Niños con dislexia tardan más en procesar estímulos auditivos

 
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BOGOTÁ D. C., 23 de agosto de 2016 — Agencia de Noticias UN-

Así lo evidenció Silvia Angélica Puertas, magíster en Neurociencias de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), quien comparó la velocidad de procesamiento de estímulos visuales, auditivos, ortográficos y fonológicos entre 15 niños con dislexia y 15 niños controles (sin este trastorno de aprendizaje).Con la ayuda de electrodos se observó cómo reaccionaban las señales eléctricas del cerebro de los dos grupos de niños, ante determinados estímulos lingüísticos y no lingüísticos mientras medían su precisión y velocidad de respuesta.

Para la investigación, la neurocientífica empleó potenciales evocados, una técnica de registro electrofisiológico que permite observar cómo se comportan las señales eléctricas del cerebro ante un estímulo determinado.

En la investigación, los niños realizaron cinco tareas diferentes, las cuales presentaban una diversa serie de estímulos. En la primera se medía el procesamiento auditivo no lingüístico: allí los niños estaban frente a un computador, escuchaban dos sonidos y debían determinar si estos eran agudos o graves oprimiendo una tecla con un sticker amarillo o verde.

Al examinar el procesamiento auditivo lingüístico, los menores escucharon dos sílabas diferentes y oprimieron una de las dos teclas de la máquina. De igual forma, en la tarea de procesamiento visual tuvieron que escoger entre dos imágenes; en otra tarea de decisión visual lingüística debieron escoger entre la p y la q (unas de las letras que les presentan mayor conflicto en la lectura) y, finalmente, también hicieron una tarea de decisión léxica en la que debían diferenciar entre palabras y pseudopalabras.

Al tiempo que los niños prestaban atención a los estímulos, tenían en su cabeza un gorro de nylon con 32 electrodos conectados a un amplificador y este a su vez a un computador en el que se registraban los datos.

Las pruebas se realizaron en el Laboratorio de Psicología Experimental de la Universidad El Bosque, en donde también fueron analizadas las señales eléctricas de los electrodos con picos de ondas de mayor voltaje en la zona parietal media, occipital media, parietal, temporal-parietal y parietal-occipital de los dos hemisferios cerebrales.

“Una de las ondas que más se tuvo en cuenta es conocida como P300, la cual aparece cuando estamos en toma de decisiones al ponerle atención a algún estímulo, y es un índice de procesamiento central de información”, comentó la investigadora.

Entre los resultados se encontró que los estímulos auditivos fueron más difíciles de procesar que los visuales, es decir, tanto los niños con dislexia como los controles, se demoraron más en responder a las tareas con este tipo de estímulo.

La diferencia principal entre los dos grupos se relaciona con la amplitud de la onda P300 en la mayoría de tareas, la cual es menor para los niños con dislexia, lo que evidenció que había un mayor número de neuronas que transmitían información en los controles.

Los niños con dislexia tuvieron que reclutar mayor cantidad de neuronas de la zona parietal occipital para hacer el análisis de sonidos de las sílabas presentadas, en comparación con los del grupo control.

Además, los menores con esta alteración cometieron más errores que los demás, principalmente en la tarea de decisión léxica (elección entre palabras y pseudopalabras) y decisión visual (diferencia entre letras).

Ante el procesamiento de pseudopalabras, los niños con dislexia emplearon menor cantidad de neuronas, que los controles, en el área parietal izquierda, la cual coincide con una región del sistema de lectura encargada del análisis ortográfico-fonológico; esto, según la investigadora, sugiere que procesaron las pseudopalabras de igual forma que las palabras.

“Los niños con dislexia tuvieron un desempeño peor que los niños control en todas las tareas que tenían que ver con lo lingüístico, específicamente lo relacionado con lectura y escritura, porque erraban al elegir entre uno u otro estímulo”, agregó la investigadora.

Gracias a la información obtenida en esta investigación, que fue dirigida por el doctor Álvaro Izquierdo, Director del Departamento de Pediatría de la U.N, se espera que los profesores de colegio, que con frecuencia reciben en sus aulas a niños con dislexia y no saben qué medidas deben emplear para tales casos, tengan una guía para acompañar su proceso de aprendizaje de manera exitosa.

Asimismo, el registro electrofisiológico con potenciales evocados, que se hizo a los menores durante la aplicación de tareas comportamentales, podría contribuir a la creación de un protocolo de atención que mejore las actividades educativas en el aula.

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