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Conmemora la UNAM año Internacional de la Energía Sostenible para todos.

 
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Con múltiples actividades, esta casa de estudios se suma a la iniciativa de la ONU. El objetivo, promover y aprovechar el uso de los servicios energéticos renovables, que incentivan la productividad, la salud y la educación
Con múltiples actividades, esta casa de estudios se suma a la iniciativa de la ONU. El objetivo, promover y aprovechar el uso de los servicios energéticos renovables, que incentivan la productividad, la salud y la educación

27 de Agosto del 2012

La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó al 2012 como Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos. Al respecto, la UNAM desarrollará un programa académico, científico y cultural, encaminado a promover y aprovechar el uso de los servicios energéticos renovables, que incentivan la productividad, la salud y la educación, y permiten un desarrollo sustentable de los individuos y del planeta.

El programa, que iniciará mañana, se extenderá hasta mayo de 2013; incluirá talleres, conferencias, seminarios, concursos, conciertos, mesas redondas, visitas guiadas a los museos universitarios, unidades multidisciplinarias, y al Centro de Investigación en Energía (CIE) en Temixco, Morelos, entidad donde se hace investigación respectiva.

También, se editará una serie de libros de divulgación para niños, así como las memorias de las actividades de este encuentro. Habrá diversas actividades lúdicas al aire libre, en las Islas de CU y en el Zócalo capitalino. Además, se estudia la posibilidad de iluminar por la noche una vía importante con energía humana, es decir, con el uso de bicicletas estáticas, que al ser pedaleadas, generarán iluminación sostenible.

Se pretende difundir tecnologías existentes o hechas en la UNAM, basadas en fuentes renovables, disponibles para todos.

Al respecto, Claudio Estrada Gasca, director del CIE, explicó que esta iniciativa responde a los objetivos de los Grandes Retos del Milenio, relativos a la erradicación de la pobreza; uno de ellos es el desarrollo sustentable del planeta. No obstante, actualmente sólo una tercera parte de la población mundial tiene acceso a la energía moderna, electricidad y combustibles.

Para alcanzar un desarrollo sostenible e integral, es necesario que el resto no sólo pueda hacer uso de esa energía, sino que también acceda a aquella que se obtiene de fuentes naturales, como eólica, geotérmica, hidroeléctrica, solar y biomasa.

La electricidad es una de las grandes revoluciones del ser humano, y una fuente energética nos brinda calidad de vida. La economía mundial se mueve fundamentalmente por hidrocarburos; 8% de la energía primaria proviene de estos recursos contaminantes, que contribuyen al efecto invernadero y, por el contrario, se desaprovechan las fuentes naturales para generar electricidad, refirió.

En tanto, Alipio Calles Martínez, académico de la Facultad de Ciencias (FC), y designado por el Consejo Técnico de la Investigación Científica como coordinador del programa de actividades, opinó que es una obligación de la Universidad y del país “entrarle al tema del uso de las energías sustentables, y sensibilizar a la sociedad en torno a sus beneficios para una mejor calidad de vida”.

En países como el nuestro, en vías de desarrollo, la energía no está al alcance de toda la población, “esto es algo que tenemos que reconocer, y la UNAM pondrá su granito de arena para hacer notar esa desigualdad, y que las autoridades correspondientes la incluyan en las políticas gubernamentales”.

Asimismo, reconoció que el gobierno federal cuenta con una política alrededor de este campo. No obstante, ese esfuerzo es insuficiente. “Se requiere uno mayor, no sólo por parte de las autoridades federales, sino también de científicos y tecnólogos”.

Finalmente, expuso que un territorio sin energía eléctrica está condenado a ser pobre, a no desarrollarse económicamente. “Debemos promover su uso eficiente y sustentable”.

Boletín UNAM-DGCS-526
Ciudad Universitaria.

Técnicas de manejo agropecuario que no dañan el suelo

 
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Los sistemas silvopastoriles permiten una autorregulación y, por lo tanto, no requieren el uso de agentes químicos externos.
Los sistemas silvopastoriles permiten una autorregulación y, por lo tanto, no requieren el uso de agentes químicos externos.

08 de Agosto de 2012

Sistemas silvopastoriles no solo mejoran la producción de las practicas agropecuarias, sino que contribuyen a mantener y a aumentar la estabilidad del suelo en el tiempo.

Una buena calidad del suelo es indispensable para que las prácticas agropecuarias sean productivas. Esta calidad puede ser alta o baja dependiendo del tipo de usos que se le den y del tipo de técnicas que se utilicen. Es decir, se podría observar un deterioro progresivo de esa calidad a través del tiempo, una estabilización o un mejoramiento progresivo.

Esto último puede ocurrir en el momento en que hay una conversión de pasturas convencionales en sistemas silvopastoriles. Ese mejoramiento de la calidad del suelo depende, en gran medida, de la diversidad de organismos presentes. Cuando hay un cambio en el manejo agropecuario, como ocurre en el caso de sistemas agroforestales, se ha evidenciado una alta resiliencia, es decir, la capacidad de recuperarse rápidamente de embates físicos, debido a su alta biodiversidad.

Según Victoria Eugenia Vallejo Quintero, docente de la Universidad Central y directora de la línea de investigación en Tecnologías Ambientales: “Cuando se da la conversión, los sistemas agroforestales tratan de imitar las condiciones que ocurren en bosques o en sistemas naturales. Entonces, presentan un componente arbóreo predominante que favorece tanto el crecimiento como la actividad biológica y la biodiversidad”.

Estos, además, proveen una serie de servicios ecosistémicos que se ven reflejados en una mayor fertilidad del suelo y, en el caso de los microorganismos, un mejoramiento en el ciclaje de nutrientes. Además, da lugar a un progreso en la estructura edáfica y el control biológico.

En conclusión, los sistemas silvopastoriles permiten una autorregulación y, por lo tanto, no requieren el uso de agentes químicos externos, lo que, de antemano, se traduce en una ganancia económica.

Se caracterizan por tener una alta densidad de arbustos forrajeros (más de 10.000 por hectárea), asociados a pasturas de alta producción de biomasa, y árboles nativos o introducidos en un sistema de pastoreo rotacional.

A propósito de lo anterior, la docente explica: “el componente arbóreo mejora las propiedades edáficas, constituye hábitats para organismos y fomenta la formación de islas de fertilidad debajo del dosel (copas del árbol). Además, la incorporación de árboles produce un ciclaje más eficiente de nutrientes, un microclima favorable, un control de la erosión (debido a la hojarasca que cubre la superficie del suelo) e impide el impacto directo de las gotas de lluvia”.

En definitiva, la académica recomienda pasar de un sistema de pasturas tradicionales a uno silvopastoril que sea lo más parecido posible a uno natural. Esto aumenta la producción y es amigable con el medioambiente, pues el suelo no se degrada y, por lo tanto, no hay que recurrir a prácticas expansivas que terminen por destruir bosques sin necesidad.

Esta reflexión académica se llevó a cabo en el II Congreso Colombiano de Silvopastoreo, organizado por la Facultad de Ciencias Agrarias de la UN en Medellín.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co

Hongos ayudarán a generar energías limpias

 
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Los hongos ligninolíticos producen zetas que tienen la capacidad de degradar el polímero de lignina.
Los hongos ligninolíticos producen zetas que tienen la capacidad de degradar el polímero de lignina.

11 de junio de 2012

Hongos ligninolíticos pueden ser usados biotecnológicamente para degradar la lignina y aprovechar la biomasa vegetal como materia prima renovable, lo que contribuiría a desarrollar energías limpias.

Así lo afirmó Susana Camarero, científica titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, que explico que el objetivo principal de estudiar estos hongos y sus enzimas radica en “la obtención de combustibles, materiales y productos químicos (biotecnología blanca) a partir de recursos vegetales renovables. El propósito final es contribuir al desarrollo sostenible de nuestra sociedad y reducir el calentamiento de la biosfera a través de una reducción en el consumo de recursos fósiles”.

Los hongos ligninolíticos producen zetas que tienen la capacidad de degradar el polímero de lignina, principal componente de la materia vegetal después de la celulosa. La mayoría de estos hongos pertenecen al grupo Basidiomycetes y son los más eficaces para degradarla.

“Estos hongos son capaces de degradar este polímero gracias a la secreción de unas enzimas extracelulares que son oxidoreductasas, que, además, les permiten degradar una gran cantidad de compuestos aromáticos recalcitrantes”, explica Camarero.

Esta degradación es un paso clave en el reciclado del carbono en los ecosistemas terrestres y un aspecto central cuando se piensa hacer uso a nivel industrial de la biomasa vegetal en biorrefinerías, para la producción de combustibles, productos químicos y otros que no sean derivados del petróleo.

“El carbón orgánico está en su mayor parte fijado en la lignocelulosa y, realmente, el aprovechamiento de esta sustancia como materia prima renovable es una cuestión que está muy en boga hoy en día, dado el problema de la carestía de los recursos fósiles. Llegará  el momento en que tengamos que hacer uso de otras energías. En este aspecto se investiga la biomasa vegetal no alimenticia para aprovecharla en biorrefinerías y generar energía a partir de ella. De hecho, ya hay en curso varias plantas de este tipo a escala piloto, pero se hacen necesarios más esfuerzos científicos y políticos”, concluye Camarero.

El CSIC es la mayor institución pública dedicada a la investigación en España y la tercera de Europa. Su objetivo fundamental es desarrollar y promover investigaciones en beneficio del progreso científico y tecnológico.

Actualmente, concentra muchas de sus investigaciones en la línea de las energías limpias y la biotecnología, que es la aplicación de los organismos vivos o de sus enzimas para la producción sostenible de compuestos químicos, materiales, biocombustibles, etcétera.

La biotecnología puede ayudar a reducir el impacto ambiental y a tener procesos más limpios y eficientes. En concreto, puede aportar soluciones innovadoras para diferentes procesos, lo que los optimiza, reduce su impacto y contribuye al desarrollo de productos adicionales.

La doctora Camarero estuvo en la UN gracias a la Dirección de Investigaciones de la sede (DIME).

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co

Fotovoltaica y Biomasa, nuevas energías alternativas para el campo

 
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27 de mayo de 2011

Hoy en día México apuesta por el desarrollo de nuevas fuentes de energías alternativas que se fundamenten en la sustentabilidad, con la finalidad de diversificar el portafolio energético y reducir los costos de las que se emplean actualmente, indicó la doctora Julieta Evangelina Sánchez Cano, académica de la Universidad Juárez del Estado de Durango.

En el Paraninfo del Edificio Carolino de la BUAP, al participar en el Octavo Congreso Nacional de la Asociación Mexicana de Estudios Rurales A. C. en su ponencia Energías alternativas para el campo mexicano, señaló que éstas podrían ser la Fotovoltaica y Biomasa.

“La energía Fotovoltaica puede incidir primordialmente en el mejoramiento de las condiciones de vida en zonas rurales, porque puede emplearse en el bombeo de agua potable, comunicaciones, sistemas domésticos, iluminación y conservación de alimentos, entre otros. Tiene una gran variedad de aplicaciones”.

Informó que las metas que se ha propuesto el gobierno con respecto a éste sistema es construir paneles solares, “para que en 2013 se tengan instalados 25 Mega-watts con tecnología fotovoltaica que generen 14 Giga-watts al año”.

Otra energía alternativa de gran impacto es la Biomasa, donde su principal aplicación es a nivel doméstico, sobre todo en estufas de leña, mismas que tienen que ser mejoradas para reducir el humo y la tala de árboles.

La Investigadora comentó que el proceso tecnológico ha contribuido a incrementar la eficiencia energética, reduciendo el consumo de energía por unidad de producto, “su uso en términos absolutos ha crecido a una tasa del 2.1 por ciento anual en las tres últimas décadas”.

Paradójicamente, reconoció, algunas comunidades rurales -especialmente indígenas-, no disponen de energía eléctrica ni mucho menos de sistemas de agua potable y servicios de comunicación.

Por otra parte, dijo que no debe perderse de vista el mejoramiento económico, medioambiental y social de las zonas rurales mexicanas, así como el fomento del desarrollo humano, que mejoren la calidad de vida de las personas.

Sánchez Cano destacó que el crecimiento económico es una condición necesaria, pero no suficiente para el desarrollo, ya que el nivel de pobreza en el país integra al 50 por ciento de la población, siendo éste un tema emergente de solución.

“El índice de Desarrollo Humano considera tres ejes: esperanza de vida, niveles de educación y renta per cápita, pero no considera los aspectos medioambientales”, advirtió la especialista.

Aclaró que “si se quiere mejorar el medio ambiente y las comunidades rurales, se debe generar un crecimiento sostenible que impacte sobre el nivel de pobreza”.

Créditos: BUAP/Comunicación Institucional/buap.mx