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Determinan efectos del cambio climático sobre vegetación y biodiversidad en México.

 
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18 de Septiembre del 2012
Con la aplicación de modelos de cambio climático, que incluyen eventos naturales extremos, es posible determinar que un gran número de especies vegetales corren peligro de extinguirse para 2050, de no aplicarse políticas públicas orientadas a mitigar los efectos del fenómeno, advirtió Lourdes Villers, del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM.
En el trabajo Comportamiento de las comunidades vegetales y especies en ecosistemas de montaña del centro de México ante el cambio climático para el horizonte temporal 2050, la experta realizó aproximaciones, con escenarios de altas temperaturas y cambios extremos en las lluvias, para conocer las especies y comunidades que podrían adaptarse mejor a las variaciones.
Los resultados, presentados en la Cuarta Comunicación Nacional ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, están basados en tres modelos. Dos tienden hacia la sequía y uno es consistente, desde hace dos décadas, con el incremento de las lluvias.
Para el caso de los ecosistemas de montaña del centro de México, en el escenario de incrementos en temperaturas y precipitaciones se señala que 88 por ciento de las especies estudiadas reducirían su distribución; entre ellas, Pinus hartwegii, Cinna poiformis, Muhlenbergia macroura, Pinus leiophylla y Trisetum rosei. De éstas, 54 por ciento podrían desplazarse a mayores alturas, como Arenaria reptans, Quercus rugosa y Senecio toluccanus.
En la aproximación de sequía, 84 por ciento de las especies se verían mermadas, como Roldana barba-johannis y Eupatorium pycnocephalum, mientras que otras podrían encontrarse hacia la cima de las montañas, como Fuchsia microphylla, Physalis stapelioides y Penstemon gentianoides. Bajo esta consideración, tres especies desaparecerán del volcán: Calamagrostis tolucensis, Trisetum rosei y Arenaria bryoides, detalla el documento.
Escenarios futuros
Un modelo climático es una aproximación a la realidad, pero no determina lo que sucederá. Se utilizan datos históricos observados con la finalidad de validarlo. En el mundo, los grupos de investigación pueden producir más de 20 modelos, coincidentes en el incremento global de la temperatura, para estudios regionales o globales.
Al elegir los de estudio de la República Mexicana, se comparan con las condiciones actuales del clima y los datos históricos. Al considerarlos, la inclusión de la influencia oceánica es básica, pues se registran fenómenos naturales en el Atlántico y el Pacífico que afectan al territorio, ejemplificó.
En el CCA se utilizan modelos diseñados en Estados Unidos, Alemania, Canadá e Inglaterra, para obtener resultados válidos. A la par de los datos físicos, atmosféricos y oceánicos, se ponderan factores socioeconómicos, involucrados en la emisión de gases de efecto invernadero. Así, se dispone de ocho aproximaciones, con los efectos más extremos, a fin de indagar todas sus implicaciones.
Desde 1990, en el CCA se desarrollan líneas de investigación que disponen de estos acercamientos, aplicados al clima del país y el estudio de ciertos sectores, con el objetivo de construir posibles escenarios futuros, en torno a los impactos que puede tener el incremento de la temperatura en vegetación, silvicultura, biodiversidad, hidrología, agricultura, ciudades, salud, entre otros.
Efectos verticales y horizontales
La experta refirió que los ecosistemas de montaña representan un ejemplo de las repercusiones del cambio climático en la biodiversidad, al presentar gradientes térmicos y cantidades de lluvia distintas, en un espacio corto, lo que facilita su estudio.
Estas características propician el análisis de los efectos en el territorio nacional, al presentarse decremento en la temperatura por cada cien metros que aumenta la altura sobre el nivel del mar, detalló.
“Ejemplifica las repercusiones en los ecosistemas a nivel altitudinal y de lo que podría suceder en el latitudinal. Mientras más nos aproximemos al norte, observamos ecosistemas boreales; hacia el sur, prevalecen los tropicales; por ello, constituye la mejor aproximación”.
El análisis abarca la biodiversidad, a varios niveles, al implicar el número de especies, y sus agrupaciones en poblaciones interrelacionadas, que integran al ecosistema en armonía. Está orientado a ubicar nichos ecológicos, es decir, en qué altitud, temperatura y niveles de precipitación se desarrolla cada una de ellas.
Se determinó su ubicación geográfica y su función, para localizar las áreas en las cuales pueden asentarse, con ciertas restricciones. En conjunto con el Instituto de Biología (IB), se han utilizado modelos de cambio climático, aplicados en más de 30 especies de vegetación y fauna, precisó.
En el caso de las montañas, las especies de mayor capacidad adaptativa, ante los escenarios extremos de calor y lluvia, se desplazarían a mayores altitudes para sobrevivir; las dependientes de temperaturas restringidas, prácticamente desaparecerían.
En general, las condiciones proyectadas son desfavorables para la comunidad de zacatonal de alta montaña, compuesta por las especies Calamagrostis tolucensis-Trisetum rosei, -ubicadas en la línea de arbolado del ecosistema, entre tres mil 600 y cuatro mil metros sobre el nivel del mar-, por lo que sus posibilidades de permanecer son casi nulas, precisó.
En el caso de las especies Pinus hartwegii-Calamagrostis tolucensis, que ocupan el gradiente inmediato inferior de la comunidad de zacatonal, el aumento de temperatura varía entre dos y tres grados centígrados, lo que implicaría la reducción de su distribución actual. Probablemente, se podrían desplazar a mayores alturas, gracias a la “migración asistida”, es decir, por ayuda humana.
Además de los efectos de la variable climática, no sobrevivirían al desplazarse a mayores alturas, donde el suelo es arenoso, pobre en sustratos necesarios para su existencia. Las especies que sobreviven en estas condiciones extremas son de menor tamaño.
En el caso de las localizadas en altitudes inferiores, algunas se adaptarían a las variables térmicas, como hierbas, arbustos y pastos. En contraparte con los ciclos bianuales de reproducción de los árboles, esta vegetación sólo requiere un año, lo que facilita su adaptación.
La experta aludió a la necesidad de impulsar líneas de investigación orientadas a determinar los efectos de esta disminución o desaparición. Al estar asociadas a otras, animales o vegetales, se afecta toda la cadena alimenticia. Es necesario trabajar a nivel de poblaciones y comunidades, por las interacciones que establecen y para conocer las comunidades más susceptibles a las variaciones de temperatura y precipitación, detalló.
No sólo desaparecen los árboles, también los insectos que dependen de ellos para subsistir. Es el ejemplo de las abejas que necesitan flores del naranjo para producir miel. Si se altera el ecosistema y se pierden las especies vegetales, se afectaría la generación del producto, finalizó.
Boletín UNAM-DGCS-573
Ciudad Universitaria.
Ambos escenarios consideran el aumento de la temperatura en territorio nacional de entre dos y tres grados centígrados, sostuvo Lourdes Villers, del Centro de Ciencias de la Atmósfera.

Ambos escenarios consideran el aumento de la temperatura en territorio nacional de entre dos y tres grados centígrados, sostuvo Lourdes Villers, del Centro de Ciencias de la Atmósfera.

18 de Septiembre del 2012

Con la aplicación de modelos de cambio climático, que incluyen eventos naturales extremos, es posible determinar que un gran número de especies vegetales corren peligro de extinguirse para 2050, de no aplicarse políticas públicas orientadas a mitigar los efectos del fenómeno, advirtió Lourdes Villers, del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM.

En el trabajo Comportamiento de las comunidades vegetales y especies en ecosistemas de montaña del centro de México ante el cambio climático para el horizonte temporal 2050, la experta realizó aproximaciones, con escenarios de altas temperaturas y cambios extremos en las lluvias, para conocer las especies y comunidades que podrían adaptarse mejor a las variaciones.

Los resultados, presentados en la Cuarta Comunicación Nacional ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, están basados en tres modelos. Dos tienden hacia la sequía y uno es consistente, desde hace dos décadas, con el incremento de las lluvias.

Para el caso de los ecosistemas de montaña del centro de México, en el escenario de incrementos en temperaturas y precipitaciones se señala que 88 por ciento de las especies estudiadas reducirían su distribución; entre ellas, Pinus hartwegii, Cinna poiformis, Muhlenbergia macroura, Pinus leiophylla y Trisetum rosei. De éstas, 54 por ciento podrían desplazarse a mayores alturas, como Arenaria reptans, Quercus rugosa y Senecio toluccanus.

En la aproximación de sequía, 84 por ciento de las especies se verían mermadas, como Roldana barba-johannis y Eupatorium pycnocephalum, mientras que otras podrían encontrarse hacia la cima de las montañas, como Fuchsia microphylla, Physalis stapelioides y Penstemon gentianoides. Bajo esta consideración, tres especies desaparecerán del volcán: Calamagrostis tolucensis, Trisetum rosei y Arenaria bryoides, detalla el documento.


Escenarios futuros

Un modelo climático es una aproximación a la realidad, pero no determina lo que sucederá. Se utilizan datos históricos observados con la finalidad de validarlo. En el mundo, los grupos de investigación pueden producir más de 20 modelos, coincidentes en el incremento global de la temperatura, para estudios regionales o globales.

Al elegir los de estudio de la República Mexicana, se comparan con las condiciones actuales del clima y los datos históricos. Al considerarlos, la inclusión de la influencia oceánica es básica, pues se registran fenómenos naturales en el Atlántico y el Pacífico que afectan al territorio, ejemplificó.

En el CCA se utilizan modelos diseñados en Estados Unidos, Alemania, Canadá e Inglaterra, para obtener resultados válidos. A la par de los datos físicos, atmosféricos y oceánicos, se ponderan factores socioeconómicos, involucrados en la emisión de gases de efecto invernadero. Así, se dispone de ocho aproximaciones, con los efectos más extremos, a fin de indagar todas sus implicaciones.

Desde 1990, en el CCA se desarrollan líneas de investigación que disponen de estos acercamientos, aplicados al clima del país y el estudio de ciertos sectores, con el objetivo de construir posibles escenarios futuros, en torno a los impactos que puede tener el incremento de la temperatura en vegetación, silvicultura, biodiversidad, hidrología, agricultura, ciudades, salud, entre otros.


Efectos verticales y horizontales

La experta refirió que los ecosistemas de montaña representan un ejemplo de las repercusiones del cambio climático en la biodiversidad, al presentar gradientes térmicos y cantidades de lluvia distintas, en un espacio corto, lo que facilita su estudio.

Estas características propician el análisis de los efectos en el territorio nacional, al presentarse decremento en la temperatura por cada cien metros que aumenta la altura sobre el nivel del mar, detalló.

“Ejemplifica las repercusiones en los ecosistemas a nivel altitudinal y de lo que podría suceder en el latitudinal. Mientras más nos aproximemos al norte, observamos ecosistemas boreales; hacia el sur, prevalecen los tropicales; por ello, constituye la mejor aproximación”.

El análisis abarca la biodiversidad, a varios niveles, al implicar el número de especies, y sus agrupaciones en poblaciones interrelacionadas, que integran al ecosistema en armonía. Está orientado a ubicar nichos ecológicos, es decir, en qué altitud, temperatura y niveles de precipitación se desarrolla cada una de ellas.

Se determinó su ubicación geográfica y su función, para localizar las áreas en las cuales pueden asentarse, con ciertas restricciones. En conjunto con el Instituto de Biología (IB), se han utilizado modelos de cambio climático, aplicados en más de 30 especies de vegetación y fauna, precisó.

En el caso de las montañas, las especies de mayor capacidad adaptativa, ante los escenarios extremos de calor y lluvia, se desplazarían a mayores altitudes para sobrevivir; las dependientes de temperaturas restringidas, prácticamente desaparecerían.

En general, las condiciones proyectadas son desfavorables para la comunidad de zacatonal de alta montaña, compuesta por las especies Calamagrostis tolucensis-Trisetum rosei, -ubicadas en la línea de arbolado del ecosistema, entre tres mil 600 y cuatro mil metros sobre el nivel del mar, por lo que sus posibilidades de permanecer son casi nulas, precisó.

En el caso de las especies Pinus hartwegii-Calamagrostis tolucensis, que ocupan el gradiente inmediato inferior de la comunidad de zacatonal, el aumento de temperatura varía entre dos y tres grados centígrados, lo que implicaría la reducción de su distribución actual. Probablemente, se podrían desplazar a mayores alturas, gracias a la “migración asistida”, es decir, por ayuda humana.

Además de los efectos de la variable climática, no sobrevivirían al desplazarse a mayores alturas, donde el suelo es arenoso, pobre en sustratos necesarios para su existencia. Las especies que sobreviven en estas condiciones extremas son de menor tamaño.

En el caso de las localizadas en altitudes inferiores, algunas se adaptarían a las variables térmicas, como hierbas, arbustos y pastos. En contraparte con los ciclos bianuales de reproducción de los árboles, esta vegetación sólo requiere un año, lo que facilita su adaptación.

La experta aludió a la necesidad de impulsar líneas de investigación orientadas a determinar los efectos de esta disminución o desaparición. Al estar asociadas a otras, animales o vegetales, se afecta toda la cadena alimenticia. Es necesario trabajar a nivel de poblaciones y comunidades, por las interacciones que establecen y para conocer las comunidades más susceptibles a las variaciones de temperatura y precipitación, detalló.

No sólo desaparecen los árboles, también los insectos que dependen de ellos para subsistir. Es el ejemplo de las abejas que necesitan flores del naranjo para producir miel. Si se altera el ecosistema y se pierden las especies vegetales, se afectaría la generación del producto, finalizó.

Boletín UNAM-DGCS-573

Ciudad Universitaria.

La aerobiología, con gran potencial para el diagnóstico temprano en fitosanidad.

 
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La aerobiología es de gran utilidad para la detección de hongos patógenos antes de que infecten cultivos y causen pérdidas de cosechas, que en el caso de la soya, el frijol y la jícama, representan cerca de 948 mil toneladas, equivalentes a más de ocho mil 600 millones de pesos en 2011.
El hongo que ocasiona esa situación en la agricultura mexicana es Phakopsora pachyrhizi (causante de la roya asiática); tan sólo en leguminosas puede llegar a afectar al 90 por ciento de los cultivos.
Esta plaga está presente en nuestro país desde 2005, y ha dañado sembradíos en San Luis Potosí, Tamaulipas, Chiapas, Campeche y Veracruz. Además, en este último ha causado grandes mermas en jícama.
Puede atacar frijol, haba y chícharo, así como a especies utilizadas como forraje: trébol, cascabelillo, flamboyan, carrapiceo y frijol jacinto, entre otras.
Debido a que la aerobiología es fundamental en la vigilancia, alerta y monitoreo de plagas, investigadoras del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM proponen un seguimiento fitosanitario para diagnosticar la propagación y dispersión de plagas por regiones aerobiológicas.
María del Carmen Calderón Ezquerro e Hilda Adriana Guerrero Parra plantean que el monitoreo del aire se haga a través de una red de vigilancia epidemiológica fitosanitaria, apoyada en mapas de riesgo para cada plaga, y en modelos de dispersión del patógeno P. pachyrhizi, con el fin de dar la aviso sanitario a las autoridades correspondientes.
Asesorada por Calderón Ezquerro, Guerrero Parra realizó el estudio Monitoreo aerobiológico y detección de urediniosporas de Phakopsora pachyrhizi en cultivos de soya de Tamaulipas, como tesis de maestría en Ciencias.
En el auditorio Julián Adem del CCA-UNAM presentó resultados y conclusiones de su estudio de caso, cuyo monitoreo se realizó en el campo experimental Las Huastecas, municipio de Altamira, Tamaulipas, a cargo del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias.
El objetivo, dijo Hilda Guerrero, fue evaluar el potencial de detección de ADN específico de urediniosporas de P. pachyrhizi, en muestras colectadas del aire de cultivos de soya, mediante la prueba de PCR, y estimar su concentración en el aire durante un ciclo agrícola.
PCR y QPCR son métodos de biología molecular que, en conjunción con distintas trampas de esporas en monitoreo aerobiológico, se aplicaron con éxito para determinar la presencia (o ausencia) y cuántos de estos fitopatógenos se encontraban en el aire de los cultivos.
También, utilizó nuevos oligonucleótidos específicos, diseñados en el CCA (secuencias cortas de ADN) para mejorar la sensibilidad de la detección de P. pachyrhizi mediante PCR. Una vez estandarizada esta prueba, realizó la detección molecular en muestras de campo.
Antes, se hicieron estudios de laboratorio para determinar si bajo condiciones controladas era posible realizar el monitoreo y la detección molecular con PCR. Se estandarizó el seguimiento del cultivo de soya y se analizaron las variables ambientales del campo experimental (temperatura, precipitación y humedad). Además de colectar las urediniosporas, de hojas infectadas y de cortes de las cintas de las trampas donde quedaron impactadas.
Por primera vez en México, afirmó Guerrero Parra, se realizó con éxito y de manera eficiente la detección molecular de urediniosporas de P. pachyrhizi, y se demostró la viabilidad de esta prueba en laboratorio y campo.
Además, se determinó la sensibilidad y el límite de detección de oligonucleótidos específicos, y se encontró la presencia mínima de 4 urediniosporas/µl de muestra. Con los nuevos oligonucléotidos se incrementó la sensibilidad de detección, y se pudo detectar hasta 1 urediniospora.
“Pudimos detectar, cinco semanas antes del reporte del Comité Estatal de Sanidad Vegetal, que las urediniosporas ya estaban en el aire”. Esto habla del potencial de diagnóstico temprano que ofrece la aerobiología, lo que permite tomar acciones para evitar la infección.
Guerrero Parra consideró necesario establecer una red de puntos en el país, susceptibles de desarrollar la roya asiática de la soya, y que los monitoreos de alerta se puedan subir a una página web desarrollada por la Dirección General de Sanidad Vegetal (DGSV-SENASICA).
Al respecto, mostró como ejemplo la USDA Public PIPE Website, plataforma del Departamento de Agricultura de EU. Ahí se realiza y sube monitoreo, y los productores pueden ver las zonas con probabilidad de ser infectadas por el hongo, o que ya tienen la plaga.

Hilda Adriana Guerrero Parra realizó el estudio Monitoreo aerobiológico y detección de urediniosporas de Phakopsora pachyrhizi en cultivos de soya de Tamaulipas, como tesis de maestría en Ciencias.

Hilda Adriana Guerrero Parra realizó el estudio Monitoreo aerobiológico y detección de urediniosporas de Phakopsora pachyrhizi en cultivos de soya de Tamaulipas, como tesis de maestría en Ciencias.

3 de Septiembre del 2012

La aerobiología es de gran utilidad para la detección de hongos patógenos antes de que infecten cultivos y causen pérdidas de cosechas, que en el caso de la soya, el frijol y la jícama, representan cerca de 948 mil toneladas, equivalentes a más de ocho mil 600 millones de pesos en 2011.

El hongo que ocasiona esa situación en la agricultura mexicana es Phakopsora pachyrhizi (causante de la roya asiática); tan sólo en leguminosas puede llegar a afectar al 90 por ciento de los cultivos.

Esta plaga está presente en nuestro país desde 2005, y ha dañado sembradíos en San Luis Potosí, Tamaulipas, Chiapas, Campeche y Veracruz. Además, en este último ha causado grandes mermas en jícama.

Puede atacar frijol, haba y chícharo, así como a especies utilizadas como forraje: trébol, cascabelillo, flamboyan, carrapiceo y frijol jacinto, entre otras.

Debido a que la aerobiología es fundamental en la vigilancia, alerta y monitoreo de plagas, investigadoras del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM proponen un seguimiento fitosanitario para diagnosticar la propagación y dispersión de plagas por regiones aerobiológicas.

María del Carmen Calderón Ezquerro e Hilda Adriana Guerrero Parra plantean que el monitoreo del aire se haga a través de una red de vigilancia epidemiológica fitosanitaria, apoyada en mapas de riesgo para cada plaga, y en modelos de dispersión del patógeno P. pachyrhizi, con el fin de dar la aviso sanitario a las autoridades correspondientes.

Asesorada por Calderón Ezquerro, Guerrero Parra realizó el estudio Monitoreo aerobiológico y detección de urediniosporas de Phakopsora pachyrhizi en cultivos de soya de Tamaulipas, como tesis de maestría en Ciencias.

En el auditorio Julián Adem del CCA-UNAM presentó resultados y conclusiones de su estudio de caso, cuyo monitoreo se realizó en el campo experimental Las Huastecas, municipio de Altamira, Tamaulipas, a cargo del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias.

El objetivo, dijo Hilda Guerrero, fue evaluar el potencial de detección de ADN específico de urediniosporas de P. pachyrhizi, en muestras colectadas del aire de cultivos de soya, mediante la prueba de PCR, y estimar su concentración en el aire durante un ciclo agrícola.

PCR y QPCR son métodos de biología molecular que, en conjunción con distintas trampas de esporas en monitoreo aerobiológico, se aplicaron con éxito para determinar la presencia (o ausencia) y cuántos de estos fitopatógenos se encontraban en el aire de los cultivos.

También, utilizó nuevos oligonucleótidos específicos, diseñados en el CCA (secuencias cortas de ADN) para mejorar la sensibilidad de la detección de P. pachyrhizi mediante PCR. Una vez estandarizada esta prueba, realizó la detección molecular en muestras de campo.

Antes, se hicieron estudios de laboratorio para determinar si bajo condiciones controladas era posible realizar el monitoreo y la detección molecular con PCR. Se estandarizó el seguimiento del cultivo de soya y se analizaron las variables ambientales del campo experimental (temperatura, precipitación y humedad). Además de colectar las urediniosporas, de hojas infectadas y de cortes de las cintas de las trampas donde quedaron impactadas.

Por primera vez en México, afirmó Guerrero Parra, se realizó con éxito y de manera eficiente la detección molecular de urediniosporas de P. pachyrhizi, y se demostró la viabilidad de esta prueba en laboratorio y campo.

Además, se determinó la sensibilidad y el límite de detección de oligonucleótidos específicos, y se encontró la presencia mínima de 4 urediniosporas/µl de muestra. Con los nuevos oligonucléotidos se incrementó la sensibilidad de detección, y se pudo detectar hasta 1 urediniospora.

“Pudimos detectar, cinco semanas antes del reporte del Comité Estatal de Sanidad Vegetal, que las urediniosporas ya estaban en el aire”. Esto habla del potencial de diagnóstico temprano que ofrece la aerobiología, lo que permite tomar acciones para evitar la infección.

Guerrero Parra consideró necesario establecer una red de puntos en el país, susceptibles de desarrollar la roya asiática de la soya, y que los monitoreos de alerta se puedan subir a una página web desarrollada por la Dirección General de Sanidad Vegetal (DGSV-SENASICA).

Al respecto, mostró como ejemplo la USDA Public PIPE Website, plataforma del Departamento de Agricultura de EU. Ahí se realiza y sube monitoreo, y los productores pueden ver las zonas con probabilidad de ser infectadas por el hongo, o que ya tienen la plaga.

Boletín UNAM-DGCS-543

Ciudad Universitaria.

Caracterizan propóleo antioqueño como impulso al área apícola

 
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14 de septiembre del 2011

Los investigadores llaman la atención sobre la necesidad de proteger los hábitats de las abejas, ya que son polinizadoras de diversas especies agrícolas.
Los investigadores llaman la atención sobre la necesidad de proteger los hábitats de las abejas, ya que son polinizadoras de diversas especies agrícolas.

Medellín,  – Agencia de Noticias UN – Con el propósito de potencializar la industria apícola en la región, investigadores de la UN en Medellín caracterizan los productos de colmena. El turno fue para el propóleo.

Este material es recolectado de los árboles por las abejas y procesado en la colmena para mantener su medio aséptico. La investigación estuvo centrada en la detección de las particularidades del producto por medio del análisis de sus características físico-químicas y la actividad biológica.

El proyecto de la UN pretende dar impulso a la industria apícola en todo el departamento, beneficiando a los campesinos, quienes podrán encontrar una alternativa económica para la subsistencia guardando el respeto por la naturaleza. La UN explora los productos de la colmena en busca de sus potencialidades y ventajas competitivas, con el fin de asesorar a los campesinos organizados y crear estándares de calidad.

El último estudio se realizó en el Bajo Cauca antioqueño, pero a este le antecedieron análisis en zonas como el suroeste del departamento, lo que proporcionó datos interesantes sobre la diferencia entre los productos apiarios de la región antioqueña, según la zona y sus características ambientales.

Por ejemplo, el propóleo analizado en la primera subregión presenta una buena actividad antimicrobiana y fungistática que retarda el crecimiento de hongos como fitopatógenos y bacterias como el Bacillus en humanos. Entretanto, se evidenció mayor capacidad de acción antioxidante del material analizado en el suroccidente.

Asimismo, se encontró que el producto es útil para la conservación de frutos.

En el 2008, la UN y la industria minera del Bajo Cauca plantearon la investigación que se proyectaría finalmente en el impulso a la industria apícola, generando opciones económicas para la comunidad y preservación ambiental. La iniciativa obtuvo el apoyo del Ministerio de Agricultura, comenzando así el proyecto que finalizó tres años después.

Se realizaron acciones con la comunidad y se instalaron tres apiarios de investigación. Se llevaron a cabo recolecciones del propóleo por distintos métodos de cosecha y en diferentes épocas en el año. En los laboratorios se realizaron las pruebas de actividad biológica y fisco-química.

“En Colombia no hay normativa para caracterizar estos materiales, nosotros adaptamos metodologías de Brasil y Argentina. En la parte química se determinaron parámetros como humedad, ceras, sólidos y puntos de fusión, asociados a la calidad del propóleo bruto”, explicó Jesús Humberto Gil, docente de la Facultad de Ciencias Agropecuarias.

La miel, la jalea real y el polen son otros productos apícolas en lista de espera para ser estudiados.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co

Necesario, aprovechar los conocimientos tradicionales para el desarrollo del país

 
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En Michoacán se apoyó a una red de señoras que hacen tortillas con maíz criollo local. El interés fue ayudar a recuperar su conocimiento tradicional, apoyar el cultivo de variedades nativas para su mayor aprovechamiento y una mejor comercialización.
En Michoacán se apoyó a una red de señoras que hacen tortillas con maíz criollo local. El interés fue ayudar a recuperar su conocimiento tradicional, apoyar el cultivo de variedades nativas para su mayor aprovechamiento y una mejor comercialización.

3 de septiembre del 2011

• La UNAM es socio líder del proyecto internacional “Conservación, desarrollo, aprovechamiento social y protección de los conocimientos y recursos tradicionales en México”
• En una nación con riqueza y diversidad cultural como la nuestra, se debe aprovechar el saber de los pueblos indígenas y otros grupos culturales, opinó León Olivé, del IIF
• El conocimiento tradicional es legítimo, tanto como el científico, abundó el filósofo

Si en México se quiere avanzar en la sociedad del conocimiento es fundamental desplegar lo que podría llamarse una cultura tecnológica y científica, que impulse el desarrollo económico y social. Pero no sólo eso, se deben aprovechar otros conocimientos que no son científicos o tecnológicos, sino tradicionales, planteó León Olivé, del Instituto de Investigaciones Filosóficas (IIF) de la UNAM.

El también responsable técnico del proyecto internacional “Conservación, desarrollo, aprovechamiento social y protección de los conocimientos y recursos tradicionales en México”, expuso que en un país con riqueza y diversidad cultural, como el nuestro, se debe aprovechar el saber de los pueblos indígenas y otros grupos culturales (como comunidades rurales o campesinas), relacionado con la agricultura, el medio ambiente, la explotación forestal o pesquera.

Por su impacto e importancia, este plan fue elegido por el Fondo de Cooperación Internacional en Ciencia y Tecnología Unión Europea-México para ser financiado durante dos años; una vez concluido –hace unas semanas–, se espera continuar con los trabajos que han beneficiado a comunidades de Michoacán, Guerrero, Hidalgo y Distrito Federal.

El filósofo explicó que es posible integrar ambos tipos de saberes, los tradicionales y los científicos. “Si se trata de impulsar sistemas de innovación, suele pensarse sólo en tecnología basada en ciencia, y poco caso se hace a otras invenciones”.

Por ello, es necesario integrar redes sociales de innovación, que incluyan a especialistas en diferentes disciplinas, pero también a las personas que padecen los problemas y tienen conocimiento valioso que aportar. De ese modo, se rescata el tradicional y se buscan soluciones en conjunto.

Olivé recordó que el origen del proyecto se encuentra en el macroproyecto universitario Sociedad del Conocimiento y Diversidad Cultural, que se desarrolló por tres años en esta casa de estudios y que llevó a la creación de un seminario con el mismo nombre.

Más tarde, ya como socio líder la UNAM, se obtuvo el apoyo del Fondo. También formaron parte de este consorcio la asociación civil mexicana Grupo Interdisciplinario de Tecnología Rural Apropiada, la Universidad Autónoma de Madrid y la asociación civil francesa Groupe D’etudes et de Services Pour L’économie Des Ressources (GEYSER), con experiencia en cuestiones de mediación ambiental.

En este trabajo interdisciplinario y transdisciplinario, donde los expertos van más allá de sus áreas de trabajo, participaron 12 entidades de esta casa de estudios, como el IIF (donde surgió la iniciativa), los institutos de investigaciones Sociales y Jurídicas, los centros de investigaciones en Ecosistemas y Geografía Ambiental, y las facultades de Economía, Ciencias, y de Estudios Superiores Acatlán, entre otras.

Intervinieron alrededor de 90 investigadores de la UNAM y del resto de socios. A ellos se sumaron otros colaboradores, como la Universidad Pedagógica Nacional, por medio de la que se tuvo contacto con comunidades de la montaña de Guerrero, en su sede de Tlapa, y donde la investigación fue realizada por estudiantes de esa institución, originarios de las propias localidades.

“Abrimos brecha en una manera distinta de relacionar a la Universidad con la colectividad, con sectores como los pueblos indígenas, pero ya no como objeto de estudio, sino de colaboración, donde todos somos beneficiados, pero sobre todo las comunidades”, consideró Olivé.

Trabajos comunitarios

En entidades de la República se han impulsado proyectos relacionados con la conservación del anfibio Ambystoma dumerilii, tradicionalmente conocido como Achójki, en el lago de Pátzcuaro; el museo del maguey en el Valle del Mezquital, o artesanías de palma en la montaña de Guerrero.

Al respecto, abundó que en la cuenca michoacana se trabajó en la repoblación de la especie referida, endémica y en peligro de extinción. “Los pescadores tienen un conocimiento importante sobre el lago y los lugares más adecuados para cultivar al anfibio”.

Se contactó, incluso, a una comunidad religiosa, monjas que crían al animal para hacer jarabe, debido a su valor medicinal. “Les ayudamos en el mejoramiento de su acuario y ellas nos dieron las crías para laborar con diferentes comunidades, donde se conformaron unidades de manejo ambiental”.

Se trabajó, asimismo, en torno a recursos forestales, leña para uso doméstico y madera para muebles. Hasta hoy, añadió Olivé, 28 millones de mexicanos cocinan con leña, eso se traduce en problemas serios que pueden llevar a la deforestación. En este caso, se impulsó la preservación de los bosques y el uso de estufas que disminuyen la emisión de gases tóxicos.

También en Michoacán se apoyó a una red de señoras que hacen tortillas con maíz criollo local. El interés fue ayudar a recuperar su conocimiento tradicional, apoyar el cultivo de variedades nativas para su mayor aprovechamiento y una mejor comercialización.

En tanto, en el Distrito Federal se estimuló el desarrollo de comunidades del sur de la ciudad, en delegaciones como Milpa Alta y Xochimilco, mediante el cultivo de plantas y estrategias para el mejor aprovechamiento de la medicina tradicional, entre otros trabajos.

Olivé sostuvo que el conocimiento tradicional es legítimo, tanto como el científico. No obstante, esta afirmación requiere un fundamento filosófico. Por ello, el proyecto también incluyó enfoques temáticos, en este caso el epistemológico, junto con otros como el ético-político, etno-ecológico, jurídico-económico y socio-antropológico.

Por último, al referirse a la forma de seguir los trabajos del proyecto, destacó el compromiso de las entidades universitarias, la continuación dentro del Seminario sobre Sociedad del Conocimiento y Diversidad Cultural y la búsqueda de nuevas convocatorias y fuentes de financiamiento, con base en las sólidas redes de innovación establecidas.

Créditos: unam.mx/boletin/2011_516

Participa BUAP en programas científicos de verano nacionales

 
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3 de agosto del 2011

Con el fin de promover la vocación científica entre un mayor número de jóvenes, la BUAP becó a más de 50 alumnos de licenciatura que participan en los programas de carácter nacional XXI Verano de la Investigación Científica y DELFIN XVI, dio a conocer José Eduardo Espinosa Rosales, Director de Divulgación Científica de la Vicerrectoría de Investigación y Estudios de Posgrado (VIEP).

Tras informar que la Universidad es la sede administrativa del Verano de la Investigación Científica, que coordina la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), del 27 de junio al 26 de agosto, destacó que de un total de 75 participantes poblanos, 47 son becarios de la Institución.

El objetivo de este programa explicó, es similar a La Ciencia en Tus Manos o Jóvenes investigadores en cuanto a trabajar al lado de un investigador, con la diferencia de que la actividad a desarrollar debe ser en instituciones externas, para que los alumnos puedan conocer un ambiente diferente.

“Este programa ofrece tres modalidades: beca, condicionamiento o sin beca y básicamente tiene como propósito fomentar el interés de estudiantes de licenciatura en áreas de físico matemáticas, biología, medicina, química, ciencias sociales e ingenierías”, dijo.

Espinosa Rosales recordó que en 2010, Puebla se ubicó en los primeros lugares de participación en este esquema junto con Jalisco, Sinaloa, Sonora, Veracruz y Tabasco; con una mayor participación en las áreas de ingeniería y tecnología, 34 por ciento, y en Ciencias Sociales y Humanidades, 30 por ciento.

Con respecto al XVI Programa Interinstitucional para el Fortalecimiento de la Investigación y el Posgrado del Pacífico, mejor conocido como “DELFIN”, que se desarrolla del 27 de junio al 12 de agosto, señaló que la BUAP forma parte del consejo técnico.

Impulsado inicialmente por universidades del pacífico, el DELFIN, tiene como objetivo fortalecer la investigación científica y el posgrado, además de integrar los esfuerzos de las instituciones de educación superior y centros de investigación del país y ha logrado resultados contundentes en cuanto a la divulgación de la ciencia y aprovechamiento en programas de posgrado, destacó.

El Divulgador de la ciencia dijo que para esta edición, la VIEP apoyó a cuatro universitarios con becas para que pudieran asistir a otras instituciones de la república, en tanto que recibió a 43 estudiantes de universidades de Sonora, Nayarit, Chihuahua y Monterrey, entre otros estados.

Créditos: buap.mx/comunic/1301