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Placer femenino, invisibilizado en el contexto campesino

 
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05 de octubre del 2013

La mujer campesina está limitada a actividades familiares y del hogar, olvidando la necesidad de efectuar prácticas de disfrute personal y participación social que reivindiquen la valía de su cuerpo.

A partir de la investigación “Mujer y piel, mujer y tierra, caso de la mujer campesina en la vereda de Letras en Herveo (Tolima)” que adelanta Natalia Zambrano Duque, estudiante de Gestión Cultural y Comunicativa de la Universidad Nacional de Colombia en Manizales, se busca evidenciar no solo los rasgos culturales de la vida femenina en ese contexto, sino también entender por qué su cuerpo se encasilla en ciertas actividades y se torna ‘obsoleto’ en términos del placer.

“Existe una división social a través de la cual a la mujer se le han asignado ciertos trabajos y se le reconoce su potencial frente a estas tareas, pero en términos de su relación frente al placer existe una represión que hace necesario poner en discusión: ¿por qué el cuerpo de la mujer campesina atraviesa una situación de obsolescencia y olvido?”, expresó la integrante del grupo de Investigación Identidad y Cultura.

Mediante un acercamiento etnográfico y a partir de múltiples ejercicios reflexivos y académicos con las mujeres de la vereda, la investigadora quiso asumir desafíos estéticos, éticos y experienciales para aportar otras perspectivas y alternativas que resalten el valor del cuerpo como un escenario vivo y políticamente contundente al momento de transformar los diversos mecanismos de construcción y definición de su subjetividad.

“Hablar de la mujer que se crea en lo rural, implica hablar de una construcción distinta de feminidad, porque lo rural supone lo alejado, lo atrasado, lo primitivo y silencioso; allí, la corporeidad se convierte en una herramienta más para el trabajo y en el caso de la mujer involucra labores no remuneradas para el cuidado y el servicio de otros”, expresó la estudiante.

La mujer se ve encerrada en este círculo vicioso donde tiene que cumplir con las labores de tenencia del hogar, cuidado de la familia, ser madre y productora de alimento, sin la posibilidad de salir a hacer vida social, mostrarse en público y empoderarse de lo que ella realmente es, tal como sucede con las mujeres de esta vereda, de donde es oriunda la investigadora de la U.N. en Manizales.

Esta experiencia no ocurre solamente con las mujeres este lugar, su situación es reflejo de procesos de campesinas de todo el país, quienes, además, están inmersas en contextos de violencia social e intrafamiliar.

Por ello, a partir de estas problemáticas, en la Línea de investigación “Otros cuerpos, otras narrativas” se quiere evidenciar por qué el cuerpo de la mujer vive en el olvido de la sociedad, en el silenciamiento y la falta de participación pública.

El análisis realizado con las mujeres de la vereda no solo desarrolla una reflexión sobre sus relaciones con el entorno, la familia y lo público, sino que a futuro espera generar un proceso educativo.

De este modo, se busca fomentar la participación y permitir la reivindicación de sus saberes tradicionales, así como la generación de nuevos conocimientos con respecto a su cuerpo y sus derechos como protagonistas de un proceso de diálogo y transformación dentro de su familia (espacio privado) y la comunidad (espacio público).

“Esta transformación no es posible si no se hace al interior de la comunidad, trabajando conjuntamente con los hombres, los niños, jóvenes y adultos, para afirmar el diálogo entre ellos y dinamizar una transformación real de las prácticas culturales que envuelven la vida de las mujeres rurales”, precisó Zambrano Duque.

Sobre este trabajo se presentará una ponencia en el Encuentro Nacional de Estudios sobre el cuerpo “El Giro Corporal” que se lleva a cabo en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas de Bogotá.

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Desplazados colombianos, atrapados en la frontera con Venezuela

 
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05 de octubre del 2013

“Así viva ilegal el resto de mis días, no me devolvería”. Esta frase de Denis, una desplazada colombiana asentada en Venezuela, resume la situación de quienes cruzan la frontera empujados por la guerra. Prefieren estar atrapados en un barrio de invasión con tal de escapar a la violencia.

Todo comenzó en el año 1985, cuando asesinaron al papá de Denis en una vereda de su natal Ciénaga (Magdalena). Ese fue el comienzo de un doloroso éxodo por el nororiente del país que la llevó hasta Puerto Santander, Norte de Santander.

Allí permaneció hasta el año 2001, cuando la misma violencia le arrebató a su esposo. Fue entonces que decidió cruzar la frontera para nunca más volver. Ella y sus tres hijos se establecieron en un rancho en las afueras de Umuquena, una población del estado Táchira, Venezuela.

Hugo Ramírez, magíster en Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, explica que, durante la última década, cada vez más desplazados colombianos ven a los estados fronterizos venezolanos como una zona estratégica de refugio.

Denis así lo confirma: “Me siento feliz. Ya no duermo con ese miedo a que en cualquier momento me van a matar. Desde que llegue aquí, mis noches y mis días son tranquilos”.

Pero su vida está lejos de ser fácil. Todo lo contrario, tiene que sobrellevar su drama familiar en medio de la pobreza de un barrio de invasión y con las dificultades que trae estar indocumentado en otro país.

Y así como Denis son más de 200.000 los colombianos que han buscado refugio al otro lado del río Táchira o en los estados Zulia y Apure, según cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). La mayoría vive en las mismas condiciones.

Entre miseria y violencia

Los estudios de Ramírez, quien desde el año 2010 trabaja en este rincón de los 2.219 kilómetros de frontera con Venezuela, revelan que en su mayoría estos colombianos son campesinos, de estratos bajos y provenientes de Norte de Santander, aunque se registran personas de prácticamente todos los departamentos del país.

“Han perdido miembros de su familia y necesitan atención en razón de la violación de sus derechos humanos y poder superar el trauma del conflicto”, complementa el investigador.

Ya en el lado venezolano, de forma ilegal se han apropiado de terrenos para construir sus ranchos. Esto ha devenido en barrios de invasión en la periferia de algunas poblaciones fronterizas, de precaria infraestructura y sin servicios públicos.

A las condiciones de miseria en las que viven se añade que, pese al desplazamiento, no terminan de escapar del conflicto. En estas invasiones tienen que convivir con los grupos guerrilleros, las bandas criminales herederas de los paramilitares desmovilizados y las organizaciones de contrabandistas.

Es un secreto a voces que los actores ilegales han tratado de hacerse con el control de la frontera por sus ventajas estratégicas, para desarrollar actividades ilícitas como el contrabando y el tráfico de armas y drogas.

Según Ramírez, “la mayoría de estos barrios están ubicados apenas cruzando el río Táchira, que sirve de límite entre los dos países. Ellos no avanzan más porque los controles militares se hacen cada vez más estrictos y es un riesgo no tener la respectiva documentación. Deciden quedarse así tengan que pagar las vacunas a los grupos armados”.

Tratan de subsistir con trabajos informales. Ramírez documentó como muchos se dedican a actividades ilegales, como el contrabando de gasolina, o son explotados en maquilas de jeans y tabaco ubicadas en los mismos barrios.

“Toda su vida transcurre ahí, nunca se mueven de los barrios. No quieren volver a Colombia porque consideran que es exponer sus vidas y no pueden ir al interior de Venezuela porque no tienen documentos”. Están atrapados en la frontera, entre la miseria y la violencia.

¿Por qué siguen ahí? Su decisión estaría determinada por dos factores: su situación de seguridad mejora cuando cruzan la frontera, aun a riesgo de convivir con grupos ilegales; y se ven favorecidos con las misiones creadas por Hugo Chávez.

“A pesar de todo, las personas se quedan porque se benefician de muchos de los programas sociales del Gobierno venezolano, independiente de que no tengan documentos. Sus vidas serían impensables sin estos beneficios”, confirma el académico. No extraña que mucho sean férreos chavistas.

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Zapallo, prodigiosa hortaliza para la nutrición animal

 
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05 de octubre del 2013

El zapallo tiene altas propiedades energéticas que pueden aprovechar los animales en un 80%, por lo cual es una fuente potencial para su alimentación.

Así lo concluyeron investigaciones de la Universidad Nacional de Colombia en Palmira, que afirman que esta puede ser una solución ante la creciente y costosa importación de torta de grano de maíz, que se utiliza en la elaboración de los concentrados para la nutrición animal.

Según la encuesta de opinión empresarial, realizada por la Asociación Colombiana de Porcicultores (Porcicol), durante el primer semestre del año 2011 se evidenció entre los productores una caída en el precio de compra del cerdo, pero un aumento en los costos de producción.

Esto a raíz del incremento en los precios internacionales de las principales materias primas para la alimentación de los animales, como el maíz y la torta de soya. El volumen total de las importaciones de materias primas para la elaboración de alimento balanceado para cerdos presentó un aumento del 2,1% en los primeros cinco meses del año, en comparación con el mismo periodo del 2010.

Por ello, investigadores de la U.N. en Palmira han adelantado numerosas investigaciones para encontrar un producto alterno al maíz que supla los requerimientos proteicos en la nutrición animal.

El zapallo se ha constituido en una firme alternativa para la alimentación de porcinos y bovinos. Diferentes estudios realizados en la Universidad han demostrado su enorme potencial. Hallaron en un fruto genéticamente mejorado un nivel muy superior de materia seca al convencional.

El profesor Sanín Ortiz señala que hace diez años los zapallos tenían un 8% de materia seca y hoy en día los cultivares de la U.N. (registrados ante el ICA) tienen alrededor de un 25%, sin mencionar las líneas élite que pueden tener hasta un 30%.

“Tenemos UNAPAL abanico 75 que se registró con un 25% de materia seca. Esta variedad le está dando un altísimo porcentaje a los zapallos tradicionales que tienen un 8%. Cuando concentramos esta materia tenemos más proteína, más energía, más minerales y vitamina A que proviene de los carotenoides”, asegura Sanín Ortiz.

De la pulpa, los investigadores encontraron energía derivada de dos fuentes, del almidón que puede ser un 28% de la materia seca, de la grasa del fruto (5%) y de la proteína que rinde algunos niveles de energía cuando los aminoácidos se digieren.

“Tenemos, entonces, un fruto altamente energético, que cuando se deshidrata completamente podría competir con el maíz. Aunque a largo plazo, competir con el de alto rendimiento va a ser difícil, aun así el zapallo es otra fuente nutricional que esta sobre la mesa”, sostiene el docente.

Producir maíz requiere combustible diésel, maquinaria y procesos altamente costosos, mientras que producir zapallo no. “Nuestro problema está en la agroindustria, que sea capaz de transformarlo en un bien seco bodegable y que se pueda incluir en los sistemas de concentrados”.

No obstante, hay una disyuntiva en procesar un producto como el zapallo para dárselo a los animales. “Es un problema ético, ya que es un producto excelente para el consumo humano, pero esto lo debe resolver finalmente la sociedad”.

En los animales, el uso del zapallo en la dieta ha sido sorprendente porque todas las pruebas realizadas han conllevado a una asimilación de casi un 80%, y en humanos es extraordinario porque al cocinarlo, la parte molecular queda disponible y la asimilación es casi del 90%.

Este y otros temas relacionados con la nutrición animal se debatirán en una jornada que se desarrollará entre el 8 y 9 de octubre en la Sede Palmira.

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Adecuada dosificación en el concreto retarda deterioro de infraestructura

 
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25 de septiembre del 2013

Con el fin de reducir la corrosión causada por la sal del mar, una investigación de la U.N. perfecciona y estandariza los métodos tradicionales de construcción de la costa sur del Pacífico colombiano.

Es un hecho que en zonas marinas el concreto se deteriora. Los investigadores de la Universidad Nacional de Colombia analizaron la influencia de la sal y observaron que este mineral natural aceleraba este proceso.

“Estas estructuras tienen mucho contacto con el agua del mar que, por lo general, tiene altas concentraciones de sal. En ellas hay iones de cloruro que afectan el concreto en la medida que penetran y producen corrosión”, asegura Juan Manuel Lizarazo, profesor del Departamento de Ingeniería Civil de la U.N.

El estudio, si bien sirve para toda la región, se concentró en Tumaco (Nariño). “En ambientes tan agresivos, como el que encontramos en esta zona, hay que tomar unas medidas relativamente simples pero que ayudan a mantener la infraestructura”, explica Lizarazo.

Los investigadores proponen unas medidas para volver el concreto más impermeable –y, por ende, más resistente a la corrosión por la sal–, entre las que figuran el uso de materiales y una dosificación de la mezcla adecuados.

“Para el concreto se mezclan cemento, arena y agua. Si se usa poca agua en la mezcla, el concreto se vuelve poco permeable y resulta más difícil que el cloruro penetre. Así se garantiza que las estructuras duren un poco más”, resalta el profesor.

Además de Lizarazo, en este proyecto participan Lucio López, Leonardo Fonseca y Javier González. Todos son integrantes del Grupo de Investigación en Análisis Diseño y Materiales  (GIES), de la Facultad de Ingeniería.

Congreso CONPAT 2013 Colombia

Esta investigación se presentará en el XII Congreso Latinoamericano de Patología de la Construcción y el XIV Congreso Latinoamericano de Control de Calidad de la Construcción, que se realizarán entre el 30 de septiembre y el 4 de octubre en Cartagena de Indias.

“Es un evento único en su especialidad, en el cual participarán profesionales de diversos países y disciplinas relacionadas con el control de calidad, patología y recuperación de las construcciones”, explica María Isabel Mayorga, profesora de la Facultad de Artes de la U.N.

El congreso busca actualizar y divulgar el conocimiento académico e independiente de las actividades profesionales vinculadas a la construcción y estrechar lazos comerciales entre sus participantes y asociados, congregados a través de la asociación ALCONPAT.

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Cifras oficiales sobre pobreza parecen poco confiables

 
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25 de septiembre del 2013

Colombia tiene la obsesión de entrar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), pero aún está lejos de alcanzar los estándares de desarrollo de los países que la integran.

¿A qué se debe el afán de los últimos Gobiernos por mejorar los indicadores socioeconómicos del país sin modificar su estructura inequitativa e injusta? La razón de fondo es ingresar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), creada en 1961 y con sede en París.

Allí, se reúnen los 34 países más ricos del mundo, junto con México y Chile, comprometidos con promover la democracia y la economía de mercado. La organización apoya el crecimiento económico sostenible y el aumento del empleo, para que otros países alcancen el desarrollo y aumenten la calidad de vida.

Ingresar ha sido la obsesión de los últimos Gobiernos colombianos. En septiembre del año 2008, la embajada del país en Alemania anunció el interés. Y, en el año 2012, logró que su solicitud fuera evaluada, El presidente Juan Manuel Santos la formalizó y la OCDE contestó que podía iniciar los trámites.

Los requisitos para ingresar son estrictos y suponen tener estadísticas sobre muchos aspectos: agricultura, pesca, demografía, desarrollo de la población, educación, medioambiente, finanzas, globalización, comercio, salud, industria, información, comunicación, trabajo, bienestar, transporte, investigación, gestión pública, poder adquisitivo, precios, ciencia, patentes y tendencias de los principales indicadores.

La situación de Colombia se presenta con base en una recopilación de indicadores disponibles en instituciones nacionales e internacionales. Es evidente la escasa confiabilidad y actualización de las estadísticas nacionales tanto de origen estatal (Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas –DANE– y Departamento Nacional de Planeación –DNP–) como independiente.

¿Menos pobres?

Datos oficiales del año 2007 mostraban que la población pobre en Colombia era el 43,28% del total (personas con necesidades básicas insatisfechas más las que estaban bajo la línea de indigencia). Es decir, uno de cada dos colombianos era pobre.

Al actualizar los datos, se encuentra con sorpresa el documento “Pobreza monetaria en Colombia, nueva metodología y cifras 2002-2010”, del DNP y el DANE. Este es el resultado de la segunda fase de la Misión para el Empalme de las Series de Empleo, Pobreza y Desigualdad (Mesep)”.

Aquí se observa que con la nueva metodología se pasó del 44% de pobreza en el año 2010, al 37% en el año 2011, lo que corresponde a una caída del 7% que, cuando se convierte en personas, significa que súbitamente 3.200.000 colombianos dejaron de ser pobres.

Es obvio que esta metodología milagrosa para reducir la pobreza no ofrece un sistema objetivo ni justo para evaluarla, por lo cual es conveniente recurrir a otros indicadores que permitan hacer una estimación verídica de la realidad social del país.

Cifras en detalle

La línea de pobreza es el nivel mínimo de ingresos necesarios para poder mantener un estándar de vida adecuado. Según la ONU, la pobreza absoluta es la falta severa de ocho necesidades humanas básicas: ingresos, alimentos, agua potable, instalaciones de saneamiento, salud, albergue, educación e información. Depende no solo de los ingresos, sino también del acceso a servicios.

En Colombia, según la metodología de la Mesep, una persona es pobre cuando sus ingresos mensuales son inferiores a 197.400 pesos mensuales (6.567 diarios). Y está en pobreza extrema o indigencia cuando no recibe 98.500 pesos al mes (3.283 al día).

El coeficiente de Gini se utiliza para medir la desigualdad de ingresos o de riqueza. El número 0 corresponde a la igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y el 1, a la total desigualdad (una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno). Este índice es el coeficiente en porcentaje.

En el año 2007, Suecia tenía la mejor distribución (23%), mientras que en Colombia era del 53,8%. Según el Banco Mundial (BM), en los años 2008, 2009 y 2010, el índice del país fue del 57,2%, 56,7% y 55,9%, respectivamente.

En el año 2011, entre 160 países del mundo, Colombia ocupaba el puesto 150 en concentración de la riqueza: superaba a Bolivia, Honduras y Haití en desigualdad e inequidad.

Pobreza y salud

Según el Ministerio de Salud y Protección Social: “Para lograr la afiliación de la población pobre y vulnerable del país al Sistema Integral de Seguridad Social (SISS), el Estado colombiano ha definido al régimen subsidiado en salud como su vía de acceso efectiva al derecho fundamental de la salud, a través de un subsidio”.

En una de las tablas del Ministerio, se observa que el 47,04% de los habitantes está afiliado al SISS en el régimen contributivo. El resto (el 52,96%), al subsidiado, incluido un 8,98% que está por fuera del sistema.  Esto significa que más de la mitad de los colombianos no tiene ingresos suficientes para pagar sus seguros en el régimen contributivo. Es perfectamente clara la relación entre vinculación al régimen subsidiado y pobreza.

En cuanto al producto interno bruto (PIB), en el año 2007 Colombia tenía un total de 171.738 millones de dólares. El per cápita era de 3.614 dólares. Para la misma fuente, el PIB total (estimado) para el año 2012 fue de 470 mil millones de dólares y el per cápita, de 10.100 dólares, lo que equivale a un incremento del 279% que supera a los de Bolivia, Ecuador y Paraguay.

¿Qué ha ocurrido con esa gran cantidad de dinero? ¿Quiénes se lo han apropiado?

La Mesep muestra que el índice de Gini pasó, en el año 2002, del 59,4% al 57,8% en el año 2010. Es decir, la desigualdad no disminuyó en Colombia en los últimos años, a pesar del incremento del PIB. Por ende, la pobreza real –la de las personas– no disminuyó y la riqueza quedó en manos de pocos.

El desarrollo humano es precario

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) establece que la educación de un país es la base para construir una sociedad justa y sostenible. Así, desde 1990 evalúa el progreso social de una nación en tres dimensiones básicas: vida larga y saludable, educación (conocimientos) e ingresos (nivel de vida digno). Este es el índice de desarrollo humano (IDH).

Noruega lo lidera con un promedio de vida de 81 años, 12,6 de escolaridad y un PIB per cápita de 47.557 dólares. Colombia está por debajo de Brasil y México y del promedio de países de América Latina, con 73,7 años de expectativa de vida, 7,3 de educación y un PIB per cápita de 8.315 dólares. En el año 2011, estaba en el puesto 79 entre 187 países. En el año 2012, pasó al 91.

La situación de la educación en Colombia puede conocerse objetivamente a partir de datos de entidades internacionales, por ejemplo, las pruebas PISA. Esta iniciativa de la OCDE entrega indicadores de calidad educativa al evaluar las competencias en lectura, matemáticas y ciencias en jóvenes quinceañeros de 65 países.

Los ocho países latinoamericanos que participaron en las PISA en 2009 tuvieron promedios inferiores a los de los miembros de la OCDE (que es de 494 puntos). El de Colombia fue de 413: por debajo de Chile, México y Uruguay, similar al de Brasil y superior al de Argentina, Panamá y Perú.

Las pruebas mostraron una leve mejora de los estudiantes colombianos con respecto al año 2006, pero insuficiente para garantizar las metas que el país se ha propuesto en materia de competitividad y equidad.

Los jóvenes colombianos tienen dificultades para comprender textos complejos e información implícita, para comparar y contrastar ideas y para asumir una posición crítica y argumentada sobre estas.

Una informalidad aguda

Según el informe del DANE “Medición del empleo informal y seguridad social, noviembre 2012 – enero 2013”, la población de ocupados informales en las trece áreas metropolitanas es del 51,6% y, de ella, el 52,9% tenía nivel educativo de secundaria.

Para el año 2012, la tasa nacional de desempleo fue del 10,4% y la de subempleo, del 32,6%. Estos valores indican que el 43% de los colombianos son desempleados o tienen formas precarias de trabajo.

Es evidente que Colombia debe acudir a metodologías que produzcan indicadores reales sobre su situación social. Asimismo, debe introducir cambios estructurales, que incluyen reformas inaplazables: agraria, de tierras urbanas, fiscal, del sector financiero y del sistema de salud (pasar de la protección social a la seguridad social), laboral (formalizar la contratación y respetar los derechos de los trabajadores).

En educación, se debe pagar adecuadamente a los profesores de todos los niveles, así como asignar una adecuada financiación para la educación pública como factor fundamental para construir un nuevo país.

Solo después de ejecutar estos cambios, que ayudarían a elevar la calidad de vida de todos los colombianos, el país podría considerar su entrada a la OCDE, al llamado “club de los países ricos”.

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