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Obtienen biofertilizantes a partir de microorganismos

 
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Los investigadores trabajan con microorganismos nativos adaptados a las condiciones naturales de Colombia.
Los investigadores trabajan con microorganismos nativos adaptados a las condiciones naturales de Colombia.

2 de mayo de 2012

Mediante microorganismos nativos, investigadores de la Facultad de Ciencias de la UN en Medellín facilitan la liberación soluble de fósforo de un tipo de roca, para alimentar plantas.

La roca fosfórica, como se denomina tal componente que contribuye al desarrollo de las plantas, es un recurso que se encuentra en muchas partes del país, especialmente en zonas mineras. Pero este no es un recurso renovable y su beneficio es proveerle fósforo a los cultivos.

No obstante, María del Socorro Yepes, investigadora de la Escuela de Química de la UN en Medellín, explica que la piedra “va liberando muy poco del fósforo que es aprovechado realmente por la planta, entonces lo que hacen los campesinos es saturar el suelo con esa roca para que se libere algo de sus propiedades”.

En ese sentido, los expertos se encargaron de buscar e identificar en el suelo microorganismos que tuvieran la capacidad de liberar de la roca el fósforo suficiente, tal y como se necesita. Es decir, “aceleramos el proceso para que las plantas puedan consumirlo más rápidamente”, agrega Yepes.

Teniendo en cuenta que la roca fosfórica es finita, el estudio pretende que se utilice lo menos posible, para que sea sostenible y pueda liberar efectivamente los nutrientes.

Para el proyecto se aprovechó un tipo de hongo que tiene la capacidad de producir microorganismos en grandes cantidades, pues se debe garantizar que haya lo suficiente para actuar sobre las rocas y liberar el fósforo asimilable para las plantas. Además, se tuvo en cuenta encontrar un moho que no fuera perjudicial para el ser humano.

María del Socorro Yepes precisa que “los microorganismos producen una serie de compuestos para transformar los nutrientes en el suelo, aprovecharlos y poder reproducirse”. De ese modo, se logra la optimización de un material natural que funciona como biofertilizante y que podría desplazar a los abonos químicos que tienen efectos perjudiciales para el medioambiente.

Hasta la fecha, el proyecto se desarrolla a escala de laboratorio. Pero los investigadores esperan llevarlo a planta piloto y tener un resultado óptimo del procedimiento, que está en proceso de patente.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co

INVESTIGAN EN QUERÉTARO DIVERSIDAD DE ORGANISMOS CAVERNÍCOLAS

 
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Juan Morales Malacara, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias de la UNAM.
Juan Morales Malacara, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

22 de abril de 2011

• En la cueva Los Riscos, enclavada en la Sierra Gorda de esa entidad, Juan Morales Malacara, de la Facultad de Ciencias, indaga las particularidades de la vida en esos ecosistemas subterráneos, húmedos y oscuros
• En ese hábitat singular, afectado por los daños humanos en la superficie terrestre, murciélagos, arañas, insectos, ranas, reptiles y ratones conviven con bacterias, protozoarios, ácaros y hongos

Ecosistemas singulares, las cavernas son laboratorios naturales en donde vive una gran diversidad de especies animales, así como algunas vegetales; en ellas, escasea el aire y los recursos energéticos, y abundan la oscuridad, humedad y temperaturas extremas.

Indagar la variedad de organismos cavernícolas que incluyen a especies macroscópicas como murciélagos, arañas, insectos, ranas, reptiles y ratones, y a otras microscópicas, como bacterias, protozoarios, hongos y ácaros, es la labor de Juan Morales Malacara, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias (FC) de la UNAM.

“Hago estudios biológicos en cavernas, bioespeleología o espeleobiología”, resumió el académico, que hace años imparte un taller sobre esa especialidad en la FC, donde es profesor e investigador.

Morales Malacara, que actualmente trabaja en el campus Juriquilla de la UNAM, donde coordina las tareas para poner en marcha la Unidad Multidisciplinaria de Docencia e Investigación (UMIDI) de la FC en Querétaro, describe a las cuevas como sitios vulnerables que no son ajenos a los daños ambientales.

Equilibrio vulnerable

Aunque parezca que están más protegidas, por su ubicación relativamente aislada y un microclima húmedo y relativamente estable que, según la zona puede ser muy caliente (áreas volcánicas) o muy frío (sitios templados), las cuevas son sensibles a las modificaciones que ocurren en la superficie.

“Lo que pasa arriba puede afectar lo que hay abajo: si llueve mucho, si hay sequías, si se tala, si hay contaminación; a la larga, todo penetra por filtración a las cuevas, de ahí que sea un laboratorio evolutivo y de especies que podemos detectar como bioindicadoras de contaminación y perturbación ecológica”, describió.

A diferencia de ambientes externos, donde existe gran diversidad, en esos espacios hay menos organismos, que tienen que adaptarse a los pocos recursos energéticos, “y al hacerlo, cualquier modificación de ese equilibrio se refleja en la fauna de las cavernas”, destacó.

Algunos cambios adaptativos son drásticos, con especies que pierden pigmentación y otras que no desarrollan ojos, pues sobreviven en la oscuridad.

En esos sitios, Morales Malacara y sus colaboradores observan la parte taxonómica, que se dedica a conocer qué especies hay y cuáles son sus características, así como la parte ecológica, que registra cómo el ser humano y diversos fenómenos naturales afectan a las cuevas y sus habitantes.

Exploración en Los Riscos

Desde hace cuatro años, el universitario y su equipo indagan en la cueva Los Riscos, enclavada en la Sierra Gorda de Querétaro. Se desarrolló hace miles o millones de años sobre roca sedimentaria caliza, tiene una longitud de 500 metros, una profundidad de 25 metros bajo la superficie del suelo y es mixta, pues tiene formación horizontal y vertical.

“Consta de varias entradas. Por una, se puede avanzar con caminata y descenso por rocas, mientras otras, tienen tiros pequeños. Posee una boca, donde se formó una especie de puente natural. En una parte se cayó el techo, que también era de roca sedimentaria, y por ahí, entra luz y se han desarrollado varias plantas endémicas”, explicó.

Los científicos estiman que hace mucho tiempo el río Jalpan entraba en la caverna, donde comenzó a degradar la roca. Después se formó la gruta y se desvió de forma natural el curso de la corriente, que actualmente pasa a un lado y filtra la humedad.

“Hay estalactitas y estalacmitas. Hemos trabajado más de cuatro años en el sitio y determinamos parte de la fauna, que suma más de 60 especies diferentes, además de las plantas”, relató el biólogo.

Mientras la vegetación crece en la boca de la cueva, en la zona de luz, en las partes de penumbra y oscuridad se han desarrollado varios tipos de bacterias, hongos, protozoarios, anfibios y una ranita (Eleutherodactylus longipes) de escasos tres centímetros, que aunque no está del todo adaptada, es afín al ambiente, tiene un ciclo de vida nocturno y se alimenta de insectos.

“Le llamamos troglófila, de filos, que significa amigo, y troglos, caverna; es decir, amiga de las cavernas”, detalló el investigador.

En Los Riscos, donde abundan los murciélagos, también se han encontrado dos de las tres especies de vampiros: Desmodus rotundus y Diphylla ecaudata.

“Los murciélagos salen de las cuevas a comer, y al defecar aportan nutrientes; mueren adentro y su cadáver es alimento para otros organismos. En las cavernas se aprovecha todo, pues es un ambiente extremo”, finalizó.

Créditos: UNAM-DGCS-237/2011/unam.mx

Enrique Anzures Becerril, con la vista puesta en las estrellas

 
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Por su actividad constante, el joven es conocido en el Instituto de Astronomía como Spin Boy.
Por su actividad constante, el joven es conocido en el Instituto de Astronomía como Spin Boy.

6 de marzo de 2011

• El estudiante de 25 años obtuvo el segundo lugar en el Premio de la Juventud 2010, de la Asamblea Legislativa del DF, por sus múltiples iniciativas de promoción de la ciencia

Enrique Anzures Becerril estudia el sexto semestre de Física en la Facultad de Ciencias de la UNAM, es técnico en sistemas computacionales, ayudante de investigador en el Instituto de Astronomía (IA), becario del Conacyt y, por si fuera poco, hace unos días recibió el segundo lugar en el Premio de la Juventud 2010, otorgado por la Asamblea Legislativa del DF, en reconocimiento al impacto social que han tenido sus múltiples iniciativas de promoción de la ciencia.

A sus 25 años, ha impulsado diversos proyectos relacionados con el conocimiento científico. De los más recientes, destacan el desarrollo del programa de divulgación científica, Cosmowiki, una página web sobre los trabajos de astronomía desarrollados en el país, “una especie de sección amarilla del rubro”, explicó.

Como miembro de la Sociedad Mexicana de Astronomía (SMA), Enrique se ha dedicado a organizar cursos y conferencias, y recientemente ha hecho gestiones para que el IA, la presidencia municipal de Chapa de Mota y la SMA desarrollen un plan de “ecoturismo astronómico”. Además, en esa jurisdicción hay dos preparatorias públicas para las que ha negociado la donación de 30 telescopios.

En total, ha logrado que las empresas hayan otorgado más de 300 aparatos para distintas instituciones de educación pública a nivel bachillerato, tanto en estados de la República como en el DF, y que así los jóvenes se asomen al cosmos.

En las ediciones de la Noche de las Estrellas, Enrique ha apoyado a los capacitadores de los voluntarios que atienden al público.

Suele decir que desde pequeño era muy inquieto, “y aún sigo dando lata, tanto, que en el Instituto de Astronomía la doctora Irene Cruz (miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM) me puso por apodo Spin Boy”.

Esta capacidad de “moverse”, en todos los sentidos, lo ha llevado a reclutar para sus iniciativas a miembros destacados de la comunidad académica, muchos de los cuales le doblan la edad. “No tengo temor de hablarle a un niño o a un académico mucho mayor que yo. Siento un respeto profesional por lo que hacen, pero también los veo como son, humanos, ni mejores ni peores como personas”.

¿Los jóvenes deben esperar a que les den las oportunidades? Al respecto, Enrique considera que “debemos entender que la competencia es cada vez más dura. Hay que estar mejor preparado, participar más, construir tu propio futuro. Si quieres alcanzar aquello que más te gusta, no puedes estar tirado en el sillón sin hacer nada”.

Sí, Enrique va a antros, le gusta pasear y las chicas. “Si administras tu tiempo puedes realizar todo”, explica, pero hay que tener paciencia, pensar y luego actuar. “Le doy su tiempo a los estudios, a mis proyectos y a mi vida social”.

Después de recibir el reconocimiento de la Asamblea Legislativa del DF se dice feliz, ¿por el premio?, “¡no!, sino porque mi mamá, Carmen, mi cómplice, se acaba de recibir de licenciada en Economía”.
Créditos: UNAM-DGCS-131-2011/unam.mx

Rosaura Ruíz, nueva directora de la Facultad de Ciencias

 
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Rosaura Ruiz Gutiérrez, directora de la Facultad de Ciencias para el periodo 2010-2014.
Rosaura Ruiz Gutiérrez, directora de la Facultad de Ciencias para el periodo 2010-2014.

1 de septiembre de 2010

• Ocupará el cargo en el periodo 2010-2014

Rosaura Ruiz Gutiérrez fue designada por la Junta de Gobierno de la UNAM como directora de la Facultad de Ciencias (FC), para el periodo 2010-2014.

El secretario General de esta casa de estudios, Sergio M. Alcocer Martínez de Castro, dio posesión del cargo a la nueva titular de esa entidad universitaria. En su intervención, dijo que se redoblará el trabajo con la FC en beneficio de la academia.

A su vez, Ruiz Gutiérrez dijo que inicia un proceso de reflexión para organizar y plantear un plan de desarrollo en el que se profundice la participación de la comunidad de la Facultad.

Ruiz Gutiérrez realizó estudios de licenciatura, maestría y doctorado en Biología en la FC; hizo su estancia posdoctoral en la Universidad de California, Irvine, donde también ha sido docente invitada.

Es profesora Titular C de tiempo completo de la Facultad de Ciencias, y en la UNAM fue directora General de Estudios de Posgrado y Secretaria de Desarrollo Institucional. Se desempeñó como secretaria Ejecutiva del Espacio Común de Educación Superior de México, fue presidenta de la Academia Mexicana de Ciencias, y es integrante del Sistema Nacional de Investigadores nivel 1, desde 1985.

El tema central de su investigación es el estudio de las teorías evolutivas, que ha tratado desde las perspectivas científica, histórica y filosófica.

Fundó y dirige el Grupo de Estudios Históricos, Filosóficos y Sociales de la Ciencia, que constituye el Laboratorio de Investigación, Historia y Filosofía de la Biología de la FC, y ha dirigido nueve tesis de licenciatura, 10 de maestría y seis de doctorado.
Créditos: UNAM. DGCS-514/unam.mx

Universitario gana bronce en la Olimpiada Internacional de Matemáticas

 
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Irving Calderón aún no ha tomado sus primeras clases en la Facultad de Ciencias, pero ya ganó una de las cinco medallas que México obtuvo en la Olimpiada Internacional de Matemáticas.
Irving Calderón aún no ha tomado sus primeras clases en la Facultad de Ciencias, pero ya ganó una de las cinco medallas que México obtuvo en la Olimpiada Internacional de Matemáticas.

9 de agosto de 2010

• Irving Calderón, quien acaba de ingresar a Facultad de Ciencias de la UNAM, obtuvo el tercer lugar en la justa realizada en Kazajstán
• Esta ciencia sirve para resolver problemas tanto en el pizarrón como en la vida diaria, acotó el joven de 19 años

Las matemáticas son como el amor, una idea simple que puede llegar a ser muy complicada, decía el profesor R. Dravek, y así como se pueden parecer al amor, esta ciencia también se asemeja a la vida misma, “pues puedes resolver no sólo problemas numéricos, sino personales”, expuso Irving Calderón, quien regresó de Kazajstán con una medalla de bronce al cuello, tras participar en la Olimpiada Internacional de Matemáticas (OIM) 2010.

“De hecho, las matemáticas son como un sendero que te obliga a poner cada vez más atención conforme avanzas; si recorres un largo trecho y te pierdes, luego resulta muy difícil retomar el camino”, expuso.

Irving acaba de ingresar a la Facultad de Ciencias, pero eso no significa que sea un novato en fórmulas y números; “de hecho, siempre tuve facilidad para ellos, y me gustan porque con su práctica adquieres habilidades que te ayudan a solucionar incógnitas, tanto en el salón de clases como en el trajín diario”.

Sin embargo, representar a México en una olimpiada no es sencillo, no importa qué tan hábil seas con las cifras, pues para que un chico de San Mateo Atenco, como Irving, llegara hasta las frías estepas de Kazajstán, tuvieron que darse muchas circunstancias que, vistas en retrospectiva, desafían toda probabilidad matemática.

Para ello, tuvo que “sumar” una serie de logros y “multiplicar” sus participaciones en justas académicas. Primero concursó en la Olimpiada Estatal del Estado de México y quedó en los primeros lugares.

Posteriormente, compitió en la Olimpiada Nacional y nuevamente ganó, con la realización de operaciones como le enseñaron en la escuela; las maestras de primaria no se equivocaron, al instruirnos en el arte de las fracciones y la división, citaban al célebre Maquiavelo con su “divide y vencerás”.

De esta justa, los organizadores seleccionaron a los 16 mejores concursantes para someterlos a un programa de entrenamiento mensual. “Nos daban una serie de problemas de álgebra, geometría, teoría de números y combinatoria que debíamos resolver, lo que nos hizo comprender mejor ciertas cosas, pues aunque somos estudiantes, la práctica hace al maestro”.

“Con ventaja numérica”

No todos podían ir a las Olimpiadas, por lo que los organizadores se vieron obligados a seleccionar a los mejores.

Irving se quedó en la sexteta que representaría a México en la OIM, y así, junto con sus compañeros, viajó en julio a Kazajstán para enfrentar a 517 concursantes de 97 países.

“La experiencia fue interesante, y aunque la competencia se realizó en un campamento alejado de la ciudad, convivía con gente de distintas nacionalidades. Lo único que me dejó un tanto insatisfecho fue quedarme a un punto de obtener medalla de plata, pero ya será para la próxima”.

Aunque recuerda la emoción de la justa, no olvida el desconcierto de adaptarse a un nuevo horario y la sorpresa de conocer nuevas costumbres, aunque lo que literalmente le dejó mal sabor de boca fue la carne de caballo.

Una vez pasada la euforia de la competencia, Irving comenta que ahora hay otra cosa que le entusiasma: iniciar la carrera de Matemáticas en la Facultad de Ciencias.

“Algo que me agrada de la Universidad Nacional es la libertad. Ella te da herramientas, pero tú decides cómo usarlas. En esta casa de estudios avanzas según tu entrega y dedicación. Ahora quiero tomar cursos de todo, pues no sé en qué me especializaré. La astronomía me llama la atención, aunque deseo explorar mis opciones”, expuso.

“Sin embargo, no quiero centrarme sólo en la carrera; también hay otras cosas que me apasionan. Me gusta salir con mis amigos, familia y aprender. Trato de mantener un equilibrio entre mis estudios y lo que me agrada, como leer, hacer ejercicio y divertirme.

“Mi hermano es el número uno”

Irving lleva los números en la sangre, de hecho, es el hijo mayor de un matrimonio de contadores. No duda al decir que una de sus mayores satisfacciones fue la de enterarse que Ayax, su hermano de 12 años, quiere ser matemático.

“Fui la inspiración para que a Ayax le gustarán las matemáticas. Él quiere estudiar lo mismo que yo, y aunque es bueno, habrá que esperar para ver si los números le gustan tanto como a mí”, comentó.

“Ahora quiero aprender a tocar guitarra, es uno de mis pendientes. Me compré un instrumento antes de irme a la Olimpiada, pero lo abandoné para dedicarme de lleno al entrenamiento. Deseo darme un tiempo y empezar con el uno, dos, tres de la guitarra, sumar horas de práctica y ver cuáles son los resultados”.
Créditos: UNAM. DGCS -469/unam.mx