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INVESTIGAN EN QUERÉTARO DIVERSIDAD DE ORGANISMOS CAVERNÍCOLAS

 
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Juan Morales Malacara, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias de la UNAM.
Juan Morales Malacara, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

22 de abril de 2011

• En la cueva Los Riscos, enclavada en la Sierra Gorda de esa entidad, Juan Morales Malacara, de la Facultad de Ciencias, indaga las particularidades de la vida en esos ecosistemas subterráneos, húmedos y oscuros
• En ese hábitat singular, afectado por los daños humanos en la superficie terrestre, murciélagos, arañas, insectos, ranas, reptiles y ratones conviven con bacterias, protozoarios, ácaros y hongos

Ecosistemas singulares, las cavernas son laboratorios naturales en donde vive una gran diversidad de especies animales, así como algunas vegetales; en ellas, escasea el aire y los recursos energéticos, y abundan la oscuridad, humedad y temperaturas extremas.

Indagar la variedad de organismos cavernícolas que incluyen a especies macroscópicas como murciélagos, arañas, insectos, ranas, reptiles y ratones, y a otras microscópicas, como bacterias, protozoarios, hongos y ácaros, es la labor de Juan Morales Malacara, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias (FC) de la UNAM.

“Hago estudios biológicos en cavernas, bioespeleología o espeleobiología”, resumió el académico, que hace años imparte un taller sobre esa especialidad en la FC, donde es profesor e investigador.

Morales Malacara, que actualmente trabaja en el campus Juriquilla de la UNAM, donde coordina las tareas para poner en marcha la Unidad Multidisciplinaria de Docencia e Investigación (UMIDI) de la FC en Querétaro, describe a las cuevas como sitios vulnerables que no son ajenos a los daños ambientales.

Equilibrio vulnerable

Aunque parezca que están más protegidas, por su ubicación relativamente aislada y un microclima húmedo y relativamente estable que, según la zona puede ser muy caliente (áreas volcánicas) o muy frío (sitios templados), las cuevas son sensibles a las modificaciones que ocurren en la superficie.

“Lo que pasa arriba puede afectar lo que hay abajo: si llueve mucho, si hay sequías, si se tala, si hay contaminación; a la larga, todo penetra por filtración a las cuevas, de ahí que sea un laboratorio evolutivo y de especies que podemos detectar como bioindicadoras de contaminación y perturbación ecológica”, describió.

A diferencia de ambientes externos, donde existe gran diversidad, en esos espacios hay menos organismos, que tienen que adaptarse a los pocos recursos energéticos, “y al hacerlo, cualquier modificación de ese equilibrio se refleja en la fauna de las cavernas”, destacó.

Algunos cambios adaptativos son drásticos, con especies que pierden pigmentación y otras que no desarrollan ojos, pues sobreviven en la oscuridad.

En esos sitios, Morales Malacara y sus colaboradores observan la parte taxonómica, que se dedica a conocer qué especies hay y cuáles son sus características, así como la parte ecológica, que registra cómo el ser humano y diversos fenómenos naturales afectan a las cuevas y sus habitantes.

Exploración en Los Riscos

Desde hace cuatro años, el universitario y su equipo indagan en la cueva Los Riscos, enclavada en la Sierra Gorda de Querétaro. Se desarrolló hace miles o millones de años sobre roca sedimentaria caliza, tiene una longitud de 500 metros, una profundidad de 25 metros bajo la superficie del suelo y es mixta, pues tiene formación horizontal y vertical.

“Consta de varias entradas. Por una, se puede avanzar con caminata y descenso por rocas, mientras otras, tienen tiros pequeños. Posee una boca, donde se formó una especie de puente natural. En una parte se cayó el techo, que también era de roca sedimentaria, y por ahí, entra luz y se han desarrollado varias plantas endémicas”, explicó.

Los científicos estiman que hace mucho tiempo el río Jalpan entraba en la caverna, donde comenzó a degradar la roca. Después se formó la gruta y se desvió de forma natural el curso de la corriente, que actualmente pasa a un lado y filtra la humedad.

“Hay estalactitas y estalacmitas. Hemos trabajado más de cuatro años en el sitio y determinamos parte de la fauna, que suma más de 60 especies diferentes, además de las plantas”, relató el biólogo.

Mientras la vegetación crece en la boca de la cueva, en la zona de luz, en las partes de penumbra y oscuridad se han desarrollado varios tipos de bacterias, hongos, protozoarios, anfibios y una ranita (Eleutherodactylus longipes) de escasos tres centímetros, que aunque no está del todo adaptada, es afín al ambiente, tiene un ciclo de vida nocturno y se alimenta de insectos.

“Le llamamos troglófila, de filos, que significa amigo, y troglos, caverna; es decir, amiga de las cavernas”, detalló el investigador.

En Los Riscos, donde abundan los murciélagos, también se han encontrado dos de las tres especies de vampiros: Desmodus rotundus y Diphylla ecaudata.

“Los murciélagos salen de las cuevas a comer, y al defecar aportan nutrientes; mueren adentro y su cadáver es alimento para otros organismos. En las cavernas se aprovecha todo, pues es un ambiente extremo”, finalizó.

Créditos: UNAM-DGCS-237/2011/unam.mx