PERROS Y HUMANOS COMPARTEN PARÁSITOS

 
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La larva migrans visceral (Toxocara), mejor conocida como lombriz del perro, es la más fácil de identificar, y se alberga en el intestino delgado.
La larva migrans visceral (Toxocara), mejor conocida como lombriz del perro, es la más fácil de identificar, y se alberga en el intestino delgado.

17 de abril de 2011

• Por lo general, se encuentran en la piel de los canes o en sus heces, explicó Fernando Alba, académico de la UNAM
• Los más comunes son Echinococcus granulosus, Sarcoptes scabel y Giardia lamblia, mencionó

La relación entre perros y humanos no sólo fomenta la creación de vínculos emocionales, también permite la transmisión de parásitos como el Echinococcus granulosus, Sarcoptes scabel y Giardia lamblia que, por lo general, se encuentran en la piel o excremento de canes que no han sido desparasitados, alertó Fernando Alba Hurtado, académico de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán de la UNAM.

Un parásito, dijo el doctor en microbiología, es “un organismo que vive a expensas de otro”; dependen metabólicamente del huésped y si éste muere, el endoparásito o ectoparásito, también.

Sus ancestros se desarrollaron en vida libre y colonizaron diferentes entornos. Hace más de 40 mil años, los lobos y humanos habitaban los mismos lugares, pero no convivían domésticamente; en el momento en que el hombre inició su relación con los perros (subespecie del lobo gris), ambos estuvieron disponibles para los parásitos, refirió.

Las zoonosis más comunes

La sarna sarcóptica, explicó, es una enfermedad zoonótica transmitida por el ácaro microscópico Sarcoptes scabel. Si se rascan, los perros producen zonas de alopecia que pueden expandirse a la mayor parte del cuerpo y, posiblemente, contagiar a los humanos.

Otra afectación es la infestación de pulgas (Ctenocephalides sp), cuyo ciclo biológico inicia como huevo, para convertirse en larva, pupa y, finalmente, adulto; no obstante, estos insectos generalmente prefieren alimentarse de la sangre del can, lo que deriva en dermatitis alérgica, comezón y escamación.

Además de la transmisión por contacto directo con la piel de los perros enfermos, otra forma es a través de la materia fecal, abundó.

La giardiasis se adquiere por este medio. Si el animal elimina los quistes en el excremento, éstos contaminan el agua o los alimentos ingeridos por los humanos y se adhirieren a su intestino. El cuadro clínico presenta diarrea variable (leve o moderada), pero no se elimina el parásito, que encuentra un equilibrio entre el hospedador y él mismo, destacó.

La larva migrans visceral (Toxocara), mejor conocida como lombriz del perro, es la más fácil de identificar, y se alberga en el intestino delgado. Si una hembra gestante se contagia, sus cachorros nacerán parasitados y tendrán gran volumen abdominal, además de notorio pelaje sucio y despeinado. Asimismo, algunas personas presentan larva migrans ocular, lo que significa que el parásito ha invadido el ojo, enfatizó.

La hidatidosis se produce por el Echinococcus granulosus que, en su etapa adulta, infecta al cánido. En los humanos, la larva se desarrolla principalmente en hígado y pulmones. El diagnóstico radiológico permite su detección y, en el caso de los perros, funcionan los exámenes coproparasitoscópicos.

Alba Hurtado recomendó evitar el contacto con perros callejeros, y en caso de las mascotas, llevarlas al médico veterinario para su desparasitación periódica.

Finalmente, informó que el Laboratorio de Parasitología de Cuautitlán cuenta con servicio externo para quien desee saber cuál es el estado de salud de su perro.

Créditos: UNAM-DGCS-224/2011/unam.mx

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