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En México, 25 por ciento de los niños presenta algún transtorno del sueño

 
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Reyes Haro Valencia, director de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Facultad de Medicina de la UNAM.
Reyes Haro Valencia, director de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Facultad de Medicina de la UNAM.

10 de julio de 2011
• De ellos, 10 por ciento padece terrores nocturnos, indicó Reyes Haro Valencia, director de la clínica de la especialidad, de la FM de la UNAM
• Normalmente, las alteraciones ocurren por primera vez en pequeños de entre tres y seis años

En México, 25 por ciento de la población infantil padece algún trastorno del sueño, y de ellos, 10 por ciento presenta terrores nocturnos que, en la clasificación internacional, se ubican en el apartado de las parasomnias, indicó Reyes Haro Valencia.

El director de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, señaló que estas últimas se asocian a una de las cuatro etapas del sueño, es decir, situaciones que normalmente el individuo hace si está despierto y que expresa al dormir. Las más comunes son las perturbaciones de activación: despertares confusos, terrores nocturnos y sonambulismo.

El terror nocturno normalmente ocurre, por primera vez, en niños de entre tres y seis años, y se presenta en la etapa tres, en el sueño profundo, momento en que se produce la hormona de crecimiento.

Sucede si se activa el estado de alerta, y al igual que en el sonámbulo, los pequeños se incorporan, pero con una conducta de defensa, huida o temor. Se levantan súbitamente y parece que algo o alguien les hace daño, y que ellos lo miran, pero en realidad están en un estado de inconsciencia, precisó.

En la tercera fase, abundó, el humano no tiene la capacidad para percatarse de lo que acontece, como sí sucede en la cuarta, en la que ocurren los sueños; entonces, mucha gente, incluso algunos médicos, tienden a confundirlos con pesadillas.

Estas últimas serán recordadas por el infante porque es un sueño de contenido ansioso, pero el terror nocturno no lo podrá evocar; además, en aquéllas, se pierde el tono muscular, mientras en el segundo, no, aclaró.

En esta parasomnia los pequeños lloran, gritan, tienen mirada inexpresiva, conductas defensivas y eso altera a quien lo presencia, de manera que no sólo se perturba el descanso de quien lo padece, sino también de sus familiares, a quienes les crea temor, incertidumbre y dudas en torno a cómo manejar el asunto, indicó el académico universitario.

¿Qué hacer con los terrores nocturnos?

De hecho, prosiguió, si se presenta esta afectación no es raro que la familia piense que el infante está espantado, poseído o que le pasa algo raro, y antes de llegar a consulta acuden con personas que, por desconocimiento, lo atribuyen a causas sobrenaturales, o pretenden solucionarlo con remedios caseros.

Sin embargo, aseveró, los terrores nocturnos son sencillos de entender y controlar. Por ejemplo, es un mito creer que si lo despiertan quedará afectado mentalmente o puede morir, lo único que sucederá es que estará confundido y no sabrá qué ocurre.

Si se presenta un evento de este tipo, se les debe llamar por su nombre, regresarlos con tranquilidad a la cama y no despertarlos, no porque les pueda suceder algo, sino porque no entenderían qué acontece, y al sentir la actitud de quien trata de reanimarlos, pueden presentar conductas más defensivas, advirtió.

Además, no se debe forzar para que digan si tuvieron una pesadilla, porque si ocurre, la referirán naturalmente; si se les presiona, sólo se creará un estado de ansiedad, advirtió.

Normalmente, no requieren un tratamiento farmacológico, a menos que ocurra en repetidas ocasiones a lo largo de una semana, varias veces en una noche, o si las conductas defensivas o de huida sean tan exageradas que puedan causar daño. El objetivo es la relajación y disminuir la duración de la fase en que suceden, recalcó.

¿Cómo evitarlos?

Entre los factores que contribuyen a que se presente este trastorno, están el desvelo o la ingesta de café, refresco de cola o chocolate en la noche, porque contienen estimulantes que activan el sistema nervioso central y aumentan la presencia del terror nocturno, comentó Haro Valencia.

Tampoco se debe exponerlos a programas con contenidos violentos, como películas de terror o noticiarios, ni a discusiones entre los miembros de la familia.

De igual manera, es recomendable evitar los videojuegos agresivos y sangrientos, porque la intensidad de la estimulación visual, auditiva y la energía que se gasta favorecen la parasomnia.

Asimismo, un día de mucha actividad física o donde acontecen situaciones inusuales, o una cena pesada, favorecen su aparición. Se ha visto en consulta que en muchos casos el factor de herencia está presente, destacó.

El especialista comentó que el terror nocturno puede ocurrir en cualquier infante, en pocas ocasiones, o incluso en una sola y no volver a suceder.
Tratamiento

Los casos que se presentan en el consultorio normalmente no requieren ningún tipo de estudio, y se trata de manera conductual, con medidas de higiene del sueño. Por lo general, no se requiere más de una visita, y es para explicar a los padres qué ocurre, ayudarlos a identificar las causas y orientarlos para saber cómo reducir esta parasomnia, comentó el universitario.

Reyes Haro indicó que los niños que no son atendidos se verán afectados en su crecimiento y desarrollo neurológico e intelectual. Son pequeños retraídos y tienen problemas conductuales o de aprendizaje, y se debe a que todas las funciones fisiológicas que cumple el sueño, se alteran.

Finalmente, comentó que la Clínica de Trastornos del Sueño de la UNAM es la única es su tipo con un equipo multidisciplinario, entre pediatras, neuropediatras y otorrino-pediatras.

Créditos: UNAM-DGCS-401-2011/unam.mx

La obesidad, también relacionada con transtornos del sueño

 
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La somnolencia que ocasiona la interrupción constante en el dormir es la causa número dos de accidentes de tránsito y laborales, destacó Reyes Haro Valencia.
La somnolencia que ocasiona la interrupción constante en el dormir es la causa número dos de accidentes de tránsito y laborales, destacó Reyes Haro Valencia.

• Personas con exceso de peso roncan y presentan apneas o pausas respiratorias mientras duermen, destacó Reyes Haro Valencia, director de la Clínica de Trastornos del Sueño de la UNAM

• Se presentan modificaciones en la duración de las etapas del sueño y se tiende a disminuir las que son importantes para el descanso físico y mental

• En consecuencia, se menoscaba el reposo y la restauración, lo que deriva en fatiga, irritabilidad, problemas de atención, de memoria y depresión, alertó

La obesidad también está estrechamente relacionada con la presencia de trastornos respiratorios producidos por el sueño. Alrededor del 10 por ciento de la población mundial padece ronquidos y apnea, y en países con altos índices de habitantes con exceso de peso, como México, esa cifra sube al 15 por ciento, afirmó Reyes Haro Valencia, académico de la Facultad de Medicina (FM) y director de la Clínica de Trastornos del Sueño de la UNAM.

Muchas personas que padecen este problema no lo saben ni buscan atención médica, y mientras avanza lentamente, se acostumbran a vivir con los síntomas diurnos, sin saber que pueden afectar seriamente su salud y actividades cotidianas.

En los adultos, se menoscaba el descanso y la restauración. Si no se cumplen las funciones fisiológicas que se deben cubrir mientras se duerme, al día siguiente hay fatiga, irritabilidad, problemas de atención, de memoria y depresión, alertó.

La somnolencia que ocasiona la interrupción constante en el dormir es la causa número dos de accidentes de tránsito y laborales, destacó.

En el caso de los niños, acotó, se afecta el crecimiento y aspectos como la atención, aprendizaje y conducta.

Los mecanismos neurofisiológicos que regulan el ciclo sueño-vigilia también participan en la regulación de la conducta alimenticia, y cuando existe algún trastorno en el dormir, se presentan alteraciones en aquélla, y a la inversa, explicó.

Los individuos con sobrepeso u obesidad presentan modificaciones en la duración de las distintas etapas del sueño y tienden a disminuir las que son importantes para el descanso físico y mental, abundó.

Las etapas del sueño

Los seres humanos tienen cuatro etapas de sueño: la primera y la segunda, se conocen como sueño ligero, y las subsecuentes, son más importantes en términos de restauración de las funciones corporales. La tercera proporciona el descanso físico, y la última, el mental; es cuando se consolida lo asimilado en los procesos de atención, memoria, aprendizaje, y en esta fase es cuando soñamos.

En la tercera se producen las hormonas del crecimiento y de la saciedad. En el obeso este lapso dura menos y, en consecuencia, se afecta el desarrollo físico; en cuanto a la alimentación, no tienen el aviso de satisfacción ni sienten el estímulo para detenerse a tiempo y comen de más, lo que refuerza el incremento de peso, indicó.

Esto explica por qué las personas no descansan mientras duermen y, en el caso de los niños, por qué tienen problemas de desarrollo. Además, en la etapa del sueño más profundo es donde se consolida el aprendizaje, así que los menores presentan dificultades para prestar atención y de conducta, lo que deriva en depresión, acotó.
Haro Valencia mencionó que la respuesta al estrés también se ve afectada en los individuos con exceso de peso, porque en la última etapa del sueño, se disminuye la secreción de la hormona cortisol, situación que los hace más vulnerables a las tensiones.

Ronquido y apnea

El ronquido es un factor de riesgo asociado a cuestiones de sobrepeso y obesidad. Roncamos porque hay un crecimiento anormal en los tejidos alrededor de la garganta, en la úvula, las amígdalas, el paladar y la lengua; las causas siempre son anatómicas, explicó.

“Cuando dormimos nos relajamos paulatinamente y los tejidos que tenemos crecidos cuelgan, no tienen donde apoyarse, y al paso del aire se produce una vibración; entonces, se ronca más en la medida en que se tiene mayor sobrepeso”, precisó.

El problema no es el ruido, sino las pausas respiratorias o apneas; el cerebro es sensible a la falta de oxígeno, entonces se va produciendo un daño neuronal, lo que explica por qué las personas que las padecen tienen problemas de atención y memoria; además, el ronquido se asocia con fatiga, somnolencia y disminución en general del desempeño de las actividades diurnas, apuntó.

En el caso de las apneas, mientras más largas sean, mayor es el movimiento, lo que interrumpe la continuidad del sueño y provoca, con el tiempo, cardiomegalia (crecimiento del corazón), que deriva en hipertensión; si este padecimiento ya existe, se corre el riesgo de tener un infarto o algún problema cerebrovascular, advirtió.

Tratamiento

Lo importante es que existen tratamientos para cada grado de severidad. Cuando el problema es leve, la odontóloga adscrita a esta clínica coloca un dispositivo de avance mandibular que abre un espacio para que el aire fluya sin chocar con los tejidos relajados, precisó.

En casos moderados, la cirugía de vías aéreas superiores es la elección; se realiza por otorrinolaringólogos con entrenamiento en trastornos de sueño. Pero si son severos, está contraindicada, porque en esta etapa se presentan problemas respiratorios y cardiovasculares.

Entonces, se coloca una mascarilla nasal conectada a un generador de presión positiva de aire continuo; lo que hace es retrasar los tejidos que obstruyen el flujo natural del aire. Hasta ahora hemos tenido éxito en la indicación de este equipo, resaltó.

Una vez que se reestablece la estructura del sueño, también lo hace la producción normal de hormonas; se detiene el aumento de peso y las personas comienzan a bajar naturalmente, concluyó.

Créditos: Boletín UNAM-DGCS-205 – dgcs.unam.mx

PADECEN APNEA DEL SUEÑO CASI 30 MILLONES DE MEXICANOS

 
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En agosto próximo, se prevé que la FP empiece la impartición de la maestría en Trastornos del Sueño, donde los alumnos podrán profesionalizarse en esta área, señaló Matilde Valencia Flores.
En agosto próximo, se prevé que la FP empiece la impartición de la maestría en Trastornos del Sueño, donde los alumnos podrán profesionalizarse en esta área, señaló Matilde Valencia Flores.

• Esa alteración afecta al 98 por ciento de los pacientes con obesidad, dijo Matilde Valencia Flores, de la Facultad de Psicología de la UNAM

• En agosto, se prevé que inicie la maestría en Trastornos del Sueño, para formar recursos humanos que atiendan la alta demanda, añadió

Casi 30 millones de mexicanos son afectados por la apnea del sueño, uno de los más frecuentes trastornos del dormir; está asociado al 98 por ciento de los pacientes con exceso de peso, advirtió Matilde Valencia Flores, investigadora de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.

La apnea ocasiona frecuentes interrupciones de la respiración, de aproximadamente 10 segundos cada una, y provoca ronquidos y un sueño fragmentado que no es reparador. Cada episodio va seguido de un intento súbito por respirar y un cambio a una etapa de sueño más ligero.

Además, ocasiona que se colapse la vía aérea mientras se duerme y es más frecuente en los obesos por el cúmulo de grasa en la orofaringe, una región que abarca la porción posterior de la boca, desde el paladar blando hasta el hueso hioides, e incluye el tercio posterior de la lengua, detalló la especialista.

“Las personas con apnea tienen que ser tratadas por especialistas para reducir el riesgo cardiovascular y la somnolencia diurna, que ocasiona que se queden dormidas con mucha facilidad mientras trabajan, estudian, manejan o hablan por teléfono”, destacó.

Hábitos inadecuados, insomnio y depresión

Las causas de los trastornos del sueño pueden ser genéticas, étnicas, estructurales, funcionales y ambientales, reveló Valencia.

“Puede que se encuentren dañadas algunas de las estructuras que controlan el sueño o la vigilia, que haya una disminución de algún neurotransmisor u hormona, o que los hábitos en el dormir sean inadecuados”, como la presencia de un televisor en la recámara o la modificación de los horarios, por ejemplo, durante el fin de semana, señaló.

“Lo deseable es leer y ver la televisión en otro sitio y tratar de acostarse y levantarse todos los días a la misma hora”, recomendó.

Asimismo, dijo que ese tipo de trastornos están determinados por factores fisiológicos, culturales y ambientales. “Se tiene evidencia de que en las últimas décadas ha disminuido, de manera progresiva, el tiempo total de sueño y, por consiguiente, se padece una privación crónica”.

Esto ha sido posible por la presencia de alumbrado nocturno, que ha permitido hacer actividades durante la noche, y crear empleos en los que se trabaja las 24 horas del día.

El patrón natural de los humanos es diurno; entonces, mantener un empleo nocturno genera una alteración del ciclo sueño-vigilia y, con ello, se desincronizan otros ritmos vitales. El sueño de día favorece alteraciones hormonales y gástricas, advirtió.

El insomnio, a su vez, es un padecimiento frecuente. “Puede representar consecuencias adversas para la vida laboral, social y familiar. No es solamente una forma inadecuada o anormal del sueño, sino un síntoma que puede estar asociado a gran cantidad de trastornos psiquiátricos, médicos e incluso a otros del dormir”, acotó.
Por su parte, la depresión también se asocia con trastornos del sueño; en algunas personas causa somnolencia, mientras en otras, ocasiona insomnio.

En todos los casos, aclaró Valencia Flores, es fundamental contar con el diagnóstico de un especialista; se hace en una clínica del sueño, donde el paciente duerme toda la noche mientras se analiza con equipo especializado.

“Realizamos un diagnóstico mediante polisomnografía, un estudio en el que se valora la actividad eléctrica cerebral, la actividad electrocardiográfica, parámetros respiratorios y movimiento; después, se puede dar el tratamiento adecuado”, señaló.

La UNAM cuenta con dos sedes para este tipo de diagnósticos, una en la Facultad de Psicología, y otra, en la de Medicina, además de las que existen en los institutos nacionales de salud.

Maestría en Trastornos del Sueño

En agosto próximo, se prevé que la Facultad de Psicología de la UNAM empiece la impartición de la maestría en Trastornos del Sueño, donde los alumnos podrán profesionalizarse en esta área.

“El programa surge como resultado de la creciente especialización de las alteraciones sueño-vigilia, y de sus repercusiones en la salud en general y, muy particularmente, sobre diferentes sistemas como el conductual, el motor y el cardiopulmonar”, detalló Valencia Flores.

Este campo de estudio inició su consolidación en la década de 1970 en Estados Unidos, donde se creó la Asociación Americana de Trastornos del Dormir (AASM, por sus siglas en inglés).

En México, destacados científicos han realizado investigación básica al respecto, y en los últimos 15 años, se ha iniciado a nivel clínico. Los principales institutos nacionales de salud cuentan con laboratorios y clínicas en los que se atiende a pacientes con estos padecimientos.

“Por la complejidad que representa este campo, participan en su desarrollo especialistas en neurología, psiquiatría, neumología, otorrinolaringología, cardiología, biología y psicología”.

En la maestría en Trastornos del Sueño participan, por la UNAM, las Facultades de Psicología y Medicina, además del Instituto de Fisiología Celular.

Otras entidades que colaboran son la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa y cuatro institutos nacionales de salud: el de Enfermedades Respiratorias Ismael Cosío Villegas, el de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, el de Psiquiatría Ramón de la Fuente, y el de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez.

“El programa tiene la ventaja de proporcionar una formación teórico-metodológica integral, que permitirá a los egresados diagnosticar al paciente, proporcionar tratamientos que mejoren la calidad de sueño, realizar actividades de investigación generando nuevos conocimientos sobre los mecanismos que intervienen, formar especialistas de alta calidad y realizar promoción pública de esta especialidad”, concluyó.

Créditos: Boletín UNAM-DGCS-170 – dgcs.unam.mx

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