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Tráfico de animales silvestres: un delito que crece ante la indiferencia

 
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traficoanimalesBogotá D. C., ene. 28 de 2014 – Agencia de Noticias UN- Después del narcotráfico y el tráfico de armas, el tráfico de animales silvestres es la tercera mafia más lucrativa de todo el mundo y representa un mercado a nivel global de 17 mil millones de dólares.

Durante un mes se incautan cerca de 1.700 animales silvestres, y solo en la primera quincena del 2014 se confiscaron 160 animales en el aeropuerto Eldorado de Bogotá, de acuerdo con la Secretaría Distrital de Ambiente. El año pasado se incautaron 400 pericos bronceados, 350 tortugas hicoteas y 120 monos tití grises, lo que las convierte en las tres especies más traficadas.

De acuerdo con uno de los grupos de investigación de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la Universidad Nacional de Colombia, la gente no conoce la importancia que tiene la fauna silvestre en el país y, en definitiva, esta es una de las razones por las cuales se facilita este tipo de tráfico.

“La gente tiende mucho a contradecirse. Un gran porcentaje de personas conocen a alguien que ha tenido (incluso ellos mismos) animales silvestres, pero al preguntarles si sacarían un animal silvestre de su hábitat todos contestaron que no. Eso nos llevó a ver que hay una contradicción, más que todo de pensamiento, porque las personas tienden a responder lo que es socialmente aceptado pero no dan su punto de vista, su criterio en sí”, señaló Mario Delgado, estudiante de Medicina Veterinaria de la U.N., quien hace parte del grupo de investigación.

Debido a que es muy difícil crear una conciencia en los adultos sobre la gravedad de este hecho, una forma de prevenir este tráfico –de acuerdo con el grupo– es a través de la educación de los niños.

Nicolás Flores, quien contribuyó con el desarrollo del trabajo investigativo, advirtió que la fauna silvestre es esencial porque ayuda a mantener el equilibrio de los ecosistemas. “Es importante saber que estos animales son transportadores de semillas, lo cual contribuye a mantener la diversidad de flora”.

Además, aseguró que la gente desconoce que muchos de estos animales transmiten enfermedades zoonóticas y que pueden propagar algunas enfermedades gastrointestinales o incluso la fiebre amarilla dependiendo de dónde se extraigan.

Por ello, las personas que tengan contacto con estos animales pueden ser portadoras pasivas o activas de una infección o de un parásito si esto ocurre durante un periodo de tiempo muy prolongado. Igualmente, el animal puede contraer las enfermedades que tenga el humano.

Sin embargo, muchos de estos animales llegan muertos luego del traslado desde su hábitat natural a Bogotá, que es el centro de comercio más generalizado en Colombia. De diez animales vivos que se sacan solo uno llega vivo debido a las condiciones de hacinamiento, desnutrición, maltrato y estrés causadas por la forma de transportarlos.

Los animales provienen, principalmente, de los departamentos de Caquetá, Chocó, Arauca y Putumayo, y los destinos a los que más se exportan de manera ilegal son España, Francia, Estados Unidos y Canadá.

Algo que advierten los miembros del grupo es que el tráfico no solo se limita a los animales vivos, sino también a los animales muertos o disecados, y que, de igual modo, se comercia con su carne, piel y huevos.

El tráfico ilegal de especies silvestres es considerado a nivel mundial como una de las principales causas de disminución de las poblaciones naturales.

En Colombia, pese a la estricta legislación y a las medidas adoptadas hasta ahora para garantizar la protección y fomentar el uso sostenible de la fauna silvestre, se asume que el volumen del tráfico sigue siendo de gran magnitud.

Sin embargo, debido a la misma naturaleza ilegal de la actividad, no se cuenta hasta el momento con un diagnóstico serio acerca de su verdadero alcance y de su impacto sobre las poblaciones silvestres.

Créditos: UNAL-4-2014

Pérdida masiva de serpientes en Colombia

 
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Se estima que al año son exterminados entre 54 millones y 113 millones 600 mil individuos. Las principales amenazas para lo ofidios son la matanza, destrucción de hábitats, accidentes en carreteras y tráfico ilegal.
Se estima que al año son exterminados entre 54 millones y 113 millones 600 mil individuos. Las principales amenazas para lo ofidios son la matanza, destrucción de hábitats, accidentes en carreteras y tráfico ilegal.

16 de noviembre de 2011

Se estima que al año son exterminados entre 54 millones y 113 millones 600 mil individuos. Las principales amenazas para los ofidios son la matanza, destrucción de hábitats, accidentes en carreteras y tráfico ilegal.

Colombia cuenta con una riqueza de serpientes poco apreciada en la bibliografía científica. La diversidad excede las 270 especies, un horror para la mayoría, pero una ventaja para el país. Solo 48 (18%) son venenosas y presentan riesgo para los humanos.

Estos reptiles se hallan a lo ancho y largo del país, excepto en tierras por encima de los 3.500 metros de altitud y las aguas del Caribe. Para conservarlos, la primera tarea es identificar los peligros en su contra que reducen las densidades y diversidad, así como conocer su distribución geográfica.

Una quinta amenaza tendría que ver con la colecta que realizan los científicos, práctica que el Ministerio de Ambiente quiere equiparar con el tráfico ilegal, algo que no se justifica. Existen muchas dificultades en la calificación de estas cinco categorías. Para la mayoría de ítems, no podemos hacer más que estimar su importancia.

Por su mala fama

No hay datos confiables sobre la primera amenaza, por eso se debe extrapolar para cuantificar. El presente análisis deriva de entrevistas con campesinos en diferentes zonas del país, principalmente en las tierras bajas. Ellos recuerdan con claridad cuándo mataron serpientes.

Cifras en el orden de dos o tres ejemplares eliminados por día son estimaciones con un grado alto de confianza. Los campesinos asumen que todas las serpientes (o los animales similares) pueden ser venenosas. Por eso la matanza cubre también a las inofensivas, culebras ciegas, tatacoas y lagartijas que carecen de miembros. Ese comportamiento puede ser noble al querer proteger a sus familias, pero el desconocimiento deteriora la riqueza biológica y, lo peor, se transmite por generaciones.

Un campesino podría matar entre 700 y 1.400 individuos por año. Al promediar el número de familias rurales en el país y asumiendo la misma tasa de exterminio, este factor suma entre 21 millones y 31 millones de ofidios aniquilados.

Desarrollo en contra

El segundo factor está asociado al grado de desarrollo de las regiones. El sistema de carreteras es desigual, existen más o menos según el número de habitantes. La mortalidad sobre las vías es bien conocida, pero no cuantificada por los biólogos colombianos.

Este tipo de observaciones se han realizado en otros países. Utilizando datos recientes de Brasil (la referencia más cercana), la tasa de mortalidad de serpientes oscila entre 0,9 y 1,9 por día sobre un tramo de 67 km, o entre 1,4 y 2,8 serpientes por día por 100 km de carretera.

Al tomar como aproximación las estimaciones del vecino país, la mortalidad en Colombia por este factor estaría entre 52.600 y 105.300 serpientes arrolladas al año.

Se reducen los hábitats

Con respecto a la destrucción de hábitats, en la región húmeda andina, la destrucción ambiental tiene menor impacto sobre las serpientes porque no existen muchas especies. Sin embargo, puede ser tan extensiva que llega a formar una “unidad” ecológica, por ejemplo la zona cafetera, en donde estos reptiles se encuentran en grave peligro.

En los departamentos de Caquetá y Meta, así como en la región del Magdalena Medio, la pérdida de los entornos naturales húmedos ha impactado severamente a las culebras, que no son capaces de adaptarse a un ambiente más cálido y seco; por eso han tenido que emigrar a sitios que tampoco les ofrecen protección.

La situación para las especies nativas de bosques secos es distinta, pues su microclima no es marcadamente diferente al de las praderas. Sin embargo, sí es un cambio brusco para los anfibios y otros reptiles que son presas de las serpientes. Ello implica un impacto indirecto.

Según observaciones en campo, el costo biológico que se puede determinar es que por la tala de cada hectárea puede haber pérdida directa de entre 100 y 250 individuos. Si se tiene en cuenta que la tasa anual de corte de bosques (tanto nativos como secundarios) en el país es de 330.000 ha, la pérdida directa de serpientes está entre 33 millones y 82 millones 500 mil.

Es mucho más grave que la matanza indiscriminada por parte de los campesinos. Igualmente, teniendo en cuenta que el 58% de la madera que se extrae de los bosques es legal, es decir que cuenta con permiso de las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) y del Ministerio de Ambiente, entonces se puede deducir que entre 19 millones 140 mil y 47 millones 850 mil serpientes mueren por la complacencia del Gobierno.

Tráfico, no menos preocupante

El tráfico de animales también agudiza la situación, aunque en este caso se restrinja a pocas especies. Ejemplares como los güíos (Boa constritor) apreciados en los mercados internacionales y nacionales; las cascabeles (Crotalus durissus), y algunas talla equis (Bothrops asper), apetecidas en la medicina tradicional, están en la mira de los traficantes. Por este factor se eliminan del ambiente entre 1.000 y 5.000 ejemplares por año.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co