Traje único e innovador para practicar ciclomontañismo

 
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traje

25 de abril de 2015

Bogotá D. C., abr. 25 de 2015 – Agencia de Noticias UN – Una prenda de protección diseñada con elementos inspirados en las figuras de armadillos y caimanes es la nueva propuesta para practicar cross-country, modalidad que en la actualidad no cuenta con mayores elementos de seguridad.

Después de muchas caídas en su bicicleta, que le causaron un sinnúmero de heridas en brazos y piernas, Manuel Alejandro Rodríguez García, estudiante de Diseño Industrial de la Facultad de Artes de la U.N., se propuso ampliar las opciones de protección en este deporte.

Curiosamente, el paisaje que recorre cada ocho días fue el encargado de ofrecerle las respuestas necesarias para lograr su cometido. Se trata de un equipo de protección corporal, único e innovador, para la práctica de este deporte.

El proyecto, creado desde la biomímesis (forma en que los humanos imitan la naturaleza para beneficiarse de ella), hoy se materializa con el diseño de un traje inspirado en la estructura de la piel del caimán, la tortuga, el armadillo y algunos peces.

Con la guía del profesor Gabriel García Acosta, del programa de Diseño Industrial, el estudiante se sumergió en el paisaje, con la idea de encontrar respuestas para el diseño que buscaba.

Según Melina Ángel, egresada del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias de la U.N., la biomímesis se trabaja desde tres ángulos. Inicialmente, a partir de la emulación de la naturaleza, es decir, imitando las adaptaciones de los organismos para generar innovación en productos, procesos y sistemas que beneficien el contexto planetario y la eficiencia energética.

En segundo lugar, se aborda a nivel ético, más allá de la sostenibilidad. Así, se regenera la tierra y se crean condiciones de abundancia, por medio de los principios de vida.

Estos se representan en la eficiencia en el uso de los recursos, la evolución para sobrevivir y otros aspectos que cumplen todos los organismos y que se disponen de manera que cualquier profesional (ingeniero, diseñador, planificador urbano, entre otros) los pueda entender y aprovechar.

Por último, se tiene en cuenta la reconexión, es decir, cómo los seres humanos se reconocen como naturaleza, de manera individual y en ambientes organizacionales de equipos comunitarios, que pueden actuar con las reglas del ambiente y los flujos de información que este ofrece.

Una de las aplicaciones de esta práctica es la construcción de superficies resistentes a bacterias para salas de cirugías, a partir de la imitación de la piel del tiburón y de la estructura y forma de sus escamas, las cuales no permiten que al animal se le adhieran los balanos, organismos que se pegan a la piel para obtener alimentos.

Tras dos años de estudio y apoyado por el Departamento de Biología de la U.N., a través de una investigación de estrategias de protección de la naturaleza, Manuel Rodríguez encontró en el caimán, la tortuga y el armadillo, la respuesta a su interrogante.

Las formas que la naturaleza les ha brindado a estos animales en sus pieles y caparazones, para su defensa y para enfrentar ambientes inhóspitos, lo inspiraron. El estudiante se fijó especialmente en los osteodermos del lomo del caimán, placas óseas que refuerzan las escamas, brindan calor y protección al animal. También tuvo en cuenta unas pequeñas crestas que distribuyen las fuerzas hacia los lados para reducir la fuerza del impacto.

Adicionalmente, retomó las costuras en zigzag de las placas separadas del caparazón de las tortugas, el material fibroso de los armadillos y las escamas con punto de fijación flexible, que funcionan de manera similar al material utilizado para chalecos antibalas.

Este fue el hallazgo principal para el diseño del traje que se perfila como una de las grandes ideas de protección para este deporte. “Estas respuestas me mostraron el camino. Lo siguiente fue realizar un paralelo con los requerimientos y determinantes que se definen desde el diseño industrial”, asegura el investigador.

La necesidad de un equipo liviano, delgado, que permita la cadena cinética del pedaleo del ciclista, resistente a los golpes y con buena ventilación para mantener el rendimiento del deportista marcó el modelo del traje.

A través de impresiones 3D, con filamentos flexibles de ácido poliláctico (plástico biodegradable procedente de alimentos como el maíz), se generaron modelos de confección. Para lograrlo, se tuvo como referencia el hexágono, una de las formas más utilizadas por la naturaleza y la figura geométrica más eficiente para distribuir las fuerzas equitativamente.

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