encontramos en condiciones óptimas para realizar balances, de evaluar qué hemos hecho bien y en qué hemos fallado, algo que, por un lado, hacen los individuos mejor adaptados, y por el otro, resulta casi imposible para las personas felices”, añadió.

Ya en 1873, en su libro La comunicación de las emociones en los animales y en el hombre, Darwin advertía que los sentimientos juegan un papel importante en la evolución, “y si han sobrevivido a los avatares evolutivos, quizá ofrezcan una ventaja de supervivencia”, suele decir el psicólogo Joe Forgas, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, al señalar la necesidad de ahondar en el tema.

“De hecho, la felicidad no siempre es una buena señal”, expuso Domínguez Trejo, quien trabaja con enfermos con cáncer terminal en la Clínica del Dolor del Hospital 20 de Noviembre. “Si uno de ellos no manifiesta tristeza, tenemos un indicador adverso. Mientras más tristes se encuentren, es más fácil que acepten ayuda psicológica y médica, pues se trata de una condición emocional en la que el individuo busca cambiar el estado de las cosas”, añadió.

Al respecto, Domínguez Trejo comentó que la negativa a recibir ayuda por parte de pacientes terminales satisfechos con su condición es más frecuente de lo que se pensaría, “y en esos casos, la tristeza nos resultaría útil, porque al estar ligada a la insatisfacción, el individuo promovería cambios e intuiría mejores escenarios que el actual”.

El engaño de creer que todo está bien

“La tristeza funciona como el dolor que produce una piedra en el zapato, nos avisa de algo que está mal; si ignoramos esa alerta y no hacemos nada al respecto, el pie puede lastimarse, herirse y conducir a una situación incapacitante”, indicó el profesor Domínguez.

A esto se le llama hacer balances, a evaluar la situación actual y tomar medidas para mejorarla, algo que no hace una persona feliz. “Es parecido a lo que pasa con alguien que consume drogas sintéticas; se le puede explicar que eso daña su cuerpo y su psique, pero por estar en un estado de euforia artificial puede llegar a pensar, ¿por qué he de estar mal si esto se siente tan bien?”.

La tristeza puede ser benéfica, el problema es que se encuentra satanizada por esta sociedad capitalista que privilegia los aspectos materiales y luego nos vende la idea de que eso es la felicidad, argumentó el académico.

“De hecho, cada vez nos dan menos oportunidad de estar tristes, y si eso ocurre, inmediatamente nos dicen que es depresión. Cada vez es más frecuente que madres, al ver a sus hijos con ánimos bajos, los envíen con un especialista para que éste les prescriba un fármaco”.

Los psiquiatras Allan Horowitz y Jerome Wakefield, tras analizar datos de la Organización Mundial de la Salud que señalan que el índice de personas deprimidas se ha incrementado tanto, que para el año 2020, la depresión será la segunda causa de incapacidad laboral en el mundo, realizaron una serie de investigaciones que compilaron en el libro de 2007, La pérdida de la tristeza. Cómo la psiquiatría transformó la pesadumbre en desorden depresivo.

Los profesores estadounidenses argumentan que el número cada vez más abultado de pacientes con depresión responden a un diagnóstico deficiente de la medicina moderna, que confunde los síntomas de la tristeza normal con los de un desorden mental que debe ser tratado con fármacos.

“La psiquiatría contemporánea ha, inadvertidamente, caracterizado el sufrimiento normal como si fuera una enfermedad”, señalan ambos en su libro.

Entonces, ¿qué diferencia hay entre tristeza y depresión? La respuesta quizá la tenga el biólogo Lewis Wolpert, quien en su libro de 1999, La tristeza maligna, señala: “La depresión es lo que pasa cuando los sentimientos normales de tristeza se vuelven patológicos, de la misma manera que el cáncer aparece cuando el proceso normal de crecimiento de nuestras células se descontrola”.

“Por ello, aunque es deseable darle espacio a la tristeza, hay que estar atentos de no cruzar el límite en que lo adaptativo se vuelve desadaptativo, porque eso sí representa un problema”, concluyó el profesor Domínguez.

Créditos: UNAM-DGCS-0083-2011/unam.mx