Constituyen riesgos para la salud, contingencias ambientales y golpes de calor

 
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El “golpe de calor” constituye un estrés adicional al cuerpo; las personas pueden presentar dolores de cabeza, deshidratación, problemas metabólicos o desmayos.
El “golpe de calor” constituye un estrés adicional al cuerpo; las personas pueden presentar dolores de cabeza, deshidratación, problemas metabólicos o desmayos.

7 de mayo de 2010
• Quienes viven en la Ciudad de México, tienen una exposición crónica a contaminantes atmosféricos que propicia, a mediano o largo plazos, una reducción en la función pulmonar, dijo Ana Rosa Moreno Sánchez, de la FM de la UNAM
• En esta época, abundó, el golpe de calor se constituye en un estrés adicional al cuerpo; se pueden presentar dolores de cabeza, deshidratación o desmayos

Fenómenos como las precontingencias y contingencias ambientales, así como los golpes de calor, pueden derivar en daños a la salud, afirmó Ana Rosa Moreno Sánchez, del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.

Respecto al primer problema, señaló que quienes residen en la Ciudad de México, viven con dificultades constantes de contaminación, “pero ya no nos fijamos lo que eso significa. Si hay contingencia, la gente circula como si nada, cuando debería estar consciente que esa circunstancia representa riesgos”.

Sin embargo, la percepción de la situación es baja, porque hemos nacido con ella y ya no le damos la suficiente importancia.

Los habitantes de la metrópoli, prosiguió, tienen una exposición crónica y permanente a contaminantes atmosféricos, y a mediano o largo plazos, eso propicia una reducción en la función pulmonar; es decir, la respiración no es tan profunda ni vigorosa como en una persona que no está expuesta.

Cuando llegan visitantes a esta urbe, se sienten mal porque no están habituados a los niveles de ozono. “Quienes estamos acostumbrados, tenemos una respuesta más lenta, o la tenemos ante altas concentraciones”, expresó.

Contingencias ambientales y golpes de calor

Moreno indicó que la época de calor es muy proclive para este tipo de fenómenos ambientales. Se conjuntan la emisión permanente de gases, cuyo volumen aumenta conforme avanza el día, el calor y la luz solar, que en conjunto producen el ozono, a lo que se suma el “estancamiento” del aire.

El problema es que al no haber viento, las concentraciones se mantienen, y eso puede representar problemas graves para la salud, dijo la universitaria.

El ozono en salud ambiental es un gas irritante, por lo que tiene efectos en la garganta, produce congestión nasal, molestia en los ojos y, en personas sensibles, puede presentarse tos.

Además, cuando los niveles de contaminación son más altos, se incrementa el índice de asmáticos que sufren ataques y requieren atención médica o más fármacos.

De igual modo, el ozono hace a las personas más sensibles a las alergias, porque aumenta la presencia de alérgenos, diferentes pólenes u organismos que causan un impacto en la salud, y a ese factor, se suma la contaminación.

Esta última también reduce la resistencia a resfriados o cualquier otro tipo de infección en vías respiratorias, y puede acelerar, a largo plazo, el envejecimiento del tejido pulmonar, expuso Moreno Sánchez.

En cuanto al golpe de calor, abundó, se constituye en un estrés adicional al cuerpo; las personas pueden presentar dolores de cabeza, deshidratación, problemas metabólicos o desmayos.

Población vulnerable

Entre los sectores de la población más vulnerables a estos fenómenos ambientales, Moreno Sánchez mencionó a los adultos mayores. “Muchos de ellos siempre usan suéter, no perciben el calor y no beben suficientes líquidos; cuando sienten malestar, lo añaden a sus otras patologías y no le dan importancia. La sudoración excesiva, pérdida de agua y desequilibrio de minerales, puede causar problemas serios”.

En Europa, recordó, una ola de calor ocurrida en 2003 causó miles de muertes, sobre todo entre adultos mayores, porque en ese segmento, la regulación de temperatura no está en los niveles óptimos.

Este segmento debe evitar exponerse a la contaminación, porque su organismo está comprometido debido a los problemas propios de la senectud.

También, los vendedores ambulantes, trabajadores de la construcción, policías y otras personas que desarrollan su labor al aire libre, están más expuestos, y de forma permanente, a altas concentraciones de ozono y al Sol. “Eso representa un riesgo adicional”, mencionó.

Otro sector desprotegido es el de los niños, cuyas vías respiratorias no se han desarrollado por completo, y tienden a pasar más tiempo al aire libre y al Sol. Para resguardarse, deben cubrirse la cabeza, usar filtros solares y estar permanente hidratados, aconsejó.

De igual modo, corren riesgo los adultos que hacen ejercicio en el exterior, porque respiran más rápido y profundo. Por eso, en casos de contingencia ambiental, se recomienda evitar la actividad física al aire libre, y si se hace en interiores, mantener las ventanas cerradas.

Créditos: UNAM. DGCS -279/unam.mx

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