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La licenciatura en Investigación Biomédica Básica orientada a científicos de laboratorio

 
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Primera Reunión Anual de Alumnos de la Licenciatura en Investigación Biomédica Básica.
Primera Reunión Anual de Alumnos de la Licenciatura en Investigación Biomédica Básica.

26 de julio de 2010

• Con 37 generaciones de egresados, impulsa un modelo que, desde el ingreso, acerca a los alumnos con el trabajo de los académicos en ese espacio
• Es una opción inteligente para quienes tienen definida su vocación como investigadores, dijo Rafael Camacho Carranza, coordinador de la carrera

Para estudiantes que tienen clara su vocación hacia la biomedicina, y desde muy jóvenes se visualizan como científicos de laboratorio, la licenciatura en Investigación Biomédica Básica (LIBB) de la UNAM es una ruta directa.

Con 37 generaciones de egresados en igual número de años, esta carrera, que vincula con el trabajo cotidiano de los investigadores, representa un modelo exitoso de las “nuevas profesiones”, diseñadas y puestas en marcha en la Universidad Nacional.

En esta licenciatura participan tres entidades: la Facultad de Medicina (FM) y los institutos de Investigaciones Biomédicas (IIBm) y de Fisiología Celular (IFC), y se caracteriza por poner en contacto, lo más rápido posible, al alumno con el investigador, dijo Rafael Camacho Carranza, coordinador de la LIBB.

Profesión con diseño propio

Los jóvenes que cursan la LIBB se enfrentan a un modelo de “rotaciones” que, a lo largo de ocho semestres, permite recorrer estudios concretos que se desarrollan en el área biomédica la UNAM, para tener una visión panorámica y definir más profundamente sus líneas de interés.

“Desde que ingresa, el alumno es situado en un laboratorio en su primera rotación; a partir de la segunda, escoge con quien trabajar y, en paralelo, lleva durante la mitad de la carrera una serie de materias obligatorias comunes”, señaló.

A partir de la segunda mitad, se eligen asignaturas optativas, pertenecientes a la licenciatura, a otras diferentes, o incluso de posgrados; entonces, el estudiante se va formando de acuerdo a sus propios intereses”, añadió.

Entre las 27 asignaturas obligatorias destacan bioquímica, matemáticas, biofísica, biología celular, estadística y biología molecular, y entre las optativas se encuentran genética general, inmunología, patología general, biología del desarrollo, fisicoquímica avanzada, toxicología genética, neurobiología y fisiología microbiana.

Este modelo estimula una definición profesional desde el principio de la licenciatura e identifica a alumnos con la madurez académica suficiente para comprender los conceptos, entrar a un laboratorio y trabajar con un investigador.

“Si el joven de 15 ó 18 años ya se ve como un investigador a futuro, y tiene una clara vocación biomédica, esta carrera es una excelente opción, inteligente y brillante, que funciona como una ruta directa”, reiteró Camacho.

Por su naturaleza, muchos egresados de la LIBB continúan su formación de maestría y doctorado. Actualmente, 57 por ciento de ellos son investigadores en México y el resto realiza investigación básica en otros países.

“Varios egresados son destacados universitarios, como Gloria Soberón, directora del Instituto de Investigaciones Biomédicas, o Julio Collado, ex director del Instituto de Ciencias Genómicas”, acotó el coordinador de la carrera.

Camacho Carranza reconoció que no es fácil ubicar vocaciones tempranas, y por ello la LIBB no es, aún, una carrera de muchos alumnos. “Hemos tenido generaciones de cuatro y otras de 25”.

En años recientes, el modelo de la LIBB ha sido útil en la Universidad para diseñar y desarrollar nuevas carreras, que también buscan ser semilleros de investigadores, como la de Ciencias Genómicas, en Mecatrónica y en Tecnología.

Estrenan reunión anual

Para profundizar en los potenciales campos de trabajo académico que tendrán los graduados de la LIBB, alumnos realizaron su primera reunión anual, que incluyó presentaciones de proyectos de estudiantes, egresados y tutores.

También, invitaron a egresados de diversas generaciones para conocer la labor que desarrollan, y a tutores que hablaron de las perspectivas futuras.

Además, se realizó un concurso para el nuevo logo y actividades recreativas que incluyeron futbol y un maratón científico.
Créditos: UNAM. DGCS -443/unam.mx

No todas las especies de árboles son idóneas para la ciudad de México

 
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El ahuehuete, encino, capulín y ahuejote, especies idóneas para la Ciudad de México.
El ahuehuete, encino, capulín y ahuejote, especies idóneas para la Ciudad de México.

31 de mayo de 2010

• El encino, capulín, ahuehuete y ahuejote, entre otros, son favorables, no así el eucalipto, dijo Robert Bye, del IB de la UNAM
• Ofrecen beneficios, pero exigen cuidados, como podas de formación o sanitarias, para eliminar ramas secas o infestadas de plagas

Al contrario de lo que se piensa, el valle de México no es, de origen, un territorio arbolado; sólo en las laderas de las montañas, como Tlalpan, los había de manera natural; el resto de la metrópoli se construyó sobre una zona lacustre.

“Los árboles urbanos no pueden cuidarse solos. En biología hablamos de mutualismo, es decir, de una relación de beneficio recíproco. Ellos ofrecen ciertos servicios, pero exigen de nosotros cierta atención”. Casi todos los que existen en la Ciudad de México son cultivados para nuestro beneficio, y los introducimos en un ambiente no natural, explicó Robert Bye, investigador del Instituto de Biología (IB) de la UNAM.

En esta época del año proporcionan sombra a humanos, animales y otras plantas, y refrescan el aire porque, en el proceso de producción de oxígeno, también transpiran agua, proceso que baja la temperatura; en pocas palabras, mejoran el ambiente.

Sin embargo, un árbol implica compromiso a largo plazo, porque es necesario hacer podas de formación o sanitarias, para eliminar ramas secas o infestadas de plagas.

“No estoy muy de acuerdo con las campañas de reforestación, en las que nos dicen que se van a sembrar millones de árboles. En realidad, no son campañas de reforestación, sino de forestación, lo que significa que se introducen en zonas en las que naturalmente no había”, explicó Bye.

Sí se deben sembrar, pero los adecuados para cada zona, aclaró. Además, es contraproducente diseminar millones de ellos en áreas en las que no puede haber tanta densidad, lo mejor es poner pocos, de buen tamaño, en sitios convenientes.

Colocarlos, uno muy cerca de otro, es una invitación a las plagas, como la de muérdago o injerto. “Al estar muy juntas las copas, las semillas de esta planta hemiparásita pueden pasar, en el excremento de las aves, a varios árboles, e infectarlos simultáneamente”, añadió.

Especies adecuadas

México es uno de los países donde crecen numerosas especies de encinos, que van de uno, hasta 20 metros de altura. De acuerdo con el experto, varios de ellos serían adecuados para nuestra urbe.

“En el valle de México tenemos siete especies de encinos de copas chaparritas y redondas; también hay otras mexicanas, que son similares a los árboles de Navidad, pero deben ser sembradas en zonas abiertas”, resaltó.

Otras especies adecuadas son el capulín, cuyo fruto sirve para alimentar a los pájaros, por un lado, y para hacer tamales de capulín, por el otro; el liquidámbar, nativo de Veracruz hasta Chiapas, y cuyas hojas tienen forma de estrella y cambian de color entre noviembre y diciembre; el tepozán, originario del centro del país, muy resistente a los pedregales y al clima, y con follaje casi todo el año, y el ahuehuete, que es muy bueno en los lugares donde abunda agua en el subsuelo, mencionó.

“En cuanto al sauce, prefiero el ahuejote al sauce llorón, que no es una especie mexicana, aunque por aquí lo siembran. De hecho, el ahuejote se usa en las orillas de las chinampas para detener el suelo”, señaló.

Una plaga recorre el DF

El muérdago o injerto crece naturalmente en la cuenca del río Balsas y ataca a especies de árboles del valle de México, como los capulines, álamos y fresnos.

“Cuando uno camina por Paseo de la Reforma, la mitad de los árboles verdes muy bonitos que ve, están muertos. En esos casos, lo verde es el muérdago”, informó Bye.

La raíz del muérdago penetra la rama del árbol invadido, y la mejor forma de controlarlo es hacer podas sanitarias, cortar las ramas que tienen plaga para que no se reproduzca.

El eucalipto, una especie dañina

Las raíces del eucalipto se apropian del espacio y exudan sustancias que inhiben la germinación y crecimiento de otras especies cercanas; además, se desarrollan rápido. Mientras un encino tarda unos cinco años en crecer un metro, el eucalipto lo hace en 12 meses, y cuando alcanza los 15 años, produce miles de semillas que germinan a gran velocidad.

Bye y sus colaboradores estudiaron, hace tiempo, los mapas de Ciudad Universitaria, y concluyeron que en 1954 había en la zona unos siete u ocho eucaliptos, pero una encuesta reciente indicó que ahora debe haber cerca de medio millón, lo que no es benéfico para los otros árboles y plantas.

La flor de esa especie contiene sustancias medicinales que, sin embargo, se vuelven tóxicas para las abejas nativas cuando su concentración es muy alta.

“Durante la floración, después de una sequía, a un eucalipto llegan abejas nativas (existen más de 20 especies en la reserva del Pedregal) en busca de néctar para hacer miel. Entonces, como la flor está saturada con esas sustancias, y el insecto no cuenta con un buche para transportar el líquido azucarado, éste llega directamente a su intestino y las mata”.

En cambio, las abejas melíferas, algunas ya africanizadas (que ya se encuentran en CU), sí tienen un buche que permite guardarlo y llevarlo al panal, sin que llegue al intestino. Así, con menos competencia, el número de abejas africanizadas se puede incrementar”, concluyó el investigador.
Créditos: UNAM. DGCS -322/unam.mx

El calentamiento global ha extinguido al 12 por ciento de las poblaciones de lagartijas mexicanas

 
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15 de mayo de 2010

• Desde 1975, en el mundo ha desaparecido casi el cuatro por ciento de esos reptiles, advierte un estudio internacional en el que participó Fausto Méndez de la Cruz, del Instituto de Biología de la UNAM
• De no frenarse el calentamiento global, para 2080 la extinción será del 20 por ciento, alerta el artículo publicado en la revista Science

El calentamiento global ha causado la extinción del 12 por ciento de las poblaciones de lagartijas que viven en México, uno de los países con mayor diversidad de reptiles en el planeta, reveló un estudio internacional publicado en la revista Science.

A nivel mundial, la situación también es alarmante, pues desde 1975 y hasta la fecha, en el planeta ha desaparecido casi el cuatro por ciento.

De no frenarse de inmediato el calentamiento global, para 2080 la extinción de esos reptiles será de 20 por ciento, advierte el análisis, encabezado por el investigador estadounidense Barry Sinervo, de la Universidad de California en Santa Cruz, y en el que participó Fausto Méndez de la Cruz, del Instituto de Biología (IB) de la UNAM, entre otros científicos de varios países.

Se compararon datos de poblaciones de lagartijas presentes en los cinco continentes; con esa información, detalló Méndez de la Cruz, se desarrolló un modelo de riesgo de extinción, que incluye variables climáticas y fisiológicas relacionadas con la regulación térmica de estos reptiles.

El trabajo concluye que podrían desaparecer de la faz de la Tierra mil 300 especies de las cinco mil 100 conocidas, debido a la paulatina extinción del 39 por ciento de las poblaciones locales.

Focos rojos para la biodiversidad

De acuerdo con el estudio, si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero (como el dióxido de carbono), podrá extinguirse el 20 por ciento de las lagartijas antes de fin de siglo.

Por desgracia, ya es inevitable la desaparición del seis por ciento de las especies para 2050, añade la investigación, que califica de “desalentador” el panorama para un grupo animal, con presencia en muchas regiones del planeta, y cuya diversidad es aún poco conocida.

El cambio climático global es una grave amenaza para todos los biomas y ecosistemas. Los organismos generalmente responden a los cambios ambientales a través de mecanismos como la migración hacia otros sitios, o la adaptación local, ajustando su comportamiento y fisiología, señaló Méndez de la Cruz.

Pero cuando las especies no cuentan con el tiempo suficiente para adecuarse, las poblaciones sufren un colapso demográfico, que continúa hasta su extinción. Desafortunadamente, “el calentamiento global avanza más rápido que la capacidad evolutiva de las lagartijas”, reconoció.

Estos animales buscan todas las soluciones a su alcance para sobrevivir, y aunque tienen gran capacidad de adaptación a diferentes ambientes, dependen de la temperatura y la radiación solar.

“Cuando en esta colaboración con Barry Sinervo realizamos un estudio de distribución de lagartijas en montañas cercanas a la Ciudad de México, como el Ajusco, nos percatamos que las poblaciones que habíamos analizado años atrás ya no estaban, y su ubicación, a una altura máxima de tres mil metros, ahora la encontramos a tres mil 500 metros, lo que representa un cambio muy drástico, pues los huevos no eclosionaban por el frío”, explicó.

La pérdida de grandes poblaciones de lagartijas y lagartos tendrá consecuencias para toda la cadena alimentaria, que sufre ya un desequilibrio en muchas regiones del mundo, destacó.

“Las lagartijas son presas comunes para aves, mamíferos y algunos reptiles más grandes, que con esta reducción de población tendrán menos alimento; también, son depredadoras de insectos y, en ese sentido, controladoras de plagas”, indicó el investigador del IB.

México es uno de los países megadiversos del mundo, y es uno de los que tiene mayor cantidad de reptiles. “La extinción de las lagartijas representa una seria amenaza a su biodiversidad”, resumió el universitario.

En la nación, existen mil 204 especies de anfibios y reptiles, el 60 por ciento de ellos son endémicos, y de esa cantidad, 400 son lagartos. Es decir, aquí habitan cerca del nueve por ciento de los lagartos descritos hasta ahora en el planeta.

Mucho Sol, poco alimento

El estudio, que incluyó el análisis de 48 especies de lagartijas que residen en 200 regiones del mundo, reveló que el blanco de afectación por el calentamiento global es el mecanismo termorregulador de esos reptiles.

Normalmente, se exponen al Sol para regular su temperatura corporal, pero después de cierto tiempo se resguardan en un sitio más fresco.

Ahora, para escapar del exceso solar, pasan escondidos más tiempo del habitual; en consecuencia, se alimentan menos, se debilitan y reducen su reproducción.

Méndez de la Cruz reconoció que, al calentamiento global, se suman otras amenazas, como la fragmentación y pérdida de su hábitat, la deforestación, los pesticidas, la caza y comercio.
Créditos: UNAM. DGCS -293/unam.mx

DAÑOS A LOS HUMEDALES AFECTAN A TODO EL PAÍS

 
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ANTONIO LOT• Debido a que los sistemas de aguas están interconectados, alteraciones en uno de ellos tienen repercusiones a cientos de kilómetros de distancia, expuso Antonio Lot Helgueras

• El investigador del Instituto de Biología de la UNAM recibió un reconocimiento por parte del Gobierno de México “por su importante contribución al conocimiento de las plantas acuáticas en los humedales nacionales”

“Si se conservan los humedales, estamos garantizando que ni los campos de cultivo ni los poblados se inundarán, y que habrá suficiente líquido de reserva para todas nuestras necesidades; pero si los destruimos, deberemos encarar esos dos problemas, como en la Ciudad de México, que se inunda y al mismo tiempo, carece de agua”, señaló Antonio Lot Helgueras, secretario ejecutivo de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel de CU.

El académico recientemente recibió un reconocimiento por parte del Gobierno de México, a través de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), “por su importante contribución al conocimiento de las plantas acuáticas en los humedales de México”.

“Soy precursor en este tipo de trabajos, pues hace 40 años, cuando decidí dejar mi vida en el DF e irme a vivir a Veracruz para estudiar los pastos marinos, no se sabía casi nada sobre el tema”, recordó el también investigador del Instituto de Biología.

“En esas épocas, emprender este tipo de proyectos equivalía a lanzarse a la aventura, y me lancé así, sin dinero, pero con el apoyo de mis profesores de la UNAM”, agregó.

Así, con una mochila llena de ropa a espaldas, sus libros bajo el brazo y mucho entusiasmo, el joven Antonio se mudó al puerto para conocer de primera mano los pastos marinos “y obtener el ojo entrenado que sólo tiene la gente que hace trabajo de campo, porque eso —no importa cuánto se lea— no se aprende en el aula”.

De finales de la década de los 60, una de las cosas que más recuerda es el tiempo que pasó haciendo observaciones al lado del mar, tomando notas y comparándolas con las de la escueta bibliografía que había en ese entonces. Esta experiencia no sólo se tradujo en una tesis de licenciatura, sino en un viaje a Leiden, Holanda, donde Lot Helgueras, con apenas 24 años, representó a México en la Primera Reunión Mundial sobre Pastos Marinos.

“Fue en esa época cuando el mundo comenzó a tomar conciencia de la importancia de este tipo de vegetación, su relación con el entorno e incluso de su impacto en la industria (en el caso particular de los pastos marinos, en la pesquera)”, comentó.

“Desde aquel encuentro han pasado 40 años y en México apenas hemos comenzado a considerar la importancia de estas especies; hemos ido lento, pero lo bueno es que ya nos preocupan estos temas”.

Un equilibrio frágil

Durante mucho tiempo los estudiosos no consideraron algo que hoy es evidente: cuando el hombre altera algún cuerpo de agua, los efectos negativos se pueden percibir a más de 800 kilómetros de distancia, “porque los ecosistemas acuáticos, aunque no se aprecie a simple vista, siempre están intercomunicados”, explicó el ex director del Instituto de Biología.

“Por ejemplo, si deforestamos la parte alta de una montaña, el agua no se detendrá ni se filtrará adecuadamente, y arrastrará una serie de sedimentos de suelo que llegarán a cuerpos líquidos muy distantes y, finalmente, al mar”, añadió.
En nuestro país, las acciones predatorias han tomado muchas variantes y tienen lugar en los sitios más disímbolos, debido a que México es un país megadiverso con un complejo sistema de humedales que comprende costas, lagunas costeras, litorales, arrecifes coralinos, lagos y ríos, entre otros.

“Desafortunadamente, no supimos entender que todo estaba intercomunicado, ni que las consecuencias de dañar uno de estos cuerpos de agua tendría consecuencias apreciables cientos de kilómetros a la redonda”, agregó Lot Helgueras.

Sin embargo, el biólogo se muestra optimista al señalar que actualmente están protegidos 55 humedales, “y eso nos compromete a todos, como sociedad, a cuidarlos y entender que su valor va mucho más allá de lo estético”.

Guadalajara en un llano, México en una laguna…

“En apenas medio siglo, se han perdido muchos ecosistemas acuáticos, como el de la Cuenca de Lerma, un entorno lacustre del centro de México cuya afectación explica, en parte, los problemas hídricos del DF, aunque tampoco hay que olvidar que esto se agrava porque la ciudad se construyó sobre un lago”, advirtió Lot Helgueras.

El académico señaló que desde sus orígenes, los habitantes de la antigua Tenochtitlan aprendieron a respetar los humedales y aprovechar los recursos que éstos reportaban, “pese a lo complicado que resultaba vivir unos cuantos centímetros por encima del nivel del agua. Pero con el paso de los siglos, lo que hicimos, en vez de adaptarnos y convivir con la naturaleza, fue sellar este lago con una capa de concreto”.

Hoy padecemos los efectos de esa decisión y enfrentamos muchos problemas derivados del hecho que, como el agua se encuentra a apenas unos metros bajo la urbe, tarde o temprano ésta se abre camino a la superficie, provocando las inundaciones que recurrentemente padecemos los capitalinos, expuso el ambientalista.

De tomarse las medidas pertinentes, se podrían “matar dos pájaros de un tiro”, y solucionar el asunto de las inundaciones y la falta recurrente de agua para consumo humano, pero en este afán por deshacerse rápidamente del líquido que provoca estancamientos, se obra de manera equivocada y se desperdicia un recurso que sería muy útil en época de sequía.

“Esto equivale a cometer dos errores, pues lo conveniente sería modificar los sistemas de captación natural de agua. Si lográramos esto, podríamos echar mano del líquido en tiempos de escasez, y resolveríamos tanto los problemas ocasionados por las inundaciones como los de falta de suministro que padecen muchas colonias”, indicó.

“Lo primero que debemos recordar es que vivimos sobre un lago, que no es el mejor lugar para construir una ciudad, sobre todo si no manejamos de manera inteligente el agua, porque eso agrava nuestros problemas”, advirtió.

Diagnósticos y ecosistemas enfermos

Como pasa con todos los seres vivos, los ecosistemas pueden estar sanos o enfermos, y para saber qué tan bien o mal se encuentran, es necesario realizar un diagnóstico, “y eso es a lo que me dedico”, compartió Lot Helgueras.

Por ello, como si se tratara de un médico, el científico analiza los cuerpos de agua, pero en vez de estetoscopio, abatelenguas y rayos X, Lot Helgueras se vale del estudio de la composición florística para determinar qué tan bien conservado está un lugar, “pues a fin de cuentas, la vegetación es uno de los mejores termómetros del estado de salud de los humedales”.

“A veces es difícil detectar la afectación, pero uno de los síntomas más claros es la presencia de especies exóticas y agresivas —como el lirio acuático en el Valle de México— que compiten y terminan por ganarle terreno a la vegetación originaria, fenómeno que altera la biota del sitio y provoca pérdida de biodiversidad”, expuso el biólogo.

Este deterioro se da gradualmente, y los diferentes estadios de sucesión permiten señalar cuándo el ecosistema se encuentra en una etapa temprana de perturbación y cuándo está en una fase de daño extremo.

“Este tipo de observaciones nos ha permitido intervenir oportunamente en lugares como la laguna de Tecocomulco, a donde llevamos chinampas para fomentar el cultivo de ciénega entre los lugareños, tarea en la que nos ayudó gente de Xochimilco y que permitió a la comunidad aprovechar recursos generados a orillas del lago”.

Aunque parezca difícil, aún se puede hacer mucho por los humedales, la clave radica en estar al tanto de sus malestares para intervenir a tiempo, “pero esto requiere la participación de las comunidades y un monitoreo por parte del gobierno, ya sea estatal o municipal, porque sin este tipo de apoyos, la tarea resulta sumamente complicada”, sugirió el doctor en Ciencias Biológicas.

Alertas tempranas

Con el conocimiento que se tiene hoy de las plantas acuáticas mexicanas y su relación con el entorno (gran parte de éste generado por el mismísimo Lot Helgueras y su equipo de colaboradores), es posible prever algunos escenarios a futuro, “claro, si se comienzan a tomar medidas preventivas desde ahora”.

El problema es que, con frecuencia, pesan más otro tipo de intereses —principalmente económicos—, los cuales ponen trabas a los esfuerzos de preservación, “como cuando a principios de los años 90 un grupo de hoteleros me consultó sobre si resultaba adecuado dejar los pastos marinos en la costa de Cancún y yo les respondí que sí, porque se trataba de una planta que fijaba el suelo costero, haciendo que los daños provocados por los ciclones se minimizara, además de que evitaba que ciertos sedimentos llegaran al mar, lo que le da a los mares del Caribe su característica transparencia”.

Sin embargo —recuerda el académico—, a los empresarios les pareció que estas plantas no lucían muy acorde con lo que suponían debía ser una playa de descanso, pese a que pisar el pasto marino no es muy diferente a posar la planta del pie sobre el césped.

“No se hizo caso y acabaron con esa vegetación, y ahora, 20 años después, se comienzan a ver las consecuencias de ello, pues cada vez hay menos arena debido a que ésta ha sido barrida por los fenómenos meteorológicos, y las aguas oceánicas han comenzado a perder su típico color turquesa”.

Éste es apenas un ejemplo de muchos similares, apunta el profesor, quien señala que lo que corresponde ahora es tomar medidas para, en la medida de lo posible, revertir las condiciones actuales, o por lo menos evitar que éstas se agraven, concluyó.

Fuente: Boletín UNAM-DGCS-153 – dgcs.unam.mx

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