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Optimizan producción del “orégano de monte” y sus aceites antivirales

 
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oreganodemontePalmira, feb. 13 de 2014 – Agencia de Noticias UN- La Lippia, también conocida como “prontoalivio” u “orégano de monte” tiene un alto contenido de carvacrol y timol, sustancias químicas con propiedades antivirales, antifúngicas y bactericidas.

Así lo señala el profesor Manuel Sánchez, director del Grupo de Investigación en Plantas Medicinales de la Universidad Nacional de Colombia en Palmira, quien logró obtener un mayor rendimiento de esta reconocida planta utilizando nitrógeno como fertilizante, específicamente urea.

Las plantas medicinales, aromáticas y condimentarias continúan siendo una de las herramientas más utilizadas por los colombianos para el tratamiento de malestares y enfermedades de la salud. Y aunque la medicina convencional aún se niegue a aceptarlas como procedimientos curativos, la ciencia ya ha dado pasos importantes en el hallazgo de este fascinante mundo natural.

Igualmente, las presiones sociales hacia lo natural y las tendencias hacia lo orgánico han estimulado el interés en las industrias que utilizan alternativas de la biodiversidad como fuentes primarias para fabricar alimentos, aromáticas, cosméticos, agrobiológicos y fitofármacos, entre otros.

De esta manera, el género Lippia (Verbenaceae), que incluye aproximadamente 200 especies de hierbas y arbustos, se destaca por su alta diversidad botánica, abundancia, amplia distribución y variedad de usos. Pues se utiliza en tratamientos de afecciones gastrointestinales y respiratorias, y como condimento en la preparación de alimentos.

Es por ello que el Grupo de Investigación en Plantas Medicinales de la U.N. en Palmira le sigue el rastro a este género distribuido en varios países de América Central y del Sur, para conocer su desempeño agronómico, mejorar su productividad y aumentar sus alternativas de uso.

Sánchez apunta que el contenido y la composición química de los aceites esenciales varían y dependen de factores genéticos, condiciones agroecológicas de los sitios de producción, métodos de extracción, estado fenológico, tejido y la procedencia de la planta.

“Basados en ello, emprendimos un estudio para evaluar el efecto de la fertilización nitrogenada en el rendimiento de biomasa y la composición de los aceites esenciales en accesiones de Lippia Origanoides y Lippia Alba”, dijo la profesora Carmen Rosa Bonilla, autora de la investigación.

Los científicos evaluaron los rendimientos de biomasa fresca y seca (MS), la concentración y eficiencia de los aceites esenciales y su composición por cromatografía gaseosa acoplada a masas. De este estudio, se obtuvieron los mayores rendimientos de MS y de aceite esencial (3.318 kilogramos por hectárea y 82.9 litros por hectárea, respectivamente) en las accesiones de L. origanoides.

Créditos: UNAL-119-2014

Exceso de fertilizantes en el país afecta el bolsillo, el ambiente y la salud

 
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excesofertilizanteBogotá D. C., ene. 22 de 2014 – Agencia de Noticias UN- En promedio, con respecto a Latinoamérica, en Colombia se aplican 392,5 kg más de fertilizantes de síntesis química por cada hectárea cultivada. La U.N. presenta alternativas para que la economía campesina no dependa de los agroquímicos.

Pese a la promulgación del Decreto 1988 de 2013 (medida de emergencia que dio salida al paro agrario) no deja de ser alarmante el costo de los agroinsumos, el hecho de que todavía sean controlados por monopolios sin una efectiva regulación por parte del Gobierno y el que no se tomen medidas frente a este uso excesivo.

Esto incide negativamente en los costos de producción de los campesinos, quienes gastan entre un 30% y un 40% de su presupuesto en plaguicidas y fertilizantes de síntesis química industrial (úrea, fosfato diamónico y cloruro de potasio, entre otros) para suplir los requerimientos de nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K) de sus cultivos.

Esta dependencia de los agricultores nacionales hacia los agroquímicos afecta el bolsillo, el ambiente y la salud, y deja serias dudas sobre qué tanto se conocen las características y requerimientos nutricionales de los suelos colombianos.

Investigación, dependencia y ambiente

Según Carlos Fonseca Zárate, exdirector de Colciencias, este panorama debe llevar a retomar la investigación en el campo basada en la ciencia y la transferencia tecnológica, incluidas algunas eco y biotecnologías beneficiosas para los productores agrarios. Dice que las posibilidades se abren ahora que “el 25% de los recursos solicitados por los departamentos en los proyectos de regalías son para el sector agropecuario”.

Existen opciones como la agricultura biológica y la agroecología para que la economía campesina no dependa de insumos nocivos ni de las fluctuaciones del mercado o la cotización del petróleo (para producir úrea, por ejemplo, se requiere una enorme cantidad de la energía que se obtiene a partir de este combustible fósil).

Además de la ventaja en los costos, no utilizar dichos fertilizantes contribuiría a mejorar las propiedades del suelo y a garantizar productos competitivos en el creciente mercado mundial de los orgánicos. Por ejemplo, favorecer una alimentación sana e incluso contribuir a la mitigación del cambio climático y a la regulación de algunas plagas que pueden ser estimuladas por la excesiva presencia de nutrientes como el nitrógeno.

Otro aspecto importante es el cuidado del ambiente. La profesora Marina Sánchez de Prager, del Grupo de Investigación en Agroecología (GIA) de la Universidad Nacional de Colombia en Palmira, advierte que hay un abuso en el uso del nitrógeno y el fósforo. De hecho, las mismas empresas de agroquímicos reconocen que de cada kilogramo de fertilizante aplicado, la planta solo toma alrededor del 40%; el restante 60% se pierde por diferentes vías que contaminan el agua y el aire.

Según la experta, a esto se suma la sedimentación del mar y las afectaciones a la salud. De otro lado, el exceso de nitrógeno en forma amoniacal (uno de los gases de efecto invernadero), hace que se produzca CO2 e incluso llega a quemar las plantas.

Tomás León Sicard, docente del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la U.N., asegura que el uso excesivo de agroquímicos se debe a su relativo éxito en la producción agrícola. No obstante, la incorporación de sustancias ricas en nitrógeno, fósforo y potasio genera desbalances en la disponibilidad de otros nutrientes y ello, a su vez, puede causar desequilibrios (como exagerada producción de azúcares en las plantas). Lo anterior se traduce en problemas fitosanitarios que para ser controlados requieren otro elemento del mismo modelo: los plaguicidas.

Otras prácticas en el agro

Pensando en todo esto, desde hace cerca de 20 años la U.N. busca nuevas alternativas y experimenta con insumos como la materia orgánica que producen las fincas (compostaje) o la biomasa que se recicla (hojas, malezas, restos de la floración y la fructificación que se convierten en masa muerta y, luego, en nutrientes).

Mediante estas vías se contribuye a suplir las necesidades o desequilibrios resultantes del uso de agroquímicos. Además de estas estrategias, se realizan prácticas y se comparten con los agricultores técnicas para preparar y usar el compost adecuadamente.

Otra posibilidad efectiva es la tecnología agroecológica de los abonos verdes (AV). La profesora Sánchez explica que esta práctica consiste en utilizar especies vegetales, especialmente leguminosas, que capturan N2 del aire, lo llevan a formas orgánicas y lo depositan en las plantas y en el suelo, con lo cual este se suple de amonio (NH4) y nitrato (NO3).

Así se proporcionan contenidos similares a los de fertilizantes de síntesis. Precisamente, en la actualidad hay tres trabajos del Doctorado en Agroecología (desarrollado en la UN en Palmira y en la Universidad de Antioquia) que investigan al respecto.

Algo importante es no olvidar que el suelo está vivo y que existen enormes cantidades de microorganismos que lo habitan (hongos, bacterias, actinomicetos), que aportan soluciones a las necesidades de las plantas. Según Sánchez y otros investigadores, al utilizar leguminosas en los AV se pueden llevar a cabo procesos de simbiosis, es decir, relaciones beneficiosas entre las raíces y los microorganismos.

Algo en lo que coinciden Fonseca y los profesores Sánchez y León es en la importancia de sembrar biodiversidad en vez de monocultivos, para darle un uso eficiente al suelo. Una alternativa es sembrar maíz y fríjol (o soya y maíz), pues el sistema radical del fríjol ayuda a fijar el nitrógeno e incorporarlo al agroecosistema. Así, poco a poco, se deben suspender los fertilizantes que se consiguen en el mercado y mientras dura este proceso, se preparan los abonos orgánicos para disminuir el uso de químicos, de tal modo que no se afecte la producción.

Para certificar el suelo como apto para cultivos orgánicos, se debe esperar una transición de tres años. El ahorro en los costos de los abonos químicos, así como el creciente mercado mundial, que pide alimentos limpios y sanos, puede estimular a los agricultores a involucrarse en esta beneficiosa empresa.

Lograr esto, según el profesor León, es una cuestión de “autonomía” de los productores, pues son ellos quienes disminuyen o eliminan la compra de insumos. De todas maneras, son decisiones que van en contravía de los intereses establecidos y de la acumulación de poder de las grandes empresas transnacionales, productoras y dueñas del monopolio de insumos.

Más ideas ecológicas

El profesor León señala otra iniciativa del IDEA, a través de la cual se implementa lo que han llamado la “estructura agroecológica principal de la finca”. Esta estrategia es, en el fondo, una manera de conservar y aumentar la agrobiodiversidad a través de conectores (cercas vivas) externos e internos.

Por otra parte, en el grupo en Microbiología del Suelo de la U.N. en Medellín, la investigadora Laura Osorno Bedoya aprovecha dos microorganismos que viven en el suelo (Morteriella sp y Aspergillus niger) que son capaces de producir ácidos con propiedades para solubilizar la roca fosfórica con la cual se obtiene un biofertilizante fosfórico.

En otro ámbito investigativo, el grupo interdisciplinario de Biotecnología de Micorrizas Arbusculares de la U.N., dirigido por la profesora Alia Rodríguez Villate, demostró que los hongos formadores de micorrizas arbusculares mejoran el rendimiento de los cultivos, en particular el de yuca. Estos reducen en un 50% la aplicación de fertilizantes fosfatados y ayudan a la planta a absorber nutrientes de forma más eficiente.

Asimismo, el Instituto de Biotecnología (IBUN) de la U.N., en asocio con la empresa Biocultivos S.A., desarrolló tres biofertilizantes (que ya se encuentran en el mercado), cuyos ingredientes activos son microorganismos que mejoran la nutrición de los cultivos de arroz.

Es importante mencionar que los sistemas agrosilvopastoriles de ganado, desarrollados especialmente por el profesor Enrique Murgueitio y la ONG CIPAV, además de aumentar la cantidad de reses por hectárea (de 1 a 4 o 5), ayudan a enriquecer los suelos degradados.

Fonseca destaca que esto se da gracias a la siembra de arbustos de Leucaena sp, que fijan nitrógeno de la atmósfera (el 79,9% del aire que respiramos es nitrógeno) y forman simbiosis con micorrizas. Otra ventaja es que estos sistemas no permiten la presencia de moscas y aumentan las poblaciones de cucarrones que oxigenan el suelo.

Como se observa, los investigadores tienen la enorme responsabilidad de seguir estudiando la biodiversidad, los suelos y las riquezas del país, ahora que existe la posibilidad de contar con recursos de regalías.

Sin embargo, el Gobierno también tiene que aportar su cuota si realmente le interesa (tal y como se había planteado en las iniciativas del Buen Gobierno) propender por la “seguridad alimentaria y nutricional con base en la vocación agropecuaria del país”, tener “campesinos trabajando y viviendo dignamente en el campo” y “gente próspera, sonriente y segura, que ofrezca productos competitivos en el escenario mundial”.

Créditos: UNAL-971-2014

Conocer la biología del suelo, clave para sembrar arroz

 
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Expertos del Instituto de Biotecnología han diseñado alternativas para sustituir el uso de fertilizantes de síntesis química por otros que utilizan microorganismos.
Expertos del Instituto de Biotecnología han diseñado alternativas para sustituir el uso de fertilizantes de síntesis química por otros que utilizan microorganismos.

13 de Agosto de 2012

Investigadores del Instituto de Biotecnología de la UN elaboraron un práctico instructivo para que los cultivadores de arroz optimicen sus prácticas agrícolas y obtengan productos de mejor calidad.

El trabajo, elaborado por los profesores Daniel Uribe Vélez, Ivonne Gutiérrez Rojas, Francy Marentes y Javier Vanegas, es el resultado de varios años de indagación científica. Durante estos han estudiado diversos aspectos relacionados con la microbiología de la planta y los suelos donde se cultiva, entre ellos su productividad, su resistencia a plagas, los procesos biológicos que se desprenden por la utilización de fertilizantes y las opciones de biofertilización.

El arroz es uno de los alimentos fundamentales de la dieta colombiana y uno de los principales renglones agrícolas del país. Datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estiman que el consumo por habitante es de 58 kg. En el año 2010, la producción mundial alcanzó los 466 millones de toneladas. De ahí que muchos investigadores alrededor del mundo investiguen este multifacético cereal.

En el instructivo se explican conceptos básicos, como los tipos de microorganismos de interés agrícola que se hallan en el suelo: protozoos (p. ej. Opercularia sp.), hongos (p. ej. Trichoderma sp.), nematodos (p. ej. Protorhabditis sp.) y bacterias (p. ej. Burkholderia sp.).

Si bien algunos de estos pueden afectar a las plantas, la mayoría son benéficos y cumplen funciones muy importantes en el ecosistema, entre ellas: trasformar los fertilizantes para que sus nutrientes puedan llegar a la planta; descomponer y procesar los residuos de vegetales y animales que caen al suelo, lo que deja sus nutrientes disponibles; mejorar la estructura física del suelo; estimular la germinación; y descomponer los plaguicidas.

Dentro de los microorganismos benéficos del suelo se hallan los solubilizadores de fosfato (los que permiten disolver determinadas sustancias en otras), los fijadores biológicos, los descomponedores de materia vegetal, los microorganismos antagonistas y los promotores del crecimiento vegetal.

A la vez, la mayoría de los microorganismos contribuyen de tres maneras a la disponibilidad de nitrógeno (N): atrapándolo, liberándolo de la materia orgánica y trasformando los fertilizantes, como la urea, en dicho elemento.

El instrumento pedagógico, además, les enseña a los campesinos los beneficios de aprovechar los desechos del cultivo, sobre todo la paja (o tamo) del arroz, que es la principal fuente de material orgánico disponible en las fincas arroceras.

Este material absorbe alrededor del 40% del nitrógeno, el 80 u 85% del potasio, el 30 o 35% del fósforo, el 40 o 50% del azufre y entre el 5 y el 63% del silicio. Cuando el tamo se quema, se pierde casi la totalidad del nitrógeno acumulado, el 25% del fósforo, el 20% del potasio y entre el 5 y el 60% del azufre.

La alternativas que exponen los científicos del Instituto de Biotecnología consisten en utilizar microorganismos llamados celulolíticos (como Trichoderma sp.) y ligninolíticos (como Pleurotus sp.). Estos son capaces de descomponer el tamo y liberar los nutrientes.

La recomendación es que, después de la cosecha, se apliquen estos organismos, se deje que los tallos se descompongan por un periodo de dos a tres semanas y luego se incorpore el material al suelo con una labranza superficial.

Esta clase de información, que se presenta de forma sencilla al agricultor, es clave para aumentar la productividad de las parcelas arroceras. Es un ejemplo claro de cómo toda la labor científica de los laboratorios se transforma en una herramienta práctica y útil para el sector agrario del país.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co