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El encogimiento de la Luna podría explicar la presencia de fallas geológicas

 
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Al disminuir el diámetro de la LUNA, la densidad aumenta y, por lo tanto, podría incrementar la fuerza de atracción gravitatoria; en ese caso, el satélite se acercaría gradualmente a la Tierra.
Al disminuir el diámetro de la LUNA, la densidad aumenta y, por lo tanto, podría incrementar la fuerza de atracción gravitatoria; en ese caso, el satélite se acercaría gradualmente a la Tierra.

22 de agosto de 2010

• Se piensa que el satélite no tiene tectónica de placas, pero la formación de fallas podría asociarse a la contracción de su superficie, dijo Daniel Flores, del Instituto de Astronomía de la UNAM
• El hallazgo de la NASA brindará nuevos datos para indagar si tendrá mayor fuerza de atracción gravitatoria y modificará a futuro su relación con la Tierra

El encogimiento de 100 metros en la superficie de la Luna, ocasionado por un enfriamiento interno, recién descubierto por la Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA), podría explicar la presencia de fallas geológicas, afirmó el investigador Daniel Flores Gutiérrez, del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM.

Los expertos consideran que la Luna no tiene tectónica de placas, así que esas fallas, detectadas hace años por las misiones Apolo de la NASA, no han tenido hasta ahora una explicación contundente.

En la Tierra, el choque entre placas tectónicas ocasiona fallas y escarpes –saltos o pendientes que interrumpen la continuidad de una superficie–, pero sin esa dinámica en el satélite, su formación debe obedecer a otro fenómeno.

“El encogimiento de la superficie lunar está relacionado con la observación de esas líneas, que presentan diferencias de niveles entre un lado y otro, y que se formaron hace aproximadamente un billón de años”, comentó el astrónomo.

Una de las hipótesis es que la Luna ha disminuido su diámetro y eso ha producido las fallas. “Esta idea se asocia con su temperatura, que, con esa reducción, descendió, detalló el universitario”.

Sistema Tierra-Luna

Flores consideró que al disminuir el diámetro, la densidad aumenta y, por lo tanto, podría incrementar la fuerza de atracción gravitatoria; en ese caso, el satélite se acercaría gradualmente a la Tierra. “Esto podría significar una modificación en el Sistema Tierra-Luna, aunque es una posibilidad y ocurriría a muy largo plazo”, aclaró.

Hipótesis como ésta, podrán estudiarse con los datos logrados por la NASA, con su Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO, por las siglas en inglés de Lunar Reconnaissance Orbiter), que se encuentra en el espacio desde junio de 2009.

Créditos: UNAM. DGCS-495/unam.mx

Lluvia de estrellas: exhibición de luces en movimiento

 
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Jueves 12 de Agosto de 2010

En su viaje por el espacio, los cometas dejan estelas de polvo y partículas al acercarse al Sol, éstas últimas al entrar en la atmósfera y quemarse, generan una fenomenal exhibición de luces en movimiento denominada lluvia de estrellas, las cuales ocurren más de 20 veces al año.

Como consecuencia de que desde el pasado 20 de julio la órbita de la Tierra cruza la estela dejada por la cola del cometa Swift-Tuttle, se aprecian algunas estrellas fugaces provenientes de la constelación de Perseo (conocidas como perseidas), informó el Doctor Apolonio Juárez Núñez, Profesor Investigador de la Facultad de Físico Matemáticas de la BUAP.

Indicó que las perseidas llegaran a su clímax la noche del 12 al 13 de agosto, y “conforme avance el amanecer se irán incrementando en número hasta llegar a más de 80 estrellas fugaces por hora”.

El también responsable del Laboratorio de Ciencias Aplicadas de esta unidad académica, sugirió a los cazadores de meteoros que comiencen su guardia a partir de las 21:00 horas, noche en la que hay que dirigir la vista al noreste.

“Para obtener mejores resultados en la observación, es recomendable alejarse de las luces de la ciudad; una zona factible para apreciarlas es Valsequillo, siempre y cuando, aclaró, el cielo se encuentre despejado, pues hay que recordar que es época de lluvias”.

Juárez Núñez dijo que no deben utilizarse telescopios, “pues éstos sólo permiten ver un segmento pequeño del cielo, al igual que los binoculares, por ello es recomendable hacerlo a simple vista”.

El investigador destacó que los residuos son del tamaño de un grano de arena y se observarán hasta el 16 de agosto, a una velocidad de 61 kilómetros por segundo, donde “incluso el más pequeño fragmento de polvo produce una vívida estela luminosa”.

Señaló que aunque lluvia de estrellas no es la más intensa, sí es la más popular. Algunas otras son: las cuadránticas, líridas, dracónicas, oriónicas, leónidas y gemínicas, mismas que toman su nombre según la constelación a la que pertenezcan.

Finalizó que “el ser humano tiene una inclinación natural por los fenómenos celestes, pero desafortunadamente el avance de la sociedad científica, tecnológica e industrial no apoya la divulgación de fenómenos astrológicos”.

Por lo que se requiere inculcar el interés por este tipo de fenómenos, sobre todo en el proceso de aprendizaje de los niños; invitando así a todo público a presenciar el clímax de esta lluvia de estrellas la noche del 12 al 13 de agosto.

Créditos: BUAP/Comunicación Institucional/buap.mx

Descubrir exoplanetas del tamaño de la Tierra, reto para los telescopios espaciales

 
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Silvia Torres-Peimbert, investigadora emérita del Instituto de Astronomía de la UNAM.
Silvia Torres-Peimbert, investigadora emérita del Instituto de Astronomía de la UNAM.

24 junio de 2010

• Estos instrumentos, montados en satélites, ayudan a completar las observaciones sobre el Universo que se realizan desde la Tierra, dijo Silvia Torres-Peimbert, investigadora emérita del Instituto de Astronomía de la UNAM
• Hasta el 8 de junio, se habían hallado 455 planetas fuera del sistema solar, comentó

Descubrir exoplanetas, o planetas que se ubican fuera de nuestro sistema solar es uno de los desafíos de la astronomía moderna, ciencia que ha desarrollado telescopios cada vez más potentes para conocer el Universo desde el espacio, y así completar las observaciones que se hacen desde la Tierra.

“Hasta el 8 de junio, con esos grandes instrumentos se habían descubierto 455 exoplanetas”, detalló Silvia Torres-Peimbert, investigadora emérita del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM.

En la conferencia Observaciones astronómicas desde el espacio, ofrecida como parte del evento Exploración espacial en 3D: cien años de la UNAM, añadió que aunque con frecuencia se encuentran nuevos exoplanetas, el principal reto es ubicar los más pequeños, de tallas semejantes a la terrestre.

“Es más complicado encontrar los más pequeños, como la Tierra, y ese es uno de los desafíos de la astronomía actual”, comentó.

Los exoplanetas orbitan una estrella distinta de nuestro Sol, por eso no pertenecen al sistema solar. La mayoría de los conocidos son gigantes gaseosos tan masivos, o incluso más que Júpiter; tienen órbitas muy cercanas a su estrella y periodos orbitales muy cortos.

Hasta ahora, el más parecido a la Tierra es Gliese 581 c, descubierto en 2007, y su masa es cinco veces más grande que la de nuestro planeta.

Científicos de varios países han considerado que ese exoplaneta está en la llamada “zona de habitabilidad” de la estrella Gliese 581, y que podría tener agua líquida en la superficie.

Telescopios espaciales, miradas múltiples

En su ponencia, celebrada en el Salón de Cristal de la Torre de Ingeniería, hizo un recuento de los telescopios que, montados en satélites espaciales, han permitido a los científicos ampliar el conocimiento del Universo y sus astros.

Mientras desde nuestro planeta esos instrumentos detectan en el rango visible, el infrarrojo y a través de ondas de radio, existe una amplia parte del espectro electromagnético que no puede captarse desde el planeta, pero sí desde el espacio.

“Tenemos una atmósfera que nos protege, y no deja entrar rayos ultravioleta, X, ni gamma, emisiones cancerígenas para el humano. Pero en esos rangos se puede observar desde telescopios montados en satélites espaciales”, recordó.

Del otro lado del espectro, el infrarrojo y las ondas de radio sí penetran la atmósfera terrestre, y por eso existen telescopios que observan en esos rangos del espectro electromagnético, explicó.

Torres-Peimbert señaló que los radiotelescopios son útiles para observar la radiación de fondo, vestigio del universo primitivo, así como las nubes moleculares frías, donde se condensan las estrellas.

El rango infrarrojo sirve para indagar las estrellas frías y las regiones de formación estelar, en tanto que el ultravioleta ayuda a estudiar estrellas muy calientes y los remanentes de supernovas, estrellas en agonía o fase terminal.

Los telescopios de rayos X ayudan a indagar regiones de gas caliente y con ondas de choque, mientras que los rayos gamma (que son las emisiones más energéticas del cosmos) contribuyen al estudiar el origen del Universo, y las hasta ahora misteriosas materia y energía oscuras.

La universitaria recordó que el Telescopio Espacial Hubble incluye un equipo óptico (en el rango visible), uno infrarrojo y otro ultravioleta. “Es uno de los más completos y ofrece mucho detalle de los astros”.

En tanto, el nuevo Telescopio Espacial Kepler de la NASA (lanzado al espacio el 5 de marzo de 2009) buscará en el espacio exterior, durante los próximos tres años, planetas extrasolares, y examinará más de 100 mil estrellas semejantes al Sol, ubicadas en la región Cygnus-Lyra de nuestra galaxia, la Vía Láctea.
Créditos: UNAM. DGCS -373/unam.mx

MÍNIMA, LA REDUCCIÓN DE LA DURACIÓN DE LOS DÍAS

 
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REDUCCIÓN DE LOS DÍAS

• Jaime Urrutia Fucugauchi, especialista del Instituto de Geofísica (IGf), explicó que la reducción de 1.26 milisegundos al día, es un cambio muy pequeño e imperceptible en la vida cotidiana
• Lo más importante es la modificación en el vínculo que mantiene la Tierra con la Luna

El movimiento de 2.7 milisegundos provocado por el sismo que se registró en Chile, es un cambio muy pequeño e imperceptible en la vida cotidiana que ocasionará una mínima reducción de la duración de los días, explicó Jaime Urrutia Fucugauchi, especialista del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.

Incluso, la reducción de 1.26 milisegundos al día, agregó, está por debajo de la capacidad de detección experimental de medición.

Luego de que especialistas de la NASA informaran que tras el terremoto chileno de 8.8 grados en escala de Richter, el eje de la Tierra se desvió ocho centímetros, Urrutia Fucugauchi precisó que este efecto no es el más grande e importante, sino la relación que mantiene la Tierra con la Luna.

La interacción entre ambas, explicó, ha ido modificando la duración del día y este cambio ha sido acumulativo. En el periodo precámbrico el día sólo tenía una duración de 10 horas.

Esto, agregó, se debe a que la Luna se aleja paulatinamente y el día es más largo porque la Tierra rota un poco más lento. La intención de medir esto en los temblores, mencionó el investigador del IGf, es conocer si puede o no contrarrestar el efecto.

Entre los investigadores, mencionó, se tiene la teoría de que los milisegundos son acumulativos. Por ello, desde 1960 analizamos si los temblores de grandes magnitudes pueden ocasionar una acumulación de efectos secundarios.

Sin embargo, dijo, esto aún no se puede comprobar porque la capacidad de detección es insuficiente para medir cambios tan pequeños, aunque se mantiene la idea de que los efectos sí se acumulan.

Urrutia Fucugauchi señaló que un .00126 segundo, es decir, una millonésima de segundo, está por debajo de la medición directa de la rotación.

Cualquier redistribución de masa en la superficie de la Tierra provoca el cambio en su velocidad de rotación. Tenemos cambios similares de un milisegundo con las variaciones que sufre el planeta al darle la vuelta al Sol.

En el invierno, sostuvo, la rotación se hace un poco más lenta y el día se incrementa un milisegundo; y en el verano, ocurre lo contrario, la rotación aumenta y el día se hace más corto.

“Si se pone un giróscopo a rotar y se le da un empujón, éste puede ocasionar que gire más rápido o más lento, según sea la intensidad. Este efecto ocurrió con el temblor, es como un empujón que se le dio a la Tierra, lo que ocasionó una modificación en su rotación”, detalló.

Chile tiene los registros de temblores de mayor intensidad. En l960, la magnitud fue de 9.5 en la escala de Richter. “No hay ninguno que se le acerque”.

Para concluir, subrayó que comparando los efectos que causó el temblor de Sumatra en diciembre de 2004 con una magnitud de 9.1, se pensaría que éste tendría efectos más importantes; sin embargo, son menores y se debe a que cuando la perturbación del sismo es en la parte ecuatorial, el efecto es menor, y si se afecta la parte de latitudes más altas, es mayor.
Fuente:
Boletín UNAM-DGCS-136
dgcs.unam.mx

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