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La guerra contra los criminales que emprende el Estado alcanza a la sociedad civil, afirma investigadora

 
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ARMAS19 de enero de 2011

*El asesinato de activistas, expresiones de la situación, afirma Huacuz Elías

*La política de combate al narco ha propiciado un ambiente de violencia *Se dio la estocada a Ciudad Juárez al enviar al Ejército, considera

El Estado mexicano libra una guerra que se ha extendido más allá del combate al crimen organizado e involucra ya a la sociedad civil, afirmó la doctora María Guadalupe Huacuz Elías, investigadora del Posgrado en Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma Metropolitana.

El asesinato de las activistas Marisela Escobedo y Susana Chávez en Chihuahua, el creciente número de víctimas inocentes que se ven atrapadas en medio de balaceras, la ola de crímenes contra periodistas y defensores de derechos humanos, entre otras, son expresiones del “terrorismo de Estado” en que vive la sociedad mexicana, aseguró.

La investigadora del Departamento de Política y Cultura de la Unidad  Xochimilco expuso que con su política de combate al narcotráfico y su falta de interés por hacer justicia y delinear políticas para grupos vulnerables, como las mujeres en Chihuahua, el Estado ha favorecido un ambiente propicio para la violencia.

La especialista en temas sobre violencia de género, etnicidad y derechos humanos explicó que el asunto de la violencia “es muy complejo”, por lo que es necesario abordarlo desde distintas aristas y en los contextos donde se expresa;  sin embargo, es innegable la estructura social, económica y política como facilitadora de violencia y de maltrato, no sólo contra las mujeres, sino contra hombres y en gran medida contra jóvenes.

Por ello, más allá de establecer si la muerte de Susana Chávez, por ejemplo, se debió a su actividad política o fue víctima de agresión de jóvenes drogados, es claro que “hay terrorismo de Estado”, porque ha propiciado estos ambientes y porque no muestra interés en responder a las demandas –sobre todo de hacer justicia– de ciudadanas y ciudadanos.

En esa medida “el Estado es responsable de las muertes violentas” y “sí creo que estamos en una guerra” que se ha extendido a la sociedad civil. “Es el Estado el que ha promovido esta violencia descarnada contra activistas y no activistas”, contra mujeres y jóvenes, y se ha desentendido de problemas como la pobreza y de necesidades primordiales, como el empleo y la educación. Es evidente, insistió, que “estamos en una guerra no sólo en el norte del país, sino en Guerrero, en Michoacán, en el estado de México”.

Afirmó que el gobierno desplegó una mala estrategia en su combate al crimen y en el caso de Ciudad Juárez dio la estocada a esta urbe al enviar al Ejército, cuando se sabía la existencia de redes de corrupción dentro de sus filas.

La autora del libro ¿Violencia de género o violencia falocéntrica? sostuvo que, al rechazar la declaratoria de “alerta de género”, el estado de México violó tratados internacionales y leyes internas, como la Convención para la eliminación de todas las formas de discriminación (1999), La conferencia interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (1994), así como las leyes para la protección de los derechos de niños y adolescentes,  la Ley federal para prevenir y erradicar la discriminación, y sobre todo la Ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia (2007).

Dijo que una declaratoria de “alerta de género” por parte del Sistema Nacional para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres habría resultado en conformar una comisión investigadora para esclarecer las agresiones y los asesinatos contra mujeres en el estado de México, oportunidad que en esta ocasión se perdió.

Por otra parte, destacó que después de 30 años de lucha contra la violencia hacia las mujeres y a pesar de haber hecho avanzar sus demandas, hoy se ha topado con la incapacidad estatal para dar cauce a la complejidad de la problemática inherente a este sector, por lo que es necesario que este movimiento se vincule con otros y logre impulsar lo que denominó “un feminismo ético de la complejidad”.

Créditos: UAM/Dirección de Comunicación Social/uam.mx / Boletín 015/11