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Presenta población mexicana alta predisposición genética hacia sobrepeso y obesidad

 
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Un equipo de trabajo, coordinado por Samuel Canizales Quinteros, de la FQ de la UNAM, identificó una variante de riesgo metabólico exclusiva de los mexicanos, que provoca una disminución en los niveles de colesterol “bueno” o HDL
Un equipo de trabajo, coordinado por Samuel Canizales Quinteros, de la FQ de la UNAM, identificó una variante de riesgo metabólico exclusiva de los mexicanos, que provoca una disminución en los niveles de colesterol “bueno” o HDL

1° de Agosto de 2012

La población mexicana presenta una alta predisposición genética para desarrollar sobrepeso y obesidad, y a generar, en consecuencia, enfermedades crónicas y complicaciones metabólicas, revelan estudios de investigadores de la Facultad de Química (FQ) de la UNAM, realizados en colaboración con el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición (INCMN) Salvador Zubirán, y el Instituto Nacional de Medicina Genómica.

Los hallazgos más relevantes incluyen la identificación de una variante génica de riesgo metabólico, exclusiva de los mexicanos, que altera la función del transportador de colesterol ABCA1, y provoca una disminución en los niveles de colesterol “bueno”, o HDL, encargado de limpiar las arterias.

En entrevista, Samuel Canizales Quinteros, académico de la FQ y coordinador del equipo de trabajo, con 10 años de experiencia, señaló que si ese transportador funciona bien, ocasiona niveles normales o altos de HDL, partículas que poseen propiedades antiinflamatorias y antioxidantes; de hecho, “personas con colesterol bueno alto tienden a ser longevas”.

Asimismo, detalló que este gen, cuya función es obtener colesterol de las células para formar HDL, presenta un cambio de aminoácido (arginina por cisteína en la posición 230) que sólo se ha encontrado en poblaciones con componente indígena.

“Se trata de una variante exclusiva de indígenas y mestizos de este continente. Hemos llevado a cabo estudios en grupos de África, Asia y Europa, y en ninguna de ellas encontramos la alteración”, abundó.

Ello incrementa el riesgo de presentar obesidad y, si está afectado, provoca que el páncreas no libere insulina de forma adecuada, con lo que se incrementan las probabilidades de desarrollar diabetes.

En la actualidad, estos expertos buscan otras variantes exclusivas de América, para explicar por qué ciertas enfermedades como el hígado graso no alcohólico y la diabetes tipo 2, entre otras, son más prevalentes en este espacio geográfico.

Otros genes involucrados

Otros proyectos encabezados por Canizales se relacionan con la indagación de genes que incrementan las posibilidades de presentar obesidad y sobrepeso, que van en aumento y son factores de riesgo para desarrollar diabetes, hipertensión, hígado graso no alcohólico y algunos tipos de cáncer.

Una de las líneas de investigación revela que el gen FTO, vinculado con la cantidad de grasa en el organismo, el receptor de melanocortina 4 (MC4R) y la proteína convertasa 1 (PCSK1), aumentan casi cuatro veces el riesgo de obesidad mórbida, o de tipo III entre los mexicananos, pero no se ve tan aumentado para la obesidad I y II, que son las más comunes, puntualizó.

Otro grupo se ocupa de entender qué sucede con la acumulación de grasa en el hígado, pues otra de las comorbilidades a las que se asocia la obesidad es el hígado graso no alcohólico, que puede progresar hacia complicaciones como cirrosis o hepatocarcinoma.

Por ello, uno de los objetivos planteados en este análisis es determinar marcadores moleculares no invasivos, que permitan identificar sujetos en riesgo de presentar complicaciones.

En cuanto a la prevalencia de este padecimiento, el investigador estimó que se presenta en alrededor del 70 por ciento de las personas con obesidad, cifra que aumenta a 90 puntos porcentuales si padecen obesidad severa o mórbida.

La importancia de iniciativas académicas en este tema radica en que la prevalencia se incrementa. “México ocupa el primer lugar en obesidad infantil, y en adultos también estamos entre los primeros lugares a nivel mundial. Por ello, actualmente realizamos estudios en un grupo de más de cuatro mil niños en edad escolar, que nos permita identificar los factores genéticos y ambientales de riesgo”, explicó.

Canizales, que realiza desde hace más de una década proyectos enfocados a la genómica de la obesidad y comorbilidades relacionadas, sostuvo que este padecimiento no se puede considerar sólo como un problema genómico, sino como una enfermedad compleja que requiere de muchos factores para desarrollarse, como el sedentarismo, la mala alimentación y la susceptibilidad genética.

Trabajo multidisciplinario

Las tareas deben hacerse de manera multidisciplinaria, y con ese enfoque han hecho trabajos conjuntos con otros especialistas, como de los Departamentos de Fisiología de la Nutrición y de Endocrinología del INCMN, con quienes ha indagado la forma como funcionan las dietas en personas con una alteración en el ABCA1, y han encontrado que estos pacientes responden mejor a una dieta rica en soya, con la que elevan sus niveles de HDL.

También, han empezado a analizar, con otros equipos de trabajo, la manera de determinar qué componentes de la dieta pueden aumentar o disminuir el riesgo de obesidad de acuerdo a la composición genética.

“Es importante, porque no se trata de un tratamiento farmacológico, sino dietético. Con esto buscamos entender la genómica como parte de las enfermedades complejas, para encontrar variantes con un efecto mayor que, con intervención de la dieta, puedan tener impactos positivos en la población, en especial en sectores de mayor riesgo, de acuerdo con la composición genómica”, adelantó.

La idea, concluyó, es sumar esfuerzos para tratar de bajar las tasas de obesidad en el país. “Esperamos que nuestros resultados sean útiles para el desarrollo futuro de pruebas de diagnóstico y de programas preventivos, que contribuyan, además, a disminuir los altos costos que destina el sistema nacional de salud para el tratamiento de la misma, y comorbilidades relacionadas”.

Boletín UNAM-DGCS-474
Ciudad Universitaria.

La cocina tradicional mexicana, una respuesta al sobrepeso y obesidad

 
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Los platillos desarrollados por las culturas mesoamericanas son naturalmente equilibrados y podrían contrarrestar los padecimientos ocasionados por dietas de países industrializados.
Los platillos desarrollados por las culturas mesoamericanas son naturalmente equilibrados y podrían contrarrestar los padecimientos ocasionados por dietas de países industrializados.

16 de octubre de 2011
• Los platillos desarrollados por las culturas mesoamericanas son naturalmente equilibrados y podrían contrarrestar los padecimientos ocasionados por dietas de países industrializados, expuso Amanda Gálvez Mariscal, investigadora de la Facultad de Química de la UNAM, en ocasión del Día Mundial de la Alimentación

En México, día con día aumenta el número de personas declaradas formalmente obesas. Este hecho ha asombrado a médicos de todas las especialidades, quienes hace una década no imaginaban que los índices se dispararían a los niveles registrados en la actualidad.

Desde las instituciones dedicadas al cuidado de la salud se han lanzado diversas campañas y programas con el fin de controlar este fenómeno. Como medidas para contrarrestar este mal se han propuesto dietas, rutinas de ejercicios y costosos tratamientos, casi todos, excepto una alternativa que menguaría, de manera sencilla y económica, muchos de estos problemas, “regresar a la comida tradicional”, señaló Amanda Gálvez Mariscal, investigadora de la Facultad de Química (FQ) de la UNAM, en ocasión del Día Mundial de la Alimentación que se conmemora este 16 de octubre.

Antes consumíamos pozole, hoy lo usual es comprar sopas instantáneas; cada vez son menos los platos de huauzontle servidos a la mesa y más los pedidos telefónicos a la pizzería, y los tlacoyos ceden su lugar a las hamburguesas, mientras que los nopales y aguas frescas sucumben al embate de las papas fritas y los refrescos; “la vida moderna nos ha obligado a cambiar muchos de nuestros hábitos, y en este trueque no necesariamente ganamos”, añadió la también coordinadora del Programa Universitario de Alimentos (PUAL).

Adoptar patrones alimenticios que vienen de fuera ha hecho mella a lo largo del país, advirtió Gálvez Mariscal, “y los consecuencias están a la vista de todos, aproximadamente un tercio de los niños mexicanos tienen sobrepeso y siete de cada 10 adultos, también”.

Además, indicó que los males derivados del aumento de peso son, principalmente, diabetes y enfermedades isquémicas del corazón y cerebro-vasculares, “justo las tres principales causas de muerte en México”.

Cultura contra evolución

Aunque hay quienes lo ven como un asunto simple, alimentarse es un proceso psicosocial sumamente complejo, explicó Gálvez, pues más allá de los simplismos que señalan, “se trata, sencillamente, de comer para nutrirse”, en realidad esto comprende variables relacionadas con los gustos, la cultura e incluso con el momento emotivo que atraviesa cada individuo; “por ejemplo, hay gente que come si está triste, otra lo hace al sentirse contenta e incluso hay quienes elevan su ingesta al consumir alcohol, porque esto deprime la conciencia”.

Un personaje literario famoso justamente por beber y comer desmedidamente, especialmente al estar eufórico, es Pantagruel, un gigante salido de la pluma de Rabelais y que sirvió al escritor francés para satirizar los excesos alimenticios de Occidente, pues en la mesa de esta criatura no había un solo espacio libre, todo estaba ocupado por copas rebosantes de vino, carnes grasosas y pastelería saturada de azúcar, “algo que la naturaleza jamás supuso que el hombre tendría que digerir”.

Si tuviéramos que determinar un momento que nos ayude a entender cómo la alimentación humana se comenzó a transformar, es decir, “un érase una vez” que sirva de punto de partida para este relato, deberíamos remontarnos al Paleolítico Superior, dijo.

En ese entonces, nuestros ancestros se alimentaban a la manera de los primates, con lo que encontraban en la naturaleza. “Se comía a cada rato y la dieta era prácticamente vegetariana, a menos que encontraran algún animalillo por ahí, entonces carne”.

¿Qué pasó para que aquellos masticadores de plantas tuvieran descendientes aficionados a los banquetes pantagruélicos? “Millones de años de evolución dictaban que debíamos comer ciertas cosas; lo que nos llevó a esta transición la invención de la agricultura, nacida hace apenas 10 mil años, que nos impuso otros alimentos muy diferentes a los de la caza que se consumían eventualmente. A partir de ahí, comenzamos a comer granos harinosos”, comentó.

El sembrar semillas permitió escoger especies y darles las características que hoy tienen; ejemplo de esto es el maíz, que en un principio era una especie de pasto (el teocintle) con apenas unos cuantos granos duros, muy diferente de la mazorca actual, tan útil para ser cosechada y tan inútil para reproducirse sola, sin la intervención de una mano campesina, y la caña de azúcar, creada por los egipcios, es un caso muy similar.

“Así entraron elementos hasta entonces extraños en nuestra dieta, pues el hombre no evolucionó para ingerir harinas en gran cantidad, y mucho menos azúcar refinada, estamos diseñados para consumir bayas, verduras, frutas, nueces, hierbas y, ocasionalmente, un poco de carne”.

La tradición mesoamericana

En el mercado de la gran Tenochtitlán era común ver (a decir de Alfonso Reyes en Visión de Anáhuac) “verduras en cantidad, y sobre todo, cebolla, puerro, ajo, borraja, mastuerzo, berro, acedera, cardos y tagarninas. Los capulines y las ciruelas son las frutas que más se venden. Miel de abejas y cera de panal; miel de caña de maíz, tan untuosa y dulce como la de azúcar y miel de maguey”.

“El uso de estas variedades en nuestra cocina tradicional es reflejo de la sabiduría prehispánica”, expuso Amanda Gálvez, quien indicó que la combinación de acelgas, quintoniles, nopales y demás plantas cultivadas en la milpa, al combinarse, tienen propiedades alimenticias difícilmente vistas en cocinas nacidas en otros lados del mundo.

“¿Sabías que las proteínas contenidas en el maíz y las del frijol son deficientes, pero que al juntarlas se vuelven tan efectivas que con ellas se iguala prácticamente el valor nutrimental de la carne? Las leguminosas complementan las carencias de los cereales y viceversa, lo que crea una sinergia muy interesante; sin embargo, cada vez se consume más fast food y menos enfrijoladas”.

Además, añadió, hay una máxima que las abuelas, sin ser nutriólogas, sabían y aplicaban en sus recetas: “hay que comer más verduras y más variado”, y la ciencia ha corroborado que su decir es cierto, pues se ha demostrado que en los platillos preparados en las estufas de antaño, y con estos tradicionales ingredientes, están presentes una serie de moléculas muy pequeñas, pero muy importantes para nuestra salud, conocidas como fitoquímicos.

“Los ingredientes típicos de nuestra gastronomía están cargados de fitoestrógenos, isoflavonoides, antocianinas y sulforafanos, entre otras sustancias que protegen nuestra salud por ser antioxidantes, evitar accidentes cardiovasculares, mejorar la visión y, además, contienen una buena cantidad de vitaminas. Por ello, hace unos 25 años, especialistas rebautizaron a estos alimentos como nutracéuticos (neologismo formado a partir de las palabras nutrición y farmacéutico) tras descubrir lo benéficos que resultan, aunque esto nuestras abuelas lo supieron desde siempre”.

Recientemente, en el Instituto Nacional de Salud Pública, el grupo de Lizbeth López realizó una serie de estudios epidemiológicos que arrojaron resultados que corroboran que la dieta incide directamente en nuestra salud, pero no siempre de la manera más obvia. Por ejemplo, los datos obtenidos demuestran que mujeres que comen frijol y cebolla, de manera cotidiana, son menos propensas a desarrollar cáncer, “y ése es sólo uno de los casos encontrados, pero hay que indagar más, porque la veta de investigación es muy rica”, expuso la académica.

“No obstante, con los nuevos patrones de ingesta adoptados —tan ricos en grasa y azúcares y tan bajos en verdura y fibra— la gente tiende a engordar y desarrollar males degenerativos e incurables, como la diabetes o los padecimientos del corazón, derivados de haber abandonado nuestra tradición y los menús que ésta nos sugiere”.

Por ejemplo, los herederos de los amerindios tenemos genes que nos hacen propensos a la diabetes, porque antes de la llegada de los europeos no consumíamos carbohidratos refinados como el azúcar y las harinas blancas y no se freían los alimentos. Debemos tener presente este tipo de variables, y no sólo para desarrollar planes de atención médica para las próximas décadas, sino para prevenir desde ahora.

“Claro que al decir tradicional nos referimos a estilos de comer más cercanos a lo mesoamericano, a la milpa y la chinampa, y no a quesadillas bañadas en aceite ni nada por el estilo, porque para nuestros antepasados la fritura era algo desconocido. Ahora, con la vida cotidiana y su prisa perpetua, es cada vez más tentadora la comida rápida, o los productos ofertados en la tiendita de la esquina, y por ello, cada vez son más los sujetos con enfermedades propias de las sociedades modernas”, concluyó.

Créditos: unam.mx/boletin/610/2011

Imagen: pordescubrir.com

Contribuye la UNAM a la educación para la nutrición de infantes

 
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sobrepeso27 de diciembre de 2010

• El proyecto Ambientes de aprendizaje obesogénicos, de la FES Acatlán, pretende describir los aspectos socioculturales en relación a la formación de los hábitos alimenticios

Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut), la obesidad y el sobrepeso en niños en edad escolar se incrementó 30 por ciento de 1988 a 2006.

El estudio revela que en el Estado de México, 14 de cada 100 niños menores de cinco años tienen baja talla; en contraparte, Tlanepantla, Ecatepec, Coacalco, Naucalpan, Nezahualcóyotl, Tultepec y Cuatitlán Izcalli son las jurisdicciones donde los infantes de preescolar y primaria presentan mayor exceso de peso.

Por ello, a través de un taller de investigación educativa, estudiantes de séptimo y octavo semestre de la licenciatura de Pedagogía en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán de la UNAM, participan como educadores en primarias ubicadas en Atizapán.

Ambientes de aprendizaje obesogénicos es un proyecto de investigación dirigido por María del Rocío Ávila Santana, profesora en Pedagogía de la entidad, que pretende describir los aspectos socioculturales respecto a la formación de los hábitos alimenticios.

Los ambientes obesogénicos, explicó Ávila Santana, son espacios físicos de interacción social, donde se generan experiencias, emociones y afectividad con relación a la comida; desde esa perspectiva, casi cualquier lugar se adapta a esta definición, por lo que en el contexto del estudio, las escuelas constituyen un claro ejemplo.

Se trata de un trabajo que se realiza con alumnos de Práctica Profesional de la licenciatura en Pedagogía, y se desprende de un convenio de colaboración con la Coordinación Regional de Educación para la Salud, que atiende la región de Atizapán y Nícolas Romero, Estado de México.

El propósito es llevar a cabo una intervención profesional, desde una visión multidisciplinaria, donde se trabaje a través de diagnósticos, estrategias de aprendizaje y generación de ambientes de enseñanza no obesogénicos, que logren un cambio en los hábitos alimenticios, indicó.

En este proyecto de educación para la nutrición participan 22 universitarios, que elaboran un diagnóstico acerca del contexto y ubicación de la escuela y sus características socioeconómicas, y revisan los datos que los mismos directores proporcionan sobre el peso y talla de los alumnos.

En México, se ha prestado mayor atención a los problemas de obesidad que a los de mala nutrición por exceso; en ese sentido, el problema no es sólo si se come en exceso, sino qué alimentos. “Lo importante no es negar la ingesta de comida chatarra, sino educar a los niños para que aprendan a distinguir entre un alimento saludable y otro que no lo es”, dijo.

“A partir de ello, se establecen estrategias con una visión lúdica, porque como trabajamos con infantes de primaria, es importante tocar, aprender y jugar para lograr un aprendizaje significativo y mostrar al pequeño qué es una proteína o qué es el plato del bien comer”, añadió la también maestra en tecnología educativa.

El proyecto consiste en evaluar el estado nutricional de los alumnos de educación básica (preescolar y primaria) con base en las encuestas existentes, que incluyen datos sobre talla, peso e información sobre el rendimiento escolar.

A partir de ese diagnóstico, se plantean estrategias de enseñanza para que los alumnos identifiquen y entiendan que no toda la comida es buena para su salud.

Los universitarios imparten pláticas informativas, clases en las que utilizan material didáctico como frutas de plástico, dibujos o juegos, para ilustrar las ventajas de consumir alimentos saludables. Asimismo, muestran el aspecto negativo de los productos chatarra.

Los resultados obtenidos se reflejan en el cambio de hábitos de los estudiantes, sus familias y profesores. La investigadora afirmó que el proyecto, por tener un enfoque cualitativo, se basa en la observación de las actividades dentro de las escuelas.

“El aspecto principal de esta labor es que se promueve un quehacer profesional y nace un nuevo campo de estudio para los pedagogos. Se trabaja también para que la sociedad reconozca la labor de este tipo de profesionales, que cumplen un papel importante en el manejo y diseño de estrategias de aprendizaje y, en este caso, de educación para la nutrición”, concluyó.
Créditos: UNAM-DGCS-813/unam.mx

Trastorno por atracón, más común que la anorexia y la bulimia nerviosa

 
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El trastorno por atracón es más común que la anorexia y la bulimia nerviosas, y quien lo padece puede consumir de mil 500 a cuatro mil 500 calorías en una sola comilona.
El trastorno por atracón es más común que la anorexia y la bulimia nerviosas, y quien lo padece puede consumir de mil 500 a cuatro mil 500 calorías en una sola comilona.

26 de diciembre de 2010

• El 80 por ciento de las mujeres desean un peso menor al que tienen
• Los hombres, en tanto, desean bajar unos kilos porque tienen sobrepeso u obesidad, o quieren aumentar masa muscular por ser delgados
• El trastorno por atracón es más común que la anorexia y la bulimia nerviosas

“Si una persona no está a gusto con su figura corporal puede corregirla con el uso, por ejemplo, de ropa holgada, pero hay quien desarrolla otro tipo de conductas, como restringir los alimentos hasta llegar al ayuno o, en casos extremos, tomar purgantes, laxantes, diuréticos o píldoras para adelgazar e incluso provocarse el vómito”, dijo Rosalía Vázquez Arévalo, investigadora de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala.

Todos poseen una imagen corporal que podría ser la representación que se tiene de uno mismo y de los sentimientos o actitudes propias, pero si esa percepción y valoración no son favorables, se podrían poner en práctica varias conductas para modificarla.

Se ha encontrado que 80 por ciento de las mujeres desean un peso por debajo del que tienen; en cambio, los hombres están divididos entre los que quieren bajar de peso porque tienen sobrepeso u obesidad, y los que quieren aumentar su masa muscular por ser muy delgados.
Si alguien preguntara qué nos desagrada de nosotros, seguramente entre 80 y 90 por ciento contestaríamos que algo de nuestra figura. Esta actitud, conocida como malestar corporal es normal, porque la mayoría de las personas no se ve afectada por ella en su vida cotidiana, ni emprende acciones dañinas para modificar su silueta.

Si se presenta la llamada insatisfacción corporal, que sería el siguiente nivel, la gente empieza a tener conductas nocivas para la salud, como dejar de asistir a reuniones sociales, someterse a dietas rigurosas sin supervisión médica, auto provocarse vómitos, usar laxantes o purgantes.

El problema es que a veces la gente confunde los dos niveles anteriores. De acuerdo con una encuesta, 80 por ciento de los estudiantes de un plantel educativo tenía insatisfacción corporal, aunque manifestaron malestar corporal.

“Trabajamos para hacer esta diferenciación, porque afirmar que 80 por ciento de los estudiantes encuestados está en riesgo de sufrir un trastorno del comportamiento alimentario es incorrecto. A la gente le gustaría cambiar algo de su cuerpo, pero ello no implica una actitud patológica”, apuntó la investigadora.

Predictor

Estudios realizados en México y el extranjero han demostrado que la insatisfacción corporal es el mejor predictor de un trastorno del comportamiento alimentario.

Del 80 por ciento de la población que le gustaría cambiar algo de su cuerpo, se sabe que 10 ó 15 por ciento se han sometido a dietas rigurosas u otras conductas nocivas.

Es importante aclarar que el sobrepeso es diferente de la obesidad. Aparece si una persona presenta entre cinco y 10 por ciento más de su peso corporal ideal, según su estatura, edad y actividad física.

“No es tan nocivo para la salud, incluso está asociado a una mayor longevidad, porque cuando una persona con sobrepeso enferma seriamente su organismo cuenta con reservas para soportar el padecimiento, comentó Vázquez Arévalo.

En cuanto a la obesidad, según la Organización Mundial de la Salud no es un trastorno del comportamiento alimentario, sino un problema grave de salud, porque se relaciona con enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión, que derivar en la muerte.

Trastorno por atracón

Los trastornos del comportamiento alimentario suelen dividirse en específicos, como la anorexia y la bulimia nerviosas, y en no específicos, como el llamado trastorno por atracón. Éstos últimos presentan una problemática clínica relevante, pero no llegan a tener la gravedad de los primeros.

El trastorno por atracón, actualmente sometido a investigación, refiere a la obesidad, cuyo origen es psicológico; es decir, no se come por hambre, sino por problemas emocionales. Es más común que la anorexia y la bulimia nerviosas (por cada tres casos de mujeres hay dos de hombres), y quien lo padece puede consumir de mil 500 a cuatro mil 500 calorías en un solo atracón.

Para que a una persona se le diagnostique este trastorno debe contabilizar al menos dos episodios de atracón por semana durante seis meses.

Créditos: UNAM-DGCS-812/unam.mx

PREOCUPANTE EL LIDERAZGO MUNDIAL DE MÉXICO EN EL NÚMERO DE NIÑOS OBESOS: NARRO ROBLES

 
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• La UNAM puso en marcha el Programa Universitario de Activación Física (PUAF), para propiciar la incorporación de los universitarios a la actividad física y recreativa
• El rector reconoció que uno de cada 10 estudiantes de primer ingreso en esta casa de estudios tiene sobrepeso.

Es preocupante que México ocupe el segundo lugar en el mundo en habitantes con sobrepeso; pero todavía lo es más que los niños mexicanos ocupen el primer sitio del orbe, advirtió el rector de la UNAM, José Narro Robles.

Ante ello, dijo, la Universidad Nacional toma acciones concretas como el Programa Universitario de Activación Física (PUAF), para incorporar a la actividad física y recreativa a los universitarios que quieran hacerlo.

En el arranque del PUAF, Narro Robles reconoció que, de acuerdo con los datos del Examen Médico Automatizado (EMA) de la UNAM, dentro de la comunidad estudiantil de esta casa de estudios, uno de cada 10 estudiantes de primer ingreso tiene sobrepeso.

La actividad física contribuye con la salud, y en la Universidad ésta es una condición previa indispensable para desarrollar nuestras capacidades. Por ello, con esta acción queremos hacer conscientes a más universitarios de la trascendencia de la actividad física y la práctica del deporte.

Pero también, se busca que a través de una acción concreta a la sociedad, llegue el mensaje de que en la Universidad Nacional tenemos preocupación por lo que sucede en el país en este ámbito.

Al dar la bienvenida a los participantes, dijo que el PUAF es benéfico en lo individual, pero también en lo colectivo; transformar nuestra forma de comportarnos y adquirir hábitos saludables es favorable para cada persona, pero también para la colectividad.

Por su parte, Ramiro Jesús Sandoval, secretario de Servicios a la Comunidad, explicó que la evidencia científica demuestra que el sedentarismo es un factor importante que contribuye al desarrollo de enfermedades crónicas graves.

De acuerdo con la Comisión Nacional de Cultura del Deporte, dijo, en México sólo 35 por ciento de los adolescentes entre 11 y 18 años realiza alguna actividad física; mientras que más del 33 por ciento permanece frente al televisor más de 14 horas a la semana. Además, entre los adultos jóvenes de 19 a 29 años, sólo el 40 por ciento practica alguna actividad física.

En su oportunidad, Héctor Hernández Bringas, director general de Actividades Deportivas y Recreativas, recalcó que con el PUAF se pretende sentar las bases y propiciar un cambio de hábitos para dar a la actividad física la dimensión que tiene como un elemento que coadyuva a nuestro bienestar y salud.

Fuente:
Boletín UNAM-DGCS-090
dgcs.unam.mx

Sabersinfin.com