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Presenta población mexicana alta predisposición genética hacia sobrepeso y obesidad

 
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Un equipo de trabajo, coordinado por Samuel Canizales Quinteros, de la FQ de la UNAM, identificó una variante de riesgo metabólico exclusiva de los mexicanos, que provoca una disminución en los niveles de colesterol “bueno” o HDL
Un equipo de trabajo, coordinado por Samuel Canizales Quinteros, de la FQ de la UNAM, identificó una variante de riesgo metabólico exclusiva de los mexicanos, que provoca una disminución en los niveles de colesterol “bueno” o HDL

1° de Agosto de 2012

La población mexicana presenta una alta predisposición genética para desarrollar sobrepeso y obesidad, y a generar, en consecuencia, enfermedades crónicas y complicaciones metabólicas, revelan estudios de investigadores de la Facultad de Química (FQ) de la UNAM, realizados en colaboración con el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición (INCMN) Salvador Zubirán, y el Instituto Nacional de Medicina Genómica.

Los hallazgos más relevantes incluyen la identificación de una variante génica de riesgo metabólico, exclusiva de los mexicanos, que altera la función del transportador de colesterol ABCA1, y provoca una disminución en los niveles de colesterol “bueno”, o HDL, encargado de limpiar las arterias.

En entrevista, Samuel Canizales Quinteros, académico de la FQ y coordinador del equipo de trabajo, con 10 años de experiencia, señaló que si ese transportador funciona bien, ocasiona niveles normales o altos de HDL, partículas que poseen propiedades antiinflamatorias y antioxidantes; de hecho, “personas con colesterol bueno alto tienden a ser longevas”.

Asimismo, detalló que este gen, cuya función es obtener colesterol de las células para formar HDL, presenta un cambio de aminoácido (arginina por cisteína en la posición 230) que sólo se ha encontrado en poblaciones con componente indígena.

“Se trata de una variante exclusiva de indígenas y mestizos de este continente. Hemos llevado a cabo estudios en grupos de África, Asia y Europa, y en ninguna de ellas encontramos la alteración”, abundó.

Ello incrementa el riesgo de presentar obesidad y, si está afectado, provoca que el páncreas no libere insulina de forma adecuada, con lo que se incrementan las probabilidades de desarrollar diabetes.

En la actualidad, estos expertos buscan otras variantes exclusivas de América, para explicar por qué ciertas enfermedades como el hígado graso no alcohólico y la diabetes tipo 2, entre otras, son más prevalentes en este espacio geográfico.

Otros genes involucrados

Otros proyectos encabezados por Canizales se relacionan con la indagación de genes que incrementan las posibilidades de presentar obesidad y sobrepeso, que van en aumento y son factores de riesgo para desarrollar diabetes, hipertensión, hígado graso no alcohólico y algunos tipos de cáncer.

Una de las líneas de investigación revela que el gen FTO, vinculado con la cantidad de grasa en el organismo, el receptor de melanocortina 4 (MC4R) y la proteína convertasa 1 (PCSK1), aumentan casi cuatro veces el riesgo de obesidad mórbida, o de tipo III entre los mexicananos, pero no se ve tan aumentado para la obesidad I y II, que son las más comunes, puntualizó.

Otro grupo se ocupa de entender qué sucede con la acumulación de grasa en el hígado, pues otra de las comorbilidades a las que se asocia la obesidad es el hígado graso no alcohólico, que puede progresar hacia complicaciones como cirrosis o hepatocarcinoma.

Por ello, uno de los objetivos planteados en este análisis es determinar marcadores moleculares no invasivos, que permitan identificar sujetos en riesgo de presentar complicaciones.

En cuanto a la prevalencia de este padecimiento, el investigador estimó que se presenta en alrededor del 70 por ciento de las personas con obesidad, cifra que aumenta a 90 puntos porcentuales si padecen obesidad severa o mórbida.

La importancia de iniciativas académicas en este tema radica en que la prevalencia se incrementa. “México ocupa el primer lugar en obesidad infantil, y en adultos también estamos entre los primeros lugares a nivel mundial. Por ello, actualmente realizamos estudios en un grupo de más de cuatro mil niños en edad escolar, que nos permita identificar los factores genéticos y ambientales de riesgo”, explicó.

Canizales, que realiza desde hace más de una década proyectos enfocados a la genómica de la obesidad y comorbilidades relacionadas, sostuvo que este padecimiento no se puede considerar sólo como un problema genómico, sino como una enfermedad compleja que requiere de muchos factores para desarrollarse, como el sedentarismo, la mala alimentación y la susceptibilidad genética.

Trabajo multidisciplinario

Las tareas deben hacerse de manera multidisciplinaria, y con ese enfoque han hecho trabajos conjuntos con otros especialistas, como de los Departamentos de Fisiología de la Nutrición y de Endocrinología del INCMN, con quienes ha indagado la forma como funcionan las dietas en personas con una alteración en el ABCA1, y han encontrado que estos pacientes responden mejor a una dieta rica en soya, con la que elevan sus niveles de HDL.

También, han empezado a analizar, con otros equipos de trabajo, la manera de determinar qué componentes de la dieta pueden aumentar o disminuir el riesgo de obesidad de acuerdo a la composición genética.

“Es importante, porque no se trata de un tratamiento farmacológico, sino dietético. Con esto buscamos entender la genómica como parte de las enfermedades complejas, para encontrar variantes con un efecto mayor que, con intervención de la dieta, puedan tener impactos positivos en la población, en especial en sectores de mayor riesgo, de acuerdo con la composición genómica”, adelantó.

La idea, concluyó, es sumar esfuerzos para tratar de bajar las tasas de obesidad en el país. “Esperamos que nuestros resultados sean útiles para el desarrollo futuro de pruebas de diagnóstico y de programas preventivos, que contribuyan, además, a disminuir los altos costos que destina el sistema nacional de salud para el tratamiento de la misma, y comorbilidades relacionadas”.

Boletín UNAM-DGCS-474
Ciudad Universitaria.

La cocina tradicional mexicana, una respuesta al sobrepeso y obesidad

 
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Los platillos desarrollados por las culturas mesoamericanas son naturalmente equilibrados y podrían contrarrestar los padecimientos ocasionados por dietas de países industrializados.
Los platillos desarrollados por las culturas mesoamericanas son naturalmente equilibrados y podrían contrarrestar los padecimientos ocasionados por dietas de países industrializados.

16 de octubre de 2011
• Los platillos desarrollados por las culturas mesoamericanas son naturalmente equilibrados y podrían contrarrestar los padecimientos ocasionados por dietas de países industrializados, expuso Amanda Gálvez Mariscal, investigadora de la Facultad de Química de la UNAM, en ocasión del Día Mundial de la Alimentación

En México, día con día aumenta el número de personas declaradas formalmente obesas. Este hecho ha asombrado a médicos de todas las especialidades, quienes hace una década no imaginaban que los índices se dispararían a los niveles registrados en la actualidad.

Desde las instituciones dedicadas al cuidado de la salud se han lanzado diversas campañas y programas con el fin de controlar este fenómeno. Como medidas para contrarrestar este mal se han propuesto dietas, rutinas de ejercicios y costosos tratamientos, casi todos, excepto una alternativa que menguaría, de manera sencilla y económica, muchos de estos problemas, “regresar a la comida tradicional”, señaló Amanda Gálvez Mariscal, investigadora de la Facultad de Química (FQ) de la UNAM, en ocasión del Día Mundial de la Alimentación que se conmemora este 16 de octubre.

Antes consumíamos pozole, hoy lo usual es comprar sopas instantáneas; cada vez son menos los platos de huauzontle servidos a la mesa y más los pedidos telefónicos a la pizzería, y los tlacoyos ceden su lugar a las hamburguesas, mientras que los nopales y aguas frescas sucumben al embate de las papas fritas y los refrescos; “la vida moderna nos ha obligado a cambiar muchos de nuestros hábitos, y en este trueque no necesariamente ganamos”, añadió la también coordinadora del Programa Universitario de Alimentos (PUAL).

Adoptar patrones alimenticios que vienen de fuera ha hecho mella a lo largo del país, advirtió Gálvez Mariscal, “y los consecuencias están a la vista de todos, aproximadamente un tercio de los niños mexicanos tienen sobrepeso y siete de cada 10 adultos, también”.

Además, indicó que los males derivados del aumento de peso son, principalmente, diabetes y enfermedades isquémicas del corazón y cerebro-vasculares, “justo las tres principales causas de muerte en México”.

Cultura contra evolución

Aunque hay quienes lo ven como un asunto simple, alimentarse es un proceso psicosocial sumamente complejo, explicó Gálvez, pues más allá de los simplismos que señalan, “se trata, sencillamente, de comer para nutrirse”, en realidad esto comprende variables relacionadas con los gustos, la cultura e incluso con el momento emotivo que atraviesa cada individuo; “por ejemplo, hay gente que come si está triste, otra lo hace al sentirse contenta e incluso hay quienes elevan su ingesta al consumir alcohol, porque esto deprime la conciencia”.

Un personaje literario famoso justamente por beber y comer desmedidamente, especialmente al estar eufórico, es Pantagruel, un gigante salido de la pluma de Rabelais y que sirvió al escritor francés para satirizar los excesos alimenticios de Occidente, pues en la mesa de esta criatura no había un solo espacio libre, todo estaba ocupado por copas rebosantes de vino, carnes grasosas y pastelería saturada de azúcar, “algo que la naturaleza jamás supuso que el hombre tendría que digerir”.

Si tuviéramos que determinar un momento que nos ayude a entender cómo la alimentación humana se comenzó a transformar, es decir, “un érase una vez” que sirva de punto de partida para este relato, deberíamos remontarnos al Paleolítico Superior, dijo.

En ese entonces, nuestros ancestros se alimentaban a la manera de los primates, con lo que encontraban en la naturaleza. “Se comía a cada rato y la dieta era prácticamente vegetariana, a menos que encontraran algún animalillo por ahí, entonces carne”.

¿Qué pasó para que aquellos masticadores de plantas tuvieran descendientes aficionados a los banquetes pantagruélicos? “Millones de años de evolución dictaban que debíamos comer ciertas cosas; lo que nos llevó a esta transición la invención de la agricultura, nacida hace apenas 10 mil años, que nos impuso otros alimentos muy diferentes a los de la caza que se consumían eventualmente. A partir de ahí, comenzamos a comer granos harinosos”, comentó.

El sembrar semillas permitió escoger especies y darles las características que hoy tienen; ejemplo de esto es el maíz, que en un principio era una especie de pasto (el teocintle) con apenas unos cuantos granos duros, muy diferente de la mazorca actual, tan útil para ser cosechada y tan inútil para reproducirse sola, sin la intervención de una mano campesina, y la caña de azúcar, creada por los egipcios, es un caso muy similar.

“Así entraron elementos hasta entonces extraños en nuestra dieta, pues el hombre no evolucionó para ingerir harinas en gran cantidad, y mucho menos azúcar refinada, estamos diseñados para consumir bayas, verduras, frutas, nueces, hierbas y, ocasionalmente, un poco de carne”.

La tradición mesoamericana

En el mercado de la gran Tenochtitlán era común ver (a decir de Alfonso Reyes en Visión de Anáhuac) “verduras en cantidad, y sobre todo, cebolla, puerro, ajo, borraja, mastuerzo, berro, acedera, cardos y tagarninas. Los capulines y las ciruelas son las frutas que más se venden. Miel de abejas y cera de panal; miel de caña de maíz, tan untuosa y dulce como la de azúcar y miel de maguey”.

“El uso de estas variedades en nuestra cocina tradicional es reflejo de la sabiduría prehispánica”, expuso Amanda Gálvez, quien indicó que la combinación de acelgas, quintoniles, nopales y demás plantas cultivadas en la milpa, al combinarse, tienen propiedades alimenticias difícilmente vistas en cocinas nacidas en otros lados del mundo.

“¿Sabías que las proteínas contenidas en el maíz y las del frijol son deficientes, pero que al juntarlas se vuelven tan efectivas que con ellas se iguala prácticamente el valor nutrimental de la carne? Las leguminosas complementan las carencias de los cereales y viceversa, lo que crea una sinergia muy interesante; sin embargo, cada vez se consume más fast food y menos enfrijoladas”.

Además, añadió, hay una máxima que las abuelas, sin ser nutriólogas, sabían y aplicaban en sus recetas: “hay que comer más verduras y más variado”, y la ciencia ha corroborado que su decir es cierto, pues se ha demostrado que en los platillos preparados en las estufas de antaño, y con estos tradicionales ingredientes, están presentes una serie de moléculas muy pequeñas, pero muy importantes para nuestra salud, conocidas como fitoquímicos.

“Los ingredientes típicos de nuestra gastronomía están cargados de fitoestrógenos, isoflavonoides, antocianinas y sulforafanos, entre otras sustancias que protegen nuestra salud por ser antioxidantes, evitar accidentes cardiovasculares, mejorar la visión y, además, contienen una buena cantidad de vitaminas. Por ello, hace unos 25 años, especialistas rebautizaron a estos alimentos como nutracéuticos (neologismo formado a partir de las palabras nutrición y farmacéutico) tras descubrir lo benéficos que resultan, aunque esto nuestras abuelas lo supieron desde siempre”.

Recientemente, en el Instituto Nacional de Salud Pública, el grupo de Lizbeth López realizó una serie de estudios epidemiológicos que arrojaron resultados que corroboran que la dieta incide directamente en nuestra salud, pero no siempre de la manera más obvia. Por ejemplo, los datos obtenidos demuestran que mujeres que comen frijol y cebolla, de manera cotidiana, son menos propensas a desarrollar cáncer, “y ése es sólo uno de los casos encontrados, pero hay que indagar más, porque la veta de investigación es muy rica”, expuso la académica.

“No obstante, con los nuevos patrones de ingesta adoptados —tan ricos en grasa y azúcares y tan bajos en verdura y fibra— la gente tiende a engordar y desarrollar males degenerativos e incurables, como la diabetes o los padecimientos del corazón, derivados de haber abandonado nuestra tradición y los menús que ésta nos sugiere”.

Por ejemplo, los herederos de los amerindios tenemos genes que nos hacen propensos a la diabetes, porque antes de la llegada de los europeos no consumíamos carbohidratos refinados como el azúcar y las harinas blancas y no se freían los alimentos. Debemos tener presente este tipo de variables, y no sólo para desarrollar planes de atención médica para las próximas décadas, sino para prevenir desde ahora.

“Claro que al decir tradicional nos referimos a estilos de comer más cercanos a lo mesoamericano, a la milpa y la chinampa, y no a quesadillas bañadas en aceite ni nada por el estilo, porque para nuestros antepasados la fritura era algo desconocido. Ahora, con la vida cotidiana y su prisa perpetua, es cada vez más tentadora la comida rápida, o los productos ofertados en la tiendita de la esquina, y por ello, cada vez son más los sujetos con enfermedades propias de las sociedades modernas”, concluyó.

Créditos: unam.mx/boletin/610/2011

Imagen: pordescubrir.com

La obesidad infantil, un asunto de bioética

 
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La obesidad infantil es un asunto de bioética, y desde esta disciplina, debe impulsarse la protección social que los niños merecen por parte del Estado, planteó María de los Ángeles Marina Adame Gayosso
La obesidad infantil es un asunto de bioética, y desde esta disciplina, debe impulsarse la protección social que los niños merecen por parte del Estado, planteó María de los Ángeles Marina Adame Gayosso

28 de septiembre de 2011
• Las políticas públicas deben considerar la protección social de los niños como una responsabilidad moral, en especial si los padres viven en pobreza y falta de educación, dijo María de los Ángeles Marina Adame Gayosso, estudiante de la maestría en Ciencias Médicas, Odontológicas y de la Salud de la UNAM
• México ocupa el primer lugar mundial en obesidad infantil, pero 33 mil escuelas no cumplen con la regulación de venta de alimentos en sus instalaciones

La obesidad infantil es un asunto de bioética, y desde esta disciplina, debe impulsarse la protección social que los niños merecen por parte del Estado, planteó María de los Ángeles Marina Adame Gayosso, estudiante de la maestría en Ciencias Médicas, Odontológicas y de la Salud de la UNAM.

Con un novedoso abordaje en su tesis de posgrado, la psicóloga propuso que el cuidado de los pequeños se considere como una responsabilidad moral del Estado, y no solamente como una obligación de los padres de familia.

La inclusión en las políticas públicas debería tomar en cuenta que, muchas veces, los padres están limitados por la marginación y la falta de acceso educativo, lo que hace a los infantes doblemente vulnerables.

“En mi opinión, el mayor reto ante la creación y evaluación de una política pública en este ámbito no es la identificación clara de los objetivos, ni de los actores implicados, sino la implementación de una estrategia correcta y efectiva, planteada desde la bioética”, sostuvo.

La primera limitante es la salud pública, porque no es posible abordarla con el mismo enfoque que la individual; por lo tanto, los dilemas y retos son diferentes.

“Ante esta situación, Schramm y Kottow (2001) proponen un principio de protección, porque lo consideran el más adecuado para enfrentar los problemas morales relacionados con la salud pública, capaz de generar acuerdos entre salubristas y eticistas en el momento que enfrentan conflictos que no pueden satisfacerse con el uso del modelo principialista”, explicó.

A diferencia de la biomedicina clínica, señalan los autores, el referente universal de la salud pública son las medidas colectivas de prevención, que no necesariamente pasan por la relación interpersonal entre médico y paciente.

En el caso del Acuerdo Nacional de Salud Alimentaria (ANSA), estas medidas son propuestas por la Secretaría de Salud e implementadas en las escuelas, y en ningún momento existe una relación interpersonal; de hecho, son preventivo-correctivas de tipo colectivo, detalló.

Se refieren a poblaciones humanas y a sus contextos socio-ambientales, por un lado, y a instituciones públicas responsables por la implementación de políticas de prevención y promoción de salud, por el otro. El agente coordinador es la Secretaria de Salud, que cuenta con el apoyo del Estado para garantizar el cumplimiento de los objetivos del ANSA en las escuelas. De esta forma, la Secretaría de Educación Pública (SEP) tiene un papel fundamental en esta política.

Incumplen escuelas regulación

En su tesis, la psicóloga cita datos oficiales que refieren que el 85 por ciento de las escuelas de educación básica en el país ha cumplido con los lineamientos para la venta de alimentos y bebidas. “Pero no puede pasar desapercibido que falta un 15 por ciento, es decir, 33 mil escuelas en las que no se ha aplicado esta normatividad”.

Adame Gayosso consideró que la regulación no es el único aspecto que se debe evaluar, pues también se habla de aumentar el consumo de agua simple y aumentar la actividad física. En cuanto a esta última, se conoce que, al menos, 70 por ciento de los escolares no se ejercita y consume en el recreo 433 calorías, es decir, 1.6 veces más de lo que debería.

Estos datos coinciden con la información proporcionada por Fernando Álvarez del Río, titular de la Unidad de Análisis Económico de la Secretaría de Salud, en cuanto a que en el país uno de cada cuatro pequeños tiene sobrepeso.

La psicóloga se cuestionó por qué pese a la puesta en marcha del ANSA la nación sigue con cifras alarmantes de obesidad. “Una razón es que para acceder a productos sanos y de calidad se requiere dinero, y las familias más desfavorecidas se ven limitadas por sus recursos, lo que las condiciona a la ingesta de comida con altos niveles de azúcar y grasas, que es más barata.

“Por ejemplo, mientras que los refrescos en una década subieron de precio un 58 por ciento, y los chocolates y golosinas lo hicieron en un 67 por ciento, las frutas y verduras superaron el 124 por ciento en el mismo lapso”, finalizó.

Créditos: unam.mx/boletin/572/2011

Imagen: dialogos.pideundeseo.org

Muy altos valores de triglicéridos caracterizan a la población

 
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Jorge Escobedo de la Peña, profesor de la residencia en Medicina Interna de la Facultad de Medicina.
Jorge Escobedo de la Peña, profesor de la residencia en Medicina Interna de la Facultad de Medicina.

29 de agosto de 2011

• Los de colesterol rebasan la cifra que se considera aceptable, según estudio de Jorge Escobedo de la Peña, profesor de la residencia en Medicina Interna de la Facultad de Medicina
• Este tipo de problemas es más frecuente entre los varones y se acentúa con la edad
• El universitario ingresó como académico numerario en el área de Epidemiología del Departamento de Salud Pública y Sociología Médica, de la Academia Nacional de Medicina

La población del Distrito Federal se caracteriza por un patrón de muy altos valores de triglicéridos; asimismo, por los niveles de colesterol que rebasan la cifra que se considera aceptable, es decir, de 200 miligramos por decilitro de sangre; alcanza los 203.

En el estudio “Prevalencia de dislipidemias en la Ciudad de México y su asociación con otros factores de riesgo cardiovascular”, de Jorge Escobedo de la Peña, profesor de la residencia en Medicina Interna de la Facultad de Medicina (FM), se concluyó que éste tipo de problemas registra una diferencia por sexo (es más frecuente entre los varones) y se acentúa con la edad.

Eso indica una estrecha relación con los estilos de vida. “A medida que crecemos descuidamos la dieta y dejamos de hacer ejercicio. Entonces, al igual que otras enfermedades crónicas, la dislipidemia –o alteración del metabolismo de los lípidos– es más frecuente a medida que envejecemos”.

Tal hecho adquiere importancia porque constituye uno de los principales factores de enfermedad cardiovascular, en particular, de cardiopatía isquémica, refirió el experto, quien presentó este trabajo para ingresar como académico numerario en el área de Epidemiología del Departamento de Salud Pública y Sociología Médica, de la Academia Nacional de Medicina (ANM).

Escobedo de la Peña refirió que a ese panorama se suma el hecho de que no hay programas de detección de dislipidemias, como sí ocurre con la diabetes o la hipertensión, a pesar de tratarse de un factor de riesgo cardiovascular importante.

La investigación formó parte de otra, más amplia, realizada en varias ciudades latinoamericanas: Barquisimeto, Venezuela; Bogotá, Colombia; Lima, Perú; Quito, Ecuador; Santiago de Chile; Buenos Aires, Argentina, y la Ciudad de México.

El estudio, encabezado en nuestro país por el también jefe de la Unidad de Investigación de Epidemiología Clínica del Hospital Regional No. 1 del IMSS, fue transversal. Se estudiaron 833 hombres y 889 mujeres, de los 25 a los 64 años de edad.

Al abundar en los resultados, el universitario explicó que se encontró que el promedio de colesterol en la población fue de 203 miligramos por decilitro de sangre: en el grupo más joven fue de 189, mientras que entre los mayores, de 55 a 64 años de edad, fue de 217.

El promedio fue más alto en hombres, con 204 miligramos (mg); en mujeres, con 202; el colesterol de baja densidad (conocido como “malo”), fue en promedio de 119 mg; osciló de 109 en el grupo de menor edad, a 127 en los mayores. En tanto, el promedio de colesterol de alta densidad fue de 40 mg.

En cuanto a los triglicéridos, el estudio arrojó que el promedio fue de 184 mg, 159 entre los jóvenes y 200 entre los mayores. Además, fue mucho más alto entre los hombres, con 214 mg; en las mujeres, con 157. Al respecto, cerca de la tercera parte de los individuos tuvo valores altos: 43 por ciento de ellos y 23 de ellas.

Jorge Escobedo refirió que sus líneas de investigación actuales se desarrollan en torno a los trastornos del metabolismo de la glucosa, fundamentalmente diabetes mellitus, intolerancia a la glucosa, síndrome metabólico y cardiopatía isquémica.

En especial, a entidades que están fuertemente relacionadas: la diabetes y la cardiopatía isquémica, y complicaciones como la nefropatía, neuropatía y retinopatía diabéticas, así como la hipoacusia o pérdida parcial de la capacidad auditiva en esos pacientes.

También ha estado en contacto estrecho con grupos de investigación en genética, para encontrar características en el genoma de los individuos que expliquen su propensión a la presencia de diabetes o sus complicaciones.

Ingreso a la ANM

Jorge Escobedo de la Peña no recuerda exactamente el momento en que empezó su gusto por la medicina, pero seguramente fue en el bachillerato. Su padre era médico y su abuelo materno también lo fue, así que “había cierta carga de motivación para dedicarme a ella”.

Estudió en la UNAM, “institución con la que ha tenido una estrecha relación. Desde que uno entra se siente parte de ella, en cercana relación con su mística, y no deja uno de ser universitario el resto de su vida”.

Además, ha sido profesor prácticamente desde que egresó de la carrera, aunque en forma intermitente. También realizó aquí su especialidad en medicina interna. Su esposa y uno de sus hijos también son “pumas”.

Luego, trabajó en el Hospital de Infectología del Centro Médico La Raza y “me di cuenta de la necesidad de tener una preparación mayor en metodología de la investigación, para entender mejor los procesos de salud-enfermedad a los que me enfrentaba”.

De ese modo, hizo la maestría en Salud Pública en la Escuela de Salud Pública de México; posteriormente, el director lo invitó a hacer la maestría en Ciencias en Epidemiología ahí mismo. De hecho, fundó esa especialidad en el IMSS, la que tuvo posterior reconocimiento de la UNAM.

De igual forma, realizó una estancia posdoctoral en la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale, en el Departamento de Medicina Interna, durante la cual investigó la sensibilidad y resistencia a la insulina. Se trató, según calificó, de una experiencia agradable desde el punto de vista profesional y personal.

Hoy, considera que ingresar a la Academia es, a la par que una meta cumplida, una motivación para continuar en el trabajo. Esa agrupación se caracteriza por tener en su seno a los profesionales que se han desarrollado en el campo de la medicina y que hacen aportaciones destacadas con su trabajo profesional.

Créditos: unam.mx/dgcs-509/2011

En México, siete de cada 10 personas mayores de 20 años presentan sobrepeso y obesidad

 
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25 de agosto del 2011

Es la obesidad inciden factores como el sedentarismo y una dieta alta en grasas, además de genes susceptibles.
Es la obesidad inciden factores como el sedentarismo y una dieta alta en grasas, además de genes susceptibles.

• Esas afecciones representan un problema de salud global, con impactos económicos y sociales, dijeron especialistas en el Coloquio Genómica, Obesidad y Diabetes, en la FQ
• Es indispensable considerar que 65 por ciento del componente genético de la población en el país es amerindio, para diseñar un sistema de salud adecuado

En México, siete de cada 10 personas mayores de 20 años presentan sobrepeso y/o obesidad. En el segmento infantil, estas afecciones también presentan grandes proporciones.

Esas afecciones representan un problema de salud global, con impactos económicos y sociales. En ellas inciden factores como el sedentarismo y una dieta alta en grasas, además de genes susceptibles.

Asimismo, en el país existen grupos con alta susceptibilidad al desarrollo de diabetes asociada al medio ambiente; por ello, se debe considerar que 65 por ciento del componente genético de la población es amerindio, para diseñar un sistema de salud adecuado.

En ello coincidieron especialistas que participaron en el Coloquio Genómica, Obesidad y Diabetes, primer encuentro académico organizado en conjunto por la Facultad de Química (FQ) y el Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen), en el marco de los festejos por el centenario de la Universidad Nacional, 95 años de la entidad universitaria, y el Año Internacional de esta disciplina.

En la inauguración del encuentro, Jorge Vázquez Ramos, director de la FQ, subrayó que sólo el trabajo unido logrará potenciar el efecto benéfico de los avances científicos, lo que podría trasladarse a otros ámbitos de la actividad humana.

En el auditorio Alfonso Caso, aseguró que en una sociedad global donde los padecimientos y sus causas adquieren dimensión internacional, es necesaria la convergencia del conocimiento para brindar soluciones coordinadas entre gobierno, instituciones de salud, educativas, de investigación y sociedad.

Mexicanos, propensos a la diabetes

Samuel Canizales Quintero, profesor e investigador de la FQ, señaló que en la nación siete de cada 10 personas mayores de 20 años presentan sobrepeso y/o obesidad. En el segmento infantil, estas afecciones también presentan grandes proporciones.

En la mesa Genómica de la obesidad, advirtió que ambas afecciones son los principales factores de riesgo de padecimientos metabólicos, entre ellos, los cardiovasculares y la diabetes.

Al respecto, Marta Menjívar, coordinadora del Posgrado en Bioquímica Clínica de la FQ, consideró que es indispensable considerar que el 65 por ciento del componente genético de la población es amerindio, para diseñar un sistema de salud adecuado para el país.

México tiene grupos con alta susceptibilidad al desarrollo de diabetes asociada al medio ambiente. “Estamos ante un problema nacional de salud, en el que debemos descifrar la parte del componente que provoca que tengamos una gran prevalencia”.

En tanto, Rubén Lisker, investigador emérito de la UNAM y director de Investigación del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán INCMNSZ, refirió que el estudio de la genética en nuestro territorio comenzó en los albores del siglo XX, con la edición de artículos científicos sobre la distribución de grupos sanguíneos.

Las publicaciones del grupo, a cargo de Mario Salazar Mallén, primer especialista mexicano en alergias, constituyeron la línea inicial de indagación en el país, añadió.

Nutrimentos y genoma

La obesidad es un proceso gradual, en el que aparecen alteraciones metabólicas como hipertensión, hiperlipidemias, resistencia a la insulina que, a su vez, provocan el síndrome metabólico, explicó Armando Tovar Palacio, jefe del Departamento de Fisiología de la Nutrición del INCMNSZ.

Al incrementarse el grado, el tejido adiposo es incapaz de retener triglicéridos. Si los lípidos se acumulan en el páncreas, constituye una causa de diabetes; en músculo esquelético, se asocian con la resistencia a la insulina; en el hígado, a la esteatosis; en el corazón, detonan enfermedades cardiacas.

La nutrigenómica permite utilizar nutrimentos específicos para regular la expresión de genes relacionados con el metabolismo de hidratos de carbono, proteínas y lípidos, para contribuir al tratamiento, dijo.

Al respecto, Esther Gutiérrez, de la Universidad de Cincinnati, refirió que la obesidad es un problema de salud global, con impactos económicos, sociales y en la vida cotidiana.

Es una afección compleja, en la que inciden factores como el sedentarismo y una dieta alta en grasas, además de genes susceptibles.

Por su parte, Héctor Rangel, de la Universidad de Guadalajara, refirió que la cantidad de mestizos en la nación se estima en 93 por ciento.

Los resultados del estudio Origen paterno y materno de la población mexicana, realizado por el Instituto de Investigación en Genética Molecular de dicha institución en 10 estados de la República, establecieron la preeminencia del componente europeo en el genoma por vía paterna.

En su ponencia Antropología: de la genética a la genómica, Víctor Acuña, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, recalcó que la genómica impacta, de manera importante, el tipo de estudios, la profundidad y las hipótesis relacionadas con la antropología.

Con esta herramienta es posible profundizar en aspectos que otras áreas en la materia no abarcan, como el estudio evolutivo de las poblaciones humanas, sus relaciones filogenéticas con primates, migraciones, especialmente en los casos donde el registro arqueológico y lingüístico no son suficientes.

Finalmente, Javier Soberón, director general del Inmegen, señaló que la temática del coloquio es pertinente, porque aborda los problemas de salud con más prevalencia en México.

La biología experimental atraviesa una época de oro, con acceso a herramientas que permiten nuevos descubrimientos, entre ellos, los mecanismos de la obesidad y la diabetes. “Es un honor tener como socio a una entidad de la Universidad, que tiene prestigio y solidez. Esta asociación promete mucho”, concluyó.

Créditos: unam.mx/boletin/2011_499