La crisis en la industria cafetalera

 
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La actividad cafetalera nacional atraviesa por una profunda crisis, que empezó a gestarse en 1989, cuando ese producto se convirtió en una de las primeras mercancías agrícolas liberadas en el mercado.
La actividad cafetalera nacional atraviesa por una profunda crisis, que empezó a gestarse en 1989, cuando ese producto se convirtió en una de las primeras mercancías agrícolas liberadas en el mercado.

2 de agosto de 2010

• Después de alcanzar el tercer lugar como productor mundial, México cayó al noveno
• Tras ocupar el tercer sitio en exportaciones, descendió a la posición 127, en el periodo 1980-2009

La situación actual de la industria cafetalera en México, si bien tiene un origen y una explicación complejos, puede resumirse con estas dos realidades inobjetables: después de alcanzar el tercer lugar como productor mundial, cayó al noveno, y en el contexto de la economía interna, tras ocupar el tercer sitio en las exportaciones, descendió a la posición 127 en el periodo 1980-2009.

De acuerdo con Aurora Cristina Martínez Morales, del Instituto de Investigaciones Económicas (IIE) de la UNAM, la actividad cafetalera nacional atraviesa por una profunda crisis, que empezó a gestarse en 1989, cuando ese producto se convirtió en una de las primeras mercancías agrícolas liberadas en el mercado, en el marco de la política de desarrollo neoliberal.

“En los macro indicadores pierde peso en la coyuntura del reacomodo de la agricultura y de los mercados mundiales, pero sigue teniendo importancia si se observa como una actividad completa en las zonas productivas”, dijo.

En los años 90, sobre todo en el primer quinquenio, el Estado mexicano se retiró como fuerza reguladora del mercado, y comenzó el proceso acelerado de ajuste estructural y privatizaciones del sector social.

En ese momento, la industria entró en una crisis que se manifestó en el comportamiento del precio y, por lo tanto, en los ingresos que percibían los productores nacionales. Esto trajo como consecuencia una mayor concentración de la comercialización del producto.

“En la primera mitad de esa década, el sector estuvo en una especie de limbo, sin un organismo que asumiera el papel que tuvo el Inmecafé. Si bien en 1993 se creó el Consejo Mexicano del Café como una asociación civil, sus facultades eran restringidas, lo que impidió su desempeño adecuado para resolver la problemática crítica de esa actividad; no fue sino hasta diciembre de 2004, que se constituyó el Comité Nacional del Sistema Producto Café como parte de la Sagarpa.

“En abril de 2006, una vez aprobado el reglamento correspondiente, se decretó la creación de la Asociación Mexicana de la Cadena Productiva del Café, A. C. (Amecafe). Con todo, ésta carece de facultades económicas para incidir en la industria y se limita a operar los programas gubernamentales y conciliar acuerdos entre los diferentes agentes de la cadena”, señaló Martínez Morales.

Precios bajos

Al consolidarse el capital cafetalero transnacional, los productores han resentido los precios bajos. Cifras confiables de autores que han estudiado el movimiento de los costos en los últimos 100 años, aseguran que no se había presentado una caída como la sucedida en periodos críticos de la última década.

Por otro lado, hace algunos años la Organización Internacional del Café (OIC) empezó a impulsar el consumo interno y ampliar el mercado en los países productores, lo que propició en éstos, la presencia de marcas extranjeras, el establecimiento de cafeterías, y la integración vertical de los productores empresariales.

“No obstante, en este reacomodo de la industria y del crecimiento del mercado está presente la pauperización de los campesinos y de los productores directos y pequeños, por la presión internacional y el carácter especulativo de los precios”, apuntó.

A esto se suma el manejo del mercado por parte de las grandes compañías que controlan el flujo mundial del grano. Además, se debe considerar que esas firmas cuentan o se encadenan con comercializadoras que adquieren el producto a bajo precio, llenan sus bodegas y obtienen ventajas para manejar las compras y soportar la situación a nivel financiero.

Grandes compradores

A la pregunta de quiénes son los grandes compradores, Martínez Morales respondió: “En sentido estricto, las transnacionales. Esas empresas, sobre todo las solubilizadoras, impulsan en el momento actual el café robusta, a pesar de que la producción característica de México es de arábiga.

“Aunque el robusta es de menor calidad y, por lo tanto, más barato, sus propiedades organolépticas (sabor, textura, olor y color) permiten hacer mezclas de granos de diferentes calidades, sobre todo en cafés solubles, abaratando costos de producción en las grandes torrefactoras. Por cierto, estas mezclas son consideradas un secreto industrial”, comentó.

La universitaria señaló que “probablemente, aun cuando el macro indicador de las exportaciones y el valor de las mismas en las zonas cafetaleras repuntara, su impacto sería menor y no detendría la pauperización de la mano de obra y del campesino”.

Si se quiere revertir este escenario adverso, Martínez Morales consideró que sería deseable que se comprendiera cabalmente el significado socioeconómico de la cafeticultura, tanto para el país como para el mercado externo.

Además, habría que alentar la organización de los productores campesinos y empresariales pequeños y medianos, para hacer frente al deterioro histórico de esta industria. Desde el punto de vista estrictamente económico, la salida sería financiarlos directamente, aunque plantear esto en la coyuntura actual es un tanto utópico.

La fórmula es sencilla y conocida, concluyó: los costos de producción condicionan el ingreso y éste impulsa al productor directo.

Créditos: UNAM. DGCS -454/unam.mx

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