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Estrellas de neutrones: pequeñas, densas y superfluidas

 
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Dany Pierre Page Rollinet, del Instituto de Astronomía de la UNAM.
Dany Pierre Page Rollinet, del Instituto de Astronomía de la UNAM.

2 de junio de 2011
• Con una masa hasta dos veces mayor que la del Sol, tienen apenas 20 kilómetros de diámetro, y una de ellas, cabría en una ciudad, afirmó Dany Page, del Instituto de Astronomía de la UNAM
• En su interior tienen un singular estado de la materia, superfluido, donde no hay viscosidad ni fricción
• De ellas, escapan los neutrinos, partículas elementales sin carga eléctrica, cuya masa es tan pequeña que no ha podido medirse

Las estrellas de neutrones son pequeñas, densas, muy energéticas y dentro de ellas, la materia tiene un singular estado: la superfluidez, donde no hay viscosidad ni fricción, afirmó Dany Page, investigador del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM.

Tienen una masa hasta dos veces mayor que la del Sol, pero son del tamaño de una urbe, como de 20 kilómetros de diámetro.

Page hizo un cálculo para explicar la densidad de estos objetos celestes. “Podríamos tomar todos los edificios de la Ciudad de México, Puebla, Toluca y Cuernavaca, y concentrarlos a esa densidad: cabrían en una cucharita sin llenarla. Estamos seguros que las estrellas de neutrones existen y alcanzan estos niveles. Pero ¿de qué está hecha la materia a esas densidades?”, cuestionó.

Fascinado por su singularidad, el universitario viró de la física de altas energías, a la astrofísica, en el momento en que, el 23 de febrero de 1987, se observó una supernova, la primera visible al ojo desde el tiempo de Kepler, y el nacimiento de una nueva estrella de neutrones.

“Fue un mensaje del cielo”, dijo, tras confirmar que actualmente se conocen alrededor de dos mil 500 de ellas, aunque los astrónomos estiman que en la Vía Láctea hay cientos de millones, es decir, que cerca del uno por ciento de las estrellas de nuestra galaxia son de neutrones.

“Unas dos mil se conocen porque emiten ondas de radio, y hay otras, entre 300 y 500, que no emiten en radio y se captan con rayos X porque son muy energéticas”, indicó.

Composición

Respecto a su conformación, algunas estrellas de neutrones están solas, otras tienen una compañera y acrecientan material de ella. Algunas son jóvenes y todavía emiten radiación por su alta temperatura, o emiten pulsos en ondas de radio, por lo que se llaman pulsares. Las que acrecientan materia de su estrella compañera se vuelven tremendamente calientes, y comúnmente el material acrecentado produce explosiones termonucleares, llamados estallidos de rayos X, explicó.

Estos astros nacen si muere una estrella masiva. “Una estrella normal está principalmente formada con hidrógeno y helio, y durante su vida transforma estos en elementos cada vez más pesados. Las que tienen una masa superior a unas 10 veces la del Sol, alcanzan a producir hierro en su núcleo, que crece cada vez más, y llega un momento en que la gravedad que produce este núcleo denso es tan fuerte, que la materia no aguanta la fuerza y se empieza a colapsar. Este colapso del núcleo de hierro produce una estrella de neutrones e induce una gigantesca explosión del resto de la estrella”.

Este último proceso se observa como supernovas, pero el desplome forma la característica concentración muy energética en pocos kilómetros, algo muy pequeño para su densidad y el tamaño habitual de esos cuerpos celestes. “Una vez formadas, son casi indestructibles”, afirmó Page.

La revelación de Cassiopeia A

En su tesis doctoral, Page se percató de la importancia de la superfluidez en la evolución de las estrellas de neutrones. “Son las únicas que presentan ese fenómeno, que también se puede reproducir en laboratorio, pero a muy bajas temperaturas, a unos pocos grados Kelvin, muy cerca del cero absoluto”, abundó.

Si se reproduce en un laboratorio, un superfluido capturado en un tubo cerrado corre ininterrumpidamente sin perder energía por fricción, pues no es viscoso.

En altas temperaturas, ese estado se produce en sistemas de enorme densidad y alta energía, como la estrella de neutrones Cassiopeia A, con la que Page y sus colaboradores del IA, por un lado, y un grupo de colegas rusos, por otro, comprobaron la superfluidez a inicios de este 2011.

La revelación de Cassiopeia A significó para el investigador pasar de la teoría a la práctica, pues la superfluidez se estudia teóricamente hace más de 50 años, pero ahora Dany Page, en la UNAM, y sus colaboradores, y el grupo de Peter S. Shternin, del Instituto Físico-Tecnológico Ioffe de San Petersburgo, Rusia, observaron el singular fenómeno en Cassiopeia A, una estrella de neutrones ubicada a 11 mil años luz de distancia, en la vecindad del Sistema Solar.

Cassiopeia A, que se observó con el telescopio de rayos X del satélite Chandra, se ubica en el centro del remanente de una supernova, es decir, una estrella en agonía que para morir explotó hace 330 años (muy poco tiempo en términos astronómicos), y es la estrella de neutrones más joven conocida.

Estudio de neutrinos

La superfluidez de las estrellas de neutrones acentúa la emisión de neutrinos, partículas elementales sin carga eléctrica, cuya masa es tan pequeña que no ha podido medirse. Los neutrinos se originan en condiciones muy especiales y, una vez producidos, no interactúan con la materia, por lo que el Universo es casi transparente para ellos.

Las reacciones nucleares que proporciona la energía del Sol (fusión del hidrógeno en helio) también produce neutrinos: millones de ellos nos atraviesan cada segundo sin que nos enteremos, y luego la Tierra, sin que ellos se den cuenta.

Los neutrinos son una fuga de energía en las estrellas, pues una vez producidos se escapan y se llevan energía.

En algunos casos, como en las estrellas de neutrones jóvenes, la pérdida de energía por neutrinos, desde el interior de la estrella, supera mucho la pérdida de energía debida a la emisión de fotones, desde la superficie de la estrella. “Para explicar el enfriamiento rápido observado en Cassiopeia A, necesitamos una pérdida que supere a la de los fotones por una factor 10 mil: sólo los neutrinos pueden hacer esto”, comentó Page.

Para formar un superfluido, los neutrones tienen que aparearse; forman “pares de Cooper”. Se puede comparar este proceso a un baile en una fiesta de adolescentes: las parejas se forman, se separan, y otras lo vuelven a hacer. Si un “par de Cooper” de neutrones se forma puede emitir un par de neutrinos y la repetición del proceso resulta en una enorme pérdida de energía, que explica el enfriamiento rápido observado en esta joven estrella de neutrones en Cassiopeia A.

Para mayor información, visitar las siguientes ligas: APS (American Physical Society), artículo “A Stellar Superfluid” http://physics.aps.org/viewpoint-for/10.1103/PhysRevLett.106.081101

RAS (Royal Astronomical Society), artículo “Superfluid and Superconductor discovered in a star’s core”
http://www.ras.org.uk/news-and-press/217-news2011/1925-superfluid-and-superconductor-discovered-in-a-stars-core

NASA, artículo “NASA’s Chandra Finds Superfluid in Neutron Star’s Core”
http://chandra.harvard.edu/photo/2011/casa/

Science@NASA en YouTube, artículo “ScienceCasts: Superfluids”

Créditos: UNAM-DGCS-325-2011/unam.mx

Compila la UNAM legado astronómico del país

 
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Ejemplar del libro Legado Astronómico, presentado por investigadores de la UNAM.
Ejemplar del libro Legado Astronómico, presentado por investigadores de la UNAM.

29 de mayo de 2011

• El libro, editado por esta casa de estudios, integra los trabajos de 32 investigadores, informó William Lee, director del Instituto de Astronomía
• En la obra se abordan aspectos etnográficos de la arqueoastronomía en Mesoamérica

Miradas distintas provenientes de disciplinas como astronomía, historia, matemáticas, antropología y pintura se entretejen en el libro Legado Astronómico, donde 37 autores unen su interés por observar el cielo y compartir conocimientos que se han descifrado en el país, desde sus orígenes más lejanos.

Este ejercicio colectivo de multidisciplina, editado por la UNAM y coordinado por los investigadores del Instituto de Astronomía Margarita Rosado Solís, J. Daniel Flores Gutiérrez y José Franco López, reúne en 250 páginas, los 32 trabajos presentados en el Congreso El legado astronómico de nuestros ancestros, celebrado en 2009, en el marco de los festejos del Año Internacional de la Astronomía.

En sus búsquedas, los autores recorren múltiples atajos hasta mostrar una ruta, la del conocimiento en la materia, en la que México ha sido fértil en las culturas mesoamericanas, en la Colonia y en la era contemporánea, con personajes que han fundado escuela dentro y fuera de las aulas, a veces con la observación del cielo de manera empírica, y otras como precursores de esta disciplina científica.

El texto, dijo en la presentación William Lee Alardin, director del Instituto de Astronomía, es una recopilación organizada en tres grandes áreas, que inician con la Colonia, dedican un apartado a personajes centrales de esta ciencia mexicana, y profundizan en el legado prehispánico, que tuvo un interés fundamental en conocer cómo funciona el Universo y realizar calendarios.

En su oportunidad, Margarita Rosado destacó que México es muy rico en estudios del cielo y de los objetos cósmicos desde tiempos ancestrales.

Daniel Flores subrayó el esfuerzo colectivo de la obra, que une intereses de las ciencias exactas y sociales. “Este trabajo conjunto continuará con un nuevo congreso en febrero o marzo del 2012”, adelantó.

Por su parte, José Franco calificó la publicación como “un eco del 2009” y una oportunidad de reflexión. “Artes, ciencias sociales y antropología ligadas a la astronomía propician una reflexión acerca de la importancia de contar con una política de Estado para generar conocimiento e impulsar la ciencia”, señaló.

Comentarista, Patrick Johansson, del Instituto de Investigaciones Históricas, reveló que la lectura produce placer y gozo. “Esta disciplina nos hace pensar en el futuro y en los sabios que leen el cielo. Pero también lo leyeron en el pasado, y de ellos, se ofrecen muchos elementos, como el desarrollo de calendarios, forma de domesticar el tiempo”, consideró.

De la Colonia a la cámara Schmidt

La primera parte, recorre la historia desde la Colonia hasta la cámara Schmidt, el famoso telescopio instalado en 1942 en Tonantzintla, Puebla, que dio inicio a la astrofísica moderna en México.

También narra el desarrollo del Observatorio de San Pedro Mártir, en Baja California, donde hasta la fecha se realiza ciencia de primer nivel mundial; y presenta un análisis de la divulgación en el siglo XIX, a través de una revisión hemerográfica de revistas de esa época.

Respecto a lo académico, contiene una revisión de cómo ha sido la carrera en la Facultad de Ciencias de la UNAM, y otra, sobre la utilidad de esa disciplina para la Secretaría de Fomento, en el naciente México independiente, pues esa dependencia pública era la encargada de determinar el tiempo y la posición de ciudades y lugares de interés nacional.

Precursores

La segunda parte está dedicada a los precursores de la astronomía en México. Se dedican capítulos a Paris Pishmish, la primera profesionista que tuvo el título de astrónomo en el país; a Francisco Javier Escalante Plancarte, que realizó observaciones en Marte; y a Luis Enrique Erro, en una revisión “de carne y hueso” que revela su vida familiar y su personalidad, además de sus aportes.

En este grupo también se dedican capítulos a Joaquín Gallo Monterrubio, director del Observatorio Astronómico Nacional de Tacubaya (inaugurado en 1878 durante el Porfiriato); a Felipe Rivera, quien desde Zinapécuaro, Michoacán, observó en 1901 la estrella “Nova Persei”; y a José Antonio Alzate, quien fuera presbítero, investigador y padre de la divulgación científica novohispana. Además, se presenta un apartado sobre lo que significó ser astrónomo durante el Porfiriato.

Arqueoastronomía, ciencia y símbolo

La tercera parte, se dedica al desarrollo de culturas mesoamericanas como la maya, náhuatl y teotihuacana, entre otras.

Se presentan textos referentes a la cosmovisión mesoamericana de la Luna; la conjunción de montañas y astros; los signos de Mesoamérica; el saber teotihuacano y la planeación urbana de esa cultura ligada al cosmos.

También, se abordan aspectos etnográficos de la arqueoastronomía en Mesoamérica; la matemática de los mayas; la orientación calendárico-astronómica en La Venta; los tránsitos de Venus desde los mayas hasta la Unidad Astronómica; la duración del tiempo medida por los mayas; los estudios de esa disciplina en El Tajín; la astronomía en Tetzcotzingo y la influencia astronómica en la arquitectura de Calixtlahuaca.

Otros capítulos se refieren a los textos de Fray Andrés del Olmo y su revisión de los astros y dioses en el México prehispánico; a la traza urbana de Puebla, influida por un legado arqueoastronómico; a la influencia de la astronomía del siglo XVII en la pintura; y a la categoría de patrimonio astronómico frente al patrimonio cultural.
Créditos: UNAM-DGCS-318-2011/unam.mx

Niños que aprenden ciencia en la sierra de Puebla

 
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El Laboratorio de Ciencias de la UNAM busca brindar herramientas sólidas de aprendizaje a comunidades tradicionalmente desatendidas.
El Laboratorio de Ciencias de la UNAM busca brindar herramientas sólidas de aprendizaje a comunidades tradicionalmente desatendidas.

15 de agosto de 2010

• La comunidad de Vista Hermosa apenas cuenta con agua potable y electricidad, pero tiene un Laboratorio de Ciencias, donde los pequeños indígenas descubren los principios de la biología, química, física y astronomía
• Se trata de una iniciativa del CCADET de la UNAM, que busca enseñar a infantes de comunidades tradicionalmente desatendidas los cimientos del saber científico

“¡Tajkatik!”, así se dice “buenos días” en náhuatl, y así es como Josué saluda a sus compañeros y a su profesor todos las mañanas antes de entrar al salón de clases, pero en esta ocasión lo hace cargando una pelota roja que recién le regalaron por el Día del Niño. Tiene 10 años y estudia el quinto grado en la primaria General Juan Francisco Lucas, ubicada al borde de una cañada, en lo más alto de la sierra poblana.

Esta comunidad indígena de poco más de mil habitantes se llama Vista Hermosa, no cuenta con un solo teléfono y apenas dispone de agua potable, pero tiene un laboratorio donde los pequeños aprenden física, química, biología y astronomía gracias a una iniciativa del Centro de Ciencias Aplicadas y Desarrollo Tecnológico (CCADET) de la UNAM, proyecto en el que además colaboran la Dirección General de Educación Indígena (DGEI) de la SEP, y la Universidad Pedagógica Nacional (UPN).

“Pocas veces se ha llevado un plan tan ambicioso a una comunidad indígena”, comentó Leticia Gallegos, coordinadora del Grupo de Cognición y Didáctica de la Ciencia del CCADET, quien añadió que para lograrlo fue necesario reunir diversas condiciones y hallar un poblado dispuesto a abrirles las puertas, “algo que no siempre es fácil”.

Sin embargo, aquí no fue así. Desde un principio, los profesores se sumaron a la propuesta universitaria, “primero con un poco de reservas, pero después de lleno, porque con esto no sólo los niños aprenden, sino también nosotros, como docentes”, compartió Fidel Santiago, director de esta escuela.

“No por ser maestros lo sabemos todo; ahora entiendo por qué hay eclipses, cómo se combinan los colores y por qué Plutón ya no es un planeta; ahora quiero que me expliquen cómo corre el tiempo”, añadió.

“Y yo lo que quiero es que me regresen mi pelota roja, pues la usaron en el laboratorio para explicarnos, con un foco, cómo es que se hace de día y de noche, pero ya es la hora del recreo y la necesito para jugar basquet”, dijo Josué con una mueca.

Un espacio para todos

La gente de Vista Hermosa no entiende el concepto de propiedad privada, o al menos no como la mayoría. “Aquí todo es de todos y, por eso, cada quien coopera por el bien común. Por ejemplo, cuando el pueblo necesita algo, nos reunimos y organizamos las faenas (trabajo colectivo), que pueden ir desde dar mantenimiento a los pocos tramos de asfalto que hay en la carretera o atender entre todos a un enfermo”, señaló don Pedro, quien se dedica a la siembra y a cuidar a sus siete borregos (originalmente eran ocho, pero a uno se lo tragó la cañada).

Así, hace poco más de un año, cuando el equipo de Gallegos llegó con la propuesta de acondicionar un salón de clases como laboratorio, todo el pueblo se sumó a los trabajos. “Si nos van a dar un centro tan bien equipado, ¿por qué dejar que los demás instalen algo que también nos corresponde?”, preguntó don Pedro.

La pequeña escuela donó una de sus aulas, “lo cual es decir mucho, pues se quedaron sólo con tres para atender a todos los niños”, expuso Xóchitl Bonilla, investigadora de la Universidad Pedagógica Nacional y participante del proyecto, quien añadió que le sorprendió la buena disposición de la comunidad hacia el equipo y el darse cuenta de que aunque ellos llegaban con mucho que dar, también recibieron mucho.

“Nosotros viajamos con los 30 años de experiencia que ha acumulado el grupo del CCADET desde su creación, y el pueblo nos recibió con esa sabiduría que ha atesorado a lo largo de siglos”, expuso la también bióloga.

“Si desde que llegaron, lueguito se veía que venían a hacer las cosas en serio, no como otros”, señaló doña María Carmen, madre de Erick y quien cocina una vez por semana para todos los niños del colegio.

“Acá, desde el principio, nuestros hombres llegaron con botes de pintura blanca y brochas, nosotras con escobas y la olla de frijoles para la hora del taco, e incluso las investigadoras, así tan estudiaditas como las ve, andaban con su trapeador escurriendo jabón de aquí para allá”.

El resultado fue un salón perfectamente limpio, con un televisor de 20 pulgadas empotrado a la pared, nueve mesas, 18 sillas, una computadora y estantes con plastilina, pintura acrílica, espejos, globos terráqueos, espejos, lámparas y todo tipo material, mucho del cual fue desarrollado en el mismísimo Centro de Ciencias Aplicadas y Desarrollo Tecnológico.

“Este proyecto se llama Construcción del Pensamiento Científico en Diversas Realidades Contextuales, y para acercarlo aún más a la comunidad de profesores participantes, les pedimos que tradujeran este nombre al náhuatl; tras mucha discusión, el resultado fue Kaltaixmatilis Semanauak, es decir, casa del saber del mundo”, acotó Gallegos.

Descubriendo nuevos mundos

En náhuatl no hay una palabra equivalente a planeta, por lo que, a la hora de estudiar el Sistema Solar, los alumnos deben elaborar este concepto prácticamente desde cero, y en esta tarea, el Laboratorio de Ciencias resulta fundamental.

“Este proceso es sumamente interesante, sobre todo cuando lo vemos en niños muy chiquitos, pues este proyecto atiende a infantes desde los tres hasta los 12 años”, expuso Elena Calderón Canales, encargada de entrevistar a los pequeños indígenas para registrar su progreso.

Así, con esferas de unicel, globos terráqueos y lámparas incandescentes que emulan el Sol, estos infantes se olvidan por un momento que están en lo alto de la sierra de Puebla y se lanzan a una expedición cósmica que tiene por única misión entender cómo se produce el día y la noche, por qué cambian las estaciones y cómo se ocurren los eclipses.

“Quizá lo más complicado sea hacer que entiendan qué es un planeta, pues al principio creen que se trata de bolitas de masa, como las que ellos avientan al techo cuando juegan, sólo que éstas se fueron tan alto que terminaron incrustadas en el cielo. Entonces, lo que hacemos es explicarles que son más bien como una sitalin, es decir ‘estrella’, y al mismo tiempo una talyikpak, que es como le decimos nosotros a la Tierra”, explicó el profesor José, encargado de dar clase a niños de primero y segundo.

Para Josué, el dueño de una gran pelota roja y amante del basquetbol, ésta es la clase que más le ha gustado. “¿Sabías que hay lugares como aquí, pero allá en el espacio? Cuando es de noche y el cielo está limpio, me gusta levantar la mirada y buscarlos, porque si como me dicen, quizá hay mundos igualitos a éste, pero allá arriba, quizá haya otro niño como yo asomándose para ver dónde vivo, y yo quiero saludarlo”.

La semana de colores

Otra de las lecciones que reciben los pequeños es cómo formar colores. “Les damos pinturas vinílicas azules y amarillas y les enseñamos que al mezclarlas se forma el verde, o que el rojo con azul da morado”, explicó Beatriz García Rivera.

Primero con plastilina y luego con pinturas, los niños intentan reproducir los matices que los rodean. “Con azul y negro se hace el tono de la noche”, comentó Esteban, mientras que su hermana Lupita añadió “y con azul y un poco amarillo tenemos el color jegüite (hierba)” “Estos niños me enseñan mucho”, dice doña Brígida, madre de Este y Lupis (como les dice), “esto de que los colores se pueden mezclar, no tenía ni idea, para mí el verde era sólo verde, ahora es mucho más”.

Sin embargo, en lo que a cromatismos corresponde, no hay nadie como Marco Polo, quien mezcla colores con mucha naturalidad y es capaz de diferenciar el rojo del carmín, o reproducir con naturalidad el color piel con un poco de blanco, rojo, amarillo y café, “porque la piel no es rosita como nos dicen, ¿o sí?”, dijo mientras estiraba sus brazos morenos frente a sí, como para comparar tonalidades.

“A este niño no le tuvimos que enseñar nada, él, de colores, ya lo sabe todo, si desde siempre ha sido muy independiente, tanto que se apellida Iturbide Guerrero”, bromeó su profesor. La verdad es que el padre de Marco es pintor, de hecho, el señor Iturbide fue quien se encargó de enjalbegar las paredes del Laboratorio de Ciencias, “y si me dejan a mí, yo las pinto más bonito”, remató Marco Polo.

Y como para aprender estos niños “se pintan solos”, además de hacer mezclas en paleta y pincel, los pequeños también han aprendido que la luz blanca se descompone en colores al pasar por un prisma. “Al principio me asusté porque observé un arco iris y en el pueblo nos han enseñado que son una cosa tan mala que con tan sólo señalarlos se te seca el dedo, pero aquí vi que hasta son bonitos. Ya no les tengo miedo”, platicó Miguel Ángel, un niño de la comunidad vecina de Tecapagco, que también participa en el proyecto.

Enseñando a enseñar

En el Laboratorio de Ciencias no sólo se da clase a niños, sino a 50 maestros de comunidades vecinas, pues la intención es replicar esta experiencia en las 12 escuelas y 13 centros preescolares que hay en la zona 503, ubicada en plena sierra de Puebla.

“Los primeros que aprendemos somos nosotros, si no, ¿cómo enseñaríamos adecuadamente?”, compartió la profesora Silvia, de la escuela Miguel Hidalgo de la comunidad de Tecapagco. “Antes no tenía claro lo de la mezcla de los colores, o por qué se producían los eclipses, simplemente nos ceñíamos al programa de la SEP, ahora me dan ganas de investigar más y traer más lecturas a mis alumnos”.

El entusiasmo de los profesores por esta experiencia es tal que muchos, pese a percibir un muy reducido salario como docentes, no dudan en poner de su bolsillo cuando hacen falta fotocopias o material para hacer más didáctica su clase.

Para Eustacio López Marcos, mejor conocido como el maestro Tacho, la presencia de la UNAM en la zona está marcando un precedente histórico.

“La Universidad Nacional vino justo a donde más se necesitaba, porque a un pequeño de una comunidad indígena le cuesta no el doble, sino el triple aprender, en comparación con un alumno inscrito en una escuela urbana; si no lo cree, tan sólo voltee a su alrededor, ¿dónde ve un solo letrero aquí?, ¿alguna indicación escrita en todo el pueblo? Eso es porque aquí la mayoría es analfabeta, y si un niño no tiene siquiera un letrero qué leer, ¿cómo esperamos que aprenda el abecedario?”.

De Vista Hermosa a la ciudad más cercana, Cuautempan, hay una cañada de distancia, pero si se comparan las condiciones en que se encuentran la escuela de un lugar y la del otro, esa cañada en realidad es un abismo.

“No obstante, estamos haciendo las cosas muy bien”, comentó con una sonrisa el director de la primaria Juan Francisco Lucas, quien añadió que hasta hace unos años, los padres de Vista Hermosa querían inscribir a sus hijos en la escuela de Cuautempan para que éstos tuvieran mejores oportunidades educativas, pero la fama de este laboratorio ya llegó hasta la ciudad, “y ahora, para el siguiente ciclo escolar, muchos de Cuatempan quieren venir a Vista Hermosa y están pidiendo lugar… Eso nunca antes había pasado”.

Pero más allá de lo que digan los profesores de la zona, las autoridades e incluso el mismo personal universitario, los más agradecidos con este proyecto son los padres de familia, que en ocasiones acompañan a sus niños y se asoman por las ventanas del laboratorio, porque también quieren aprender algo.

“Yo soy una de esas”, dijo doña Brígida, “cuando puedo, vengo a ver qué hacen, porque los pequeños se ven muy divertidos, y a veces les colaboro con algo, por ejemplo, el otro día les traje flores para un experimento. No sé a quién se le ocurrió instalar todo esto aquí ni por qué, pero si pudiera decirle algo a ese alguien, sería gracias, o tlasojkamatik, como decimos aquí en náhuatl, que aunque es una palabra que se dice fácil, a nosotros siempre nos sale del corazón”.

Créditos: UNAM. DGCS -482/unam.mx

POR LA TRASLACIÓN DE PLANETAS, MARTE ESTÁ EN ESTOS DÍAS MÁS CERCA DE LA TIERRA

 
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• Es falso que debido a ese fenómeno, cíclico y natural, el planeta rojo se vea del tamaño de la Luna, aclaró el astrónomo Alejandro Farah, del Instituto de Astronomía

En estos días, Marte está un poco más cerca de la Tierra, a una distancia de 99 millones de kilómetros, según cálculos de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) de Estados Unidos.

“Es como si nos acercáramos medio paso a un árbol que está a 200 metros de distancia de nosotros”, ejemplificó el doctor Alejandro Farah Simón, investigador del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM.

El fenómeno, explicó el astrónomo, se debe a la traslación de planetas alrededor del Sol, un fenómeno natural y cíclico que, en el caso de la Tierra, provoca que en un lado de nuestro planeta sea verano cuando en el otro lado es invierno.

Farah aclaró que es falso que, debido a este fenómeno, Marte se vea del tamaño de la Luna. “Eso es imposible”, advirtió.

Recomiendan observarlo

Para quienes están muy habituados a observar el cielo nocturno, esa “cercanía” es visible a simple vista, pues desde el miércoles 27 de enero el planeta rojo brilla más que lo habitual. Y el día de mayor intensidad será hoy.

“El brillo de Marte en estos días se puede comparar con Sirio, que es la estrella más brillante del firmamento y está en la misma región del cielo”, añadió Farah.

Sirio, astro que se caracteriza por su color azul intenso, tiene una magnitud visual de -1.44, y en estos días Marte alcanza una magnitud de -1.3, por eso se ve tan brillante.

“Este fenómeno puede verse a simple vista, aunque será casi imperceptible para quienes no están acostumbrados a observar el cielo nocturno. Pero para todos aquellos aficionados a la astronomía, se recomienda observarlo con un telescopio de cinco pulgadas o más”, señaló.

Hoy habrá, además, Luna llena. Según la NASA, cuando la Luna y Marte coincidan en la misma región del cielo, habrá una conjunción brillante como la luz de una lámpara.

Para quienes observen sin telescopio, Marte se verá como una brillante estrella anaranjada.

Boletín UNAM-DGCS-062
Ciudad Universitaria.
Dirección General de Comunicación social
dgcs.unam.mx

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