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Rema la primera canoísta universitaria entre el deporte y el trabajo social.

 
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12 de noviembre de 2013

Ella es el motor a contracorriente de un deporte presuntamente para varones.
Es el motor a contracorriente de un deporte presuntamente para varones.

• Wendy Alexis Mendoza Calixto, alumna de la ENTS, quebrantó la idea de que el canotaje es una disciplina sólo para varones. Acudirá a su tercera Olimpiada Nacional y tiene en la mira Brasil 2016

Wendy Mendoza navega entre aulas y pasillos universitarios con gesto de trabajadora social en ciernes, sonríe sin provocación y procura hacer anónima su faceta deportiva, pero la ondulación en sus tríceps la delata, ahí acumula los rastros de las extensas jornadas con la pala y la canoa. Ella es el motor a contracorriente de un deporte presuntamente para varones.

“No sabía que existía el canotaje, nunca me había dado cuenta, fue hasta que uno de mis chambelanes llegó con su corcho y le pregunté ¿qué es eso?, y respondió que era para poner la rodilla sobre la canoa, que practicaba un deporte que se llama canotaje, ‘deberías de ir’ sugirió, ‘porque es muy completo, haces gimnasio, corres y aparte remas’. Después nos invitó a verlo competir en la Regata Puma, que es el clasificatorio para la Olimpiada Nacional y de ahí surgió todo”, recordó.

Tras una estadía de dos años en la modalidad de kayak, hubo apertura en la rama femenil de canotaje, lo que la convirtió (el 10 de noviembre de 2009) en la primera canoísta universitaria; obtuvo el lugar de honor en la categoría de novatos, sin embargo, algo pretendió astillar su orgullo.

“Al principio me caía mucho de la canoa, porque me desesperaba y me tiraba al agua, entonces me subí a unos muelles, me caí, me volví a levantar y en ese momento alguien dijo: ‘¡aaay, ¿qué este deporte no es para hombres?!’. Fue una de mis últimas caídas, les voy a demostrar que a pesar de cualquier obstáculo, puedo hacerlo”.

De esta manera, en 2012, en su primera Olimpiada Nacional, ganó la medalla de oro en 500 metros y dos de plata en 200 y 1000 metros, además, obtuvo el Reconocimiento al Mejor Deportista de la Asociación de Canotaje de la UNAM. Recientemente logró el bronce en 200 metros en la Olimpiada Nacional 2013 y ya se prepara la edición 2014 a celebrarse en Tuxpan, Veracruz.

“Me gustaría seguir los pasos de Andrés Sotelo, el mejor canoísta de la Universidad Nacional. Algún día representar no sólo a ésta, sino a México, pero ya en un mundial y con la facilidad de estar aquí, darme la oportunidad de imprimirle prioridad al deporte y entrenar, pero en mi familia hay un lema, ‘primero la escuela, después el deporte’, aunque sí existe una gran oportunidad, sí la pienso tomar, porque sé que en el 2016 estaré en Brasil”, aseguró.

Wendy cursa el primer semestre de Trabajo Social y ríe al preguntarle sobre el bachillerato. “Era del Politécnico, iba en la Vocacional 11, pero mi objetivo siempre fue ingresar a la UNAM, después de tres años lo logré”.

Ahora, no sólo busca vincular en la praxis el trabajo social, el canotaje y el remo, sino integrarlos en un estudio académico para apoyarlos y hacerlos notar como otras disciplinas deportivas.

“En la carrera existe la especialización en deporte y pues qué mejor. Me siento solidaria, humanitaria, me gusta ayudar a la gente; mis padres me dijeron ‘tienes cara de trabajadora social’, por ejemplo, los niños me sensibilizan aún más, creo que esa es mi debilidad, también trabajaré por ellos”.

Xochimilcas

Emblemático transporte de la otrora ciudad lacustre, ícono idiosincrático de la capital, de la ciudad de flores, ejidos, riberas y chinampas, la canoa reniega de la urbanización. Al abordaje, Wendy rema gallarda aún en medio de la anegación de asfalto. “Soy orgullosamente xochimilca, vivo como a media hora de la Pista de Canotaje de Cuemanco, entonces me queda muy cerca y nunca la había conocido, no sé por qué”.

En charla soliloquial con su abuela y raíz, Wendy atestigua cómo la canoa se vuelve de roble. “Hace como un año falleció mi abuela. Ella nos esperaba en la meta cada vez que terminábamos de competir, así llegáramos en último o primer lugar; decía que debíamos ser guerreras, que compitiéramos contra nosotras mismas”.

¿Por qué en plural?, porque existe otra tripulante, su hermana Lucero de 15 años de la Preparatoria 2, pero esa es otra historia.

Créditos: UNAM-DGCS-673