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Indígenas del Amazonas, ejemplo de salud oral.

 
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21 de Enero del 2013
Los índices de enfermedades bucales como gingivitis o periodontitis son mínimos en comunidades indígenas del Amazonas. Variables evolutivas y prácticas de higiene autóctonas podrían ser las responsables.
Las comunidades indígenas de los corregimientos de La Chorrera y Tarapacá, en el departamento del Amazonas, reúnen todos los factores de riesgo para tener altos índices de enfermedad periodontal. Esta es una afección inflamatoria de las encías, progresiva e infecciosa que destruye el soporte del diente.
Extrañamente, los niveles hallados en estas personas son mínimos, según determinaron investigadores de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá y estudiantes de la Maestría de Periodoncia.
En un estudio desarrollado durante el 2012 en La Chorrera, en el que examinaron a 95 nativos (58 mujeres y 37 hombres), entre los 18 y 80 años, de las etnias uitoto, bora, ocaine y munaine, encontraron que su sangrado en encías era del 56%; la placa bacteriana (cúmulo de comida sobre la superficie de los dientes), del 83%; y los cálculos, del 50%.
Los datos coinciden con los del primer estudio, adelantado en 2011 en el Corregimiento de Tarapacá, en el cual examinaron a 80 habitantes de la etnia ticuna (28 hombres y 52 mujeres), entre los 20 y 81 años. En este caso, el sangrado fue del 48%; la placa bacteriana, del 77%; y los cálculos, del 41%.
Andrea Escalante, especialista en Periodoncia de la UN, explica que hay un espacio poco profundo entre el diente y la encía, llamado surco gingival, que en personas sanas debe ser igual o menor a tres milímetros. Pero, cuando sobrepasa los cuatro milímetros, se considera que hay una pérdida de inserción debida al desgaste o destrucción del tejido que rodea al diente.
“En el caso de Tarapacá, se halló que el 82% tiene surcos gingivales menores o iguales a tres milímetros; en el de la Chorrera, el 89,9%. Esto significa que la mayoría tiene buena salud periodontal”, destaca la experta. En cambio, según la Tercera Encuesta Nacional de Salud Bucal (ENSB), hecha en Colombia en 1998 (el estudio más actual), la enfermedad afecta al 50,2% de la población general.
Costumbres propias
Los investigadores hicieron encuestas para determinar los factores de riesgo de padecer la enfermedad periodontal. Indagaron sobre hábitos de higiene oral, costumbres y consumo de tabaco o de cigarrillo.
La mayoría usa instrumentos de aseo bucal, pero en muchas ocasiones el cepillo es utilizado por toda la familia y no siempre tienen los medios económicos para adquirir crema dental.
Sus prácticas de limpieza incluyen utilizar palitos de plantas, sal y limón, carbón en polvo y ceniza (en algunos casos, también arena). Asimismo, recurren a fibras de la palma chambira o cumare (Astrocaryum chambira), que usan como seda dental.
Pero los profesores determinaron que estos pueblos amazónicos están perdiendo la costumbre de masticar hojas como las del cogollo de guayaba, yie nery y wocha, entre otras, que les ayudan a sanar enfermedades bucales.
Luego, en el estudio clínico, a cada paciente le revisaron todos los dientes; lo que es un valor agregado, pues otros estudios solo evaluaban el estado de máximo seis piezas. Después llevaron a cabo talleres para fortalecer hábitos y costumbres de higiene oral.
Para los expertos de la UN, el tamaño de la muestra es significativa, si se la compara con la ENSB de 1998, en la cual examinaron a 8.448 adultos en el país; de los cuales solo 528 eran habitantes de la zona oriental de Amazonas y de Orinoquia, entre los 15 y 44 años y los 55 y 74 años, respectivamente.
“La población de La Chorrera es de unos 3.200 habitantes y tenemos muestras de 95 adultos; en Tarapacá son casi 2.800 habitantes y la muestra fue de 80”, precisa María Hilde Torres, directora del estudio y profesora del Departamento de Salud Oral de la Facultad de Odontología.
“A pesar de que estadísticamente la muestra fue tomada por conveniencia y no de forma aleatoria simple –pues es difícil el acceso a esas comunidades–, tenemos una representación bastante grande en comparación con el tamaño de esa población”, asegura Escalante.
Los investigadores sostienen que es extraño que los resultados de la ENSB aseguren que en el Amazonas la enfermedad periodontal es una de las más altas del país, contrario a lo que evidencia el estudio de la UN.
¿Qué los protege?
“Sospechamos que hay factores filogenéticos (variables evolutivas) propios de nuestras comunidades indígenas que permiten la defensa de sus encías e impide el progreso de la enfermedad”, asegura la profesora Torres.
Por lo pronto, harán una investigación sobre los microorganismos que tienen en la boca, para determinar si son favorables para que no se desarrolle este mal y si son los mismos que tienen quienes habitan en las ciudades.
La profesora dice que, además, investigarán la condición genética de estas comunidades, para saber cuál es el mecanismo de defensa y cómo actúa el componente bioquímico e inmunológico de esa protección.
“Eso servirá para que los nativos sean conscientes, preserven su forma de autocuidado y no vayan a presentar los niveles de enfermedad periodontal severos del resto de la población del país. A nosotros esto nos permitirá conocer cómo prevenirla en la comunidad en general”, concluye.
Créditos: http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html
Los hábitos alimenticios de los indígenas podrían estar relacionados con la baja incidencia de la enfermedad periodontal.

Los hábitos alimenticios de los indígenas podrían estar relacionados con la baja incidencia de la enfermedad periodontal.

21 de Enero del 2013

Los índices de enfermedades bucales como gingivitis o periodontitis son mínimos en comunidades indígenas del Amazonas. Variables evolutivas y prácticas de higiene autóctonas podrían ser las responsables.

Las comunidades indígenas de los corregimientos de La Chorrera y Tarapacá, en el departamento del Amazonas, reúnen todos los factores de riesgo para tener altos índices de enfermedad periodontal. Esta es una afección inflamatoria de las encías, progresiva e infecciosa que destruye el soporte del diente.

Extrañamente, los niveles hallados en estas personas son mínimos, según determinaron investigadores de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá y estudiantes de la Maestría de Periodoncia.

En un estudio desarrollado durante el 2012 en La Chorrera, en el que examinaron a 95 nativos (58 mujeres y 37 hombres), entre los 18 y 80 años, de las etnias uitoto, bora, ocaine y munaine, encontraron que su sangrado en encías era del 56%; la placa bacteriana (cúmulo de comida sobre la superficie de los dientes), del 83%; y los cálculos, del 50%.

Los datos coinciden con los del primer estudio, adelantado en 2011 en el Corregimiento de Tarapacá, en el cual examinaron a 80 habitantes de la etnia ticuna (28 hombres y 52 mujeres), entre los 20 y 81 años. En este caso, el sangrado fue del 48%; la placa bacteriana, del 77%; y los cálculos, del 41%.

Andrea Escalante, especialista en Periodoncia de la UN, explica que hay un espacio poco profundo entre el diente y la encía, llamado surco gingival, que en personas sanas debe ser igual o menor a tres milímetros. Pero, cuando sobrepasa los cuatro milímetros, se considera que hay una pérdida de inserción debida al desgaste o destrucción del tejido que rodea al diente.

“En el caso de Tarapacá, se halló que el 82% tiene surcos gingivales menores o iguales a tres milímetros; en el de la Chorrera, el 89,9%. Esto significa que la mayoría tiene buena salud periodontal”, destaca la experta. En cambio, según la Tercera Encuesta Nacional de Salud Bucal (ENSB), hecha en Colombia en 1998 (el estudio más actual), la enfermedad afecta al 50,2% de la población general.


Costumbres propias

Los investigadores hicieron encuestas para determinar los factores de riesgo de padecer la enfermedad periodontal. Indagaron sobre hábitos de higiene oral, costumbres y consumo de tabaco o de cigarrillo.

La mayoría usa instrumentos de aseo bucal, pero en muchas ocasiones el cepillo es utilizado por toda la familia y no siempre tienen los medios económicos para adquirir crema dental.

Sus prácticas de limpieza incluyen utilizar palitos de plantas, sal y limón, carbón en polvo y ceniza (en algunos casos, también arena). Asimismo, recurren a fibras de la palma chambira o cumare (Astrocaryum chambira), que usan como seda dental.

Pero los profesores determinaron que estos pueblos amazónicos están perdiendo la costumbre de masticar hojas como las del cogollo de guayaba, yie nery y wocha, entre otras, que les ayudan a sanar enfermedades bucales.

Luego, en el estudio clínico, a cada paciente le revisaron todos los dientes; lo que es un valor agregado, pues otros estudios solo evaluaban el estado de máximo seis piezas. Después llevaron a cabo talleres para fortalecer hábitos y costumbres de higiene oral.

Para los expertos de la UN, el tamaño de la muestra es significativa, si se la compara con la ENSB de 1998, en la cual examinaron a 8.448 adultos en el país; de los cuales solo 528 eran habitantes de la zona oriental de Amazonas y de Orinoquia, entre los 15 y 44 años y los 55 y 74 años, respectivamente.

“La población de La Chorrera es de unos 3.200 habitantes y tenemos muestras de 95 adultos; en Tarapacá son casi 2.800 habitantes y la muestra fue de 80”, precisa María Hilde Torres, directora del estudio y profesora del Departamento de Salud Oral de la Facultad de Odontología.

“A pesar de que estadísticamente la muestra fue tomada por conveniencia y no de forma aleatoria simple –pues es difícil el acceso a esas comunidades–, tenemos una representación bastante grande en comparación con el tamaño de esa población”, asegura Escalante.

Los investigadores sostienen que es extraño que los resultados de la ENSB aseguren que en el Amazonas la enfermedad periodontal es una de las más altas del país, contrario a lo que evidencia el estudio de la UN.


¿Qué los protege?

“Sospechamos que hay factores filogenéticos (variables evolutivas) propios de nuestras comunidades indígenas que permiten la defensa de sus encías e impide el progreso de la enfermedad”, asegura la profesora Torres.

Por lo pronto, harán una investigación sobre los microorganismos que tienen en la boca, para determinar si son favorables para que no se desarrolle este mal y si son los mismos que tienen quienes habitan en las ciudades.

La profesora dice que, además, investigarán la condición genética de estas comunidades, para saber cuál es el mecanismo de defensa y cómo actúa el componente bioquímico e inmunológico de esa protección.

“Eso servirá para que los nativos sean conscientes, preserven su forma de autocuidado y no vayan a presentar los niveles de enfermedad periodontal severos del resto de la población del país. A nosotros esto nos permitirá conocer cómo prevenirla en la comunidad en general”, concluye.

Créditos: http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html

Hepatitis E, existe riesgo de que se propague en Colombia.

 
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21 de Enero del 2013
La patología, relativamente nueva en Colombia, se puede transmitir a través de las heces e hígado de cerdos, debido a las prácticas inadecuadas de higiene de los sistemas de producción porcina.
Investigadores avanzan en el diagnóstico de la incidencia de la enfermedad en Antioquia para establecer mecanismos de control.
La hepatitis E es causada por un virus propio de los porcinos. En el país, solo se ha reportado un posible caso de contagio humano en Antioquia. No obstante, los científicos advierten sobre una posible propagación, si no se toman las mínimas medidas preventivas.
Hasta hace solo tres años se estudia esta patología en Colombia, cuando despertó el interés de investigadores del Departamento de Producción Animal de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia en Medellín, debido a que hay indicios de que el virus puede contagiar al ser humano, si este consume carne de cerdo infectada.
Esto ocurre porque no se hace un adecuado manejo de los excrementos del animal en las plantas de sacrificio y en los lugares de procesamiento, sobre todo en Antioquia, en donde se produce el 46% de los porcinos del país y su consumo es mayor que en el resto del país (con un promedio de 14 kg por habitante al año).
¿Cómo se propaga?
Albeiro López Herrera, director del grupo de investigación en Biodiversidad y Genética Molecular de la UN (Biogem), cuenta que se quiso saber si los animales de Antioquia estaban infectados.
“Evaluamos las cinco principales plantas de sacrificio de la región. Tomamos muestras de sangre y comprobamos la presencia de anticuerpos contra hepatitis E”, precisa. Esto significa que los porcinos han estado infectados y su organismo ha producido proteínas especiales para detener la acción del virus.
Según los resultados del diagnóstico, el 30% de los animales sacrificados presentaban evidencia de contacto con el agente infeccioso. Esto no quiere decir que lo portaran en el momento del sacrificio, pues el organismo del cerdo ya se habría encargado de eliminarlo. Y, aunque las pruebas señalan un 12% de presencia del contagio en el hígado, el patógeno puede morir fácilmente con un buen proceso de cocción antes del consumo.
La forma en que se disemina es fecal-oral, pues, luego de infectar el hígado, se dirige al intestino y es excretado. Pero, si a las heces no se les da el manejo correcto, pueden llegar hasta las aguas usadas en los sistemas de riego de cultivos de consumo humano.
Síntomas asociados
Según el médico Francisco Javier Díaz, todos los tipos de hepatitis (A, B, C, D y E) se manifiestan generalmente con fiebre no muy alta, náuseas, pérdida del apetito y vómito. Luego, entre tres y siete días, aparece la ictericia, que es la coloración amarillenta de la piel, el tono café en la orina y la apariencia blanca o gris de las excretas.
La de tipo E se manifiesta de forma más intensa, pues la ictericia es más severa y ataca más fuerte a adultos jóvenes entre los 15 y los 40 años de edad. Además, es mucho más grave en mujeres embarazadas.
No obstante, la enfermedad –para la cual no hay un tratamiento específico–, se supera con reposo, consumo de alimentos con bajos contenidos de grasa y permanente observación del contagio, el cual se prolonga hasta por cuatro semanas.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los porcentajes más altos de la afección se dan en regiones con sistemas de saneamiento deficientes. El 65% de las infecciones y muertes por hepatitis E se producen en Asia oriental y meridional. En Colombia, asegura el director de Biogem, las probabilidades de morir se podrían dar solo en un 3% de la población.
Prevención integral
Los investigadores resaltan que, con base en el diagnóstico desarrollado en los principales mataderos y granjas procesadoras de cerdo (análisis de muestras), determinarán los factores de riesgo para evitar que el virus llegue a las aguas residuales.
El profesor López Herrera explica que están clasificando las granjas según su bioseguridad, para saber el nivel sanitario mínimo que necesitan para no ser transmisoras de la enfermedad. “Allí hacemos unas encuestas para conocer si hacen un manejo apropiado de las excretas, con el fin de inactivar el patógeno completamente”.
Asimismo, hicieron exámenes clínicos a los productores porcícolas. Las muestras reportaron que alrededor del 12% de los trabajadores tienen anticuerpos contra el virus. Esto es evidencia de que han tenido contacto con él en algún momento. Este es uno de los indicadores que más llamó la atención de los investigadores, a partir del cual se trazarán nuevas líneas de investigación.
El proyecto sobre la epidemiología molecular de este virus en Antioquia es financiado por Colciencias y ha integrado a estudiantes de pregrado y posgrado y a docentes expertos de la Universidad de Antioquia, la Universidad Pontificia Bolivariana y la UN. Se espera que esta información ayude a las autoritarias sanitarias a tomar medidas preventivas para evitar el contagio de la enfermedad.
Créditos:http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html
En Colombia la identificación y estudio de la hepatitis E es relativamente reciente. Los investigadores buscan minimizar el riesgo de propagación.

En Colombia la identificación y estudio de la hepatitis E es relativamente reciente. Los investigadores buscan minimizar el riesgo de propagación.

21 de Enero del 2013

La patología, relativamente nueva en Colombia, se puede transmitir a través de las heces e hígado de cerdos, debido a las prácticas inadecuadas de higiene de los sistemas de producción porcina.

Investigadores avanzan en el diagnóstico de la incidencia de la enfermedad en Antioquia para establecer mecanismos de control.

La hepatitis E es causada por un virus propio de los porcinos. En el país, solo se ha reportado un posible caso de contagio humano en Antioquia. No obstante, los científicos advierten sobre una posible propagación, si no se toman las mínimas medidas preventivas.

Hasta hace solo tres años se estudia esta patología en Colombia, cuando despertó el interés de investigadores del Departamento de Producción Animal de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia en Medellín, debido a que hay indicios de que el virus puede contagiar al ser humano, si este consume carne de cerdo infectada.

Esto ocurre porque no se hace un adecuado manejo de los excrementos del animal en las plantas de sacrificio y en los lugares de procesamiento, sobre todo en Antioquia, en donde se produce el 46% de los porcinos del país y su consumo es mayor que en el resto del país (con un promedio de 14 kg por habitante al año).


¿Cómo se propaga?

Albeiro López Herrera, director del grupo de investigación en Biodiversidad y Genética Molecular de la UN (Biogem), cuenta que se quiso saber si los animales de Antioquia estaban infectados.

“Evaluamos las cinco principales plantas de sacrificio de la región. Tomamos muestras de sangre y comprobamos la presencia de anticuerpos contra hepatitis E”, precisa. Esto significa que los porcinos han estado infectados y su organismo ha producido proteínas especiales para detener la acción del virus.

Según los resultados del diagnóstico, el 30% de los animales sacrificados presentaban evidencia de contacto con el agente infeccioso. Esto no quiere decir que lo portaran en el momento del sacrificio, pues el organismo del cerdo ya se habría encargado de eliminarlo. Y, aunque las pruebas señalan un 12% de presencia del contagio en el hígado, el patógeno puede morir fácilmente con un buen proceso de cocción antes del consumo.

La forma en que se disemina es fecal-oral, pues, luego de infectar el hígado, se dirige al intestino y es excretado. Pero, si a las heces no se les da el manejo correcto, pueden llegar hasta las aguas usadas en los sistemas de riego de cultivos de consumo humano.


Síntomas asociados

Según el médico Francisco Javier Díaz, todos los tipos de hepatitis (A, B, C, D y E) se manifiestan generalmente con fiebre no muy alta, náuseas, pérdida del apetito y vómito. Luego, entre tres y siete días, aparece la ictericia, que es la coloración amarillenta de la piel, el tono café en la orina y la apariencia blanca o gris de las excretas.

La de tipo E se manifiesta de forma más intensa, pues la ictericia es más severa y ataca más fuerte a adultos jóvenes entre los 15 y los 40 años de edad. Además, es mucho más grave en mujeres embarazadas.

No obstante, la enfermedad –para la cual no hay un tratamiento específico–, se supera con reposo, consumo de alimentos con bajos contenidos de grasa y permanente observación del contagio, el cual se prolonga hasta por cuatro semanas.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los porcentajes más altos de la afección se dan en regiones con sistemas de saneamiento deficientes. El 65% de las infecciones y muertes por hepatitis E se producen en Asia oriental y meridional. En Colombia, asegura el director de Biogem, las probabilidades de morir se podrían dar solo en un 3% de la población.


Prevención integral

Los investigadores resaltan que, con base en el diagnóstico desarrollado en los principales mataderos y granjas procesadoras de cerdo (análisis de muestras), determinarán los factores de riesgo para evitar que el virus llegue a las aguas residuales.

El profesor López Herrera explica que están clasificando las granjas según su bioseguridad, para saber el nivel sanitario mínimo que necesitan para no ser transmisoras de la enfermedad. “Allí hacemos unas encuestas para conocer si hacen un manejo apropiado de las excretas, con el fin de inactivar el patógeno completamente”.

Asimismo, hicieron exámenes clínicos a los productores porcícolas. Las muestras reportaron que alrededor del 12% de los trabajadores tienen anticuerpos contra el virus. Esto es evidencia de que han tenido contacto con él en algún momento. Este es uno de los indicadores que más llamó la atención de los investigadores, a partir del cual se trazarán nuevas líneas de investigación.

El proyecto sobre la epidemiología molecular de este virus en Antioquia es financiado por Colciencias y ha integrado a estudiantes de pregrado y posgrado y a docentes expertos de la Universidad de Antioquia, la Universidad Pontificia Bolivariana y la UN. Se espera que esta información ayude a las autoritarias sanitarias a tomar medidas preventivas para evitar el contagio de la enfermedad.

Créditos:http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html

Analizan alteración en desarrollo de los huesos.

 
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17 de Enero del 2013
El síndrome de Albright es una enfermedad genética que afecta los huesos y el color de la piel; el Instituto de Genética de la Universidad Nacional de Colombia realizó un estudio de caso.
A esta enfermedad rara también se le conoce como displasia fibrosa, que es una alteración en el desarrollo de los huesos, “en la que el hueso esponjoso lamelar del canal medular es reemplazado por tejido fibro-óseo inmaduro, dando como resultado un tejido óseo con trabéculas (tabiques de tejido) pobremente formadas”, según indicaron los investigadores.
Puede presentarse de dos formas: la forma monostótica (ataque de un solo hueso) que es la más frecuente ocurriendo en el 75% a 80% de los casos; y la poliostótica, en la que se afectan múltiples huesos.
El síndrome de McCune Albright se define clásicamente como la tríada de displasia fibrosa poliostótica, alteraciones endocrinas y máculas café au laît (manchas color café en la piel).
El caso estudiado es el de una paciente de 12 años de edad, que tuvo su primer periodo menstrual a los 3 años y 7 meses de edad, y es hija de padres consanguíneos (parientes).
A los siete años presentó la primera fractura a nivel de fémur izquierdo, con refractura meses después, y recibió una cirugía reconstructiva del fémur a los ocho años. A los nueve recibió inhibidores de resorción ósea y ha presentado fisuras costales múltiples.
La madre tiene un antecedente de exposición a fumigantes y fertilizantes, y durante su segunda gestación tuvo amenaza de aborto.
“Estos síntomas, entre otros, demuestran que el caso cumple con los criterios diagnósticos de síndrome de McCune Albright, y su manejo requiere un enfoque multidisciplinario”.
El diagnóstico es clínico y “las pruebas moleculares no son utilizadas de forma rutinaria. Si bien, el único hallazgo de anormalidad endocrina es la pubertad precoz, la combinación de la displasia fibrosa con cualquier alteración endocrina, con o sin máculas cafe au laît confirman el síndrome”, puntualizó Ángela Martí, una de las investigadoras.
Otros de los síntomas que pueden alertar la aparición de esta enfermedad son: crecimiento óseo anormal en el cráneo, ritmos cardíacos anormales (arritmias), gigantismo, hipertiroidismo y manchas grandes de color café con leche, entre otros.
Créditos:http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html
Esta enfermedad genética produce fracturas óseas.

Esta enfermedad genética produce fracturas óseas.

17 de Enero del 2013

El síndrome de Albright es una enfermedad genética que afecta los huesos y el color de la piel; el Instituto de Genética de la Universidad Nacional de Colombia realizó un estudio de caso.

A esta enfermedad rara también se le conoce como displasia fibrosa, que es una alteración en el desarrollo de los huesos, “en la que el hueso esponjoso lamelar del canal medular es reemplazado por tejido fibro-óseo inmaduro, dando como resultado un tejido óseo con trabéculas (tabiques de tejido) pobremente formadas”, según indicaron los investigadores.

Puede presentarse de dos formas: la forma monostótica (ataque de un solo hueso) que es la más frecuente ocurriendo en el 75% a 80% de los casos; y la poliostótica, en la que se afectan múltiples huesos.

El síndrome de McCune Albright se define clásicamente como la tríada de displasia fibrosa poliostótica, alteraciones endocrinas y máculas café au laît (manchas color café en la piel).

El caso estudiado es el de una paciente de 12 años de edad, que tuvo su primer periodo menstrual a los 3 años y 7 meses de edad, y es hija de padres consanguíneos (parientes).

A los siete años presentó la primera fractura a nivel de fémur izquierdo, con refractura meses después, y recibió una cirugía reconstructiva del fémur a los ocho años. A los nueve recibió inhibidores de resorción ósea y ha presentado fisuras costales múltiples.

La madre tiene un antecedente de exposición a fumigantes y fertilizantes, y durante su segunda gestación tuvo amenaza de aborto.

“Estos síntomas, entre otros, demuestran que el caso cumple con los criterios diagnósticos de síndrome de McCune Albright, y su manejo requiere un enfoque multidisciplinario”.

El diagnóstico es clínico y “las pruebas moleculares no son utilizadas de forma rutinaria. Si bien, el único hallazgo de anormalidad endocrina es la pubertad precoz, la combinación de la displasia fibrosa con cualquier alteración endocrina, con o sin máculas cafe au laît confirman el síndrome”, puntualizó Ángela Martí, una de las investigadoras.

Otros de los síntomas que pueden alertar la aparición de esta enfermedad son: crecimiento óseo anormal en el cráneo, ritmos cardíacos anormales (arritmias), gigantismo, hipertiroidismo y manchas grandes de color café con leche, entre otros.

Créditos:http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html

Síndrome de Stuve Wiedemann, mal no visto antes en el país.

 
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12 de Diciembre del 2012
En la UN diagnosticaron el primer caso reportado de síndrome de Stuve Wiedemann en Colombia, una enfermedad rara y de bajísima prevalencia.
Es una enfermedad congénita que deforma los huesos y provoca insensibilidad en la córnea, por lo cual la persona no siente cuando le cae polvo o suciedad al ojo y se lesiona con esas partículas.
El caso reportado es el de un niño de trece años que llegó al Instituto de Génetica de la UN en Bogotá. Allí, lo diagnosticaron y reportaron el caso luego de hacer una revisión de la literatura sobre el tema, según contó Michael Alexander Vallejo Urrego, estudiante de la Maestría en Genética.
La enfermedad tiene una prevalencia que está entre los cien mil y los 200 mil nacidos vivos, pero, dependiendo de los estudios, esta prevalencia varía. “De acuerdo con la definición que hace el Ministerio de Salud y Protección Social de enfermedades huérfanas, es muy rara”, indicó.
Vallejo Urrego explicó que la enfermedad se debe a una alteración de la información genética: a una mutación que hace que las proteínas que fabrican las fibras nerviosas de la córnea y la matriz ósea perturben su formación tridimensional. “Eso hace que la función de esas proteínas se altere y modifique el tejido y la función del órgano”, precisó.
Quienes padecen esta enfermedad son personas lúcidas, con coeficiente intelectual normal. El paciente colombiano está en el colegio y, según el investigador, tiene habilidades para matemáticas y sociales, pero se le dificulta estudiar por la disminución del sentido de la vista.
Los síntomas de la enfermedad son las malformaciones óseas evidentes en la columna o en los miembros inferiores o superiores, predisposición a aumentos muy altos de temperatura (sin tener infección u otro factor externo que la cause), sudoraciones excesivas y disminución de la vista.
Créditos:http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html
La enfermedad afecta la visión.

La enfermedad afecta la visión.

12 de Diciembre del 2012

En la UN diagnosticaron el primer caso reportado de síndrome de Stuve Wiedemann en Colombia, una enfermedad rara y de bajísima prevalencia.

Es una enfermedad congénita que deforma los huesos y provoca insensibilidad en la córnea, por lo cual la persona no siente cuando le cae polvo o suciedad al ojo y se lesiona con esas partículas.

El caso reportado es el de un niño de trece años que llegó al Instituto de Génetica de la UN en Bogotá. Allí, lo diagnosticaron y reportaron el caso luego de hacer una revisión de la literatura sobre el tema, según contó Michael Alexander Vallejo Urrego, estudiante de la Maestría en Genética.

La enfermedad tiene una prevalencia que está entre los cien mil y los 200 mil nacidos vivos, pero, dependiendo de los estudios, esta prevalencia varía. “De acuerdo con la definición que hace el Ministerio de Salud y Protección Social de enfermedades huérfanas, es muy rara”, indicó.

Vallejo Urrego explicó que la enfermedad se debe a una alteración de la información genética: a una mutación que hace que las proteínas que fabrican las fibras nerviosas de la córnea y la matriz ósea perturben su formación tridimensional. “Eso hace que la función de esas proteínas se altere y modifique el tejido y la función del órgano”, precisó.

Quienes padecen esta enfermedad son personas lúcidas, con coeficiente intelectual normal. El paciente colombiano está en el colegio y, según el investigador, tiene habilidades para matemáticas y sociales, pero se le dificulta estudiar por la disminución del sentido de la vista.

Los síntomas de la enfermedad son las malformaciones óseas evidentes en la columna o en los miembros inferiores o superiores, predisposición a aumentos muy altos de temperatura (sin tener infección u otro factor externo que la cause), sudoraciones excesivas y disminución de la vista.

Créditos:http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html

Diagnóstico confiable para Leishmaniasis.

 
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4 de Diciembre del 2012
“En México aumenta el registro de casos de leishmaniasis. Esta enfermedad se ha detectado en zonas fronterizas y en las costas, tanto del Pacífico como del Atlántico, donde se incrementa el riesgo de transmisión”, alertó Ingeborg Becker, investigadora de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.
Por los cuadros clínicos diversos, se considera la posibilidad de que entren al país nuevas especies de leishmania, causante de la afección, por lo que es importante hacer diagnósticos precisos, pues los procedimientos son diferentes. “Si el parásito fuera L. braziliensis, el tratamiento sería más largo que si fuera L. mexicana”
El actual método para detectar el padecimiento originado por L. mexicana por serología, es insuficiente, pues no distingue entre una leishmaniasis y una tripanosomiasis, por reacciones cruzadas entre ambos parásitos, aclaró. Además, a la fecha, los diagnósticos se hacen a partir de una impronta, la forma más rudimentaria, pero que sirve para ver si hay o no evidencia del organismo.
Para llevar a cabo esta última, se raspa el borde de la úlcera causada por el piquete de la mosca con un portaobjetos –una laminita de vidrio-, para hacer que brote un poco de suero; se coloca para que queden impregnadas las células.
Como el parásito es muy pequeño, se hace una tinción de Giemsa, para demostrar su presencia en la célula. La impronta sólo indica su existencia, pero no a qué especie pertenece, y las actuales pruebas serológicas tampoco son muy confiables, pues cruzan con tripanosoma, acotó Ingeborg Becker.
“Para resolver ese problema, implementamos una prueba de ELISA, con una proteína recombinante única en leishmania, que permita distinguir la enfermedades de otras que cruzan fácilmente, como la de Chagas o tripanosomiasis americana. Con ello, podemos distinguir si es o no, y con la reacción en cadena de la polimerasa, o PCR, determinar con exactitud a qué especie pertenece”.
Esta nueva herramienta establece si un paciente que llegó a México con la afección la obtuvo en Suramérica o en el Medio Oriente. “En estos casos, mediante la prueba de PCR podemos identificar la especie, aunque el método es un poco más invasivo.
Según las características de la lesión, tomamos un punch de dos milímetros, o con una aguja aspiramos. Es un pequeño sacabocados cilíndrico, estéril, se coloca sobre la piel en el borde de la herida, se gira un poco para obtener un corte; es una herida mínima, que se puede cubrir con un curita”.
Con ese material, por biología molecular se sabe con exactitud la especie. “Tenemos oligonucleótidos para diferenciar todas las de América y Medio Oriente”, aseguró.
Ello es importante, porque la enfermedad migra con los cambios climáticos. Especies que antes sólo se encontraban en América del sur, ahora van hacia el norte. “Por ejemplo, en Altamirano, Guerrero, una región totalmente árida, tenemos identificado un nuevo foco; ahí hallamos perros infectados con la misma especie que detectamos en los Altos de Chiapas”, comentó.
Se debe identificar al vector y al parásito para estudiar la transmisión en Chiapas, donde ataca a niños y a canes; en Altamirano hay perros infectados, pero pocos casos de menores. En estas regiones el parásito es Leishmania donovani infantum o chagas, que no se aloja en piel, sino en médula ósea, bazo e hígado, y afecta principalmente a infantes.
La universitaria explicó que sus métodos permiten diferenciar las especies existentes en el continente americano (L. mexicana, L. braziliensis y sus subespecies), las del Medio Oriente, como L. major, o las que causan leishmaniasis visceral, entre ellas L. donovani infantum.
Enfermedad emergente
La distribución aumenta y se debe emitir una alerta. El norte de Europa nunca había tenido esta enfermedad, sin embargo, turistas que estuvieron en el Mediterráneo regresan con sus mascotas infectadas.
Debido al cambio climático, el vector, la mosca Lutzomyia –cuyo nombre en esos países es flebótomo- se ha adaptado a esas regiones y ha iniciado el ciclo infeccioso en territorios en los que no se conocía. Aunque son naciones de climas fríos, se adaptó y representa una enfermedad emergente.
“Los territorios del Mediterráneo ya tienen problemas. En España la manejan incluso en los perros, a los que colocan collares impregnados con repelentes para la mosca. El parásito que infecta a la mosca y al can, también lo hace con el humano”.
Pero el perro no es el único reservorio, hay muchos animales silvestres, como roedores, y domésticos, como gatos, vacas, caballos y cerdos; en general, gran variedad de mamíferos pueden ser infectados.
El contagio ocurre sólo a través de la picadura de la mosca Lutzomyia, que tendría que picar a un hospedero infectado y luego al humano. La transmisión puede ocurrir por un accidente de laboratorio, si quien maneja una guja infectada se da un pinchazo; por contacto con la úlcera, sólo puede darse si se tiene alguna herida que entre en contacto con la lesión del animal o de otra persona.
El tratamiento en México es el mismo desde hace más de 50 años. Consiste en la aplicación diaria, durante 28 días, de una ampolleta de cinco mililitros de glucantime o antimoniales pentavalentes de manera intramuscular. Es el que recomienda la OMS. “Nuestro siguiente paso será el desarrollo de una inoculación”, finalizó la académica.
Boletín UNAM-DGCS-749
Ciudad Universitaria.
En México aumenta el registro de casos de leishmaniasis, causada por parásitos como L. mexicana, L. braziliensis y sus subespecies, entre otros.

En México aumenta el registro de casos de leishmaniasis, causada por parásitos como L. mexicana, L. braziliensis y sus subespecies, entre otros.

4 de Diciembre del 2012

“En México aumenta el registro de casos de leishmaniasis. Esta enfermedad se ha detectado en zonas fronterizas y en las costas, tanto del Pacífico como del Atlántico, donde se incrementa el riesgo de transmisión”, alertó Ingeborg Becker, investigadora de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.

Por los cuadros clínicos diversos, se considera la posibilidad de que entren al país nuevas especies de leishmania, causante de la afección, por lo que es importante hacer diagnósticos precisos, pues los procedimientos son diferentes. “Si el parásito fuera L. braziliensis, el tratamiento sería más largo que si fuera L. mexicana”

El actual método para detectar el padecimiento originado por L. mexicana por serología, es insuficiente, pues no distingue entre una leishmaniasis y una tripanosomiasis, por reacciones cruzadas entre ambos parásitos, aclaró. Además, a la fecha, los diagnósticos se hacen a partir de una impronta, la forma más rudimentaria, pero que sirve para ver si hay o no evidencia del organismo.

Para llevar a cabo esta última, se raspa el borde de la úlcera causada por el piquete de la mosca con un portaobjetos –una laminita de vidrio-, para hacer que brote un poco de suero; se coloca para que queden impregnadas las células.

Como el parásito es muy pequeño, se hace una tinción de Giemsa, para demostrar su presencia en la célula. La impronta sólo indica su existencia, pero no a qué especie pertenece, y las actuales pruebas serológicas tampoco son muy confiables, pues cruzan con tripanosoma, acotó Ingeborg Becker.

“Para resolver ese problema, implementamos una prueba de ELISA, con una proteína recombinante única en leishmania, que permita distinguir la enfermedades de otras que cruzan fácilmente, como la de Chagas o tripanosomiasis americana. Con ello, podemos distinguir si es o no, y con la reacción en cadena de la polimerasa, o PCR, determinar con exactitud a qué especie pertenece”.

Esta nueva herramienta establece si un paciente que llegó a México con la afección la obtuvo en Suramérica o en el Medio Oriente. “En estos casos, mediante la prueba de PCR podemos identificar la especie, aunque el método es un poco más invasivo.

Según las características de la lesión, tomamos un punch de dos milímetros, o con una aguja aspiramos. Es un pequeño sacabocados cilíndrico, estéril, se coloca sobre la piel en el borde de la herida, se gira un poco para obtener un corte; es una herida mínima, que se puede cubrir con un curita”.

Con ese material, por biología molecular se sabe con exactitud la especie. “Tenemos oligonucleótidos para diferenciar todas las de América y Medio Oriente”, aseguró.

Ello es importante, porque la enfermedad migra con los cambios climáticos. Especies que antes sólo se encontraban en América del sur, ahora van hacia el norte. “Por ejemplo, en Altamirano, Guerrero, una región totalmente árida, tenemos identificado un nuevo foco; ahí hallamos perros infectados con la misma especie que detectamos en los Altos de Chiapas”, comentó.

Se debe identificar al vector y al parásito para estudiar la transmisión en Chiapas, donde ataca a niños y a canes; en Altamirano hay perros infectados, pero pocos casos de menores. En estas regiones el parásito es Leishmania donovani infantum o chagas, que no se aloja en piel, sino en médula ósea, bazo e hígado, y afecta principalmente a infantes.

La universitaria explicó que sus métodos permiten diferenciar las especies existentes en el continente americano (L. mexicana, L. braziliensis y sus subespecies), las del Medio Oriente, como L. major, o las que causan leishmaniasis visceral, entre ellas L. donovani infantum.


Enfermedad emergente

La distribución aumenta y se debe emitir una alerta. El norte de Europa nunca había tenido esta enfermedad, sin embargo, turistas que estuvieron en el Mediterráneo regresan con sus mascotas infectadas.

Debido al cambio climático, el vector, la mosca Lutzomyia –cuyo nombre en esos países es flebótomo- se ha adaptado a esas regiones y ha iniciado el ciclo infeccioso en territorios en los que no se conocía. Aunque son naciones de climas fríos, se adaptó y representa una enfermedad emergente.

“Los territorios del Mediterráneo ya tienen problemas. En España la manejan incluso en los perros, a los que colocan collares impregnados con repelentes para la mosca. El parásito que infecta a la mosca y al can, también lo hace con el humano”.

Pero el perro no es el único reservorio, hay muchos animales silvestres, como roedores, y domésticos, como gatos, vacas, caballos y cerdos; en general, gran variedad de mamíferos pueden ser infectados.

El contagio ocurre sólo a través de la picadura de la mosca Lutzomyia, que tendría que picar a un hospedero infectado y luego al humano. La transmisión puede ocurrir por un accidente de laboratorio, si quien maneja una guja infectada se da un pinchazo; por contacto con la úlcera, sólo puede darse si se tiene alguna herida que entre en contacto con la lesión del animal o de otra persona.

El tratamiento en México es el mismo desde hace más de 50 años. Consiste en la aplicación diaria, durante 28 días, de una ampolleta de cinco mililitros de glucantime o antimoniales pentavalentes de manera intramuscular. Es el que recomienda la OMS. “Nuestro siguiente paso será el desarrollo de una inoculación”, finalizó la académica.

Boletín UNAM-DGCS-749

Ciudad Universitaria.