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Crean en la FES Iztcala, primer jardín artificial para colibríes.

 
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2 de Febrero del 2013
Para algunos el colibrí es símbolo de suerte; encontrarse con uno es indicio de buen augurio; también es utilizado como amuleto (chupamirto) para atraer el amor. De este diminuto pájaro, el periodista Agustín Escobar Ledesma escribe: “El colibrí o chupaflor es un ave que con su silencio canta al amor; es de hermoso plumaje, de coloración metálica con matices diversos y cambiantes, y revolotea entre las flores del campo y las ciudades”.
Al igual que los insectos y los murciélagos, estas pequeñas y frágiles aves realizan una importante función ecológica en la conservación de los ecosistemas, por ser una especie polinizadora. Aunque no se encuentra amenazada, pierde su hábitat, principalmente en las grandes ciudades, por la masiva urbanización, que implica un elevado uso del suelo y, en consecuencia, la destrucción de la vegetación.
María del Coro Arizmendi Arriaga, coordinadora del posgrado en Ciencias Biológicas, junto con sus colaboradores, desarrolla el proyecto de creación de jardines para estos polinizadores; el objetivo es recrear su hábitat natural, que sean fuente de éstos para los cultivos colindantes, incrementar su población y estudiar su comportamiento biológico.
Los colibríes se alimentan del néctar que producen las flores, y en ese proceso se convierten en polinizadores de una diversidad de plantas. Sin embargo, el hombre se ha encargado de deteriorar su ecosistema, y el de otras especies, con la edificación de grandes urbes, donde este tipo de avecillas no tiene mucho espacio para sobrevivir, dijo la académica.
La primera de estas pequeñas reservas o “parches de vegetación”, como la denomina Arizmendi Arriaga, es única en el país, y fue instalada en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala; en breve, se pretende situar una más en ese mismo campus, informó.
Ahí, el tesista Héctor Salgado hará observaciones dos veces por mes, para determinar qué tipo de colibríes llegan y cómo colonizan el sitio.
Al respecto, aclaró que este proyecto surgió en Estados Unidos y Canadá, como parte de la Campaña Norteamericana para la Conservación de los Polinizadores (NAPPC, por sus siglas en inglés), puesta en marcha para proteger a las abejas, en específico, y en el que participó la universitaria.
Existen dos formas de restituir su ecosistema: los bebederos artificiales, en los que se coloca agua con azúcar, “recurso importante para los colibríes, que representan la reproducción de unas dos mil 500 flores, aunque esta elección en ocasiones resulta contraproducente, porque las aves abandonan su función ecológica al no visitar las flores. La otra iniciativa es la generación de jardines artificiales que cuenten con las flores de las que se alimentan”.
En las ciudades de Norteamérica se adoptó la colocación de bebederos en espacios públicos, como una pequeña contribución para estas aves en su obtención de energía, y que a su vez, les ayuda a buscar alimento con grasa y proteína (insectos). “Por su pequeño tamaño, tienen un metabolismo muy rápido, son las que aletean con mayor velocidad, y en ello, tienen un gasto calórico que deben suplir constantemente”.
Hace falta más que una botella con líquido dulce, es necesario brindarles un espacio con una gran concentración de plantas, que además de alimento, les ofrezca refugio y sitios para anidar. Para que un jardín sea agradable, se puede plantar variedad de flores, en especial las de color rojo, colgantes, largas y tubulares –que son las que polinizan–, como salvia y aretillos del género fuchsia, por ejemplo.
Por lo común, los colibríes que observamos en la ciudad son nativas y aquí se reproducen, como el Amazilia beryllina (chuparrosa), Cynanthus latirostris (colibrí pico ancho), y Cynanthus sordidus (colibrí oscuro). Hay algunas como Selasphorus rufus (zumbador Rufo) y Archilochus colubris (colibrí de garganta roja), que son migratorias y pasan el invierno en esta urbe.
Anillamiento de colibríes
La participación de la ornitóloga universitaria no se limita a la creación de jardines artificiales para estas especies, sino también en otro importante proyecto destinado a su estudio poblacional en la Reserva del Pedregal de San Ángel, en Ciudad Universitaria.
Se trata de la primera estación de anillamiento, que se inscribe en la iniciativa para la Conservación de Aves de América del Norte e involucra a instituciones gubernamentales, de la sociedad civil y universidades de Canadá, Estados Unidos y México.
En la Reserva del Pedregal “contamos con trampas para anillar a los colibríes que se refugian, procedimiento que realizamos dos veces por mes y que nos ha permitido determinar la presencia de por lo menos nueve especies, entre ellas Amazilia beryllina, Cynanthus latirostris y Cynanthus sordidus. Pero además la gran mayoría de especies endémicas de Estados Unidos y Canadá, que arriban en septiembre y se van en marzo”.
A un año de iniciado el proyecto, añadió, “llevamos anillados un promedio de 150 animales, con los que podemos iniciar un estudio demográfico y determinar tipo de alimentación y plantas que polinizan, entre otras”.
Asimismo, comentó que colabora en la elaboración de una guía de identificación de colibríes de México y Norteamérica, que contendrá dibujos, mapas y una descripción –en español e inglés– de estas aves; será editada por Conabio como parte del proyecto de generación de ciencia ciudadana, para involucrar a la población en su conocimiento.
Boletín UNAM-DGCS-069
Ciudad Universitaria.
Al igual que los insectos y los murciélagos, los colibríes realizan una importante función ecológica en la conservación de los ecosistemas, por ser una especie polinizadora.

Al igual que los insectos y los murciélagos, los colibríes realizan una importante función ecológica en la conservación de los ecosistemas, por ser una especie polinizadora.

2 de Febrero del 2013

Para algunos el colibrí es símbolo de suerte; encontrarse con uno es indicio de buen augurio; también es utilizado como amuleto (chupamirto) para atraer el amor. De este diminuto pájaro, el periodista Agustín Escobar Ledesma escribe: “El colibrí o chupaflor es un ave que con su silencio canta al amor; es de hermoso plumaje, de coloración metálica con matices diversos y cambiantes, y revolotea entre las flores del campo y las ciudades”.

Al igual que los insectos y los murciélagos, estas pequeñas y frágiles aves realizan una importante función ecológica en la conservación de los ecosistemas, por ser una especie polinizadora. Aunque no se encuentra amenazada, pierde su hábitat, principalmente en las grandes ciudades, por la masiva urbanización, que implica un elevado uso del suelo y, en consecuencia, la destrucción de la vegetación.

María del Coro Arizmendi Arriaga, coordinadora del posgrado en Ciencias Biológicas, junto con sus colaboradores, desarrolla el proyecto de creación de jardines para estos polinizadores; el objetivo es recrear su hábitat natural, que sean fuente de éstos para los cultivos colindantes, incrementar su población y estudiar su comportamiento biológico.

Los colibríes se alimentan del néctar que producen las flores, y en ese proceso se convierten en polinizadores de una diversidad de plantas. Sin embargo, el hombre se ha encargado de deteriorar su ecosistema, y el de otras especies, con la edificación de grandes urbes, donde este tipo de avecillas no tiene mucho espacio para sobrevivir, dijo la académica.

La primera de estas pequeñas reservas o “parches de vegetación”, como la denomina Arizmendi Arriaga, es única en el país, y fue instalada en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala; en breve, se pretende situar una más en ese mismo campus, informó.

Ahí, el tesista Héctor Salgado hará observaciones dos veces por mes, para determinar qué tipo de colibríes llegan y cómo colonizan el sitio.

Al respecto, aclaró que este proyecto surgió en Estados Unidos y Canadá, como parte de la Campaña Norteamericana para la Conservación de los Polinizadores (NAPPC, por sus siglas en inglés), puesta en marcha para proteger a las abejas, en específico, y en el que participó la universitaria.

Existen dos formas de restituir su ecosistema: los bebederos artificiales, en los que se coloca agua con azúcar, “recurso importante para los colibríes, que representan la reproducción de unas dos mil 500 flores, aunque esta elección en ocasiones resulta contraproducente, porque las aves abandonan su función ecológica al no visitar las flores. La otra iniciativa es la generación de jardines artificiales que cuenten con las flores de las que se alimentan”.

En las ciudades de Norteamérica se adoptó la colocación de bebederos en espacios públicos, como una pequeña contribución para estas aves en su obtención de energía, y que a su vez, les ayuda a buscar alimento con grasa y proteína (insectos). “Por su pequeño tamaño, tienen un metabolismo muy rápido, son las que aletean con mayor velocidad, y en ello, tienen un gasto calórico que deben suplir constantemente”.

Hace falta más que una botella con líquido dulce, es necesario brindarles un espacio con una gran concentración de plantas, que además de alimento, les ofrezca refugio y sitios para anidar. Para que un jardín sea agradable, se puede plantar variedad de flores, en especial las de color rojo, colgantes, largas y tubulares –que son las que polinizan–, como salvia y aretillos del género fuchsia, por ejemplo.

Por lo común, los colibríes que observamos en la ciudad son nativas y aquí se reproducen, como el Amazilia beryllina (chuparrosa), Cynanthus latirostris (colibrí pico ancho), y Cynanthus sordidus (colibrí oscuro). Hay algunas como Selasphorus rufus (zumbador Rufo) y Archilochus colubris (colibrí de garganta roja), que son migratorias y pasan el invierno en esta urbe.


Anillamiento de colibríes

La participación de la ornitóloga universitaria no se limita a la creación de jardines artificiales para estas especies, sino también en otro importante proyecto destinado a su estudio poblacional en la Reserva del Pedregal de San Ángel, en Ciudad Universitaria.

Se trata de la primera estación de anillamiento, que se inscribe en la iniciativa para la Conservación de Aves de América del Norte e involucra a instituciones gubernamentales, de la sociedad civil y universidades de Canadá, Estados Unidos y México.

En la Reserva del Pedregal “contamos con trampas para anillar a los colibríes que se refugian, procedimiento que realizamos dos veces por mes y que nos ha permitido determinar la presencia de por lo menos nueve especies, entre ellas Amazilia beryllina, Cynanthus latirostris y Cynanthus sordidus. Pero además la gran mayoría de especies endémicas de Estados Unidos y Canadá, que arriban en septiembre y se van en marzo”.

A un año de iniciado el proyecto, añadió, “llevamos anillados un promedio de 150 animales, con los que podemos iniciar un estudio demográfico y determinar tipo de alimentación y plantas que polinizan, entre otras”.

Asimismo, comentó que colabora en la elaboración de una guía de identificación de colibríes de México y Norteamérica, que contendrá dibujos, mapas y una descripción –en español e inglés– de estas aves; será editada por Conabio como parte del proyecto de generación de ciencia ciudadana, para involucrar a la población en su conocimiento.

Boletín UNAM-DGCS-069

Ciudad Universitaria.