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El Cuauhxicalco de Templo Mayor, pasado prehispánico que sale a la luz

 
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Se encontró un basamento circular de 16 metros de diámetro, atravesado a la mitad por un drenaje de tiempos porfirianos (derecha).
Se encontró un basamento circular de 16 metros de diámetro, atravesado a la mitad por un drenaje de tiempos porfirianos (derecha).

4 de diciembre de 2011

• La construcción recién descubierta pertenece al periodo IVb (1469-1481) y estaba consagrada a Huitzilopochtli, explicó Roberto Martínez Meza, estudiante en la maestría de Estudios Mesoamericanos de la FFyL de la UNAM

Hace algunas semanas, los hombres que cavaban a las afueras del Museo del Templo Mayor —en los terrenos que poco a poco se le han ganado a la Plaza Gamio para construir lo que será el nuevo acceso al recinto—, dieron aviso de que, al horadar la superficie, habían chocado con un objeto sólido, a aproximadamente cinco metros bajo tierra. Aquella tarde, Roberto Martínez Meza supervisaba los trabajos y, al escuchar la alerta, supo que habían encontrado algo, “y muy importante”.

Al revisar el objeto, el candidato a maestro en Estudios Mesoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM vio que se trataba de una línea de estuco con piedra careada y recordó que hace no mucho el arqueólogo Leonardo López había detectado una base piramidal en el predio de las Ajaracas. Martínez sospechó que se trataba del mismo edificio prehispánico hallado por su colega, aunque éste jamás imaginó que el muro norte llegaría hasta allá, porque se lo había imaginado más pequeño.

Era así como, tras cinco siglos en el subsuelo y sin que nadie lo esperara, salía a la luz el cuauhxicalco que, a decir de los relatos, se había construido durante el reinado de Atzayácatl. “Se trata de un basamento circular, de 16 metros de diámetro, perteneciente al periodo IVb de Tenochtitlan. Es un descubrimiento particularmente importante, porque habían pasado dos años sin que apareciera nada prehispánico en la zona”, expuso.

“Por estar en el costado sur del Templo Mayor, sabemos que era un espacio dedicado a Huitzilopochtli, dios de la guerra. Probablemente aquí eran cremados nobles y tlatoanis. Fue construido entre los años 1469 y 1481. Nunca fue visto por ojos españoles, ya que esta construcción, en particular, fue destruida por los mexicas para edificar encima”, expuso.

Un lento salir a la luz

“Saber que estás por hacer un descubrimiento entraña una emoción muy particular”, compartió Roberto Martínez, y esto él lo sabe por experiencia propia, pues la noche de aquel 12 de septiembre un sentimiento de inquietud apenas lo dejó dormir. Horas antes había examinado el borde de tezontle aparecido bajo las palas de los albañiles y estaba cierto de que se trataba de una estructura de origen mexica, pero pese a su deseo de que los trabajos de excavación continuaran, era imposible seguir, pues había caído el Sol.

Un día después, al romper la mañana, el universitario regresó con un grupo de expertos “y comenzamos a retirar tierra; cada palada confirmaba mis sospechas. Entramos por un costado y nos topamos con un muro de metro y medio de altura, y al limpiar la estructura aparecieron; primero, una cabeza de serpiente tallada en roca, luego otra, y después una más, así hasta superar la decena”.

Lo paradójico de liberar esta construcción, explicó, es que para rescatarla primero debemos retirar el ataúd de tierra que la protegió tanto tiempo, y al hacerlo, la dejamos expuesta a elementos amenazantes. Tal es el caso de las lluvias, que se soltaron apenas iniciaron los trabajos, y una filtración de aguas negras que apareció al hacer la excavación y que compromete la integridad de los estucos.

Para Martínez, sacar esta edificación a la luz equivale a desenterrar historias que corrían el riesgo de quedar sepultas.

“Cada mella, fractura o muesca detectada nos narra un evento particular. Por su altura de 1.50 metros, sabemos que esta construcción fue descopetada por los mexicas poco antes de que Colón llegara a América. Además, es atravesada, justo a la mitad, por un drenaje porfiriano que data de 1900. Asomarse a estos detalles es un privilegio poco común, equivale a ser testigo del pasado”.

Realidad que corrobora lo escrito

Desde siempre, Heinrich Schliemann fue un ávido lector de la Ilíada; de niño su mayor deseo era encontrar Troya, de adulto destinó gran parte de su fortuna a esta empresa. Muchos calificaron de insensato buscar una urbe que sólo existía en versos épicos, pero el prusiano perseveró y, finalmente, desenterró lo que muchos creían producto de la imaginación homérica: la mítica ciudad de Héctor.

“Estas historias son recurrentes en nuestra profesión, pues algo parecido sucedió con Templo Mayor, cuya existencia estaba consignada en crónicas, pero no había vestigios que corroboraran algo. La búsqueda parecía infructuosa, pues algunos testimonios ubicaban la construcción justo abajo de Catedral, lo que imposibilitaba cualquier trabajo, y los arqueólogos que registraron la zona pasaron junto al santuario sin verlo, como Leopoldo Batres, en 1900. Fue hasta 1916, con los trabajos de Manuel Gamio, que finalmente supimos dónde estaba”, explicó Martínez Meza.

El universitario es enfático al aseverar que quienes, como él, estudian el Postclásico, tienen una gran ventaja sobre los que se especializan en periodos anteriores. “Nosotros tenemos escritos que nos ayudan a recrear el pasado, los otros no”.

Como Schliemann puso en evidencia, si hay textos que describan ciudades perdidas, entonces la imaginación se vuelve una herramienta invaluable. “Bernardino de Sahagún nos dijo que en el área había 78 edificios. Eso nos da una idea de qué tan grande es el rompecabezas que tenemos en la mesa”.

Pero reconstruir cómo era Templo Mayor y sus alrededores es una labor de paciencia, pues de manera intermitente aparece una pieza por aquí, otra por allá, sin orden ni periodicidad fija, y ante eso, lo que hacen los expertos es comparar los restos arqueológicos con las fuentes documentales, como quien al armar un puzzle mira repetidamente la imagen impresa en la caja para determinar de qué manera embonan las partes.

A veces las referencias son imprecisas y deben someterse a ajustes de último minuto, pero en ocasiones los datos consignados son tan acuciosos, que es, prácticamente, como tener un mapa.

Ejemplo de esto es el documento expedido el 22 de febrero de 1527, un acta de cabildo que señalaba que a Gil Gutiérrez de Benavides se le concedió una posesión “que estaba en esta ciudad, linderos con solar a casas de Antonio Ávila, su hermano, que es tercia parte donde estaba el Uchilobos”.

“Esto nos señala con una precisión pasmosa dónde estaba el templo de Hutzilopochtli, pero no siempre podemos confiar en que habrá documentos con estas características; por ello, ahí donde los textos dejan huecos, debemos remitirnos a los vestigios. Por ejemplo, en Guatemala 16, a espaldas de Catedral, se encontró el Templo de Ehécatl, dios del viento, y con cada hallazgo avanzamos en nuestra empresa. Cada pieza abona para reconstruir un escenario más amplio, pero ellas solas no pueden hacer nada, a nosotros nos toca acomodarlas e intentar armar el rompecabezas”.

Piedras que hablan

“No es que las piedras sean mudas; sólo guardan silencio”, escribió Humberto Ak’Abal, poeta indígena guatemalteco, “y no es que no digan nada, hay que saber leer en ellas, como hacemos con el cuauhxicalco recién hallado”, acotó Martínez Meza.

Para empezar, que esté localizado al sur respecto de Templo Mayor, nos dice que la construcción estuvo dedicada a Huitzilopochtli, explicó el arqueólogo.

“Lo edificado del lado norte pertenecía a Tláloc, deidad que lanzaba su mirada en dirección de los desiertos, las regiones que clamaban por agua y el territorio de las cactáceas y la biznaga. Por el contrario, al sur estaban las zonas fértiles, las que debían ser conquistadas, las que ambicionaba el dios de la guerra, de ahí que sepamos con qué propósito se creó este santuario”.

Además, sus costados están adornados por clavos arquitectónicos en forma de serpiente, se trata de 14 cabezas expuestas. El que sus muros estén rematados por un animal sagrado evidencia que se trataba de un sitio especial, algo que se corrobora al analizar las dos lápidas de piedra que hay en su parte superior, una con un chimalli, el escudo defensivo del dios de la guerra, otra con un chalchihuitl, símbolo usado para representar lo precioso.

Estos son algunos de los aspectos que revelan estos cuerpos de roca, pero hay cosas que es imposible saber con el mero examen de las estructuras, así que si las piedras llegan a callar, quizá los libros hablen, argumentó.

“En sus crónicas, Bernardino de Sahagún describe ceremonias en las que un hombre descendía por la escalinata del Templo Mayor con una víbora de papel, o xiuhcoatl, en llamas, que era depositada aquí para que terminara de quemarse. Esto, que se hacía en honor a Huitzilopochtli, nos da una visión mucho más amplia del significado que tenía este espacio”.

Por el momento continúan los trabajos de liberación y la batalla por contener la fuga de agua que se filtra, probablemente, desde un colector de aguas negras cercano. Los trabajos están a cargo del Programa de Arqueología Urbana, que depende del Proyecto Templo Mayor, del INAH.

Al respecto, concluyó Martínez Meza, “la idea es desenterrar esta estructura, en su totalidad, para que sea estudiada por los expertos y, después, exhibida al público”, lo que no es sino otra manera de, como decía Humberto Ak’Abal, sacar a la piedra de su silencio y hacerla hablar.
Créditos: unam.mx/boletin/709/2011

FFyL-BUAP convoca a sus egresados

 
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17 de agosto del 2011

La Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP, abre una nueva Convocatoria para el estudio de sus egresados, que permitirá aumentar la calidad de la oferta educativa, con base en indicadores de pertinencia, inserción laboral y requerimientos de educación continua.

Alejandro Palma Castro, Director de esta unidad académica, informó que se designó una Comisión para el Estudio de Egresados de la Facultad, la cual realizará diversas acciones para establecer contacto con los ex alumnos, así como conocer sus opiniones e implementar algunas de sus sugerencias.

Dicha convocatoria, explicó, responde a estudios realizados por instituciones de educación superior, que señalan como objetivo generalizado la necesidad de conocer los resultados de los procesos formativos, que permitan implementar mejoras y actualizaciones permanentes en planes y programas de estudio, e incluso redefinir políticas de desarrollo institucional.

“Los estudios de egresados, en buena medida, se han encaminado a retroalimentar la toma de decisiones en favor del aumento en la calidad de la oferta educativa, haciendo énfasis en la exploración de la pertinencia de la formación académica, la inserción laboral de los egresados y el conocimiento de sus requerimientos de educación continua”, indicó.

Palma Castro abundó que a pesar de que no es el único indicador para la evaluación curricular, explorar la opinión de los egresados y mantener contacto con ellos a través de diversas acciones, propicia criterios mejor sustentados para reorientar el rumbo institucional.

Reconoció que si bien se han desarrollado iniciativas institucionales con relación a estudios de egresados, para la Facultad de Filosofía y Letras es importante poner en marcha un esfuerzo alternativo y complementario.

Señaló que desde el año 1999, luego de un proceso de capacitación de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) para el personal de la Institución, se elaboró y aplicó un primer estudio de egresados a cargo de la comisión interna.

“Se efectuó a través de la convocatoria de 2007, logrando que acudieran a llenar el cuestionario poco más del 30 por ciento de las generaciones 2000 y 2001”.

El Director de la FFYL destacó que se está convocando a los egresados de las generaciones 2000 y 2001, para el seguimiento correspondiente, así como a las generaciones que ingresaron de 2002 a 2004, a quienes se aplicará por primera vez el cuestionario.

Mencionó que la comisión interna, encargada de este proceso, está integrada por docentes e investigadores de la Facultad, quienes están convencidos de los beneficios que este proyecto puede aportar.

Finalmente invitó a los egresados de esta unidad académica a acercarse al área de posgrados, ubicada en Juan de Palafox y Mendoza 227, colonia Centro, de 10:00 a 19:00 horas, para contestar su cuestionario a partir del 18 y hasta el 21 de agosto.

Créditos: buap.mx/comunic/1741

La Educación otorga armas para razonar sobre el futuro

 
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24 de mayo de 2011

La educación otorga armas para razonar sobre el futuro, permite a la sociedad crecer intelectualmente, llevar al individuo por un camino moral y ético, y forma hombres que lleven a una transformación social, afirmó Enrique Medina Miranda, estudiante de la Universidad Autónoma del Estado de México.

En su conferencia Educación, ¿para qué?, durante el XXVIII Encuentro Nacional de Estudiantes y Pasantes de Filosofía, que efectúa la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP, comentó que la educación debe comenzar en la familia, para extenderse después a la escuela y reforzarse.

El alumno lamentó que el pueblo no manifieste lo que espera de la educación, existiendo así un abandono de la misma, porque enseñar no implica esperar aprender algo, ni memorizar conceptos, sino comprender qué es, para qué sirve y cómo se emplea.

Hoy en día “la pedagogía es vista como enseñanza y no como ciencia, como algo que se imparte como un trámite o política institucional, por lo que es importante establecer el fin educativo: una educación basada en competencias”.

Medina Miranda dijo que “educar es formar, es decir, enseñar para preparar al individuo ante los desafíos que se le presenten a lo largo de su vida; incluso materias como Filosofía le sirven para que adopte modos para acceder a la realidad”.

En la mesa Filosofía de la Educación, Juan Roberto Pérez Tostado, alumno de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, indicó que la televisión es un medio de comunicación que tiene una gran influencia en los infantes, quienes antes de leer y escribir ya se encuentran ante ella. En cada casa puede faltar todo, menos un televisor.

En su ponencia La educación de la televisión en los niños, señaló que “este aparato proporciona información, pero enajena a las personas mostrando una realidad virtual, que no es más que una irrealidad que sólo existe en la pantalla”.

De esta manera, una persona no aprecia lo maravilloso de la vida cotidiana como las construcciones, los ojos profundos y melancólicos de una anciana y hasta las nubes de un atardecer.

Además convierte al individuo en un ser pasivo que sólo se limita a mirar, porque “induce a un mundo de apariencias e indecisión, quita las ganas de arreglar la casa, platicar con los amigos o realizar manualidades”.

Pérez Tostado consideró que falta promover la cultura en este medio de comunicación por parte de los organismos gubernamentales, así como reglamentos en los hogares que establezcan horarios para observarla.

Créditos: BUAP/Comunicación Institucional/buap.mx

Relevante el 150 Aniversario de la Batalla del 5 de Mayo

 
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Lunes 11 de abril de 2011

A un año de cumplirse los 150 años de la Batalla del 5 de Mayo, es relevante participar en los festejos de un momento trascendental de la historia, con actividades que permitan revalorar este hecho histórico que es importante para los poblanos y mexicanos, destacó el Director de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la BUAP, Alejandro Palma Castro, durante la inauguración del Coloquio Hacia la Conmemoración del 150 Aniversario de la Batalla del 5 de Mayo.

Afirmó que crear espacios de reflexión y análisis sobre el desarrollo histórico y cultural del país, permitirá que los especialistas puedan presentar sus investigaciones y lograr una mayor retroalimentación.

Víctor Hugo Valencia Varela, delegado en Puebla del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), indicó que este Coloquio que se realiza de manera conjunta con el Colegio de Historia de la FFyL., es el primero de una serie de actividades que desarrollarán en el futuro.

Durante el resto del año y hasta cerrar en el 2012, se presentarán “exposiciones, reediciones de libros y ediciones nuevas, e incluso se hará la reestructuración de uno de los museos más importantes para Puebla y el país, que es el de la No Intervención en el fuerte de Loreto”, señaló.

Por su parte, la doctora Celia Salazar Exaire, coordinadora del Seminario de Estudios sobre Los Fuertes de Loreto y Guadalupe, informó que para ver cumplida esta idea, se realiza una investigación de las ocho salas del Museo con el fin de fortalecer la identidad nacional.

La también académica del Colegio de Historia de la BUAP, detalló que la primera sala -que fue una capilla-, se fundó en 1655, sin embargo durante la guerra de Independencia se construye una fortaleza a su alrededor, estableciéndose así los Fuertes de Loreto y Guadalupe, hecho histórico a la que está dedicada.

Las demás salas serán reestructuradas para abordar el periodo de la Reforma, la Intervención Francesa y la Batalla del 5 de Mayo; éste último es trascendental para la identidad de los mexicanos tanto los que se encuentran en el país, como los que por diversas razones han emigrado.

La doctora Salazar Exaire puntualizó que se invitará a académicos e investigadores de la BUAP para que se integren y conformen un cuerpo interdisciplinario de historiadores, arquitectos y antropólogos.

En la primera mesa Los Museos Históricos y su función didáctica, el maestro Víctor Hugo Jasso Ortiz, director del Centro INAH-Guerrero, relató la modificación que tuvo el Museo Histórico de Acapulco conocido como Fuerte de San Diego, desde que era un baluarte, pasando por su reconstrucción, hasta llegar al museo que es hoy en día.

Explicó que se encuentra en la parte más alta del cerro de Acapulco y sirvió para la defensa de mercancías; el Fuerte de San Diego fue un punto estratégico para el comercio nacional e internacional.

Lamentó que la gente no acuda con frecuencia a los museos y sitios históricos, para conocer su historia y así entender parte de su presente, valorando el lugar donde vive e identificarse con él.

Créditos: BUAP/Comunicación Institucional/buap.mx

Donará Adolfo Sánchez acervo bibliográfico a la FFyL de la UNAM

 
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Adolfo Sánchez Vázquez, profesos emérito de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Adolfo Sánchez Vázquez, profesos emérito de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

3 de abril de 2011

• “Constituye una mínima compensación por todo lo que, de manera invaluable, la Universidad me ha dado”, estableció el profesor emérito en la carta dirigida a la Rectoría para formalizar su entrega
• La colección consta de cuatro mil volúmenes, aproximadamente, entre ellos, libros de filosofía y política que serán llevados al resguardo de casa de estudios

Adolfo Sánchez Vázquez (Algeciras, España, 1915), poeta de gruesos lentes, curiosidad imperturbable, exiliado político y hoy profesor emérito de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), desarrolló su vocación filosófica en México, como “francotirador”. “Yo, que me considero un profesional de la filosofía marxista, jamás he tenido un profesor marxista”, dijo en una entrevista, en 1978.

Residente en nuestro país desde 1939, año en que abandonó su patria, donde se formó académicamente, llegó a Veracruz el 13 de junio de ese año, con muchos otros refugiados españoles.

Luego de cursar la maestría en Letras Españolas en la UNAM, ingresó como ayudante de Eli de Gortari, en 1952; continuó como profesor de asignatura a partir de 1955, y desde 1959, como profesor de carrera en la FFyL.

Fue en esta casa de estudios donde su marxismo, crítico y abierto, penetró en las aulas; etapa que marcó el inicio de la conformación de su riquísimo conjunto bibliográfico que ahora donará a la Biblioteca Samuel Ramos, de esa entidad educativa.

Esa determinación, explicó la integrante del Centro de Estudios Literarios del Instituto de Investigaciones Filológicas, e hija del emérito, Aurora Sánchez Rebolledo, fue tomada por su padre, porque el acervo que integró, es reflejo de su formación al paso del tiempo.

Su deseo es que sirva a las siguientes generaciones, porque también “constituye una mínima compensación por todo lo que de manera invaluable la Universidad me ha dado para ejercer la docencia y llevar a cabo mis investigaciones”, como explicó el profesor Adolfo Sánchez, en la carta dirigida a la Rectoría para formalizar la entrega.

Cuatro mil volúmenes

El conjunto bibliográfico, que abarca casi todas las paredes y uno que otro rincón de su departamento, consta de alrededor de cuatro mil volúmenes. Entre ellos, libros de filosofía y política, que constituye casi el 80 por ciento del total, y que serán llevados al resguardo de esta institución.

Ahí, los temas prioritarios se concentran en áreas como filosofía del arte, vida e ideas de Carlos Marx y Federico Engels, historia del marxismo, y filosofía en general: ética y hermenéutica, entre otros.

Además, aclaró Aurora Sánchez, contiene dos o tres de los mejores diccionarios filosóficos que tradujo en su época de juventud, y que se suman a otras en inglés, francés y alemán. También hay un gran número de obras escritas en ruso, idioma que el hijo adoptivo de la provincia de Málaga –según consta en el nombramiento que las autoridades de esa ciudad le entregaron y que pende en una de las paredes del comedor de su casa–.

La colección de libros por entregar, como Los Principios de la Ciencia, de Eduardo Nicol; La Filosofía de la Filosofía, de José Gaos¸ Perfiles Filosófico-Políticos, de Jürgen Habermas, e Introducción a la Lógica Dialéctica, de Eli de Gortari, tienen un valor adicional: algunas están “trabajadas”, es decir, subrayadas o con anotaciones hechas por el propio poeta.

En su misiva a la Rectoría, Adolfo Sánchez Vázquez también propuso a su discípulo, filósofo y profesor de la Facultad, Gabriel Vargas, como enlace entre las autoridades universitarias y la familia. La fecha para la entrega física del acervo está aún por definir, informó Aurora Sánchez.

El conjunto bibliográfico de Adolfo Sánchez Vázquez será donado a la Biblioteca Samuel Ramos, de la FFyL de la UNAM.
El conjunto bibliográfico de Adolfo Sánchez Vázquez será donado a la Biblioteca Samuel Ramos, de la FFyL de la UNAM.

Filosofía, literatura, arte

La suya es una biblioteca que se conformó en más de medio siglo, y por las propias exigencias intelectuales o académicas –para preparar clases, seminarios, conferencias, o para elaborar sus propios textos–, aunque sin perder un carácter libre y espontáneo, relacionado con sus gustos, en especial de literatura y poesía.

El acervo cuenta con diversos libros editados en México y tierras ibéricas dedicadas al exilio español en nuestro país, así como la vasta obra del propio Sánchez Vázquez, que va más allá de las decenas de libros que ha publicado, entre ellos, su más reciente obra, Incursiones literarias (editada en 2008).

Existen publicaciones de arte, sociología, estética y gran cantidad de revistas especializadas y carpetas llenas de manuscritos y material mecanografiado, que se convertirían en sus libros.

Por el momento, aclaró Sánchez Rebolledo, esto último no ha sido tocado, sino hasta que el universitario, que en septiembre próximo cumplirá 96 años, disponga qué hacer y en qué momento.

En la biblioteca destaca un librero más pequeño, ubicado en lo que fuera su despacho. Ahí reposa una diversidad de obras que el propio Sánchez Vázquez mandó encuadernar hace años. Se trata de los materiales que él considera los más importantes para su formación.

Son, sobre todo, libros de marxismo, literatura y poesía española, de autores como Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Antonio Machado, Rafael Alberti, Luis Cardoza y Aragón, Louis Althusser o Maximilien Rubel.

Todo el acervo se formó en México, pero también es resultado de las visitas a España y al resto del mundo. De hecho, recordó su hija, si salía de viaje llevaba consigo una maleta con su ropa y otra vacía, para llenarla de libros que le obsequiaban, o que compraba por la poca facilidad de adquirirlos aquí.

Residente en nuestro país desde 1939, año en que abandonó su patria por el franquismo, el conspicuo filósofo se formó académicamente en este territorio, que le dio la bienvenida el 13 de junio de ese año; llegó al puerto de Veracruz con muchos otros refugiados españoles.

Antes del exilio

El propio Vargas escribió que Sánchez Vázquez nació en Algeciras, Cádiz. En los años 30, se inició su interés por la poesía, en Málaga, animado por Emilio Prados. En 1935, se trasladó a Madrid e ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, en la que habían adquirido relevancia José Ortega y Gasset, Xavier Zubiri, García Morente, Julián Besteiro y José Gaos, entre otros.

Desde su estancia en Málaga, se afilió a la Juventud Comunista como parte de un compromiso político e ideológico con el socialismo, y con la lucha antifascista que ha mantenido toda su vida.

De igual manera, se alistó en el ejército y participó en la Guerra Civil, que estalló el 18 de julio de 1936. Un año más tarde, como director del periódico Ahora, de las Juventudes Socialistas Unificadas, asistió al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, en Madrid, que convocó a renombrados escritores.

En septiembre de ese año, se incorporó a la 11 División del Ejército, y en febrero de 1939, ante la derrota de las fuerzas republicanas, se vio obligado a salir al exilio por la frontera francesa. Más tarde, luego de algunos meses de incertidumbre, se acogió a la protección ofrecida por el gobierno de Lázaro Cárdenas y se embarcó a México, en el buque Sinaia. Llegó junto con el escritor Juan Rejano y el poeta Pedro Garfias.

Créditos: UNAM-DGCS-196/2011/unam.mx