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Arroz modificado requiere menos urea

 
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cultivo

19 de agosto de 2015

Palmira, ago. 19 de 2015 – Agencia de Noticias UN- La investigación surgió después de repensar el escenario de los agricultores, con miras a ofrecerles la posibilidad de usar menos nitrógeno (N), lo cual beneficia su bolsillo y el medioambiente. Continue reading Arroz modificado requiere menos urea

Hongos de las orquídeas protegen cultivos de arroz.

 
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Las micorrizas de las orquídeas disminuyen la patogenicidad de los cultivos de arroz. Se espera que tengan el mismo efecto en otros cultivos.
Las micorrizas de las orquídeas disminuyen la patogenicidad de los cultivos de arroz. Se espera que tengan el mismo efecto en otros cultivos.

20 de Septiembre del 2012
El uso de micorrizas de las orquídeas disminuye el nivel de patogenicidad de los cultivos de arroz, al funcionar como una vacuna contra plagas. Se espera emplearlas en otras plantas.

Después de inocular plántulas de arroz con hongos de las raíces de las orquídeas (o micorrizas) en condiciones de invernadero, investigadores del Departamento de Ciencias Biológicas de la UN en Palmira corroboraron un efecto de protección. Pues el hongo actúa como una “vacuna” para la planta y activa sus defensas, lo que le permite evitar el ataque de patógenos.

Este hallazgo permitirá desarrollar nuevas técnicas de biocontrol de plagas que reduzcan las aplicaciones de pesticidas.

“A pesar de que solo hemos trabajado en cultivos de arroz, este trabajo abre muchas perspectivas. Así, queremos evaluar qué pasa fuera del invernadero con otros cultivos, como la papa, uno de los más atacados”, asegura el profesor de la UN en Palmira Joel Tupac Otero, director del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA).

De esta manera, el Grupo de Investigación en Orquídeas de la Facultad de Ciencias Agropecuarias continúa trabajando con otros grupos e instituciones en la implementación de métodos de control eficientes y ecológicos.

De las orquídeas a los grandes cultivos

Se estima que existen unas 30.000 especies de la llamada “flor nacional”, que exhiben llamativos mecanismos de polinización gracias a sus perfumes y contextura.

Estas interactúan con los hongos de sus raíces, de los cuales obtienen nutrientes y ayuda para que sus semillas germinen.

Sin embargo, las micorrizas actúan de una manera diferente en otras plantas, cuando las condiciones físicas de temperatura y humedad son adecuadas para su desarrollo.

“La micorriza patógena penetra en el cuello y bloquea los tejidos vasculares de algunas plantas hasta matarlas. En fríjol, papa, arroz, maíz y algunas plántulas de especies forestales, han sido devastadoras y han causado muchos daños económicos a los productores”, agrega el profesor Otero.

Por esta razón, el trabajo de los investigadores adquiere una mayor importancia, tras usarlas en arroz como mecanismo de defensa.

Finalmente, el trabajo continuará para extender su uso en cultivos en los que aún no se ha identificado resistencia ni tolerancia a plagas, pues la micorriza de la orquídea podría ser una respuesta eficiente y amigable con el ambiente.

Créditos:http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html

Conocer la biología del suelo, clave para sembrar arroz

 
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Expertos del Instituto de Biotecnología han diseñado alternativas para sustituir el uso de fertilizantes de síntesis química por otros que utilizan microorganismos.
Expertos del Instituto de Biotecnología han diseñado alternativas para sustituir el uso de fertilizantes de síntesis química por otros que utilizan microorganismos.

13 de Agosto de 2012

Investigadores del Instituto de Biotecnología de la UN elaboraron un práctico instructivo para que los cultivadores de arroz optimicen sus prácticas agrícolas y obtengan productos de mejor calidad.

El trabajo, elaborado por los profesores Daniel Uribe Vélez, Ivonne Gutiérrez Rojas, Francy Marentes y Javier Vanegas, es el resultado de varios años de indagación científica. Durante estos han estudiado diversos aspectos relacionados con la microbiología de la planta y los suelos donde se cultiva, entre ellos su productividad, su resistencia a plagas, los procesos biológicos que se desprenden por la utilización de fertilizantes y las opciones de biofertilización.

El arroz es uno de los alimentos fundamentales de la dieta colombiana y uno de los principales renglones agrícolas del país. Datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estiman que el consumo por habitante es de 58 kg. En el año 2010, la producción mundial alcanzó los 466 millones de toneladas. De ahí que muchos investigadores alrededor del mundo investiguen este multifacético cereal.

En el instructivo se explican conceptos básicos, como los tipos de microorganismos de interés agrícola que se hallan en el suelo: protozoos (p. ej. Opercularia sp.), hongos (p. ej. Trichoderma sp.), nematodos (p. ej. Protorhabditis sp.) y bacterias (p. ej. Burkholderia sp.).

Si bien algunos de estos pueden afectar a las plantas, la mayoría son benéficos y cumplen funciones muy importantes en el ecosistema, entre ellas: trasformar los fertilizantes para que sus nutrientes puedan llegar a la planta; descomponer y procesar los residuos de vegetales y animales que caen al suelo, lo que deja sus nutrientes disponibles; mejorar la estructura física del suelo; estimular la germinación; y descomponer los plaguicidas.

Dentro de los microorganismos benéficos del suelo se hallan los solubilizadores de fosfato (los que permiten disolver determinadas sustancias en otras), los fijadores biológicos, los descomponedores de materia vegetal, los microorganismos antagonistas y los promotores del crecimiento vegetal.

A la vez, la mayoría de los microorganismos contribuyen de tres maneras a la disponibilidad de nitrógeno (N): atrapándolo, liberándolo de la materia orgánica y trasformando los fertilizantes, como la urea, en dicho elemento.

El instrumento pedagógico, además, les enseña a los campesinos los beneficios de aprovechar los desechos del cultivo, sobre todo la paja (o tamo) del arroz, que es la principal fuente de material orgánico disponible en las fincas arroceras.

Este material absorbe alrededor del 40% del nitrógeno, el 80 u 85% del potasio, el 30 o 35% del fósforo, el 40 o 50% del azufre y entre el 5 y el 63% del silicio. Cuando el tamo se quema, se pierde casi la totalidad del nitrógeno acumulado, el 25% del fósforo, el 20% del potasio y entre el 5 y el 60% del azufre.

La alternativas que exponen los científicos del Instituto de Biotecnología consisten en utilizar microorganismos llamados celulolíticos (como Trichoderma sp.) y ligninolíticos (como Pleurotus sp.). Estos son capaces de descomponer el tamo y liberar los nutrientes.

La recomendación es que, después de la cosecha, se apliquen estos organismos, se deje que los tallos se descompongan por un periodo de dos a tres semanas y luego se incorpore el material al suelo con una labranza superficial.

Esta clase de información, que se presenta de forma sencilla al agricultor, es clave para aumentar la productividad de las parcelas arroceras. Es un ejemplo claro de cómo toda la labor científica de los laboratorios se transforma en una herramienta práctica y útil para el sector agrario del país.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co

Con residuos agroindustriales decoloran aguas contaminadas

 
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Luego de un estado de total coloración, con el proceso físico se puede alcanzar hasta un 92% de aclaración del líquido.
Luego de un estado de total coloración, con el proceso físico se puede alcanzar hasta un 92% de aclaración del líquido.

11 de junio de 2012

A partir de cascarilla de arroz, tusa de maíz y otros residuos agroindustriales, un proceso tecnológico permite decolorar aguas contaminadas.

Sectores como el textil, el farmacéutico y el alimentario son algunos de los mayores contribuyentes de aguas residuales con colorantes, dado que terminan sus productos usando diferentes pigmentos para lograr una presentación visual agradable para las personas. Investigadores de la Facultad de Ciencias de la UN en Medellín descontaminan esos líquidos con residuos vegetales.

La directora del grupo de investigación en Síntesis, Reactividad y Transformación de Compuestos Orgánicos (Syrcor), Angelina Hormaza Anaguano, detalla: “lo hacemos mediante un proceso denominado absorción física, en el que utilizamos esos materiales agroindustriales —que tienen un pretratamiento de lavado, secado y un tamaño determinado en partícula—; luego, por medio de un proceso de filtración, retenemos esos contaminantes, que en este caso particular son colorantes”.

En laboratorio, los investigadores simulan la situación de los colorantes, que quedan disueltos entre un 15% y un 20% en el agua, lo que ocasiona una contaminación que es visible, como la de las industrias que tiñen vestuarios, cuyas aguas van a parar a los ríos.

Hormaza Anaguano, argumenta que, además de decolorar hasta en un 92% las aguas contaminadas, se optimizan “materiales que están en amplia disposición y por los cuales, a veces, no hay que pagar, como la tusa de maíz o la cáscara de arroz”. Según dice, se conoce que el carbón activado es un recurso de muy buenas capacidades de remoción de cualquier tipo de contaminantes, pero muy costoso. Por esta razón, la propuesta se consolida como una alternativa rentable y favorable para el medioambiente.

La metodología decolorante consiste, grosso modo, en tener el agua pigmentada con una concentración y capacidad de absorción establecida por medio de espectroscopia de ultravioleta visible.  Sobre esa solución, se agrega la dosificación del residuo agroindustrial particulado y se somete a un proceso de agitación durante un periodo de tiempo controlado para separar el residuo agroindustrial y la solución colorante.

Una vez que se tienen las aguas decoloradas, estas pueden ser reutilizadas para teñido de floricultura, riegos o para teñir insumos de la misma industria textil, lo que haría viable el proceso para las mismas empresas contaminantes.

Angelina Hormaza resalta que los resultados de esta investigación pueden ser escalados al sector productivo colombiano usando lechos filtrantes para tratar grandes cantidades de agua.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co