Category Archives: Astronomía

Yuri Gagarin nos invitó al espacio, y en 2025 podríamos llegar a Marte: Nikolai M. Budarin

 
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Valery Morozov, Nikolai M. Budarin y José Gonzalo Guerrero.
Valery Morozov, Nikolai M. Budarin y José Gonzalo Guerrero.

12 de abril de 2011

• De visita a la UNAM, el cosmonauta ruso, que ha pasado 444 días fuera del planeta, recordó que Gagarin inició la carrera espacial el 12 de abril de 1961 al sobrepasar, por primera vez, la fuerza de atracción de la Tierra
• Han transcurrido 50 años, y hoy Rusia, como parte de la Estación Espacial Internacional, enfrenta el reto de llegar al planeta rojo en 2025
• El embajador de Rusia en México, Valery Morozov, ofreció la experiencia de su país en esta materia

Yuri Gagarin, el primer ser humano que salió de la Tierra el 12 de abril de 1961, nos invitó a todos al espacio. A 50 años de distancia, 520 personas han viajado al cosmos y sobrepasado la fuerza de atracción de nuestro planeta; además, en 2025 podríamos llegar a Marte con una misión tripulada, afirmó en la UNAM el cosmonauta ruso Nikolai M. Budarin.

De visita en la Facultad de Ingeniería (FI) para conmemorar el cincuentenario de la hazaña soviética, Budarin destacó que, apenas 16 años después de la Segunda Guerra Mundial, cuando en buena parte del mundo imperaba el desorden, la carrera espacial iniciada en la entonces Unión Soviética demostró que un sueño puede hacerse realidad.

Actualmente, destacó el cosmonauta, esa nación asiática, como parte de la Estación Espacial Internacional (EEI) tiene la meta de llegar con una misión tripulada al planeta rojo. “¿Cincuenta años son muchos o pocos?”, cuestionó ante los colosales retos que enfrenta este tipo de investigación a nivel global.

En el auditorio Javier Barros Sierra de la entidad universitaria, que lució colmado de estudiantes, maestros e investigadores, Budarin apoyó la creación de la Agencia Espacial Mexicana, para sumarla a las 43 que actualmente realizan investigación científica, instrumentación tecnológica y misiones fuera del planeta.

Acompañado del embajador de Rusia en México, Valery Morozov; del titular de la FI, José Gonzalo Guerrero Zepeda; del director del Centro de Alta Tecnología de la misma instancia, Saúl Santillán Gutiérrez, y del gerente de control satelital de SATMEX, Pier Beujean, el cosmonauta deseó suerte a nuestro país para que pronto lance sus propios expertos al cosmos.

Hasta ahora, señaló, Rusia ha lanzado a 110 cosmonautas, y tiene una sólida carrera espacial, que no se ha detenido desde la hazaña de Gagarin.

A los estudiantes y jóvenes profesionistas que desean llegar al espacio, Budarin recomendó plantearse ese objetivo y prepararse intelectual y físicamente para lograrlo. “Es necesario tener metas y sueños, saber de tecnología y deportes”, resumió.

Por su parte, el embajador Valery Morozov, ofreció a esta casa de estudios la experiencia de su nación en esta materia y respaldó el programa espacial de la Universidad.

“Estableceremos nuestra cooperación en favor de la ciencia mundial porque el cosmos es patrimonio internacional”, manifestó.

Un sueño de 444 días y tres caminatas

Budarin narró que desde los ocho años deseó conocer el espacio exterior, pero lo consiguió a los 42, luego de instruirse en el Instituto de Aeronáutica de Moscú.

Ha participado en tres misiones, que le han permitido vivir 444 días en el espacio y realizar tres caminatas, experiencias únicas en las que siempre, al salir de nuestro planeta, ha visto un Sol blanco sobre el desierto, recordó.

Gagarin y su viaje precursor

Antes de la charla de Budarin, se exhibió un documental sobre Yuri Gagarin, su viaje precursor y su regreso a Rusia como héroe nacional.

Yuri Gagarin nació en Gjask, Unión Soviética, en 1934. Fue un obrero metalúrgico hasta 1954, cuando aprendió a pilotear aviones en la Escuela Técnica de Saratov. En 1957 ingresó a la Academia de las Fuerzas Aéreas de Oremburgo, donde concluyó su carrera de piloto y alcanzó el grado de teniente.

El 12 de abril de 1961, se convirtió en el primer ser humano que viajó al espacio en la nave Vostok 1. “¡Vámonos!”, gritó al despegar la nave, que le llevó a distancias entre los 180 y los 327 kilómetros de la superficie terrestre.

La pequeña cápsula esférica, de poco más de dos metros de diámetro, y sobre la que apenas tenía control, entró en órbita alrededor del planeta a una velocidad de 28 mil kilómetros por hora; en un lapso de casi una hora y media, la nave dio dos vueltas a la Tierra. Entonces, dijo la frase: “Pobladores del mundo, salvaguardemos esta belleza, no la destruyamos”.

Convertido en celebridad, recorrió el mundo para narrar la hazaña soviética. Murió el 27 de marzo de 1968, cuando el avión de caza MIG-15 que piloteaba se estrelló cerca de Moscú, cuando tenía 34 años.

Créditos: UNAM-DGCS-217/2011/unam.mx

La Revista Mexicana de Astronomía y Astrofísica, la de mayor impacto en Iberoamérica

 
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La Revista Mexicana de Astronomía y Astrofísica, editada por el Instituto de Astronomía de la UNAM.
La Revista Mexicana de Astronomía y Astrofísica, editada por el Instituto de Astronomía de la UNAM.

11 de abril 2011

• A la cabeza en América Latina, España y Portugal como la de mayor impacto en esa región, en todas las ramas de la ciencia, señaló su editora, Christine Allen Armiño
• Publicada en inglés por el Instituto de Astronomía de la UNAM, se ubica entre los lugares ocho y 10 a nivel mundial de las revistas de su área
• Está incluida en los índices Scopus, Current Contents, Science Citation Index, Astronomy and Astrophysics Abstracts, ADS y Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal, entre otros

A la cabeza en América Latina, España y Portugal como la publicación de mayor impacto en Iberoamérica en todas las ramas de la ciencia, la Revista Mexicana de Astronomía y Astrofísica, editada por el Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM, es un ejemplo de rigor y competitividad a nivel mundial.

Fundada en 1974 en el IA, publica dos ediciones por año con artículos de investigación original en todas las áreas de su disciplina, que incluyen cosmología, astronomía extragaláctica, medio interestelar, nebulosas planetarias, estructura de la galaxia, cinemática y dinámica estelar, cúmulos estelares, instrumentación y astronomía observacional (fotometría y espectroscopía).

En esta última, se contemplan resultados obtenidos en el Observatorio Nacional de San Pedro Mártir, ubicado en Baja California, y en el Observatorio de Tonanzintla, en Puebla, los dos sitios de observación más importantes del país.

Todos los artículos se presentan en inglés y cada uno incluye un resumen en español, señaló Christine Allen Armiño, su editora desde hace 10 años.

“Escribimos en inglés porque es la lengua internacional de la astronomía, pero incluimos un resumen en español porque queremos dejar claro que es un idioma válido para comunicar el conocimiento científico”, precisó.

Factor de impacto e índices

Entre 1974 y 2010, la revista ha difundido 746 artículos arbitrados –alrededor de 30 por año– y cada uno de ellos es sometido a un arbitraje muy estricto, señaló Allen, investigadora del Departamento de Estrellas y Medio Interestelar del instituto.

“No todos son de astrónomos mexicanos, acogemos los que nos envían siempre que aprueben el arbitraje”, precisó.

Está abierta a materiales de cualquier país, pero los más frecuentes son de Argentina, Brasil, Chile, Venezuela y México, naciones latinoamericanas donde esta ciencia está más desarrollada, y en menor medida, de España y Estados Unidos (en especial del grupo Texas-México).

El factor de impacto más alto logrado hasta ahora se obtuvo en 2005, y fue de 3.23. “El promedio en los últimos nueve años es de 2.46. Ha sido la de mayor nivel en este ámbito en Iberoamérica”, destacó.

Esto significa una visibilidad e influencia similar al de las grandes ediciones internacionales, como Astrophysical Journal y Astronomical Journal.

En septiembre de 2009, recibió un reconocimiento de Thompson Reuters y el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional, por ser la revista mexicana con mayor impacto.

Se ubica entre el lugar ocho y 10 a nivel mundial en su área, y en esa condición no hay otra de algún país en vías de desarrollo, consideró la editora.

Está incluida en los índices nacionales e internacionales Scopus, Current Contents, Science Citation Index (SCI), Astronomy and Astrophysics Abstracts, Thompson Reuters y Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal (Redalyc), entre otros.

Desde hace 10 años, se presenta también en edición digital, cuyos contenidos están disponibles en el sitio www.astroscu.unam.mx/~rmaa, además de formar parte del Portal de Revistas Científicas y Arbitradas de la UNAM (www.revistas.unam.mx).

Actualmente, están en línea todos los números, mientras la versión impresa, también gratuita, tira 800 ejemplares que se distribuyen en 600 bibliotecas y universidades de todo el mundo.

Hay autores cuyos artículos han acumulado más de mil citas internacionales, mientras otros han alcanzado entre 100 y 500. Asimismo, algunos artículos han alcanzado más de 300 citas.

Christine Allen Armiño, editora de la publicación.
Christine Allen Armiño, editora de la publicación.

Serie de Conferencias

Desde su fundación, hasta 1994, la Revista Mexicana de Astronomía y Astrofísica publicó, como volúmenes especiales, las memorias de congresos astronómicos, efectuados principalmente en México y otros países de América Latina.

Para atender esa necesidad, en 1995 se fundó la Serie de Conferencias (cuya edición está a cargo de la investigadora emérita del IA, Silvia Torres-Peimbert), que no tiene una periodicidad fija, pero hasta ahora ha generado dos o tres ejemplares al año. Hasta 2010, ha difundido dos mil 72 artículos en extenso, todos relacionados con temas de congresos y otras reuniones astronómicas internacionales.

Tanto la Revista Mexicana de Astronomía y Astrofísica como la Serie de Conferencias, están integradas a la Astrophysics Data System (ADS), la base de datos de interés en la red, lo que ha permitido que la visibilidad de ambas ediciones sea comparable a la de las mejores, concluyó Allen.

Créditos: UNAM-DGCS-214/2011/unam.mx

Una baja en la actividad solar atenuaría el calentamiento global, pero no lo detendría

 
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Aunque el astro influye en el clima terrestre, se ha demostrado que el calentamiento global se debe más a la actividad antropogénica que a la solar.
Aunque el astro influye en el clima terrestre, se ha demostrado que el calentamiento global se debe más a la actividad antropogénica que a la solar.

28 de marzo de 2011

• Si el astro entra en este periodo, para 2030 el incremento en la temperatura no sería de 1.3 grados, como se calcula, sino hasta 40 por ciento menor, lo que aún es preocupante, dijo Blanca Mendoza, del Instituto de Geofísica de la UNAM

“Los modelos predicen que estamos por entrar en una etapa de baja actividad solar y esto podría desacelerar la inercia de calentamiento que padece el planeta; sin embargo, aunque éste fuera el escenario, el aumento de temperatura global provocado por la actividad humana aún resultaría preocupante”, señaló Blanca Mendoza, del Instituto de Geofísica de la UNAM.

La investigadora, junto con Víctor Manuel Mendoza, René Garduño y Julián Adem, del Centro de Ciencias de la Atmósfera, analizaron cuál sería la actividad en el ciclo solar 24, que apenas comienza, y del 25, que abarcará aproximadamente del año 2020 al 2029. Todo indica que ésta será baja, “aunque nadie puede aseverarlo, pues no hay nada que nos asegure que las condiciones se darán de alguna forma”.

Entonces, ante esta incertidumbre, ¿por qué estudiar la actividad solar y su relación con el clima?, preguntó la profesora; “porque en los últimos 10 años, ha habido evidencias de que el Sol podría jugar un papel en el clima terrestre, particularmente si tiene sus épocas de alta o baja actividad, aunque hablamos de periodos seculares, es decir, de decenas de años, y predecir cuándo va a pasar es muy complicado y aún no hay consenso de cómo hacerlo”, explicó.

Sin embargo, añadió, en lo que sí hay acuerdo es en que el Sol siempre va a impactar al clima, el punto es ver qué tanto lo hace en relación con otros factores, y si bien antes de la Revolución Industrial su influencia era mucho más notoria, en la actualidad ha tenido un papel menor en el cambio climático, pues las mediciones muestran de manera contundente que lo preponderante ha sido la actividad antropogénica.

Para dar una idea de cómo el astro pudo haber alterado el entorno en el pasado, señaló que, en la Edad Media, atravesó por un periodo de alta actividad (conocido como Máximo Medieval). En esta época, la temperatura se elevó y permitió que los vikingos colonizaran y sembraran cebada y uvas en Groenlandia.

“De hecho, el nombre de este lugar significa ‘tierra verde’, debido a lo fértil que fue en ese lapso excepcionalmente cálido. Lo preocupante es que para que Groenlandia fuera un lugar propicio para la siembra y no el sitio frío que conocemos, la temperatura global tuvo que elevarse aproximadamente medio grado, justo lo que se ha incrementado desde principios del siglo XX hasta la fecha, tan sólo por la actividad antropogénica”.

De seguir como hasta la fecha, para el año 2030 el incremento global sería de aproximadamente 1.2 grados centígrados, aunque según las proyecciones de la profesora Mendoza y su equipo de colaboradores, publicadas el año pasado en el Journal of Atmospheric and Solar-Terrestrial Physics, debido a la baja actividad solar, esta cifra podría ser hasta 40 por ciento menor de lo esperado.

“Lo anterior, aunque no nos coloca en el peor de los escenarios, sí nos pone en uno adverso, y resulta conveniente tomar medidas desde ahora para que la actividad humana deje de alterar el entorno”.

Sin embargo, la académica subrayó que hay que tener cuidado al hacer aseveraciones basadas en modelos y no en mediciones y hechos. “Ni siquiera puedo asegurar que el Sol va a entrar en un periodo de baja actividad, aunque tenemos indicios de ello”.

No obstante, estamos obligados a realizar este tipo de trabajos con rigor y siempre poniéndolos a consideración de nuestros pares a través de revistas arbitradas, lo que evita proporcionar información poco precisa y con fundamentos endebles.
Créditos: UNAM-DGCS-179/2011/unam.mx

Generan en la UNAM primer registro anual de carbono 14 atmosférico de América del Norte

 
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Laura Baramendi28 de marzo de 2011

• Permitirá, entre otros tópicos, hacer un inventario independiente y objetivo de las emisiones de CO2 a la atmósfera, explicó Laura Beramendi Orosco, responsable del Laboratorio Universitario de Radiocarbono
• La investigación se realizó a partir de anillos de un árbol que vivió de 1823 a 2005

En el Laboratorio Universitario de Radiocarbono (LUR), donde participan los institutos de Geofísica, Geología y de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional, se generaron datos para la construcción de la curva de variación de carbono 14 (14C) atmosférico en México para el periodo 1950-2005, primer registro de este tipo en Norteamérica.

El estudio permitirá, entre otros tópicos, hacer un inventario independiente y objetivo de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), pues hasta ahora se hacen sólo a partir de datos económicos (cuánto petróleo y otros combustibles se venden y consumen), explicó Laura Beramendi Orosco, responsable del LUR.

El 14C es un isótopo del carbono (el único radioactivo de este elemento químico) y se forma en las altas capas de la atmósfera por la interacción de la radiación cósmica.

Su mayor aplicación se encuentra en la datación, porque “entra” en los seres vivos y en el momento en que éstos mueren dejan de asimilarlo. Si se conoce la tasa de desintegración de este radioisótopo se pueden estimar las “edades” de las muestras, sobre todo, arqueológicas.

La presencia del isótopo se puede determinar mediante dos técnicas: espectrometría de centelleo líquido, como la que se utiliza en el LUR, y espectrometría de masas con aceleradores, conocida como AMS, que hasta ahora no se realiza en ningún país de América Latina, explicó la experta.

En muestras modernas, el 14C sirve como “trazador” y permite estudiar el ciclo del carbono, es decir, los tiempos de residencia de ese elemento en diferentes reservorios, como suelo, océano y atmósfera.

Desde el comienzo de la Revolución Industrial, recordó Beramendi, se comenzaron a detectar cambios importantes en la concentración de 14C atmosférico; disminuyó por la quema de combustibles fósiles (carbón y petróleo) que no contienen este radioisótopo, mientras fue en aumento el CO2.

Aunque los combustibles fósiles están constituidos a base de carbono, no contienen 14C. Eso ocurre, explicó la investigadora, porque después de 50 mil ó 60 mil años ese radioisótopo se deteriora, y si se considera que para la formación de esos materiales orgánicos tuvieron que pasar millones de años, entonces en ellos prácticamente no quedan residuos de carbono 14.

Sin embargo, expuso, en la década de los 50 y principios de los 60, se hicieron muchas pruebas nucleares a cielo abierto, con la consecuente producción de neutrones de alta energía que reaccionaron con el nitrógeno atmosférico para formar 14C.

En 1963, se alcanzó el doble de ese isótopo que el existente antes de 1950, pero con la firma del tratado de prohibición de ensayos con armas nucleares, de nueva cuenta comenzó a disminuir por el intercambio de carbono entre la atmósfera y los océanos, principalmente.

Este proyecto, explicó la experta, surge de la necesidad de entender qué pasó con esos niveles en México durante la segunda mitad del siglo XX. Además, no sólo era inexistente algún estudio para el país, sino también un registro de cómo fueron las variaciones en América del Norte.

Al no existir un registro instrumental, la investigación del LUR se realizó a partir de anillos de árbol. Estos organismos toman el carbono disponible en la atmósfera y conforme crecen forman uno de ellos, cada 12 meses.

“Si podemos asignar el año correspondiente, por medio de la dendrocronología, se puede analizar cuánto 14C tiene determinado anillo y saber la concentración atmosférica para este periodo”, abundó. Pero se requería tener la seguridad de que fuera una especie que genera “marcas” anuales, por lo que “nos fuimos a una zona por ‘arriba’ del trópico, en la frontera entre Durango y Chihuahua, en la Sierra Madre Occidental”.

Se estableció una colaboración con el Laboratorio Nacional de Dendrocronología del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, con sede en Durango, donde ya existían cronologías maestras.

“Nos ayudaron con el muestreo de un abeto, Pseudotsuga menziesii, que no cortamos, sino que estaba caído”. También participó el Centro Nacional de Aceleradores, en Sevilla, España, con el análisis de algunos anillos que, por su tamaño, no podrían ser analizados por centelleo líquido en el LUR.

Se fechó cada uno en secciones transversales del tronco y se determinó que el árbol vivió de 1823 a 2005; para el análisis del 14C se consideró sólo desde 1950. Hasta 1965, el estudio se hizo anual y después cada lustro, porque es costoso y tardado.

Los resultados, presentados en el Congreso Internacional de Radiocarbono en 2009, y publicados en la revista Radiocarbon hace unos meses, fueron interesantes. De programas de monitoreo y reconstrucciones realizados en Europa, Asia y África, investigadores plantearon que el 14C se había distribuido de tal manera, que en el Hemisferio Norte había tres zonas características. En la zona uno, más al norte, serían más elevados los niveles que en la zona 2, de latitud media, y la 3, cerca del Ecuador.

En esa clasificación, México estaría en la zona 2; uno de los objetivos fue establecer si así ocurría. “Encontramos que para el periodo 50-70, los niveles de 14C en el país son más bajos que los de la curva internacional de la misma latitud. De ese año, y hasta 2005, los valores son más altos que la curva internacional para el Hemisferio Norte”.

En ello influyó que el carbono 14 se formó en latitudes norte, y de ahí, se distribuyó hacia el sur. No obstante, en el verano mexicano –época en que los árboles crecen– el viento dominante va hacia el norte, y esos organismos tuvieron disponible aire del sur con menos cantidad del isótopo.

Luego, la tendencia se revierte porque las curvas internacionales se han hecho en zonas relativamente alejadas de centros urbanos, como los Alpes suizos, pero donde no se puede descartar la presencia de CO2 fósil por la alta densidad de población en Europa.

En contraste, el sitio de muestreo en el país fue un bosque a tres mil metros sobre el nivel del mar, en medio de la Sierra Madre Occidental, alejado de centros urbanos, donde el asentamiento humano más cercano es Rancho Chiqueros, población de 100 habitantes, cuya principal fuente de energía es la madera y no los combustibles fósiles.

Si se conoce cómo varió en un ambiente limpio, el 14C permite evaluar las emisiones de dióxido de carbono en una ciudad, abundó Beramendi Orosco.

El siguiente paso del proyecto es la generación del patrón de variación para un sitio urbano; “en este caso, tenemos un árbol de San Luis Potosí, y analizaremos el isótopo para años clave”. Más adelante se hará para el Valle de México, donde desde hace dos años, se realiza el monitoreo de 14C, para luego comparar con zonas limpias, finalizó.
Créditos: UNAM-DGCS-178/2011/unam.mx

Rastreará el vehículo robótico Curiosity compuestos orgánicos en Marte

 
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Tras encontrar vestigios de agua helada y antigua en Marte, la próxima misión del vehículo robótico Curiosity buscará compuestos orgánicos en la superficie del planeta rojo.
Tras encontrar vestigios de agua helada y antigua en Marte, la próxima misión del vehículo robótico Curiosity buscará compuestos orgánicos en la superficie del planeta rojo.

6 de marzo de 2011

• Estrategias anteriores de búsqueda de vida se centraron en hallar agua, pero la nueva misión del Mars Science Laboratory de la NASA analizará esos compuestos, dijo Rafael Navarro, del Instituto de Ciencias Nucleares
• El investigador de la UNAM colabora en el grupo que puso en marcha el Laboratorio de Análisis de Muestras de Marte, que irá a bordo de Curiosity el 11 de noviembre

Desde que se realizó, en 1975, la hasta ahora más ambiciosa misión espacial de búsqueda de vida en Marte, a cargo de las naves Viking I y II de la NASA, gran parte de la atención se ha centrado en encontrar agua, ingrediente indispensable para la supervivencia de cualquier organismo.

Pero ahora, tras hallar vestigios de agua helada y antigua, la próxima tarea del vehículo robótico Curiosity de la agencia estadounidense, que operará con energía nuclear y se pondrá en órbita el 11 de noviembre, tiene su blanco en obtener compuestos orgánicos en la superficie del planeta rojo.

Para ubicar y tomar muestras, Curiosity llevará a bordo el Laboratorio de Análisis de Muestras de Marte (SAM, por las siglas en inglés de Sample Analysis at Mars), equipo portátil en cuyo diseño y puesta en marcha participó Rafael Navarro González, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM.

En el coloquio mensual del ICN, dedicado al tema Perspectivas de Vida en Marte, el astrobiólogo explicó que esta búsqueda se debe a su cercanía con la Tierra, y a que los científicos estiman que es el sitio más factible para desarrollar una segunda génesis en el Sistema Solar.

Laboratorio portátil

En el auditorio Marcos Moshinsky del ICN, Navarro detalló que Curiosity cuenta con 11 instrumentos, entre ellos tres cámaras (una con lente de aumento, la segunda panorámica y la tercera de descenso), sensores ambientales (que registran la dirección de viento, humedad, temperatura y luz ultravioleta), detectores de radiación (de partículas cósmicas y solares) y el laboratorio SAM, que incluye un espectrómetro de masas cuadripolar, un espectómetro láser ajustable y un cromatógrafo de gases, todos especializados en identificar materia orgánica.

Con estas tecnologías, se analizarán, in situ, el suelo, rocas y atmósfera marciana. En particular, SAM hará análisis de muestras sólidas y podrá identificar un amplio grupo de sustancias y las proporciones en que se encuentran, a partir del uso de isótopos.

Navarro destacó que será muy importante encontrar evidencia orgánica. En tal caso, habrá que reconocer si son de origen químico o biológico.

Nueva estrategia

Hay varias estrategias para saber si hay o no vida. Los científicos usarán un horno parecido al que utilizó la misión Viking, que calienta las muestras de suelo marciano a mil grados Celsius, y si se ubican percloratos (uno de los indicadores indirectos de vida) se van a descomponer.

“En particular, podremos saberlo con el estudio de isótopos ligeros del carbono. La vida selecciona el carbono 12. En la Tierra tenemos el 99 por ciento de carbono 12, un uno por ciento de carbono 13, pero los organismos fotosintéticos usan exclusivamente carbono 12. Si analizamos nuestro material orgánico, veremos que está prácticamente integrado por carbono 12 y eso sería una prueba de que habría vida en Marte”, explicó.

Otros experimentos tomarán muestras que pasarán directamente al cromatógrafo de gases o al de masas. Entre los compuestos que buscarán destacan los aminoácidos y los ácidos grasos de cierta cantidad de átomos, muy abundantes en los organismos vivos que habitan nuestro planeta.
Créditos: UNAM-DGCS-133-2011/unam.mx