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Langostas Marinas, útiles como modelo de estudios biológicos, ecológicos y pesqueros.

 
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29 de Enero del 2013
Los crustáceos representan un grupo importante de invertebrados por los diversos papeles que desempeñan en los ecosistemas marinos; algunos son bioindicadores de contaminación, forman parte de las redes tróficas y se utilizan como fuente de alimentación. En el caso de las langostas marinas, junto con otras especies comestibles, también tienen trascendencia económica.
Patricia Briones Fourzán, investigadora de la Unidad Académica en Puerto Morelos, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la UNAM, indicó que el grupo de las langostas marinas constituyen un recurso pesquero de gran relevancia a nivel mundial, además de su importancia ecológica en los ecosistemas que habitan.
La especialista en biología, ecología y comportamiento de langostas espinosas (familia Palinuridae), explicó que éstas forman parte de las comunidades arrecifales coralinas y de la mayoría de las redes tróficas mediante las cuales se transfiere la energía en estos ecosistemas.
Son consideradas como animales modelo para probar diferentes hipótesis biológicas, ecológicas y pesqueras que podrían tener implicaciones para variadas especies marinas, no sólo para las propias langostas.
También tienen depredadores y en estudios de campo y laboratorio se ha encontrado que presentan diversos mecanismos de defensa que aumentan sus probabilidades de sobrevivir a los ataques, ejemplificó. “Algunas especies son muy gregarias y se defienden en grupo; utilizan, en conjunto, sus largas antenas espinosas para ahuyentar a quienes las atacan. En las especies menos gregarias, los individuos más bien escapan o intentan pasar desapercibidos”.
El conocimiento derivado de estas investigaciones podría aplicarse a otras, lo que permitiría determinar por qué, dentro de un grupo animal determinado, unas son más vulnerables que otras.
El comportamiento gregario permite a las langostas aprovechar mejor los recursos disponibles en su hábitat e incrementar su supervivencia. “Como no pueden construir sus refugios, deben buscar resguardo en cualquier tipo de estructura que les brinde protección, como grietas en fondos duros o huecos en los arrecifes”.
Los pescadores, conocedores empíricos de esa situación, han diseñado refugios artificiales (“casitas”) que colocan en lugares donde saben que hay langostas; con ello no sólo favorecen que se congreguen, sino que aumentan la biomasa, “porque debido a la defensa grupal, se incrementa la supervivencia de los individuos más pequeños, que comparte refugios con animales más grandes”.
En este momento la universitaria se enfoca en determinar algunos factores que podrían afectar de manera importante la abundancia local de la especie, tales como la distancia a la costa de las zonas oceánicas en las que realiza su metamorfosis de larva a poslarva, proceso complejo en este crustáceo, porque sus poblaciones dependen de la llegada de estos nuevos reclutas.
“Hemos encontrado en mar abierto –con el apoyo del buque oceanográfico Justo Sierra de la UNAM– zonas potenciales de metamorfosis a distancias de entre 20 y 50 kilómetros de la costa. Dado que las poslarvas no se alimentan, pero deben nadar hacia los hábitats costeros para continuar su ciclo de vida, esto puede explicar, en parte, la variación significativa en distintos indicadores, tanto físicos como bioquímicos, del estado nutricional de las poslarvas que llegan a la costa y, por tanto, de su potencial de supervivencia”, añadió.
La langosta es uno de los mariscos con mayor valor unitario en el orbe, su explotación brinda empleo a miles de personas y su comercialización genera millones de dólares. “Es muy apreciada, sobre todo en restaurantes y hoteles”. Sin embargo, en la última década, su captura ha disminuido en el mundo, particularmente en el Caribe. “Consideramos que se debe a una combinación de factores naturales y antropogénicos, como la sobrepesca, la degradación de los hábitats costeros y el cambio climático, entre otros”.
El manejo de recursos pesqueros necesita apoyarse en información científica formal relacionada con la ecología, la dinámica poblacional, las enfermedades, e incluso con el comportamiento de las langostas, lo que afecta la respuesta de las poblaciones a la presión de pesca.
“Como investigadores, nuestra función es generar conocimiento sobre los procesos que causan esas variaciones en la abundancia de las poblaciones locales, para que quienes administran este recurso pesquero puedan desarrollar estrategias de manejo más sólidas”.
Una alternativa sería la acuacultura, pero un aspecto importante es que hasta el momento no hay cultivos comerciales de langostas espinosas a partir del huevo, como sucede con algunos camarones, peces y moluscos. Ello se debe a la complejidad de su ciclo de vida, pues la fase larvaria, que dura entre seis y 10 meses y está constituida por entre nueve y 12 estadios, se desarrolla en aguas oceánicas, cuyas características son difíciles de reproducir en estanques.
No obstante, con el uso de sistemas a pequeña escala se ha logrado completar esa fase en laboratorio, en unas cuantas especies. Se espera que con los avances tecnológicos se logren mayores tasas de supervivencia de larvas y poslarvas, así el cultivo a nivel comercial a partir del huevo estaría más cercano, pues una vez que pasan esa fase resulta relativamente fácil llevarlas a talla comercial”, concluyó.
Boletín UNAM-DGCS-063
Ciudad Universitaria.
Las langostas espinosas (familia Palinuridae), forman parte de las comunidades arrecifales coralinas y de la mayoría de las redes tróficas mediante las cuales se transfiere la energía en estos ecosistemas.

Las langostas espinosas (familia Palinuridae), forman parte de las comunidades arrecifales coralinas y de la mayoría de las redes tróficas mediante las cuales se transfiere la energía en estos ecosistemas.

29 de Enero del 2013

Los crustáceos representan un grupo importante de invertebrados por los diversos papeles que desempeñan en los ecosistemas marinos; algunos son bioindicadores de contaminación, forman parte de las redes tróficas y se utilizan como fuente de alimentación. En el caso de las langostas marinas, junto con otras especies comestibles, también tienen trascendencia económica.

Patricia Briones Fourzán, investigadora de la Unidad Académica en Puerto Morelos, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la UNAM, indicó que el grupo de las langostas marinas constituyen un recurso pesquero de gran relevancia a nivel mundial, además de su importancia ecológica en los ecosistemas que habitan.

La especialista en biología, ecología y comportamiento de langostas espinosas (familia Palinuridae), explicó que éstas forman parte de las comunidades arrecifales coralinas y de la mayoría de las redes tróficas mediante las cuales se transfiere la energía en estos ecosistemas.

Son consideradas como animales modelo para probar diferentes hipótesis biológicas, ecológicas y pesqueras que podrían tener implicaciones para variadas especies marinas, no sólo para las propias langostas.

También tienen depredadores y en estudios de campo y laboratorio se ha encontrado que presentan diversos mecanismos de defensa que aumentan sus probabilidades de sobrevivir a los ataques, ejemplificó. “Algunas especies son muy gregarias y se defienden en grupo; utilizan, en conjunto, sus largas antenas espinosas para ahuyentar a quienes las atacan. En las especies menos gregarias, los individuos más bien escapan o intentan pasar desapercibidos”.

El conocimiento derivado de estas investigaciones podría aplicarse a otras, lo que permitiría determinar por qué, dentro de un grupo animal determinado, unas son más vulnerables que otras.

El comportamiento gregario permite a las langostas aprovechar mejor los recursos disponibles en su hábitat e incrementar su supervivencia. “Como no pueden construir sus refugios, deben buscar resguardo en cualquier tipo de estructura que les brinde protección, como grietas en fondos duros o huecos en los arrecifes”.

Los pescadores, conocedores empíricos de esa situación, han diseñado refugios artificiales (“casitas”) que colocan en lugares donde saben que hay langostas; con ello no sólo favorecen que se congreguen, sino que aumentan la biomasa, “porque debido a la defensa grupal, se incrementa la supervivencia de los individuos más pequeños, que comparte refugios con animales más grandes”.

En este momento la universitaria se enfoca en determinar algunos factores que podrían afectar de manera importante la abundancia local de la especie, tales como la distancia a la costa de las zonas oceánicas en las que realiza su metamorfosis de larva a poslarva, proceso complejo en este crustáceo, porque sus poblaciones dependen de la llegada de estos nuevos reclutas.

“Hemos encontrado en mar abierto –con el apoyo del buque oceanográfico Justo Sierra de la UNAM– zonas potenciales de metamorfosis a distancias de entre 20 y 50 kilómetros de la costa. Dado que las poslarvas no se alimentan, pero deben nadar hacia los hábitats costeros para continuar su ciclo de vida, esto puede explicar, en parte, la variación significativa en distintos indicadores, tanto físicos como bioquímicos, del estado nutricional de las poslarvas que llegan a la costa y, por tanto, de su potencial de supervivencia”, añadió.

La langosta es uno de los mariscos con mayor valor unitario en el orbe, su explotación brinda empleo a miles de personas y su comercialización genera millones de dólares. “Es muy apreciada, sobre todo en restaurantes y hoteles”. Sin embargo, en la última década, su captura ha disminuido en el mundo, particularmente en el Caribe. “Consideramos que se debe a una combinación de factores naturales y antropogénicos, como la sobrepesca, la degradación de los hábitats costeros y el cambio climático, entre otros”.

El manejo de recursos pesqueros necesita apoyarse en información científica formal relacionada con la ecología, la dinámica poblacional, las enfermedades, e incluso con el comportamiento de las langostas, lo que afecta la respuesta de las poblaciones a la presión de pesca.

“Como investigadores, nuestra función es generar conocimiento sobre los procesos que causan esas variaciones en la abundancia de las poblaciones locales, para que quienes administran este recurso pesquero puedan desarrollar estrategias de manejo más sólidas”.

Una alternativa sería la acuacultura, pero un aspecto importante es que hasta el momento no hay cultivos comerciales de langostas espinosas a partir del huevo, como sucede con algunos camarones, peces y moluscos. Ello se debe a la complejidad de su ciclo de vida, pues la fase larvaria, que dura entre seis y 10 meses y está constituida por entre nueve y 12 estadios, se desarrolla en aguas oceánicas, cuyas características son difíciles de reproducir en estanques.

No obstante, con el uso de sistemas a pequeña escala se ha logrado completar esa fase en laboratorio, en unas cuantas especies. Se espera que con los avances tecnológicos se logren mayores tasas de supervivencia de larvas y poslarvas, así el cultivo a nivel comercial a partir del huevo estaría más cercano, pues una vez que pasan esa fase resulta relativamente fácil llevarlas a talla comercial”, concluyó.

Boletín UNAM-DGCS-063

Ciudad Universitaria.

Biología, crucial para afrontar los retos del presente y aportar soluciones para el futuro.

 
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24 de Enero del 2013
“La biología cambia tu perspectiva. Al abarcar todo el planeta, aporta conocimientos a cada una de las ciencias. A lo largo de mis estudios he tomado conciencia del cuidado de plantas, animales y el ambiente”, compartió Andrea Acosta Rodríguez, alumna de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza.
En la actualidad, quienes se dedican a esta área laboran en docencia e investigación, diseñan e instrumentan proyectos de rescate, conservación y explotación racional de recursos naturales, y proponen leyes para regular su uso y garantizar su protección. Además, aportan a la biomedicina, biotecnología, biología molecular, biodiversidad, educación ambiental, nutrición y ecología.
La disciplina se enfoca a entender cómo funcionan los seres vivos y los ambientes a los que pertenecen, y propone aplicaciones útiles para la sociedad. “Para afrontar los riesgos que implican el calentamiento global y el desarrollo económico para la preservación de especies y ecosistemas, es preciso generar conocimiento”, aseguró Jorge Nieto Sotelo, del Instituto de Biología (IB) de la UNAM.
En ocasión del Día del Biólogo, que se conmemora en el país el 25 de enero, aludió a la importancia de esta disciplina ante la destrucción del ambiente. Por ejemplo, los bosques y otras comunidades vegetales naturales, al captar lluvia, generan materia orgánica, mantienen suelos para la agricultura y producen oxígeno, explicó.
Además, los expertos del IB trabajan en la descripción de la biodiversidad de México, pues aún no hay un listado completo de las especies existentes en territorio nacional; concretar uno requiere años de trabajo y apoyo a especialistas.
Sequía, reto inmediato
En el año 2000, el tres por ciento de la superficie terrestre registraba sequía extrema. De persistir las condiciones ambientales actuales, para 2100 será un 30 por ciento, refirió el responsable del Laboratorio de Fisiología Molecular del Jardín Botánico del IB.
Ante este panorama, desarrolla líneas de investigación para comprender el impacto respectivo. En específico, estudia las adaptaciones de las plantas al calor y a la falta de agua.
“En el laboratorio analizamos cómo, a lo largo de millones de años, los agaves han sobrevivido a la falta del líquido y temperaturas extremas. Esta capacidad, que se explica por sus características morfológicas y fisiológicas, probablemente esté codificada en el genoma”, expuso.
Estos organismos emplean mecanismos que impiden la pérdida de líquido en las horas de más calor al evitar la evapotranspiración. En un humano, equivaldría a no sudar para retener agua.
El objetivo es determinar cómo los agaves toleran condiciones extremas, porque estas adaptaciones para evitar la evapotranspiración complican la regulación de su temperatura.
“Encontramos que el cogollo —que resguarda a las hojas más inmaduras y al meritesmo apical del tallo—, al contrario del resto de la planta, abre sus estomas en el día si el calor es elevado. Esto reduce su temperatura foliar varios grados centígrados debajo de la temperatura del aire”.
Además, localizamos diferencias entre estas hojas y las del resto de la roseta a nivel de algunas proteínas (llamadas chaperonas moleculares) que protegen a otras de la desnaturalización. Este conocimiento podría ser utilizado en agricultura para lograr cultivos resistentes a condiciones climáticas extremas, explicó.
Estos trabajos se realizan en el Jardín Botánico, que resguarda a una de las colecciones de agaváceas más importantes del mundo y alberga a 80 por ciento de las especies existentes en México (centro de origen de esta familia de plantas) y 65 por ciento del planeta.
El futuro
El especialista expuso que ante las exigencias que plantean temas como la contaminación o la restauración ambiental, se deben aprovechar e integrar los conocimientos ya obtenidos y generar aplicaciones sustentables y robustas.
La bioinformática, relacionada con el manejo de cantidades grandes de datos —como el número de especies en un ecosistema, sus interacciones y localización— permitirá un mejor desarrollo de la biología de sistemas complejos, precisó.
La combinación de estas disciplinas será útil para diseñar estrategias orientadas a proteger el ambiente y explotar una región de manera sustentable. El futuro de la biología está en el modelaje de herramientas matemáticas y computacionales que expliquen el funcionamiento de los ecosistemas, a fin de minimizar los daños causados por las actividades humanas.
En México, cada 25 de enero se conmemora el Día del Biólogo, fecha establecida en 1961 por el Colegio de Biólogos de México y expertos de la Universidad Nacional y el Instituto Politécnico Nacional, con la finalidad de proteger a los integrantes del gremio.
El 19 de enero de 1939 fue creada la licenciatura respectiva. Los planes de estudios se han modificado de acuerdo a las necesidades académicas y sociales. En la actualidad, las ramas de zoología, botánica, manejo de recursos naturales y su conservación, y biología molecular y celular, son las de mayor interés entre los estudiantes.
Boletín UNAM-DGCS-048
Ciudad Universitaria.
Generar conocimiento en esta disciplina ayudará a encarar los riesgos derivados del calentamiento global y el desarrollo económico para la preservación de especies y ecosistemas, expuso Jorge Nieto Sotelo, del Instituto de Biología de la UNAM.

Generar conocimiento en esta disciplina ayudará a encarar los riesgos derivados del calentamiento global y el desarrollo económico para la preservación de especies y ecosistemas, expuso Jorge Nieto Sotelo, del Instituto de Biología de la UNAM.

24 de Enero del 2013

“La biología cambia tu perspectiva. Al abarcar todo el planeta, aporta conocimientos a cada una de las ciencias. A lo largo de mis estudios he tomado conciencia del cuidado de plantas, animales y el ambiente”, compartió Andrea Acosta Rodríguez, alumna de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza.

En la actualidad, quienes se dedican a esta área laboran en docencia e investigación, diseñan e instrumentan proyectos de rescate, conservación y explotación racional de recursos naturales, y proponen leyes para regular su uso y garantizar su protección. Además, aportan a la biomedicina, biotecnología, biología molecular, biodiversidad, educación ambiental, nutrición y ecología.

La disciplina se enfoca a entender cómo funcionan los seres vivos y los ambientes a los que pertenecen, y propone aplicaciones útiles para la sociedad. “Para afrontar los riesgos que implican el calentamiento global y el desarrollo económico para la preservación de especies y ecosistemas, es preciso generar conocimiento”, aseguró Jorge Nieto Sotelo, del Instituto de Biología (IB) de la UNAM.

En ocasión del Día del Biólogo, que se conmemora en el país el 25 de enero, aludió a la importancia de esta disciplina ante la destrucción del ambiente. Por ejemplo, los bosques y otras comunidades vegetales naturales, al captar lluvia, generan materia orgánica, mantienen suelos para la agricultura y producen oxígeno, explicó.

Además, los expertos del IB trabajan en la descripción de la biodiversidad de México, pues aún no hay un listado completo de las especies existentes en territorio nacional; concretar uno requiere años de trabajo y apoyo a especialistas.


Sequía, reto inmediato

En el año 2000, el tres por ciento de la superficie terrestre registraba sequía extrema. De persistir las condiciones ambientales actuales, para 2100 será un 30 por ciento, refirió el responsable del Laboratorio de Fisiología Molecular del Jardín Botánico del IB.

Ante este panorama, desarrolla líneas de investigación para comprender el impacto respectivo. En específico, estudia las adaptaciones de las plantas al calor y a la falta de agua.

“En el laboratorio analizamos cómo, a lo largo de millones de años, los agaves han sobrevivido a la falta del líquido y temperaturas extremas. Esta capacidad, que se explica por sus características morfológicas y fisiológicas, probablemente esté codificada en el genoma”, expuso.

Estos organismos emplean mecanismos que impiden la pérdida de líquido en las horas de más calor al evitar la evapotranspiración. En un humano, equivaldría a no sudar para retener agua.

El objetivo es determinar cómo los agaves toleran condiciones extremas, porque estas adaptaciones para evitar la evapotranspiración complican la regulación de su temperatura.

“Encontramos que el cogollo —que resguarda a las hojas más inmaduras y al meritesmo apical del tallo—, al contrario del resto de la planta, abre sus estomas en el día si el calor es elevado. Esto reduce su temperatura foliar varios grados centígrados debajo de la temperatura del aire”.

Además, localizamos diferencias entre estas hojas y las del resto de la roseta a nivel de algunas proteínas (llamadas chaperonas moleculares) que protegen a otras de la desnaturalización. Este conocimiento podría ser utilizado en agricultura para lograr cultivos resistentes a condiciones climáticas extremas, explicó.

Estos trabajos se realizan en el Jardín Botánico, que resguarda a una de las colecciones de agaváceas más importantes del mundo y alberga a 80 por ciento de las especies existentes en México (centro de origen de esta familia de plantas) y 65 por ciento del planeta.


El futuro

El especialista expuso que ante las exigencias que plantean temas como la contaminación o la restauración ambiental, se deben aprovechar e integrar los conocimientos ya obtenidos y generar aplicaciones sustentables y robustas.

La bioinformática, relacionada con el manejo de cantidades grandes de datos —como el número de especies en un ecosistema, sus interacciones y localización— permitirá un mejor desarrollo de la biología de sistemas complejos, precisó.

La combinación de estas disciplinas será útil para diseñar estrategias orientadas a proteger el ambiente y explotar una región de manera sustentable. El futuro de la biología está en el modelaje de herramientas matemáticas y computacionales que expliquen el funcionamiento de los ecosistemas, a fin de minimizar los daños causados por las actividades humanas.

En México, cada 25 de enero se conmemora el Día del Biólogo, fecha establecida en 1961 por el Colegio de Biólogos de México y expertos de la Universidad Nacional y el Instituto Politécnico Nacional, con la finalidad de proteger a los integrantes del gremio.

El 19 de enero de 1939 fue creada la licenciatura respectiva. Los planes de estudios se han modificado de acuerdo a las necesidades académicas y sociales. En la actualidad, las ramas de zoología, botánica, manejo de recursos naturales y su conservación, y biología molecular y celular, son las de mayor interés entre los estudiantes.

Boletín UNAM-DGCS-048

Ciudad Universitaria.

Macizo de Iguaque tendría pronta restauración ecológica.

 
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Las condiciones ecosistémicas en el Macizo de Iguaque y la mala intervención humana han propiciado graves incendios.
Las condiciones ecosistémicas en el Macizo de Iguaque y la mala intervención humana han propiciado graves incendios.

14 de Noviembre del 2012

Este parque natural y cultural, que provee de riqueza hídrica a Villa de Leyva y otras zonas rurales de Boyacá, contará con la intervención de ONG’s, civiles y la UN para recuperación integral en la zona.

El proyecto quiere estudiar los diversos factores asociados a incendios y al funcionamiento del sistema hidrológico en el Macizo de Iguaque. En este enclave natural –cuya laguna es cuna de la humanidad, según la mitología muisca– se presentan problemas de erosión de suelos e incendios forestales que han afectado drásticamente su fauna y flora.

Factores que parten del mal uso humano –por ejemplo, botellas de vidrio que se lanzan en la zona o un cigarrillo prendido– pueden ocasionar incendios, debido a que “se han establecido pasturas africanas que no son propias de la zona, lo que ha disminuido la predominancia de especies nativas”, explica el investigador Juan Carlos Loaiza, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia en Medellín, quien agrega que dichas pasturas tienen alta combustión ya que son originarias de zonas de sabana.

La dificultad en el Macizo de Iguaque tiene antecedentes como el de 2010, en el que se reportó un incendio que arrasó con por lo menos 1.250 hectáreas. Se trata de igniciones, según Loaiza, que se pueden extender a tal punto de dañar especies endémicas (exclusivas, nativas) de las zonas de páramo, y la restauración de esos ecosistemas puede durar hasta 300 años.


Compromiso con el Iguaque

La intención es saber cómo funciona el sistema hidrológico en el ecosistema para adaptar estrategias de restauración de vegetación natural y hacer un manejo de las fuentes de agua que alimentan los acueductos de Villa de Leyva, Tunja y otros sitios. El parque natural posee vegetación seca pero, además, páramos, bosques, robledales y humedales.

La aplicación científica –por parte de los investigadores de la UN, con el Departamento de Restauración de la Sede Bogotá y la Escuela de Biociencias de Medellín– incluye la restauración ecosistémica, equipos completos para la medición de variables hidrológicas, así como metodologías que permitan la predicción con respecto a la hidrología del sistema, el almacenamiento de agua en el suelo, crecidas de los cauces y problemas asociados a escorrentía superficial.

La intención para el bienestar medioambiental y de las poblaciones cercanas al Macizo, surge desde la iniciativa de la Corporación Ecohumana, una ONG de Villa de Leyva, el Centro Tecnológico Forestal de Cataluña, algunas embajadas europeas, la Presidencia de la República de Colombia y la UN.

El proyecto ya está articulado y se espera que, contando con la voluntad política, se pueda ejecutar para el próximo año.

Créditos:http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html

El cambio climático, presente en mares, zonas costeras y cuerpos intercontinentales de México.

 
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25 de Octubre del 2012
El cambio climático está presente en los mares, las zonas costeras y los cuerpos intercontinentales de México, detalló Elba Escobar Briones, directora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la UNAM.
“Tenemos evidencias del calentamiento, de la modificación del nivel del mar y del efecto de la acidificación sobre los arrecifes. Recientemente, se hace un seguimiento a otros organismos con carbonatos, como los equinodermos, para evaluar los efectos del fenómeno”.
Además, en los mares del país se cuenta con ejemplos recientes de eutroficación (o eutrofización), proceso que, por causas naturales o antropogénicas, enriquece las aguas con nutrientes (principalmente nitratos y fosfatos), lo que provoca el aumento de algas y fitoplancton, la pérdida de transparencia del líquido -que disminuye la fotosíntesis por falta de luz-, y el aumento de la descomposición de la materia orgánica, que reduce la concentración de oxígeno en el agua.
Escobar alertó que también hay ejemplos de hipoxias, o falta de oxígeno, en zonas costeras nacionales. “Quisiera promover que investiguemos más estos temas de forma interdisciplinaria, para tener cada día mejor información y herramientas con las que se puedan tomar decisiones”, destacó.
Sistemas costeros y pesquerías
Por su parte, Guadalupe de la Lanza Espino, del Instituto de Biología (IB), advirtió que existe una conectividad en los ecosistemas, una interrelación que no se puede dejar de lado. “Por eso, aún no podemos saber si el incremento del nivel del mar es consecuencia del cambio climático o de la manipulación de las aguas interiores, que se descargan a la zona costera. Es un asunto de gran complejidad”.
En el auditorio Agustín Ayala Castañares del ICMyL, recomendó que para evaluar la vulnerabilidad de ecosistemas costeros, se deben considerar factores naturales y antropogénicos que ya participan en su dinámica y deterioro, pues sólo así será posible delimitar los efectos adicionales.
En tanto, Patricia Guzmán Amaya, del Instituto Nacional de la Pesca, destacó que el 85 por ciento de las pesquerías del Pacífico están en deterioro o máximo aprovechamiento sustentable; lo mismo ocurre con el 19 por ciento de las del Golfo de México.
“El cambio climático aumentará la vulnerabilidad de los sistemas acuáticos y las pesquerías. Se ha calculado que con un incremento del nivel del mar de 50 centímetros, éste entraría a tierra hasta 23 mil kilómetros. Ello implica la pérdida de lagunas costeras hasta en 50 por ciento”, advirtió.
La zona económica exclusiva del país tiene tres millones de kilómetros, y dentro de ésta se ubica la plataforma continental, con aproximadamente 360 mil kilómetros.
“En ésta se lleva a cabo toda la pesca en México, con excepción de algunas pesquerías, como la de atún, que se realiza en aguas oceánicas, y tiene graves problemas de contaminación y vulnerabilidad, que se prevé aumente con el cambio climático”, finalizó.
Boletín UNAM-DGCS-652
Ciudad Universitaria.
El cambio climático aumentará la vulnerabilidad de sistemas acuáticos y las pesquerías.

El cambio climático aumentará la vulnerabilidad de sistemas acuáticos y las pesquerías.

25 de Octubre del 2012

El cambio climático está presente en los mares, las zonas costeras y los cuerpos intercontinentales de México, detalló Elba Escobar Briones, directora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la UNAM.

“Tenemos evidencias del calentamiento, de la modificación del nivel del mar y del efecto de la acidificación sobre los arrecifes. Recientemente, se hace un seguimiento a otros organismos con carbonatos, como los equinodermos, para evaluar los efectos del fenómeno”.

Además, en los mares del país se cuenta con ejemplos recientes de eutroficación (o eutrofización), proceso que, por causas naturales o antropogénicas, enriquece las aguas con nutrientes (principalmente nitratos y fosfatos), lo que provoca el aumento de algas y fitoplancton, la pérdida de transparencia del líquido -que disminuye la fotosíntesis por falta de luz-, y el aumento de la descomposición de la materia orgánica, que reduce la concentración de oxígeno en el agua.

Escobar alertó que también hay ejemplos de hipoxias, o falta de oxígeno, en zonas costeras nacionales. “Quisiera promover que investiguemos más estos temas de forma interdisciplinaria, para tener cada día mejor información y herramientas con las que se puedan tomar decisiones”, destacó.


Sistemas costeros y pesquerías

Por su parte, Guadalupe de la Lanza Espino, del Instituto de Biología (IB), advirtió que existe una conectividad en los ecosistemas, una interrelación que no se puede dejar de lado. “Por eso, aún no podemos saber si el incremento del nivel del mar es consecuencia del cambio climático o de la manipulación de las aguas interiores, que se descargan a la zona costera. Es un asunto de gran complejidad”.

En el auditorio Agustín Ayala Castañares del ICMyL, recomendó que para evaluar la vulnerabilidad de ecosistemas costeros, se deben considerar factores naturales y antropogénicos que ya participan en su dinámica y deterioro, pues sólo así será posible delimitar los efectos adicionales.

En tanto, Patricia Guzmán Amaya, del Instituto Nacional de la Pesca, destacó que el 85 por ciento de las pesquerías del Pacífico están en deterioro o máximo aprovechamiento sustentable; lo mismo ocurre con el 19 por ciento de las del Golfo de México.

“El cambio climático aumentará la vulnerabilidad de los sistemas acuáticos y las pesquerías. Se ha calculado que con un incremento del nivel del mar de 50 centímetros, éste entraría a tierra hasta 23 mil kilómetros. Ello implica la pérdida de lagunas costeras hasta en 50 por ciento”, advirtió.

La zona económica exclusiva del país tiene tres millones de kilómetros, y dentro de ésta se ubica la plataforma continental, con aproximadamente 360 mil kilómetros.

“En ésta se lleva a cabo toda la pesca en México, con excepción de algunas pesquerías, como la de atún, que se realiza en aguas oceánicas, y tiene graves problemas de contaminación y vulnerabilidad, que se prevé aumente con el cambio climático”, finalizó.

Boletín UNAM-DGCS-652

Ciudad Universitaria.

Se inauguró exposición del desierto de la Tatacoa en Bogotá.

 
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La exposición “Un día en el desierto de la Tatacoa” presenta uno de los ecosistemas más relevantes del país.

La exposición “Un día en el desierto de la Tatacoa” presenta uno de los ecosistemas más relevantes del país.

8 de Octubre del 2012
Abrió sus puertas una muestra fotográfica sobre uno de los ecosistemas más relevantes de Colombia: “Un día en el desierto de la Tatacoa”. El Claustro de San Agustín es el escenario.
La exhibición comprende 43 fotografías de una de las regiones fosilíferas más importantes de Suramérica. Así, esta acerca a los visitantes a esos 330 kilómetros cuadrados de tierra erosionada de color ocre y gris que alberga poca vegetación herbácea y en la que, sin embargo, habitan reptiles, aves, roedores y arácnidos.
De esta forma, las paredes y pisos de la sala de exhibición del Claustro San Agustín sirven para hacer un recorrido visual a través de este paisaje y así contextualizar a los asistentes. El objetivo de los organizadores de la exposición es que se camine y se lea el paisaje.
La profesora del Instituto de Ciencias Naturales de la UN Yaneth Muñoz Saba, que adelanta una tesis doctoral sobre el tema, cuenta: “lo que queremos mostrar no es solamente el desierto como la gente lo conoce, sino las diferentes gamas y coloraciones que tiene y la vida que se encuentra en él”.
Y agrega: “a lo largo de un enfoque de color, luz y textura, quisimos ilustrar 24 horas en el desierto, sus paisajes áridos y húmedos, que no se conocen, y alguna fauna de este ecosistema”.
Según ella, es necesario que los visitantes reconozcan y sepan que, en esta zona de Colombia, en el departamento del Huila, hay una diversidad biótica (entendida como todo lo que allí tiene vida) y abiótica (el material que no tiene vida): flora, cactus, matorrales, aves, mamíferos, murciélagos, ranas y culebras, por un lado; así como todo aquello que compone el suelo, arcillas, areniscas, por otro.
“Aquí tenemos la mayor biodiversidad de registros fósiles de hace 23 millones de años. Por eso, ha sido fundamental, en esta oportunidad, estudiarlos y exponerlos”, afirma la catedrática de la UN.
La muestra ha sido organizada por la Dirección de Museos y Patrimonio Cultural (DMPC), en asocio con la Facultad de Ciencias, la Dirección Académica de Sede  y el Instituto de Ciencias Naturales (ICN).
La mayoría de las imágenes fueron tomadas por el fotógrafo Iván Camilo González Sánchez, que asiste a la profesora Muñoz en su investigación en este territorio del país.
Una nueva línea de exposiciones
Hasta el momento, las exposiciones del Claustro San Agustín se habían orientado a la cultura científica, la memoria histórica y la conciencia ambiental. Pero, con este nuevo proyecto museográfico, se añade el concepto contemporáneo del paisaje.
Sobre esto, el jefe de la DMPC, Edmon Castell, opinó: “la exhibición aglutina el esfuerzo de biólogos, fotógrafos y museólogos para reivindicar el papel patrimonial que tiene el paisaje; en consecuencia, es un paso más que trata de hacer el sistema de museos para crear mayor conciencia sobre el patrimonio ambiental y natural que tienen los colombianos”.
La muestra de fotografías del desierto de la Tatacoa se extenderá hasta el mes de febrero del 2013.
Créditos: http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html

8 de Octubre del 2012

Abrió sus puertas una muestra fotográfica sobre uno de los ecosistemas más relevantes de Colombia: “Un día en el desierto de la Tatacoa”. El Claustro de San Agustín es el escenario.

La exhibición comprende 43 fotografías de una de las regiones fosilíferas más importantes de Suramérica. Así, esta acerca a los visitantes a esos 330 kilómetros cuadrados de tierra erosionada de color ocre y gris que alberga poca vegetación herbácea y en la que, sin embargo, habitan reptiles, aves, roedores y arácnidos.

De esta forma, las paredes y pisos de la sala de exhibición del Claustro San Agustín sirven para hacer un recorrido visual a través de este paisaje y así contextualizar a los asistentes. El objetivo de los organizadores de la exposición es que se camine y se lea el paisaje.

La profesora del Instituto de Ciencias Naturales de la UN Yaneth Muñoz Saba, que adelanta una tesis doctoral sobre el tema, cuenta: “lo que queremos mostrar no es solamente el desierto como la gente lo conoce, sino las diferentes gamas y coloraciones que tiene y la vida que se encuentra en él”.

Y agrega: “a lo largo de un enfoque de color, luz y textura, quisimos ilustrar 24 horas en el desierto, sus paisajes áridos y húmedos, que no se conocen, y alguna fauna de este ecosistema”.

Según ella, es necesario que los visitantes reconozcan y sepan que, en esta zona de Colombia, en el departamento del Huila, hay una diversidad biótica (entendida como todo lo que allí tiene vida) y abiótica (el material que no tiene vida): flora, cactus, matorrales, aves, mamíferos, murciélagos, ranas y culebras, por un lado; así como todo aquello que compone el suelo, arcillas, areniscas, por otro.

“Aquí tenemos la mayor biodiversidad de registros fósiles de hace 23 millones de años. Por eso, ha sido fundamental, en esta oportunidad, estudiarlos y exponerlos”, afirma la catedrática de la UN.

La muestra ha sido organizada por la Dirección de Museos y Patrimonio Cultural (DMPC), en asocio con la Facultad de Ciencias, la Dirección Académica de Sede  y el Instituto de Ciencias Naturales (ICN).

La mayoría de las imágenes fueron tomadas por el fotógrafo Iván Camilo González Sánchez, que asiste a la profesora Muñoz en su investigación en este territorio del país.

Una nueva línea de exposiciones

Hasta el momento, las exposiciones del Claustro San Agustín se habían orientado a la cultura científica, la memoria histórica y la conciencia ambiental. Pero, con este nuevo proyecto museográfico, se añade el concepto contemporáneo del paisaje.

Sobre esto, el jefe de la DMPC, Edmon Castell, opinó: “la exhibición aglutina el esfuerzo de biólogos, fotógrafos y museólogos para reivindicar el papel patrimonial que tiene el paisaje; en consecuencia, es un paso más que trata de hacer el sistema de museos para crear mayor conciencia sobre el patrimonio ambiental y natural que tienen los colombianos”.

La muestra de fotografías del desierto de la Tatacoa se extenderá hasta el mes de febrero del 2013.

Créditos: http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html