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RESTOS HUMANOS DE TULUM OBLIGAN A REPLANTEAR LA TEORÍA DEL POBLAMIENTO DE AMÉRICA

 
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22 de junio de 2015

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En 2010, durante las celebraciones del Bicentenario de la Independencia de México, los medios de comunicación del mundo dieron a conocer el posible rostro de los restos óseos de una mujer encontrados en una cueva subterránea frente a las costas de Tulum, Quintana Roo. Se calculó que datan de hace 10 o 12 mil años. Continue reading RESTOS HUMANOS DE TULUM OBLIGAN A REPLANTEAR LA TEORÍA DEL POBLAMIENTO DE AMÉRICA

Pez león, especie invasora de los arrecifes mexicanos

 
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El pez león tiene numerosas bandas de color marrón rojizo y negro, con líneas blancas intercaladas, tentáculos carnosos sobre los ojos y debajo de la boca, aletas pectorales en forma de abanico y con radios muy largos. Llega a medir hasta 45 centímetros.
El pez león tiene numerosas bandas de color marrón rojizo y negro, con líneas blancas intercaladas, tentáculos carnosos sobre los ojos y debajo de la boca, aletas pectorales en forma de abanico y con radios muy largos. Llega a medir hasta 45 centímetros.

18 de febrero de 2011

• Es voraz, no tiene depredadores, se propaga a gran velocidad y se reproduce a un ritmo vertiginoso, advirtió Roberto Iglesias Prieto, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL), con sede en Puerto Morelos, Quintana Roo

El pez león es una amenaza para los ecosistemas arrecifales del Caribe mexicano, “porque es una especie invasora muy voraz”, advirtió Roberto Iglesias Prieto, jefe de la Unidad de Sistemas Arrecifales del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL), con sede en Puerto Morelos, Quintana Roo.

No tiene depredadores ni teme a las personas, se propaga a gran velocidad y se reproduce a un ritmo vertiginoso; una hembra puede depositar hasta 30 mil huevos, cada cuatro días, durante todo el año, alertó.

El investigador reconoció que es muy dañino para los arrecifes de coral, porque al remover los peces, se pierde gran parte de la estructura del ecosistema y se afectan los corales.

En 2009, precisó, esta especie se detectó, por primera vez, en el Caribe y, actualmente, hay reportes de su presencia desde Cancún hasta Xcalak, “cada vez son más abundantes”. El punto de origen de la invasión, explicó, se localiza en las costas de Florida, Estados Unidos.

El intruso

El pez león, cuyo nombre científico es Pterois antennata, pertenece a la familia Scorpaenidae; su hábitat natural es el Océano Índico y el Pacífico occidental. Tiene numerosas bandas de color marrón rojizo y negro, con líneas blancas intercaladas, tentáculos carnosos sobre los ojos y debajo de la boca, y aletas pectorales en forma de abanico, con radios muy largos. Llega a medir hasta 45 centímetros.

Habita en arrecifes, lagunas, manglares, estuarios, pastos marinos y sustratos artificiales. Se distribuye entre uno y 150 metros de profundidad. Descansa en el día y caza temprano, solo o en grupo.

A pesar de ser muy atractivo por su apariencia, explicó, también es peligroso para el ser humano porque los radios de la aleta dorsal, dos de la ventral y dos más de la anal, están equipados con glándulas venenosas. Las picaduras pueden provocar heridas, mientras que la toxina inoculada puede causar parálisis respiratoria, insuficiencia circulatoria y fiebre. Los síntomas generalmente desaparecen después de uno o dos días.

El Instituto colaboró con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), en la producción del tríptico El pez león, especie invasora que ha llegado a nuestras costas, que alerta de su peligrosidad, en especial, para los niños.

El Sistema Arrecifal Mesoamericano se extiende a lo largo de la costa caribeña de México, Belice, Guatemala y Honduras. Con una extensión que rebasa los mil kilómetros, es el más grande en el hemisferio occidental y el segundo sistema coralino más extenso e importante del mundo, después de la Gran Barrera de Coral en Australia.

Esta área alberga diversas especies como la langosta espinosa, el caracol rosado, tortugas blancas, carey y caguamas, cocodrilos, delfines, tiburones ballena y más de 60 especies de corales. Asociados con el sistema, se encuentran amplias extensiones de humedales costeros, praderas de pastos marinos, lagunas y bosques de manglar. Cuenta con una variedad de ecosistemas productivos, que incluyen al lindero, atolón y arrecifes de barrera.

Los arrecifes, dijo, constituyen la fuente turística más importante de México, pues producen la arena blanca de las playas del Caribe, preferidas por visitantes internacionales, y representa la tercera fuente de divisas, sólo por debajo de la industria petrolera y de las remesas provenientes de Estados Unidos. Además, capturan aproximadamente el 50 por ciento del carbono planetario.
Créditos: UNAM-DGCS-101-2011/unam.mx

Viable, un centro de lanzamiento espacial en México

 
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En su tesis profesional, Miguel Ángel Gómez Guzmán desarrolló un proyecto espacial, el primero presentado por un arquitecto mexicano.
En su tesis profesional, Miguel Ángel Gómez Guzmán desarrolló un proyecto espacial, el primero presentado por un arquitecto mexicano.

13 de febrero de 2011

• En Quintana Roo, el país tiene la ubicación estratégica para lanzar satélites geoestacionarios, aseguró Miguel Ángel Gómez, que con la tesis Centro de Lanzamiento Espacial Quintana Roo, obtuvo el título de Arquitecto por la UNAM

México cuenta con la cuarta mejor posición, a nivel mundial, para establecer plataformas espaciales encaminadas a armar y lanzar al espacio satélites geoestacionarios, aseguró Miguel Ángel Gómez Guzmán.

En su tesis profesional denominada Centro de Lanzamiento Espacial Quintana Roo, México, con la que obtuvo el título de Arquitecto por la UNAM, el universitario especificó que el municipio Othón Pompeyo Blanco, al sur de Quintana Roo, tiene una ubicación estratégica para ese proyecto, por su cercanía con la línea del Ecuador. “Por su latitud, que corresponde a los lanzamientos hacia el este, podemos ahorrar combustible”, explicó.

Las condiciones del sitio, afirmó, son las más favorables para construir una base, pues la trayectoria de los artefactos espaciales puestos en órbita sería hacia el este, y no cruzarían ninguna población, para evitar accidentes.

El proyecto arquitectónico especifica que el municipio Othón Pompeyo Blanco tiene una ubicación estratégica por su cercanía con la línea del Ecuador.
El proyecto arquitectónico especifica que el municipio Othón Pompeyo Blanco tiene una ubicación estratégica por su cercanía con la línea del Ecuador.

Centro de Lanzamiento Espacial

Por primera vez, un arquitecto mexicano desarrolló un proyecto espacial, dividido en tres líneas inéditas de investigación. La primera, el programa arquitectónico para el centro de lanzamiento; la segunda, el plan maestro para su establecimiento y, la tercera, dedicada a la ubicación geofísica.

El centro, explicó, estaría integrado por los complejos meteorológico y de telemetría, instalaciones para la preparación y montaje de satélites, base de lanzamiento, bancos de pruebas de los aceleradores de pólvora, plantas de producción de hidrógeno líquido y oxígeno, fábrica de propergol, área de vialidades y de restricción, pista de aterrizaje para naves espaciales y espacio para crecimiento, a futuro, de las instalaciones.

Para construirlo, enfatizó, México debe contar con un centro nacional de estudios espaciales; “contamos con las personas capacitadas, pero están disgregadas en distintos lugares. De unirnos, podemos desarrollar tecnología propia, y dentro de 25 años como máximo, convertir a nuestro país en una potencia que pueda competir a nivel mundial en cuestiones espaciales”.

Gómez Guzmán participó en el Cuarto Foro de Consulta, Formación de Recursos Humanos, organizado por la Agencia Espacial Mexicana, en Puerto Vallarta, Jalisco, para exponer la necesidad de crear una maestría en Arquitectura Espacial, pues “sólo dos universidades en el mundo imparten la especialidad”, acotó.

Tesis inédita

Durante la investigación para sustentar su tesis, Gómez Guzmán enfrentó diversos obstáculos, como la falta de información acerca del tema. “Pensé que la encontraría en otros trabajos académicos, sin embargo, al no hallarlos acudí a fuentes extranjeras en Internet, y a las oficinas de la Agencia Espacial Europea en México”, recordó.

El centro espacial, consideró, tardará varios años en pasar de los planos y maquetas a la realidad; sin embargo, México será una potencia en tecnología en la materia. “No hay proyecto que se pueda lograr sin entusiasmo y dedicación. Al principio puede sonar ficticio, pero los grandes soñadores aportan ideas que, más tarde, otros concretan. Lo importante es pensar en grande”, concluyó.
Créditos: UNAM-DGCS-0088-2011/unam.mx

Afecta blanqueamiento a arrecifes de coral

 
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La superficie de los arrecifes de coral ocupa menos del dos por ciento de la costa del país y de la superficie de los océanos del mundo, pero su valor no reside en el área, sino que contiene 25 por ciento de las especies del planeta.
La superficie de los arrecifes de coral ocupa menos del dos por ciento de la costa del país y de la superficie de los océanos del mundo, pero su valor no reside en el área, sino que contiene 25 por ciento de las especies del planeta.

14 de julio de 2010

• El fenómeno se presenta por el incremento de la temperatura del océano, que pone en juego la viabilidad de esos ecosistemas
• Roberto Iglesias Prieto, del ICMyL de la UNAM, dijo que el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero, derivan en el calentamiento global, y tienen otra implicación sobre los corales: la acidificación de las capas superiores del océano

En México, no sólo hay cada vez menos corales, en prácticamente todos los arrecifes se ha observado el fenómeno conocido como blanqueamiento, o pérdida de pigmentación, por el incremento de la temperatura del océano que, a pesar de no ser en apariencia considerable –entre 1.5 y dos grados centígrados por arriba del promedio en verano–, pone en juego la viabilidad de esos ecosistemas, afirmó Roberto Iglesias Prieto.

El jefe de la Unidad de Sistemas Arrecifales del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL), con sede en Puerto Morelos, Quintana Roo, expuso que científicos universitarios han descubierto el vínculo que existe entre la temperatura y la habilidad de los corales para colectar radiación solar.

Cuando esos organismos experimentan temperaturas superiores a las normales, explicó, disminuye la capacidad de hacer fotosíntesis de las microalgas que habitan en ellos; sin embargo, absorben la misma cantidad de luz, es decir, energía solar en exceso.

Normalmente, la luz del Sol pasa por la capa de tejido de los corales, donde también hay algas; una parte se absorbe, otra llega al esqueleto y regresa. En sí mismos son muy eficientes para absorber la energía solar, pero cuando pierden pigmentos, por desgracia, se vuelven aún más “eficaces”, y pueden morir.

De ese modo, un incremento muy pequeño en la temperatura desencadena la propagación del blanqueamiento de toda la comunidad coralina, y compromete a todo el ecosistema. Tal hallazgo, consideró el científico, es la contribución más importante de su grupo de investigación: haber determinado cómo el estrés térmico que sufren los corales se traduce a estrés por exceso de energía lumínica.

Relación simbiótica

Iglesias recordó que un arrecife es una estructura geológica, resultado del carbonato de calcio que depositan los corales. “Es una montaña hecha de ‘rocas’ que van creciendo, cada una, por separado”.

Estos organismos, en apariencia plantas, son en realidad animales carnívoros, colonias formadas por miles de pólipos, cada uno dotado de tentáculos para comer. Su esqueleto de carbonato de calcio da forma a esa estructura.

El color de los corales está dado por la presencia de las grandes cantidades de algas que viven dentro de las células de sus tejidos (donde realizan la fotosíntesis), llamadas zooxantelas, del género Symbiodinium. Pero cuando la temperatura del agua oceánica aumenta, las algas dejan de hacer fotosíntesis y contribuir al metabolismo del coral, que las expulsa, y al hacerlo, se blanquea.

La superficie de los arrecifes de coral ocupa menos del dos por ciento de la costa del país y de la superficie de los océanos del mundo, pero su valor no reside en el área misma; ese pequeño espacio, a nivel global, contiene 25 por ciento de las especies del planeta.

Se trata de sitios de enorme biodiversidad que brindan a la sociedad servicios tan importantes como la protección de la zona costera contra tormentas tropicales y huracanes, y el mantenimiento de pesquerías relevantes, como la de langostas, además de su espectacular belleza, que atrae a millones de turistas.

El peor enemigo

Recientemente, expuso el científico, se han experimentado temperaturas oceánicas por arriba del promedio y de largo plazo, resultado del calentamiento global. Aunque ya antes se habían reportado, la primera vez que se observó el problema del blanqueamiento de coral a gran escala fue en 1982, durante la presencia de El Niño.

Inicialmente, se relacionó con ese fenómeno, consistente en el aumento de la temperatura de las aguas del Océano Pacifico. No obstante, “ahora lo observamos en sitios donde no está relacionado El Niño, como el mar Caribe, debido a que el planeta se está calentando”.

En 1996, se registró un blanqueamiento enorme en los océanos Índico y Pacífico, que derivó en la muerte de 16 por ciento de los corales de todo el planeta, recordó el jefe de la Unidad, que forma parte del programa Coral Reef Targeted Research and Capacity Building for Management, financiado por la ONU.

Además, el calentamiento global –resultado de la presencia excesiva de gases de efecto invernadero, en particular de dióxido de carbono (CO2)– tiene otras implicaciones sobre los corales: la acidificación de las capas oceánicas superiores.

“Alrededor del 30 por ciento del CO2 que pusimos en la atmósfera ya está en el océano, y cambia su pH. Son dos peligros diferentes, pero surgen de lo mismo”.

Por ello, explicó, en la Unidad se realizan estudios sobre los mecanismos celulares involucrados en el blanqueamiento, cómo se percibe el exceso de temperatura, sus implicaciones para la funcionalidad de las algas y de los pólipos, los efectos de la acidificación del océano sobre la fisiología de los corales y sobre la habilidad de éstos para depositar carbonato de calcio.

También, se indaga sobre los alrededor de 20 padecimientos emergentes que afectan a los corales, entre los que destaca, por su gravedad, la “banda amarilla”, responsable de la pérdida de tejido. “No se puede descartar que como resultado del blanqueamiento se vuelvan más susceptibles a enfermedades provocadas por patógenos en el agua”.

La buena noticia es que la pérdida de coloración puede ser reversible. “En Quintana Roo, en frente de las instalaciones de la Unidad, se experimentó un blanqueamiento muy intenso en le verano de 2009, pero el arrecife, poco a poco, se empieza a recuperar”.

Una vez que empiezan a ganar “color”, los corales adquieren funcionalidad, se realiza la fotosíntesis normalmente, y las algas contribuyen al metabolismo del animal, como antes.

Por algunos meses, puede estar comprometido su metabolismo y la capacidad de depositar carbonato de calcio y “construir” el arrecife, pero si el estrés térmico es muy intenso o permanece un largo lapso, pueden morir masivamente.

Para prevenir que esa situación se siga presentando, explicó Roberto Iglesias, se tendrían que reducir las emisiones de CO2 a escala global, acuerdo al que se espera llegar en la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 16), a efectuarse a finales de año en Cancún.

A corto plazo, se debe hacer lo posible por reducir el “estrés local”: ocasionado por contaminación por aguas residuales, sobrepesca y sedimentación derivada de la recuperación de playas en periodos cortos de tiempo.

De no tomarse acciones, algunos corales no sobrevivirán, porque no todos son igualmente sensibles al blanqueamiento y se corre el riesgo de perder los servicios naturales que ese ecosistema brinda como es la protección de la zona costera, la biodiversidad, y una fuente de alimento, entre otros beneficios, finalizó.
Créditos: UNAM. DGCS -418/unam.mx

Apoya Instituto de Biología, ingreso de México a la “Alianza para la extinción cero”

 
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La paloma Socorro, Tuxtleña o Bigotona, la pardela del Pacífico, el pájaro Cuitlacoche de Cozumel, el colibrí Coqueta y la vaquita marina, algunas de las especies propuestas para su conservación
La paloma Socorro, Tuxtleña o Bigotona, la pardela del Pacífico, el pájaro Cuitlacoche de Cozumel, el colibrí Coqueta y la vaquita marina, algunas de las especies propuestas para su conservación

9 de mayo de 2010

• El país tiene el 10 por ciento de sitios con especies en estado crítico, ubicados Oaxaca, Veracruz y Quintana Roo, entre otros
• Se realizó en la UNAM una reunión para crear el Capítulo México de la AZE, iniciativa global que identifica y conserva áreas naturales donde las pérdidas tienen más posibilidades de ocurrir en forma inminente

En 595 sitios del planeta se concentran 794 especies de animales y plantas en inminente peligro de extinción. La mayoría son pequeñas, con poca movilidad y áreas de distribución restringida, señala un reporte de la Alianza para la Extinción Cero (AZE, por sus siglas en inglés), comentado en la UNAM por el secretario de ese organismo, Michael Parr.

Según el diagnóstico de la AZE, México tiene el 10 por ciento de las áreas con especies en condición crítica, ubicadas en la Sierra de Juárez, Oaxaca; la selva de Los Tuxtlas, Veracruz; las Islas Revillagigedo, Colima, y la Isla de Cozumel, Quintana Roo, entre otras.

Por ser uno de los cinco países megadiversos del mundo que contienen gran endemismo, académicos del Instituto de Biología (IB) de esta casa de estudios, junto con organismos ambientales no gubernamentales y la AZE, trabajan en la creación del Capítulo México de la Alianza para la Extinción Cero.

Se trata de un esfuerzo conjunto para detener la pérdida de especies de animales y plantas en el país, utilizando un modelo implantado por la AZE, que identifica y conserva sitios naturales en donde esos organismos son más vulnerables y están en condición crítica, explicó Patricia Escalante Pliego, investigadora del IB.

Un primer paso hacia ese objetivo se concretó en una reunión celebrada en la Sala de Videoconferencias del IB, donde se firmó un memorando de entendimiento.

La AZE es una iniciativa global formada por 52 organizaciones de conservación de la biodiversidad de 18 países, que identifica y conserva sitios naturales, en donde las extinciones tienen más posibilidades de ocurrir. Los miembros pueden contribuir al nivel que deseen y según sus capacidades, y también trabajan de forma independiente en sus propias prioridades fuera de la Alianza; algunos sólo se dedican a las aves, otros a los vertebrados o las coníferas, y en la agrupación realizan una labor conjunta.

Escalante Pliego, también curadora de la Colección Nacional de Aves del IB de la UNAM, comentó que hasta ahora Colombia y Brasil son los países de América Latina que colaboran con la AZE, y México, se encamina a ser el tercero.

A su vez, Tila María Pérez Ortiz, directora del IB, señaló que en el marco de las celebraciones del Año Mundial de la Biodiversidad en esta casa de estudios, el evento es de gran relevancia, porque está enfocado a detener la pérdida de la variedad de especies; se intenta prevenir la extinción de aquellas que tienen una distribución restringida y que están en inminente peligro.

La universitaria dio la bienvenida a un grupo de investigadores encabezado por el secretario de la AZE, Michael Parr; David Younkman, de American Bird Conservancy, así como a los coordinadores de la reunión, Patricia Escalante Pliego, investigadora del IB, y Juan Martínez Gómez, presidente de Endémicos Insulares, A.C., miembro del Comité Directivo Internacional de AZE y secretario provisional de AZE México.

A la reunión acudieron también integrantes de grupos conservacionistas, académicos y gubernamentales. “Es una triple hélice de la conservación, donde participan la academia, el gobierno y las organizaciones no gubernamentales, en las que está incluida la sociedad en su conjunto”, añadió Pérez Ortiz.

Estrategia hacia el hábitat

La AZE (siglas en inglés de Alliance for Zero Extinction) realiza labores de conservación en zonas específicas y elige sitios prioritarios con al menos una especie en peligro de extinción, reconocida en la “lista roja”, que cada año publica la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Selecciona un lugar para proteger, por ser el único donde existe ese grupo, o por contener a la población más significativa en el mundo.

Su estrategia se centra en la identificación de áreas clave, donde la desaparición es inminente. Luego, inicia el proceso de restauración, que consiste en la eliminación de las amenazas o en la restauración del hábitat, acciones que permiten la recuperación.

Memorando de entendimiento

“La idea de la reunión es suscribir un memorando de entendimiento entre la AZE, organizaciones no gubernamentales y la academia, para formar el Capítulo México de la Alianza para una Extinción Cero”, reiteró Escalante.

La especialista señaló que en este esfuerzo se ha formado una coalición con American Bird Conservancy y Conservación Internacional, entre otras organizaciones mundiales.

“Este trabajo tiene pocos años; en una base de datos se comenzó a juntar la información de primera mano, obtenida en trabajo de campo. Hay datos de varios grupos, pero se trata de coordinar el esfuerzo y escoger lugares de México que alberguen la última población de una especie en particular, para que no se extinga ninguna”, detalló.

Hasta ahora, se ha recopilado información sobre todo de vertebrados, que son los más carismáticos, pensando que a través de ellos, se puede salvaguardar más biodiversidad.

También, se contemplan plantas coníferas, pero el objetivo es reunir documentación, proponer más especies y saber en dónde urgen las medidas de resguardo.

“En la base de datos tenemos una serie de sitios ya reconocidos, donde hay alta vulnerabilidad, como la isla Socorro, donde vivía la paloma del mismo nombre, que está extinta en la naturaleza, pero su hábitat se está restaurando para regresarla, pues aún existe en cautiverio en criaderos de Europa y Estados Unidos, y la pardela de Revillagigedo, la última población de su especie”, añadió la investigadora.

En la Isla de Cozumel se protegerá al pájaro Cuitlacoche (Toxostoma guttatum), endémico de la zona. Mientras, en Los Tuxtlas, en Veracruz (donde el IB tiene una estación) está la paloma Tuxtleña o Bigotona (Geotrygon carrikeri), endémica de los bosques de neblina, y en peligro de extinción.

También, se atenderá al colibrí Coqueta cresta corta (Lophornis brachylopha), exclusivo de la Sierra de Atoyac, en Guerrero; a la vaquita marina (Phocoena sinus) de Baja California y a varias especies de anfibios. “Hay muchos sitios en México donde solamente existe cierta especie de rana o salamandra, que también hay que considerar”, concluyó Escalante.

Créditos: UNAM. DGCS -283/unam.mx